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MARUJA MALLO: DE LO POPULAR A LO SIDERAL

El Centro Botín presenta Maruja Mallo: Máscara y compás. Pinturas y dibujos de 1924 a 1982, la retrospectiva más completa de la artista española hasta la fecha, con más de noventa pinturas, además de dibujos que recorren toda su trayectoria: desde el realismo mágico de sus primeros años hasta las configuraciones geométricas y fantásticas de sus últimas obras.

Hasta el 14 de septiembre de 2025, los visitantes podrán explorar esta exhaustiva retrospectiva de una de las figuras más destacadas y singulares de la Generación del 27, el influyente grupo de artistas y escritores establecidos en Madrid, al que pertenecieron Rafael Alberti, Salvador Dalí, Federico García Lorca, Luis Buñuel, la escritora Rosa Chacel y la filósofa María Zambrano.

La producción artística de Maruja Mallo (Viveiro, Galicia, 1902 – Madrid, 1995), personal y heterogénea, difuminó los límites entre lo popular y lo vanguardista, entre estética y política. Fue una artista visionaria, capaz de reflejar las preocupaciones de su época y anticiparse a muchas de las nuestras. La universalidad de las aspiraciones humanas, más allá de diferencias económicas, raciales o de género; la consideración del mundo como un sistema ecológico interrelacionado que debe ser preservado; y el poder del arte para revelar aspectos desconocidos de la realidad, constituyen ejes fundamentales de su obra.

Comisariada por Patricia Molins, del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), esta exposición reúne obras de las colecciones del MNCARS, el Art Institute of Chicago y el Centre Pompidou, así como de museos de Uruguay, Argentina y España y de importantes colecciones particulares.

Mallo inició su trabajo en el periodo de crisis económica previo a la Guerra Civil, una etapa en la que artistas e intelectuales mostraron un fuerte compromiso social y estético con la regeneración del país y con la necesidad de rescatar al arte de la confusión que siguió a las primeras vanguardias.

En este contexto de entreguerras, donde las artistas tuvieron que construir su imagen tanto como creadoras como mujeres modernas, activas y profesionales, Mallo hizo de la mujer la protagonista de sus cuadros, creando una cosmovisión femenina inédita. En su obra se configura una épica femenina inexistente en épocas anteriores, cuando el imaginario femenino había sido construido mayoritariamente por hombres, y que anticipa la mirada de las artistas feministas de los años setenta.

Vista de la exposición Maruja Mallo: Máscara y compás. Centro Botín, Santander, España, 2025. Foto: Belén de Benito.
Vista de la exposición Maruja Mallo: Máscara y compás. Centro Botín, Santander, España, 2025. Foto: Belén de Benito.
Vista de la exposición Maruja Mallo: Máscara y compás. Centro Botín, Santander, España, 2025. Foto: Belén de Benito.

Desde sus primeras obras, Mallo encontró inspiración en el colorismo alegre e ingenuo del arte popular y en el dinamismo de las nuevas formas de ocio —el cine, la música y el teatro—, combinando sensibilidad moderna y observación de lo cotidiano. Con el tiempo, su interés por lo popular evolucionó hacia lo rural, la tierra y el trabajo del pueblo, incorporando religiosidad sincrética, mezcla de razas y paisajes exuberantes en las pinturas que produjo durante su exilio americano tras el inicio de la Guerra Civil. En estas obras, mantuvo la misma búsqueda de orden y medida que ya caracterizaba sus primeras creaciones, principios rectores de toda su pintura.

Su obra se organiza claramente en series, que la artista mantuvo a lo largo de casi toda su vida y que esta exposición adopta como eje de recorrido. Los escenarios de Mallo se desplazan desde los barrios populares de Madrid hasta las tierras del extrarradio, para culminar en el cosmos, el no-lugar por excelencia, explorando la cadena que une al ser humano con lo más lejano, desde la célula hasta el universo.

Siguiendo un orden cronológico, la exposición comienza con su paso por la Academia de San Fernando, donde estudió con profesores como Chicharro y Romero de Torres, cuya huella postimpresionista es evidente en sus primeras pinturas.

La publicación en 1925 del libro Realismo mágico, de Franz Roh, marcó a su generación al reintroducir un realismo antinarrativo y de inspiración popular, como reacción frente al cubismo y la abstracción. Dos pinturas iniciales —Indígena (1924-1925) y Retrato de señora con abanico (c.1926), del Museo Provincial de Lugo— anuncian dos constantes en su trayectoria: el interés por otras culturas y el retrato de la mujer moderna.

Maruja Mallo, La verbena, 1927. Óleo sobre lienzo, 119 x 165 cm. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Maruja Mallo, El Mago / Pim Pam Pum, 1926. Óleo sobre tabla, 60 x 74 cm. The Art Institute of Chicago © Maruja Mallo, VEGAP, Santander, 2024.
Maruja Mallo, Kermesse (La verbena), 1928. Colección Centre Pompidou

La exposición continúa con la serie Las verbenas (1927-1928), considerada la primera producción personal de Mallo que se inserta en el debate fundamental para la Generación del 27 sobre la relación entre vanguardia, arte popular, regeneración social y tradición. Estas composiciones parten de una división geométrica y simbólica del cuadro, inspirándose en la relación entre figura y decorado del teatro popular, como el guiñol, así como en el concepto cinematográfico de simultaneidad y superposición.

Las verbenas retratan escenas de carnaval en las que el pueblo —sin distinción de clases, razas o géneros— es el protagonista. Mujeres disfrazadas de ángeles negros, reyes y magistrados de cartón piedra, teatrillos de toros y manolas, o intelectuales montados sobre cerdos que tiran de un tiovivo que los traslada a mundos alternos como las pirámides del desierto o China, aparecen representados con un humor burlón que ridiculiza los tópicos asociados a la España negra —toros, guardias civiles, castas, superstición— mientras la mitología y los santos se convierten en pretextos para la diversión colectiva. Mallo definió estas obras como “creaciones mágicas de medidas exactas”, en las que la ciencia y la magia se dan la mano, reflejando la simultaneidad y el dinamismo de la ciudad moderna, y ofreciendo una visión festiva y cosmopolita del espacio público.

En 1928, la serie se presentó en Madrid en la sede de la Revista de Occidente, la publicación cultural más prestigiosa de la época, bajo la dirección de José Ortega y Gasset. Su éxito fue inmediato, tanto por la reputación de la revista como por la vitalidad y originalidad de las composiciones, que rompían con la visión tópica y pesimista de lo español. Destacan obras como El Mago/Pim Pam Pum (1926), del Art Institute of Chicago, y Kermesse (1928), del Centre Georges Pompidou. Desde su exhibición en la revista, estas cinco escenas no habían vuelto a reunirse, siendo esta la primera ocasión en que pueden contemplarse juntas en el Centro Botín.

Maruja Mallo, Antro de fósiles (de la serie Cloacas y campanarios), 1930. Óleo sobre lienzo, 135 x 194 cm. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Maruja Mallo vestida de algas en la playa de El Tabo (Chile), 1945. Fotografía intervenida por la artista. Museo Reina Sofía. Colección Archivo Lafuente © Maruja Mallo, VEGAP, Santander, 2024
Pablo Neruda junto a Maruja Mallo, cubierta de algas, en una de las playas de Chile. Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional de Chile

En contraste, la serie Cloacas y campanarios (1930-1932) deja en segundo plano la figura humana, centrando la atención en la materia y sus texturas. Pinturas como Tierra y excrementos (1932), del MNCARS, o El espantapájaros (1930), de colecciones particulares, acercan a Mallo al surrealismo, mostrando una visión necrológica e inquietante de la naturaleza. Simultáneamente, en Arquitecturas minerales y vegetales (1933) reduce las figuras a líneas o secciones anatómicas, concentrándose en el tratamiento matérico de la pintura para romper la dicotomía entre figura y fondo.

En las Arquitecturas rurales (1933-1935), Mallo dibuja esqueletos y estructuras efímeras como silos y almiares, buscando conciliar lo animado y lo inanimado, un rasgo inquietante y fascinante de su obra, en el que la materia se somete a la geometría.

En 1932, Maruja Mallo estudia escenografía y teatro en París, donde conoce a Picasso y Miró y se interesa por el espacio como soporte tridimensional. Su colaboración más importante es la escenografía de Clavileño (1936), un ballet de Rodolfo Halffter que no se llegó a presentar debido al inicio de la Guerra Civil. Las fotografías de maquetas y figurines, presentadas en la sala sobre la bahía, permiten apreciar la radicalidad de la propuesta, acompañadas de una réplica del teatrillo con figuras de cestería creadas para la exposición.

Las fotografías de Mallo también tienen carácter teatral, incluyendo las que la representan con cráneos en la sierra madrileña, así como imágenes donde se identifica con sus obras y símbolos como el compás o las mariposas, signo de metamorfosis.

La exposición dedica un espacio a La religión del trabajo (1937-1939), con imágenes arcaicas de diosas y damas oferentes, donde las manos se enlazan con peces, espigas y redes, en un gesto de compenetración y protección mutua. Esta serie refleja su “fe materialista en el triunfo de los peces, en el reinado de la espiga” y su búsqueda de un nuevo clasicismo frente a la guerra.

Vista de la exposición Maruja Mallo: Máscara y compás. Centro Botín, Santander, España, 2025. Foto: Belén de Benito.
Maruja Mallo, Mensaje del mar, 1937. Óleo sobre lienzo, 95 x 175 cm. Foto: Belén de Benito/Centro Botín, 2025
Maruja Mallo, Canto de las espigas, 1939. Óleo sobre lienzo. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Durante los años cuarenta desarrolla Las Naturalezas vivas (1941-1943), donde figuras femeninas, conchas y flores representan de forma simbólica el cuerpo humano y los reinos animal y vegetal. En esta etapa, la artista incorpora la cuarta dimensión en sus obras, sustituyendo la concepción estática del espacio por una dinámica espacio/tiempo, como se observa en Naturaleza viva II (1941-1942), del Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo, y Naturaleza viva XII (1943), de la Fundación María José Jove.

A partir de 1937, durante su exilio en Buenos Aires y viajes por el Pacífico, Uruguay y Brasil, Mallo se interesa por paisajes y poblaciones que la fascinan por su diversidad física y sincretismo cultural. Busca crear un método sistemático de representación de una nueva humanidad, reflejando su creencia en el arte como visión perfeccionada de la realidad. Obras como La cierva humana (1948) y Oro (1952) muestran fusiones entre razas, sexos y animales, mientras sus Máscaras reflejan emociones complejas y la experiencia de vivir en dos mundos.

En 1962 regresa a España y desarrolla sus últimas series: Moradores del vacío y Viajeros del éter, donde sus viajes imaginarios y su interés por la ciencia y el universo generan espacios siderales infinitos. Las figuras se transforman mediante procesos simbióticos o metamórficos, unificando evolución, células, animales y máquinas espaciales.

El recorrido concluye con sus últimas obras, en las que combina motivos de diferentes épocas con un color simbólico (azules, rojos y amarillos), y retoma viñetas de la Revista de Occidente y grabados de 1979, acompañados de testimonios fotográficos y audiovisuales.

Maruja Mallo, Naturaleza Viva XII, 1943. Óleo sobre tabla, 42 × 36,5 cm. Colección de Arte Fundación María José Jove © Maruja Mallo, VEGAP, Santander, 2024
Vista de la exposición Maruja Mallo: Máscara y compás. Centro Botín, Santander, España, 2025. Foto: Belén de Benito.
Maruja Mallo, Selvatro, ca. 1970-1975. Óleo sobre lienzo, 40 x 40 cm. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Maruja Mallo, Viajeros del éter, 1982. Lápiz, bolígrafo y cera sobre papel Canson, 39,9 x 24,6 cm. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Esta exposición está coproducida con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, donde podrá verse del 7 de octubre de 2025 al 16 de marzo de 2026.

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