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INDISCIPLINAS DE LA MIRADA, UNA PUBLICACIÓN DE ANDREA SOTO CALDERÓN

A veces me preguntan cómo terminé trabajando con imágenes. No fue una elección, sino una condición generacional, respondo. Crecimos con la tele como niñera, con dibujos animados que no solo entretenían, sino que configuraban nuestra relación con lo visible. No me importaba tanto la peripecia de los dibujitos, persecución infinita—el coyote y su condena—sino la lógica de la trampa, el dispositivo óptico en acción.

Pienso en el túnel pintado: un trampantojo sofisticado que alternaba entre el simulacro y la fisicalidad, entre la imagen como cebo y la imagen como umbral. El correcaminos siempre lo atraviesa; el coyote siempre se estrella. No es casualidad: es un programa visual, un algoritmo en bucle. La imagen aquí no solo engaña: produce realidad, orquesta el juego entre lo que el ojo percibe y lo que el cuerpo experimenta. En esta cacería, la visión no es inocente: es una tecnología que nos hace chocar o nos deja pasar.

Entre los dibujitos animados, los pocos libros de pintura a los que tuve acceso y la publicidad de la tele no veía tanta diferencia. Colorida violencia, belleza imposible, magia. Me gusta pensar la historia de la cultura visual como una incesante lucha o danza entre estas pulsiones: deseo, engaño, realidad, espejismo.

Este libro nace también desde esa pregunta por la imagen, desde la necesidad de torcerle el gesto a lo que vemos y cómo lo vemos. Indisciplinas de la Mirada surge a partir de un diálogo entre Kikuyo Editorial y Andrea Soto Calderón. La editorial, luego de un largo entusiasmo con el trabajo de Andrea y sus obsesiones por desbordar los marcos de la visualidad disciplinada, le propone crear en conjunto una obra que combine texto e imagen.

Andrea responde enviando una serie de borradores cargados de ideas, pasajes, intuiciones. Con ese material, se comienza a tejer un cuerpo visual-textual que no solo acompaña sus palabras, sino que las expande, las tensiona, las reconfigura. Imágenes liberadas para imaginar otras lecturas, para habitar el texto como si fuera también imagen.

Cuando la propuesta regresa a manos de Andrea, ella escribe el texto final que da nombre al libro: Indisciplinas de la mirada. Luego, el manuscrito viaja a Val Flores, quien escribe un prólogo tan afilado como entrañable.

El libro no solo piensa la imagen: también se presenta como un artefacto visual y táctil en sí mismo. Del tamaño de una mano, blando, bello, parece ronronear cuando acariciamos sus páginas. Se nota el cariño y el cuidado en su factura: cada detalle —el papel, el diseño, la selección de imágenes— habla de una atención amorosa por el objeto-libro, por su materialidad como gesto político y poético. No es solo un contenedor de ideas, sino una experiencia sensorial que acompaña la lectura, la enriquece, la enrarece.

En Indisciplinas de la Mirada nos encontramos ante un texto que, como un espejo trizado, nos devuelve fragmentos de realidades que hemos aprendido a ver de manera disciplinada, ordenada, domesticada.

Esta obra se inscribe en un linaje crítico que desmonta los regímenes de visión impuestos por la modernidad y los poderes hegemónicos, cuestionando los dispositivos de control que estructuran nuestra percepción. Desde una postura interdisciplinaria y filosa, el texto recupera influencias de la teoría del arte, la filosofía, la semiótica y los estudios visuales para desarticular las lógicas de visibilidad que han definido nuestra relación con las imágenes.

Se inscribe en una genealogía de pensamiento crítico donde resuenan ecos de Flusser, Didi-Huberman y Rancière, pero también de feminismos situados que han puesto en crisis la mirada hegemónica. Sus páginas nos invitan a desnaturalizar el acto de ver, a comprender cómo opera la ideología en la construcción de lo visible, y cómo las imágenes mismas pueden convertirse en espacios de resistencia y subversión.

Indisciplinas de la mirada despliega un entramado de referencias que nos permite transitar por un pensamiento que se desliza entre la teoría y la práctica, haciendo dialogar las imágenes con sus discursos, descomponiendo la forma en que la visualidad ha sido instrumentalizada. En este sentido, la publicación no solo nos ofrece una crítica al status quo de la imagen, sino que también abre fisuras para imaginar otras maneras de mirar, otros relatos visuales posibles.

Recorremos sus páginas moviendo el libro, girándolo, buscando conexiones entre sus imágenes -algunas cotidianas; otras desconcertantes- y los aforismos. Nos quedamos pensando… Desde esas pausas, a las que el libro invita, se reivindica la mirada indisciplinada como una estrategia política. Una mirada  que se hace voz y que se permite la digresión, la duda, la incertidumbre. Una mirada que no acepta el mandato de la transparencia ni de la representación neutral, sino que se asume siempre en tensión, en conflicto, en proceso de deconstrucción. Aquí, la visualidad se concibe no solo como un espacio de producción de sentido, sino también como un espacio de negociación donde se juegan cuerpos, identidades y resistencias.

Desde el horizonte epistemológico de los nuevos materialismos, Indisciplinas de la Mirada también puede leerse como una exploración de la agencia de las imágenes y de la materialidad de la mirada. La visualidad ya no es solo un reflejo de estructuras simbólicas o ideológicas, sino que se inscribe en una red de interacciones donde lo material y lo discursivo se entrelazan.

Siguiendo las perspectivas de Judith Butler, Lucy Irigaray, Karen Barad y Jane Bennett, podríamos pensar la imagen como un acto performativo, donde la visión no es solo interpretación, sino afecto, vibración y relación con otras materialidades.

En este sentido, el texto se alinea con la comprensión de la imagen como una entidad en continuo devenir, un nodo o  entramado de fuerzas que excede el sujeto que mira. La mirada no se concibe aquí como una relación unilateral entre el espectador y la imagen, sino como un ensamblaje donde se juegan efectos materiales, intensidades. Así, la indisciplina de la mirada no solo es una cuestión de crítica epistemológica, sino también un desplazamiento ontológico hacia una visión más expandida de la imagen y sus efectos en el mundo.

En este contexto, Indisciplinas de la Mirada se erige como un manifiesto visual que interpela a quienes se atrevan a mirar y a decir de otra manera. Su escritura fragmentaria y rizomática, en constante diálogo con el pensamiento contemporáneo, nos obliga a cuestionar la comodidad de nuestras formas de ver y a asumir la mirada como un gesto político. En suma, celebramos lo que han trabajado Andrea Soto y Kikuyo Editorial como un libro necesario para quienes buscan desmontar las trampas de la visualidad normativa, y atravesar el túnel pintado del coyote para explorar otras posibilidades de la imagen.

Valentina Montero

Valentina Montero es curadora, investigadora y docente, especializada en cultura visual y artes mediales. Sus proyectos más recientes exploran las apropiraciones de las tecnologías y lenguajes científicos; las poéticas del archivo, el error como recurso estético, la cultura visual en entornos digitales y las prácticas colaborativas ligadas a estéticas experimentales.
Doctora en Producciones Artísticas por la Universidad de Barcelona. Actualmente es investigadora Fondecyt, dirige el Magíster en Investigación-Creación de la Imagen en la Universidad Finis Terrae y es fundadora de PAM –Plataforma Arte y Medios–, dedicada a la investigación y circulación de las artes mediales en Chile y América Latina.

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