HISAE IKENAGA, DESFIGURANTE
Apenas entro a la Galería Max Estrella recuerdo una idea que le leí a Estrella de Diego en Travesías por la incertidumbre (Seix Barral, 2005): “Los papeles de sujeto y objeto son intercambiables ad infinitum”. ¿Dónde acaba el sujeto y dónde empieza el objeto? El objeto, eso que podría ser cualquier cosa sin nombre, se convierte en objeto en la medida en que se subjetiviza, en la medida en que entra por nuestros ojos, en la medida en que habita un espacio común. (Quizá el espacio de la memoria.) Digo “habitar” como mecánica de repetición y de estancia. Digo “habitar” como fórmula de contención.
Hisae Ikenaga (Ciudad de México, 1977) habita en sus objetos. Pero lo hace desde la consciencia del espejismo. Desde el espejismo de la habitabilidad. Desde la práctica insubordinada que nos muestra en su más reciente exposición personal en Madrid: Entremedias / In Between. La Galería Max Estrella acoge esta muestra, la segunda en su sede madrileña de la artista mexicana que actualmente vive en Luxemburgo, aunque también trabaja desde España y Francia.
Lo que quiero decir es que podemos entender los objetos informes de Ikenaga como prótesis. Aún tengo dudas de si entenderlos como prótesis de su cuerpo, pero tengo certeza de que mientras recorro las salas de la Max Estrella son prótesis del mío, de mi cuerpo. Extensiones tentaculares. Extensiones moleculares. Extensiones lúcidas. Lo digo con énfasis. Lo digo en un sentido barthesiano. En La cámara lúcida Barthes afirma: “No es el sujeto ni el objeto, sino un sujeto que siente que se está convirtiendo en el objeto”.
Objetos reconocibles. Objetos cotidianos. (Volvemos a ese sitio del habitar). Así lo enuncia la hoja de sala: “La obra de Hisae Ikenaga toma como estrategia recurrente la transformación de objetos reconocibles por formar parte de nuestra cotidianidad. Su obra invita a observar detalles de objetos familiares presentados de manera inesperada, generando una sensación de extrañeza, confundiendo y despertando la duda sobre si desconocemos algo que creíamos conocer”.



Entremedias / In Between da la impresión de espacio en construcción. Espacio en contención. O de espacio abandonado. O de espacio excavado. Me quedo con esta última. Me quedo con esa sensación de desandar una zona arqueológica donde los hallazgos se perciben a medias, donde el objeto, como el significado, nunca termina del todo y, por tanto, nunca se percibe del todo.
Los medio-objetos de Ikenaga son más que objetos. Los entiendo como argumentos, como narraciones de ese hallazgo que ya se ha tenido antes. Tienen esa aura del asombro. Tienen ese nimbo de lo que nace después del escarbe.
Pongo un ejemplo: Columna roja (2024), un gran eje vertical cerámico. A mi lado siento que es la extensión de uno de mis brazos o de una de mis piernas. A su lado me convierto en un animal extinto. A su lado me convierto en una criatura de tiempos que ya no existen. A su lado me siento carbonizado. A su lado habito en la temperatura infernal donde se endurece la cerámica. Pero comprendo que aquí la prótesis soy yo y que estoy adosada a su fuerza, a su ligereza, a su apariencia de cuerpo dormido.
Tanto Columna roja como Halves (2024) y Flor de alcachofa (2024) poseen un corte limpio. Cortes limpios de alfarero. Cortes perfectos. A la mitad. La otra mitad se infiere, está referida por reduplicación fantasmal. Es como si se abriera a la mitad el corazón y encontremos un vacío. Dice la curaduría: “lo relacional frente a la idea de las vísceras, el lugar donde las emociones primarias nos golpean”.
El vacío dentro del vacío dentro del vacío dentro del vacío. Y dentro de todo eso el recuerdo convertido en una sustancia viscosa y azul.


Hablemos de la serie Industria visceral. Digamos que Ikenaga tiene una gracia inmensa para ensamblar. Ensamblar no solo objetos, sino ideas, estructuras significantes. Genera mixturas. Intertextos donde lo industrial se fusiona con lo artesanal. Mezclas donde lo posindustrial se fusiona con una sensibilidad posmoderna en crisis. Las piezas de esta serie se convierten en viñetas. Estan(dar)tes. Rúbricas cerámicas que componen un nuevo alfabeto, colocado exquisitamente sobre muebles metálicos y tubulares.
Es un estado fugaz, transitorio. Lo es porque son apariencias exóticas. Aquí me refiero a lo exótico en el sentido que le dio Rabelais en el siglo XVI, lo exótico como aquello que está lejano en el espacio, lo exótico como “lo de fuera”. Aunque son objetos que podemos relacionar con la vida cotidiana, la del hogar, Hisae Ikenaga los transforma en cuerpos del deseo y los exotiza, los aleja con la única intención de acercarlos aún más. Quiere que lleguemos a ellos. Pero llegar es no acabar de llegar nunca.
Entremedias / In Between, de Hisae Ikenaga, estará abierta hasta el 13 de febrero de 2025 en la Galería Max Estrella, Madrid.
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