ANDREA CANEPA: ACTIVAR EL ESPACIO, REPENSAR EL CUERPO
Durante el primer semestre de 2025, la artista peruana Andrea Canepa (Lima, 1980) presentó dos instalaciones de gran escala en Europa que, desde registros materiales y contextuales distintos, comparten una pregunta común: ¿cómo reaprendemos a habitar el espacio?
Ambas muestras, ya clausuradas, ofrecen claves importantes para entender la evolución reciente de su práctica. Geometrie del possibile, encargada por la Scuola Piccola Zattere para el espacio Ridotto en Venecia, y Wasi Llamkha (lugar y tacto), presentada en el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque en Madrid, articulan una gramática sensible del entorno a partir del juego, la memoria y la arquitectura móvil.
En lugar de asumir el montaje expositivo como un dispositivo cerrado, Canepa propone en ambas obras una apertura: a la experiencia somática, al diálogo con el entorno, a las posibilidades lúdicas de los objetos. Desde la modularidad y la flexibilidad de las formas, se invita al cuerpo a desplegarse en relación con las historias que habitan los espacios.



Geometrías del juego: el cuerpo como medida del espacio
Presentada entre noviembre de 2024 y febrero de 2025, Geometrie del possibile fue una instalación de sitio específico encargada a Andrea Canepa por la Scuola Piccola Zattere de Venecia, como parte de su residencia en el espacio Ridotto. Este entorno, concebido como un laboratorio abierto para el aprendizaje y la experimentación, planteaba un desafío singular: crear una obra capaz de operar al mismo tiempo como infraestructura y como dispositivo estético para la acogida, el juego y el intercambio.
La respuesta de Canepa fue una instalación modular que activa el espacio desde el movimiento, la flexibilidad y la interacción. Distribuida en dos salas, esta arquitectura efímera articula objetos móviles —cojines, bancos, mesas plegables— que invitan a ser reconfigurados constantemente. El diseño no impone recorridos ni jerarquías, sino que abre el espacio a la posibilidad de un uso colectivo e intuitivo, donde el cuerpo actúa como medida, catalizador y habitante.
Inspirada en geometrías de suelo tradicionales y sistemas de construcción modulares, Geometrie del possibile explora cómo lo aparentemente rígido puede contener un potencial lúdico y transformador. En su primer momento, la obra se activó con la performance Le Forze d’Ercole, desarrollada durante la residencia en diálogo con las actividades educativas del centro. El título alude a una competencia acrobática de la tradición popular veneciana, que Canepa reformula como ejercicio de corporeidad y memoria: una manera de articular historia, movimiento y arquitectura efímera.
En la segunda sala, pensada como un “salón” informal, la instalación adquiere un carácter más íntimo. Cojines sueltos y estructuras semirrígidas crean un ambiente de descanso y conversación, conservando siempre la posibilidad de transformación. La obra se integraba así a la vida cotidiana del espacio Ridotto, disolviendo las fronteras entre arte y entorno, y apostando por una experiencia donde el cuerpo —en su desplazamiento y su escucha— es el principal protagonista.

Memoria encarnada: tocar para recordar
Presentada en el Patio Sur del Centro de Cultura Contemporánea Condeduque de Madrid entre febrero y mayo de 2025, Wasi Llamkha (lugar y tacto) llevó aún más lejos la investigación de Andrea Canepa en torno a la arquitectura como lenguaje y al cuerpo como instrumento de conocimiento.
Comisariada por Marta Ramos-Yzquierdo, la instalación funcionaba como un pabellón efímero concebido para ser recorrido, tocado y activado con todo el cuerpo. Su misma estructura invitaba a repensar la percepción desde lo táctil, desde una corporalidad no subordinada a la mirada, sino atenta a otras formas de relación con el entorno y con la memoria.
La obra articula dos tradiciones aparentemente distantes pero aquí puestas en diálogo: el ars memorativa europeo —también conocido como palacio de la memoria— y los sistemas precolombinos de organización mnemónica basados en el tacto, como el quipu andino.


Wasi Llamkha reemplaza las imágenes mentales del método clásico por materiales concretos: gravas, maderas, ladrillos, azulejos, arena, cuerdas. Cada nivel de la estructura ofrecía una textura distinta, pensada para anclar en el cuerpo un fragmento de discurso. Al recorrerla, el visitante no solo desplazaba su atención hacia lo sensorial, sino que ensayaba una forma alternativa de inscribir el saber en la piel, en la presión del pie sobre la materia, en la mano que tantea.
La instalación estaba acompañada por un texto escrito por la propia artista, pensado como una guía de activación del dispositivo. Al estilo del método clásico, proponía asociar cada sección del pabellón a un fragmento de discurso, pero en lugar de trabajar con imágenes visuales, lo hacía desde la textura y la experiencia háptica. “Es una invitación a crear una forma de memoria artificial que no se basa en lo que se ve, sino en lo que se siente”, señala Canepa, reivindicando al cuerpo como soporte cognitivo, no solo como superficie de inscripción sino como agente de sentido.
El componente lúdico de la obra —evocado en el texto curatorial a través del juego infantil de la gallina ciega— no es un mero recurso metafórico, sino una estrategia crítica: la artista propone reaprender a percibir desde una conciencia corporal que ha sido marginada por los regímenes contemporáneos de atención, marcados por la velocidad, la abstracción digital y el aislamiento sensorial.
En ese sentido, Wasi Llamkha no solo es un ejercicio de memoria sensorial, sino también una apuesta por la reapropiación del cuerpo como territorio de conocimiento, afecto y colectividad. Como afirma la curaduría, “tocar a ciegas para recordar, recordar para ver, ver de otra manera, ver para poder imaginar”.

Cuerpos que recuerdan, espacios que piensan
Las exposiciones Geometrie del possibile y Wasi Llamkha (lugar y tacto) no solo condensan el interés sostenido de Andrea Canepa por el espacio como forma activa de pensamiento, sino que configuran una suerte de díptico que traza las coordenadas afectivas y políticas de su práctica reciente. En ambas, el cuerpo emerge como centro operativo: no como medida antropocéntrica del mundo, sino como interfaz sensible entre la materia, el entorno y la memoria.
En Geometrie del possibile, el juego y la modularidad funcionan como estrategias para desarmar la rigidez de las estructuras espaciales, abriendo paso a una ocupación libre, colectiva y mutable. En Wasi Llamkha, en cambio, el espacio se vuelve táctil, profundo, casi introspectivo, reclamando una forma de cognición encarnada que desafía los modos tradicionales de percepción. Si la primera invita al movimiento, la segunda sugiere una pausa.
Ambas obras cuestionan, desde ángulos distintos pero complementarios, las formas dominantes de experiencia: aquellas que privilegian la visión sobre los demás sentidos, el control sobre la improvisación, la función sobre el juego. Al integrar referencias culturales múltiples —desde la tradición popular veneciana hasta las tecnologías mnemónicas andinas—, Canepa elabora una poética material que es también política: una arquitectura del cuidado y del conocimiento situada, afectiva, inestable.
En un tiempo marcado por el desapego físico y la sobrecarga visual, su trabajo propone volver a tocar. No como acto nostálgico, sino como gesto radical: para reaprender a estar juntos, para crear otras formas de pensamiento que comiencen, otra vez, por el cuerpo.
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