SAMUEL SARMIENTO. MARISMAS PRIMORDIALES: DE AGUAS Y DIOSAS
En la exposición Marismas Primordiales: de Aguas y Diosas, el artista venezolano Samuel Sarmiento propone una travesía por territorios simbólicos donde el mito se (con)funde con la historia y la oralidad actúa como eje de transmisión cultural. Presentada en el Claustro de San Agustín de la Universidad Nacional de Colombia, bajo la curaduría de María Belén Sáez de Ibarra, esta es hasta ahora la muestra más completa del artista.
En esta selección de alrededor de cien obras —entre cerámicas, acuarelas y pinturas— Sarmiento despliega un imaginario visual que remite tanto a lo originario como a lo posible, donde convergen diosas de la tierra, aguas fértiles y la cosmología de un Caribe profundo y mutable.
Las marismas del título se entienden aquí como un espacio simbólico: condensan el deseo de volver a los orígenes, al humedal donde emergen los primeros relatos del mundo. Como sugiere el propio artista, este paisaje maternal remite tanto al vientre como a la ciénaga, al territorio fecundo donde lo informe se torna forma. No es casual que el barro, matriz de la cerámica, sea también símbolo de la creación en múltiples cosmogonías.



Nacido en Venezuela en 1987 y afincado en Aruba, Sarmiento trabaja desde una condición de insularidad expandida. Su obra emerge desde una doble periferia: la de quien habita entre fronteras lingüísticas, culturales y políticas, y la de quien escarba en los márgenes del tiempo histórico para rescatar relatos que no caben en cronologías lineales.
La cerámica, para Sarmiento, es una herramienta de narración, un medio que emplea tanto para inscribir historias posibles como para volver táctil la imagen. En tiempos de hiperaceleración digital, recupera la arcilla como una tecnología ancestral de preservación: una forma de fijar memoria en un soporte no efímero, pero tampoco inmóvil. Como si el barro aún respirara.
Su obra se enraíza en la tradición oral del Caribe y de América Latina, en esos relatos compartidos a la sombra de un árbol, al borde del río, en la cocina o en el mercado. Historias que pasan de boca en boca, que sobreviven a la escritura porque se alojan en el cuerpo. En sus piezas cerámicas, los mitos caribeños dialogan con las huellas de un presente mediático y los arquetipos universales.
En este sentido, su práctica se inscribe en la larga historia de la cerámica como dispositivo narrativo. Desde las ánforas griegas hasta las vasijas precolombinas, estos artefactos han servido para contar: linajes, ritos, cosechas… y también batallas y catástrofes. Pero en la obra de Sarmiento, este impulso se aleja del registro documental para adentrarse en el terreno de la imaginación simbólica. Sus piezas parecieran reescribir los mitos: ficciones posibles sobre orígenes que nunca se fijaron del todo, pero que siguen vibrando en los pliegues de la cultura popular.



El agua es otra constante en su trabajo. Inspirado en textos como El agua y los sueños, de Gaston Bachelard, Sarmiento concibe lo acuático como matriz de lo femenino, como espacio de tránsito, transformación y disolución. El agua como principio, como medio, como memoria líquida. A través de ella, sus figuras —mujeres, diosas, guardianas— se desplazan sin jerarquía entre lo mitológico y lo sensorial.
El carácter especulativo de la obra de Sarmiento se ve reforzado por referencias que van desde el realismo mágico de García Márquez y la metaficción de Borges hasta la teoría de la panspermia, que plantea el origen de la vida como una posibilidad cósmica: fragmentos orgánicos o microorganismos resistentes que habrían llegado a la Tierra a bordo de meteoritos o cometas.
Esta mezcla entre literatura, saber científico y saber popular le ha permitido construir un lenguaje visual propio, que, quizás sin proponérselo, evoca en cierta medida el del sincretismo venezolano. Sarmiento crea realidades paralelas donde emergen los trazos libres y simples que configuran rostros femeninos, los ornamentos espinosos y orgánicos —como corales marinos, oleajes o llamas—, los detalles florales, los animales autóctonos, el contorno de ojos o planetas como Saturno, componiendo una iconografía fantástica y fluida.
Algunas figuras de sus cerámicas son como vasijas; otras, coronas, escudos, platos que pueden ir en la pared o reposar sobre una repisa. Las más pequeñas parecen ofrendas o amuletos. El esmaltado colorido de ciertos detalles —algunos con iridiscencias— contrasta con superficies planas y opacas que sirven de “página” para la narrativa, construida con la insistencia de figuras y motivos trazados como con un lápiz tembloroso.
Samuel Sarmiento moldea símbolos con las manos, insistiendo en la potencia subversiva del gesto lento, del oficio heredado, de la imagen que germina desde el barro: la tierra y el agua.

Marismas Primordiales: de Aguas y Diosas, de Samuel Sarmiento, se podrá visitar del 26 de abril al 31 de agosto de 2025 en el Claustro de San Agustín UNAL, Carrera 8 No. 7-21, Bogotá.
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