CÚMULUS: SURGIERON RELACIONES BONITAS
Crecí en la Ciudad de Panamá. En la primaria, los niños nos pegábamos a la gran cerca de alambre para espiar a los cocodrilos que asomaban sus cabezas en el río Matías Hernández. Los reconocíamos porque se movían poco, pero era difícil encontrar lo quieto entre toda la basura que cargaba la corriente. Nos distraían las masas de colores y objetos indeterminados. De repente flotaba una llanta de caucho o una nevera. Señalábamos maravillados. Entonces esos objetos fuera de lugar resultaban más fascinantes que los pobres cocodrilos.
En la secundaria, usaba la clase de biología para adelantar tareas de literatura. A veces llovía de más, y el primer piso amanecía lleno de cangrejitos. Ansiosa por pasar el menor tiempo posible sentada, me encargaba de sacarlos del salón de clases. Agrupaba a estas criaturas transparentosas con escoba y recogedor. Escoltándolos al río, que es de donde asumí que venían, explicaba tranquilamente lo que acababan de ver del mundo humano. Entre acontecimientos de este tipo iba armando mi propia noción de lo ecológico.
Más o menos en paralelo, en el interior del país, surgía Estudio Nuboso. Se fundó para facilitar procesos comunitarios que unieran ciencia y arte, especialmente con talleres y residencias interdisciplinarias. De febrero a agosto del 2025, la documentación y las obras que han resultado de todos estos procesos coexisten en una exhibición retrospectiva en el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá.




Cúmulus: 10+ años de Estudio Nuboso ocupó la planta baja del museo y se extendió a su entorno inmediato, como el estacionamiento y algunos parches de verde que lo circundan. El recorrido empezaba con una bandera de Wanda von Bremen plantada en la grama frente a la entrada principal. Es para saber la dirección del viento. Junto a la puerta, el poema Invitación de Jennifer Spector. Lo escribió durante el piloto de residencia multidisciplinaria SUELO de Estudio Nuboso en Arrimadero, Veraguas. La sala principal contuvo fotos, videos, dibujos, pinturas y esculturas que materializan ideas y saberes compartidos. El roster de artistas tuvo 24 nombres, pero cientos de personas han participado de sus actividades a través de los años.
Todas las paredes estaban blancas. La superficie de una de ellas, ligeramente rajada con grietas delgadísimas. Intento dimensionar las capas de pintura detrás de aquella que observé. Me pregunto si este muro se ha sentido afligido de algún modo, como cuando cargas algo ligero que con el tiempo se vuelve pesado. A veces imagino que así se siente lo que nos sostiene a nosotros. Poético: este craquelado sucedía detrás del parrafito que explicaba SUELO, una metodología para talleres y residencias interdisciplinarias que plantea las capas del suelo como metáfora para posibilitar conexiones horizontales y transversales.
Para las residencias de SUELO se unen personas versadas en temas relacionados al estudio del mundo natural y/o la expresión artística. Se sitúan en el contexto de un lugar de particular interés científico y, junto a los habitantes usuales, crean maneras de circular los conocimientos de personas locales y de los especialistas que se acercan. Con talleres comunitarios, entrevistas y momentos de conversación, articulan modos de entender las problemáticas sociopolíticas del lugar. Todo esto genera nuevos vínculos con el ambiente.
Aun considerando los pequeños quiebres en la pintura blanca, pienso en las Tierras Altas de Chiriquí—sector principal de producción agrícola del país—, donde ha incrementado la frecuencia y ferocidad de inundaciones y deslizamientos de tierra, como consecuencia de su explotación. Los bosques de las Tierras Altas están cubiertos constantemente por nubes, que mantienen la humedad necesaria para la supervivencia de su ecosistema.
Entre tanta deforestación, pedazos de bosque son esenciales para preservar la humedad y aligerar el estrés que sienten los demás organismos por la devastación de su hábitat. La reserva forestal El Jilguero también es lugar para que se ideen mejores relaciones entre la naturaleza y las prácticas humanas. Allí se concibió Estudio Nuboso y se pilotó el LAB de Ciencia y Arte, un programa de residencias más largas. El o la científica comparte su investigación y el o la artista se une a sus preguntas y apoya a acercar los resultados a la comunidad general. Buscando maximizar este intercambio, también ha existido un FLASH LAB, un día de talleres y sesiones de trabajo con la meta de diseñar formatos creativos para divulgación científica.


De vuelta al primer piso del museo, durante Cúmulus. La Sala Panarte se sentía particularmente amplia. Como cuando el cielo está blanco. Al fondo se construyó un Jilguerito. Fue una plataforma ancha, corta y baja hecha de plywood, delimitada por dos vitrinas de madera clara que muestran dibujos, fotos y notas. Hubo varios cubos para sentarse frente a repisas con copias de proyectos editoriales y de fanzines producidos tras cada iteración de los programas. Además, un rollo de papel pegado a la pared y lápices de colorear. En ambos extremos, videos de procesos del LAB hecho en Tierras Altas y de una residencia organizada en el centenario de la estación de investigación del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales en la Isla de Barro Colorado.
Aparte de lo retrospectivo, Estudio Nuboso, Almanaque Azul y Dominique Ratton Pérez produjeron dos mapas actuales de Panamá. Ambos impresos sobre tela suave, y colocados uno frente al otro. El Mapa de corredores natura-cultura está compuesto por tres capas delgadas que cuelgan de rieles sutiles. Se corren como cortinas. En la primera capa se marcan áreas protegidas y territorios indígenas, y superficies verdes señalan corredores biológicos––extensiones de bosque que animales usan para migrar. El mapa también ubica zonas de actividad extractivista y organizaciones comunitarias. Ambas cosas son relevantes para entender el balance entre el deterioro grave del medio ambiente y los esfuerzos por preservarlo.
Una vez al mes, el equipo de Estudio Nuboso convocó a artistas, científicos y dirigentes comunitarios activos en Panamá. Presentaron sus proyectos, iniciativas, teorías o ideas en sesiones llamadas Tejiendo Corredores Natura-Cultura, que estuvieron dirigidas a personas interesadas en relacionarse con las temáticas de la exhibición. Después de las charlas, los asistentes se esparcían en grupos o parejas para discutir lo que los panelistas habían compartido. Luego se activaba el Sistema de Ecos, el segundo mapa. Era posible hacerse parte del Sistema de Ecos cosiéndole un parche decorable con marcadores, lentejuelas y abalorios. Se fueron sumando las intenciones en un colorido tapiz de intervenciones cuidadosas.
En abril, Ani Ventocilla facilitó un intercambio de semillas en el museo. El plan incluía agregar más semillas a un pequeño semillero que se armó con la exhibición, en una extensión de tierra y piedritas que normalmente está ocupada por carros. Re tierno. Estaba emocionada por participar. Con cero plantas propias de las que rescatar semillas, me dirigí al supermercado a buscar alguna fruta que descuartizar. Iba un poco tarde y la parada significaba un desvío. Y estacionarme, y escoger, y pesar, y hacer fila, y el supermercado que tenía en mente es gigante. Toda una misión, que de repente se sentía muy pesada. Saliendo de casa, observé mis alrededores. Al par de minutos caminaba en cuclillas, concentradísima en el suelo, con los bolsillos llenos de pepitas. Agachada noté insectos, pajaritos y pequeños reptiles nuevos para mí. Personajes clave dentro de mi vecindario, pero no los conocía. Había vivido siempre limitada, entendiendo mi ecosistema suburbano como uno de gatos, perros y gallinazos.
El intercambio de semillas fue una iteración de SUELO MAC. Desde que se inauguró Cúmulus, gestoras allegadas a Estudio Nuboso adaptaron la metodología de SUELO para replantear el entorno del museo. Además de los intercambios de semillas, hubo sesiones para identificar nubes. A estos momentos llegaron humanitos alegres, emocionados por relacionarse de formas amenas.




En Panamá suceden iniciativas y proyectos de investigación importantísimos para el entendimiento de la naturaleza local y del mundo. Sin embargo, pese a la cercanía geográfica entre quienes desarrollan estos estudios y quienes desean conocerlos, la interacción es limitada. Desde la intención de conectar en el contexto de Cúmulus, han surgido relaciones muy bonitas. Me fascinó escuchar a varias panelistas de Tejiendo corredores decir, sorprendidas, que no imaginaban que tantas personas fuera de sus gremios estuvieran interesadas en sus investigaciones.
Como colectivo de artistas, científicas, científicos y personas curiosas, Estudio Nuboso lleva más de una década fomentando la unión comunitaria como una alternativa para desmantelar las barreras entre disciplinas y caminos del saber. Las obras en las dos salas de Cúmulus: 10+ años de Estudio Nuboso testificaron lo que ha sucedido hasta ahora. A su vez, la energía y las palabras compartidas en las actividades de los últimos seis meses demostraron la urgencia de espacios para la conciencia compartida, con pluralidad de sabidurías y voluntad genuina de escucha recíproca.
Artistas: Victoria Alegría, Mariela Aragón, Héctor Ayarza, Carolina Borrero, Wanda von Bremen, Lorena Carrasco, Ana Berta Carrizo, Rose Marie Cromwell, Carlos Fernández, Román Flórez, Laura Fong, Anna Handick, Tova Katzman, Silvia Noronha, Isabel de Obaldía, Claire Pentecost, Dominique Ratton Pérez, Mir Rodríguez, Tarina Rodríguez, Libertad Rojo, Jennifer Spector, Ani Ventocilla, José Carlos Zavarse, Emily Zhukov.
Curaduría: Juan Canela, Jennifer Choy, Mana Pinto y Ela Spalding.
20 de febrero – 10 de agosto, 2025.
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