PREMIAN A FOTÓGRAFA ECUATORIANA MARÍA TERESA GARCÍA SOSA
El Premio Nacional de Artes Mariano Aguilera es el principal reconocimiento a las artes visuales en Ecuador. Este galardón, gestionado por el Centro de Arte Contemporáneo a través de la Fundación Museos de la Ciudad y la Alcaldía de Quito, reconoce la capacidad de las y los artistas para incidir en los debates actuales desde diversos lenguajes creativos. En su V edición (2024–2025), en la categoría Trayectoria Artística, se otorgó el reconocimiento a María Teresa García Sosa, primera mujer fotógrafa acreedora de este premio gracias a su contribución sostenida al campo artístico en el país.
Este incentivo incluye la adquisición de una de sus obras por parte del Municipio de la ciudad, una exposición antológica en el CAC y la publicación de su respectivo catálogo, consolidando así el legado artístico de la persona galardonada y visibilizando el impacto de su trabajo en la construcción de la historia del arte local.
En esta edición, el jurado compuesto por Ana Rodríguez, Elvira Espejo y Elvis Fuentes otorgó además un incentivo de $40.000 dólares a la artista, reconociendo una trayectoria activa, coherente y fundamental para cimentar los aportes de la fotografía al campo del arte contemporáneo.
El 10 de mayo, el Centro de Arte Contemporáneo inauguró la muestra antológica Imagen Latente de María Teresa García Sosa, bajo la curaduría de Fabiano Kueva y Pepe Avilés, y con el apoyo de Víctor Hoyos en la museografía y la asistencia de Laura Haro y Erick Peralvo. Organizada a lo largo de un año, reúne más de 200 piezas fotográficas, en su mayoría inéditas, que recorren 50 años de su trabajo, revelando una mirada que ha documentado e intervenido con sensibilidad en la historia visual del Ecuador.
Desde 1976, la artista ha expandido los límites técnicos y narrativos de la fotografía. Desde lenguajes analógicos y digitales, ha abordado temas como la autorrepresentación, el paisaje, los rituales y la vida cotidiana. Su obra comprende proyectos documentales, editoriales y expositivos con circulación en América, Europa y Asia. Imagen Latente presenta un archivo visual cargado de resonancias personales y colectivas, donde la imagen se convierte en testimonio sensible de una forma de capturar fragmentos del mundo.

IMAGEN LATENTE
Por Pepe Avilés y Fabiano Kueva | Curadores
El trabajo artístico de María Teresa García Sosa (Sangolquí, 1945) abarca cinco décadas de indagación y creación visual continua. Su obra fotográfica, instalativa y editorial se sitúa en coordenadas diversas y despliega una serie de preguntas clave sobre los modos de ver y representar: los rostros, los cuerpos y las emociones; el viaje, los paisajes y el trabajo; el espacio público y el espacio íntimo; las memorias, la ritualidad o las identidades.
Abordar, de manera no lineal, una trayectoria en la que convergen diferentes órbitas temáticas y lineamientos estéticos plantea varios desafíos curatoriales y de audiencia. Su reconocimiento con el Premio Mariano Aguilera a la Trayectoria marca un importante precedente para la fotografía en el arte contemporáneo del Ecuador.
Más allá de una cronología o una biografía, Imagen Latente pone en escena distintas series o cuerpos de imágenes, muchas de éstas inéditas o de escasa circulación, producidas por María Teresa García Sosa desde una postura de permanente experimentación con las temporalidades y las materialidades fotográficas.
La exposición funciona como un contenedor de obra que propone dos hilos interpretativos: La apertura, elemento esencial en la fotografía, como metáfora de la vida social de las imágenes; y La transición, entendida como un espacio y tiempo liminal pero susceptible de percibir y de nombrar, como un conjunto de condiciones inestables que vislumbran transformaciones, posibles quiebres y también resistencias.
Una práctica artística tan prolífica nos convoca a una lectura del contexto local –con múltiples conexiones regionales–, sobre algunos debates –tanto formales como conceptuales–en torno al campo de la fotografía. Nos lleva además a una reflexión sobre el devenir de distintas perspectivas y posicionamientos sobre el lugar que ocupa lo popular, el poder de la mirada o los privilegios de ser autor/a. También nos invita a revisar el agenciamiento y las estrategias adoptadas en distintos períodos por artistas y agentes culturales en aras de construir un espacio de autonomía para la fotografía, graficando así un conjunto de proyectos y procesos, útiles a la hora de trazar una genealogía de la fotografía contemporánea en el Ecuador.
El marco temporal propuesto, de 1975 a 2025, se asume desbordado por las complejidades de la historia social y cultural del país. Entonces, ¿cómo lidiar con el peso de mirar la realidad? En el caso de María Teresa García Sosa, asumiendo el oficio fotográfico como un modo de estar en el mundo, es decir, el ensayo visual como una opción ética para fijar en imágenes lo no visto, para hacer visibles los sujetos, los lugares y sentidos que nos faltan. Si la imagen se considera un documento social, un dispositivo para entender la compleja relación entre el presente y el pasado, también es un detonador de historias mínimas y de poéticas personales.




En la trama de la fotografía ecuatoriana y latinoamericana, María Teresa García Sosa es una figura que oscila entre varias generaciones, cuyo lugar de confluencia ha sido la fotografía artística y la investigación visual con una orientación hacia los ámbitos expositivos, museales y del coleccionismo, que fluctúan entre la activación pedagógica, eventos especializados y publicaciones de corte reflexivo.
Este agenciamiento, a modo de núcleos, talleres o espacios independientes, significó un paulatino desmarque de las formas gremiales, así como de las prácticas artísticas vinculadas a la militancia política entre las décadas de 1970 y 1980. Estos impulsos grupales jugaron un rol importante en la década de 1990, durante el giro de las artes visuales en el Ecuador hacia formas expresivas expandidas, trayectos teóricos renovados y referentes heterodoxos.
Hacia la década del 2000, la llamada revolución digital o transición entre los sistemas analógicos e informáticos de la imagen estimuló a muchas artistas locales a incorporar el computador, el software y la impresión sobre materiales no convencionales. Estas herramientas ampliaron los horizontes plásticos de la fotografía.
El auge global de internet y las redes sociales corporativas han ido tornando difusa la figura del artista o la fotógrafa autora, incluso reemplazable mediante programación o inteligencia artificial. La masificación de los dispositivos portátiles y los datos numéricos han modificado los atributos estéticos de las imágenes y han dado lugar al advenimiento de la denominada postfotografía.
En ese contexto, ¿por qué Imagen Latente? ¿Por qué el blanco y negro? ¿Por qué María Teresa García Sosa? Porque su fotografía nos invita a percibir los matices y los deseos. Porque desorientarse en este bosque de imágenes cuestiona todos nuestros olvidos.



La exhibición se podrá ver en el CAC de Quito (Montevideo y Luis Dávila Barrio San Juan, Quito, Ecuador), hasta el 7 de septiembre de 2025.
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