UNA FUERZA EN ESPIRAL: LA UNIÓN DE FEMINISTAS ENGENDRANDO NUEVOS SISTEMAS (UNFES)
Abrazamos nuestra autonomía, unimos nuestras rabias, y celebramos nuestro gozo
UNFES
Como mujeres centroamericanas, pertenecemos y habitamos una región que a veces describo como la tierra del olvido: siete países que deben recordarle al mundo constantemente que existen, dónde están ubicados y quiénes los conforman. ¿Son blancos, ladinos, morenos, negros, mestizos, indígenas, pobres o ricos? Es común decir Costa Rica y que se asuma que es Puerto Rico; algunos piensan que Panamá es parte de Colombia yque Belice es una isla en el Caribe. En general, hay desinformación sobre qué pasa ohasta qué es Centroamérica. Paraalgunos es un puente para el narcotráfico entre norte y sur; para otros representa un paraíso tropical de temporada.
De este cinturón incierto y olvidado, ha brotado una estética visual centroamericana y feminista, que se manifiesta en la exposición de la colectiva UNFES, Somos mares, ríos, flores, minerales, volcanes, montañas y compost, quedesde junio ocupa el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, en San José, Costa Rica. Las salas de esta exposición, nombradas Archivo en tránsito: Memorias en flujo, Comunidades en duelo: Memoria, resistencia y posibilidad, y Cuerpas en movimiento: migraciones, resiliencias, recuentos, son un testimonio vivo del coraje, las heridas, la sensibilidad y la diversidad que crece de feminismos resilientes, críticos y optimistas, que abogan por la reparación, y no la destrucción, de sus territorios y legados.
UNFES: Unión de Feministas Engendrando Nuevos Sistemas es una red de artistas y curadoras activistas, feministas, mujeres y género disidentes, integrada por Emilia Yang, Maya Juracán, Marilyn Boror Bor, Mariela Richmond Vargas, Nara Ila, Gabriela Novoa, Ana Laguna y Risseth Yangüez Singh, provenientes de Panamá, Nicaragua, Costa Rica, Guatemala y El Salvador. Esta llama colectiva trabaja por la justicia social, racial y de género, acompañando a construir caminos con comunidades y luchas que buscan la dignidad humana[1].
Para esta exposición, Emilia Yang, Maya Juracán y Ana Laguna trabajaron bajo una curaduría colectiva, poniendo en diálogo sus proyectos e investigaciones con otros entramados feministas de la región: el Colectivo Las Hartas, AMA y No Olvida: Museo de la Memoria contra la Impunidad, Asociación Madres de Abril (AMA), Artistas Anónimos y Las Portaleras.En conversación con la curadora en jefe del MADC, Sofía Villena Araya, otorgarle la mayoría de las salas del museo a un proyecto de esta índole buscó marcar una pauta y dejar claras las intenciones del MADC por retomar una visión y un énfasis curatorial sobre prácticas visuales contemporáneas y colectivas de Centroamérica. Consecuentemente, esta muestra se propuso cuestionar las historias oficiales, las exclusiones de las mujeres y las disidencias, tanto en el arte contemporáneo como en la historia de la región.

En 1971 se publica Why Have There Been No Great Women Artists? (¿Por qué no han existido grandes artistas mujeres?), texto en el que la crítica feminista Linda Nochlin señala el privilegio masculino y el poder dominante de la mirada del hombre blanco sobre el canon de la historia del arte, lo que reconocemos como la colonización de la historia del Sur Global. A su vez, Nochlin argumenta y cuestiona ciertos mitos sociales que se han construido alrededor del concepto del artista como un “genio” o un hombre “supernatural”, y recalca la contribución de las instituciones a sostener estructuras patriarcales que limitan la representación de una otredad que lucha por una sociedad sin género, sin raza y sin élites. Tristemente, el panorama actual no es tan distinto al de las contradicciones y problemáticas que describía y criticaba Nochlin hace más de cincuenta años. Lxs cuerpxs que han sido históricamente oprimidxs o silenciadxs siguen luchando por ser reconocidxs y continúan sus batallas por una vida equitativa, que respete, reconozca y dignifique otros modos de vida.
Para esta exposición, las UNFES han tomado una acción concreta que demuestra su agencia como un cuerpo-territorio que entiendela necesidad de revisar y resguardar el pasado, para distinguir qué sembrar en el presente, y poder cosechar juntxs otros futuros. Una de las características más hermosas y notorias del recorrido por las salas del museo es la fuerza colectiva que las integra y atraviesa. La muestra no solo presenta el trabajo de grandes mujeres artistas, sino que también se exponen redes que solamente grandes individuos logran articular. A las obras presentes las unen el activismo, los lazos de afecto y sus modos de resistencia aguda, incendiaria y disconforme con un mundo violento, capitalista, racista, misógino y patriarcal, que desde nuestras pantallas, vemos a diario, cómo mata y dirige al mundo hacia el colapso, el abismo o una espiral apocalíptica.
Las voces e historias representadas en los distintos objetos, instalaciones, pinturas, imágenes y videos, entre otros medios, encuentran en el arte un campo común desde el cual luchar a favor de otrxs cuerpxs, hartas del silencio e inconformes con un sistema que mata y deshumaniza. Entre gritos y ternura, esta fuego colectiva genera fisuras dentro de las estructuras de poder que las pretenden dominar.

Somos mares, ríos, flores, minerales, volcanes, montañas y compost reúne obras creadas por imaginarios que resguardan la memoria histórica, ancestral y familiar, que cuidan de la tierra, feminizan el compost, transforman los archivos para recrear heroínas y santas, ponen en evidencia el consumo del placer, y gritan sutilmente sobre las heridas del desplazamiento forzado como resultado de dictaduras o gobiernos deplorables en los que migrar es cuestión de vida o muerte.
Al ingresar a la primera sala nos recibe una base circular desde la que se desprende una espiral de ofrendas de las UNFES. Este altar representa a cada unx de lxs artistas o colectivos presentes y marca el tono de la exposición: somos una fuerza en espiral.
Una voz que nos representa a todas como hijxs del maíz, como cuerpas centroamericanas (centracas), es Marilyn Boror Bor. En su trabajo resalta la importancia de reconocer y honrar a nuestras ancestras, de archivar nuestras raíces, de quebrantar el cemento, de sostener los rituales y las tradiciones que evidencian la vena colonial que se disfraza de “progreso”: más cemento, más torres, más deudas, menos parques, menos espacio, menos aves, menos agua … menos vida.
Una hermosa instalación de retratos de barro de abuelas sanadoras y luchadoras, pertenecientes a la serie Memoria de cuerpos indígenas, acompaña las series Rituales sepultados y El futuro que nunca fue, piezas que invitan a reflexionar sobre qué nos consume, qué nos anula y ante qué—o quiénes—resistimos.


Con humor e ironía, la colectiva artivista feminista Las Hartas, integrada por Mariela Richmond Vargas, Andrea Gómez, Grettel Méndez Ramírez y Micaela Canales, ofrece una Santa Luchadora que nos acompaña e ilumina en el camino de la resistencia. Procedentes de las artes escénicas, esta colectiva hila el archivo, lo fake y el humor al desarrollar sus acciones o performances. En Tras el rastro de Pancha, por medio de una serie de foto-performance, Las Hartas vinculan la figura delacampesina-heroína costarricense Francisca Pancha Carrasco Jiménez con las luchas feministas contemporáneas. A su vez, está presente La Santa Luchona: la matrona de las que luchamos en las calles, una “alter santa”, pagana y popular, matrona de las luchas feministas, defensora y protectora ante el patriarcado, de quien se puede ser devota desde 2023.
Junto a la hermandad de Las Hartas, la artista visual y arte educadora Mariela Richmond Vargas presenta una instalación de su proyecto personal #laescuelitadelatierra. Este proyecto e investigación continua, que se ha convertido en su modo de vida, aboga por la soberanía alimentaria y por una educación enraizada en la tierra. Su instalación Tierra Maestra está instaurada en prácticas agrícolas, la regeneración de los suelos y la libertad de reproducir y “traficar” las semillas que cosechamos con cuido, respeto y amor por la tierra que habitamos y por nosotros mismos.



Emilia Yang suspende sobre el aire un papalote en el cual ha inscrito un mensaje a favor de la “Comunidad” y la “Libertad” como ingredientes fundamentales para el bienestar común de sociedades interespecie e interdependientes. Entre las virtudes y cualidades más admirables en la obra de Yang están su búsqueda por la justicia y el superpoder[2] de imaginar más allá de la herida, del rencor o del odio; al contrario, la artista propone desde la reparación y la empatía, e invita a accionar con valentía. Los procesos de creación comunitarios son frecuentes en su obra, esencia perceptible en la gran mayoría de sus piezas, entre ellas Portaleras, Portal feminista a la futurx, Comunidad y Libertad y el Viaje al agua y Radio la Champa (videoarte y Programa de Radio Especulativa). En estos proyectos Yang convocó, colaboró y compartió junto a comunidades nicaragüenses exiliadas en Costa Rica y en México.
Su instalación Mural para la justicia sin impunidad, en la Sala 3, propone una pausa y un espacio para el recuerdo y el dolor. Un empapelado de 92 cianotipias del archivo de AMA y No Olvida: Museo de la Memoria contra la Impunidad –de 488 x 122 cm– se extiende por toda una pared, reclamando justicia por las víctimas asesinadas por el régimen en Nicaragua. Ama y No Olvida consiste en un archivo que alberga testimonios, imágenes, artefactos de la memoria y mapas del asesinato de las víctimas. La impresión en cianotipo con luz solar, el uso de velas y la disposición de la pieza como un altar buscan iluminar la memoria contra el olvido.





Otra artista nicaragüense que punza desde el exilio es Nara Ila, cuyas imágenes—en su mayoría foto performance— están distribuidas por las distintas salas del museo. A través de acciones que documenta y presenta como imágenes, Nara Ila reflexiona y crea asociaciones entre el exilio, el sentido de pertenencia, las fronteras y la resistencia, tanto ante gobiernos autoritarios como ante costumbres extractivistas de una vida capitalista. En su pieza a/dnegado, la artista construye puentes que vinculan las distintas formas de abordar el desplazamiento forzado. En la ficha técnica de la pieza, describe y menciona: En 2021, hubo más personas emigrando que naciendo en Nicaragua; periódicos han sido confiscados; hay clases de natación para quienes se preparan para cruzar el Río Grande.
La voz joven, crítica y política de Risseth Yangüez Singh se escucha en su obra Panamá es Negra, donde hace relucir el racismo en Panamá, el tercer país con mayor población negra en América Latina. En su obra, Yangüez Singh abarca la negación de la existencia y de la herencia cultural de comunidades negras cuyos cuerpxs han sido sistemáticamente discriminados y racializados. En 8,5%, la artista habla con ironía sobre el racismo estructural en Panamá, aludiendo al mes de la “afropanameñidad” (etnia negra), durante el que hay celebraciones y existe un día nacional de trenzas. Sin embargo, el resto del año nada cambia, por lo que la artista dice: “Solo se permite ser negro un 8,5% del año. Oficialmente, solo se permite existir durante 31 de los 365 días; el resto del tiempo, se les borra, se les alisa”.
Un contrapeso visual, entre lo kitsch y el compost, lo colectivo, el goce y el placer femenino, está presente en las obras de la salvadoreña Gabriela Novoa. En La comunidad del compost, crea escenarios de resistencia colectiva donde lo mágico, lo vegetal, lo animal y lo humano se entrelazan. Novoa nos habla sobre el poder de la regeneración, de volver a nacer, de repensarnos y ser como el compost: convertir lo que fue en lo que puede ser[3]. A su vez, en los videos Devenir-Sujeto-Mujer y Dibujar el deseo construye narrativas que argumentan a favor de la complicidad femenina, del deseo en nuestros cuerpos y sus resistencias ante la violencia feminicida.
Por otra parte, en su video documental La receta de los dulces Irazú, (des)dibujar un cuerpo con dulzura, la artista entrelaza el archivo oral, la memoria corporal y la cocina como territorios de transmisión afectiva. Su trabajo provoca que creamos en la fragilidad como una herramienta de lo sensible y la sanación, o como lo describen las curadoras: “En su obra el cuerpo se convierte en archivo, territorio y herramienta de denuncia, pero también en espacio de posibilidad y de devenir”.



Somos mares, ríos, flores, minerales, volcanes, montañas y compost es una exposición híbrida que presenta un conglomerado de imaginarios y feminismos diversos. En su trabajo, las UNFES recuerdan, archivan, educan, reimaginan y reclaman el ser centroamericana. No solo resaltan cómo vive el cuerpo femenino o disidente en este territorio, sino que desde sus imaginarios e investigaciones manifiestan actos de reparación y estrategias de resistencia a través de los cuidados y las redes feministas.
Poética y sensiblemente, Yang, Juracán y Laguna describen: “A veces somos mares que chocan en diversas costas, otras veces volcanes que revientan en lo alto. Abrazamos nuestra autonomía, unimos nuestras rabias, y celebramos nuestro gozo. Somos nuestras propias montañas y corremos como ríos, con la plena conciencia de que todos los grandes cuerpos de agua siempre se encuentran en el mar. Nos convertiremos en compost: nuestra mera creación, nuestros errores y oportunidades son y serán un portal más de muchos que abrirán camino, para sincerarnos con el mundo y mirarlo con descaro feminista.”[4]
UNFES: Somos mares, ríos, flores, minerales, volcanes, montañas, y compost
Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, Avenida 3, calle15, San José, Costa Rica
Del 29 de mayo al 17 de octubre de 2025
[2] Término utilizado por Mariela Richmond, quien describe los “superpoderes” como un músculo por identificar, y algo que se debe aprender a apreciar en otras, ya que debemos comprender que juntas levantamos más peso, somos más fuertes.
[3] Fragmento tomado de la definición de compost, del glosario “Los Archivos de la Tierra” de Mariela Richmond. Compost: Es el proceso más básico y elemental de la vida, en tanto que es la construcción de la tierra negra, la tierra negra es la historia de la vida. El compost, nace con el ser humano, ya que en el bosque no hay división tal entre la vida y la muerte. Hacemos una recolección de materiales orgánicos vivos para que se estabilicen entre sí y pueda ocurrir la tierra negra. Este proceso encierra una verdad: la muerte no es el opuesto de la vida, sino su aliada más íntima. Los microbios que descomponen, los hongos que desintegran, no son destructores, sino traductores. Convierten lo que fue en lo que puede ser. En esta alquimia, lo aparentemente inútil se revela como imprescindible, lo descartado como fundamento.
[4] Texto curatorial, Maya Juracán, Emilia Yang, Ana Laguna
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