BILINGÜISMO Y VINCULACIÓN EN EL MCA CHICAGO
Como recuerda Anthony Bennet en su hoy clásico estudio El complejo expositivo (1988) —marcado por su fuerte raigambre foucaultiana— la consolidación del museo como institución pública en el siglo XIX tuvo una finalidad educativa y de instrucción de carácter vertical: promovió el conocimiento, la salud moral y mental de los ciudadanos. En el argumento de Bennet, el museo se estableció como un lugar que dictaba una norma conductual: la forma “civilizada” y “moderna” de comportamiento.
En nuestros días, sin embargo, los profesionales de museos han realizado todo tipo de esfuerzos para alejarse de estas nociones y propiciar un tipo de experiencia que no tiene que ver con la comunicación unidireccional de un mensaje, el control y la subordinación de los espectadores o la repetición del canon. Por el contrario, diversas instituciones han cuestionado y evidenciado sus orígenes y prácticas coloniales, así como la repetición de historias y prácticas discursivas hegemónicas, para pensar en el museo como un espacio de intercambio de saberes, abierto a la formación de nuevas visiones e interpretaciones. De hecho, en las iniciativas más vanguardistas de aprendizaje museístico, nociones como las de mediación, diálogo, intercambio y experiencia han cobrado más relevancia que la de objeto artístico.[1]
De entre los numerosos espacios que sería posible traer a cuenta en este sentido, me interesa abordar aquí el caso del Museo de Arte Contemporáneo (MCA, por sus siglas en inglés) de la ciudad de Chicago, considerando el esfuerzo que ha realizado por convertirse en un espacio completamente bilingüe, así como por los programas con los cuales buscan vincularse con diversas comunidades dentro de un país marcado históricamente por la migración, la segregación y el racismo.

BILINGÜISMO E INTERPRETACIÓN
Desde hace un par de años, el MCA decidió traducir absolutamente todos sus textos y contenidos al español. Así, desde la página web a las cédulas y textos de salas, pasando por las indicaciones de protección civil o el menú del restaurante, TODO se encuentra tanto en español como inglés. Al respecto, Antonio Díaz Oliva, editor y traductor del museo, y agente nodal en esta iniciativa, declara en entrevista: “Creo que el objetivo de un museo no tiene que ver con volver a poner el canon y enseñarlo, sino servir más bien como intermediario… Existe todavía una idea de que el museo es el lugar de la verdad tallada en mármol, pero desde el MCA buscamos impulsar la idea de que el museo es ahora un espacio distinto, abierto a otro tipo de experiencias. Aquí tenemos numerosas manifestaciones artísticas diferentes y queremos que la gente venga a verlas y saque lo que quiera de esa experiencia”.[2]
En relación con la política de traducción, el escritor chileno, que cuenta con novelas y relatos publicados en inglés y español, afirma: “No es lo mismo traducir un texto literario que traducir textos de muro y cédulas. Ahora mismo, este es un campo de innovación y discusión en varias instituciones, así que el MCA llegó en un buen momento a este campo. Para darle continuidad a esta política, vamos a dejar un manual y una declaración de principios muy claros en torno a la traducción, de manera que se haga parte del ADN de este espacio y que la gente que venga a trabajar más adelante le pueda dar continuidad a esta iniciativa”.
La interpretación y la traducción, en este caso, tienen un significado amplio, que no se limita a verter las palabras de un idioma a otro, sino a un ejercicio más extenso donde se subraya el significado abierto y siempre cambiante de las obras. Como afirma el escritor y traductor: “Creo que lo importante es que las personas puedan entender, cuando nos visitan, que no hay una palabra final sobre el arte. Queremos impulsar al museo como una casa abierta para la interpretación y la experiencia”.

Manuel Venegas, del área de Comunicación, habla del interés del MCA por crear puentes entre personas que, como él mismo, no vienen necesariamente de las artes. Actividades como el Día de la Familia, o la política de traducir absolutamente todos los textos al español, son iniciativas con las cuales, asegura, “la gente está interpretando el arte a su manera, no como alguien que lo ha estudiado. Nos parece importante que una persona de 40 años, alguien que va al colegio o un niño, pueda tener una interpretación basada en su propia experiencia y la manera cómo ve las cosas. Yo pienso que los museos están sirviendo como catalizadores para crear puentes. En vez de ser un lugar elitista donde se repite el canon, están volviéndose lugares abiertos para la interpretación”.[3]
Venegas, a su vez, subraya que el museo no es un espacio alejado de la realidad sino, al contrario, muy cercano a lo que sucede en el día a día: “Creo que estamos construyendo espacios que dialogan directamente con lo que la gente está viviendo aquí. Así como la sociedad va cambiando con el tiempo y se vuelve más diversa, los museos también tienen que crear espacios para que la gente se sienta más cercana e identificada con estas instituciones”.

VINCULACIÓN CON LA COMUNIDAD MIGRANTE
Desde los años noventa, el MCA inició con un programa que busca acercar a distintos públicos no especializados al arte: el Día de la Familia. Aunque esta noción pueda parecer conservadora, Alicia Sandoval, del equipo de educación del MCA, se apura a precisar que al museo son bienvenidas todo tipo de familias, pues se trata de un espacio incluyente donde se promueve la diversidad y el multiculturalismo a partir del arte.
De octubre a mayo, el segundo sábado de cada mes, asisten para cada evento entre 400 y 600 personas, de diversos puntos y comunidades de la ciudad, a programas organizados con artistas, músicos y una gran variedad de agentes culturales. Sobre este programa 100% bilingüe, añade Sandoval: “Nos interesa reaccionar a lo que pasa en el museo, involucrando a un público intergeneracional y que no necesariamente cuenta con un interés previo por el arte”. Este tipo de iniciativas han tenido un gran éxito, asegura, pues saben de casos de “personas que vinieron cuando eran más chicas, y que ahora traen a sus hijos a las actividades organizadas por el MCA dentro y fuera del museo”.[4]
Conscientes de que no todo el mundo puede llegar hasta allá —ya sea por el transporte, el tráfico, la lejanía, o incluso porque estacionarse en esa zona céntrica es caro—, han creado también programas fuera del museo, en barrios como La Villita, vinculados históricamente con la población migrante. A través de estos programas, continúa Sandoval, invitan a “personas que no siempre están cómodas en un museo, pero que empiezan a apropiarse así de estos espacios y a darse cuenta de que el museo responde también a la realidad política y cultural de la sociedad”.
Es importante, continúa, acercarlas “al arte, y sobre todo el arte contemporáneo, porque puede ser una ventana a lo que estamos viviendo. Es una manera de poder entender la complejidad social y política circundante. Permite entender también otras visiones y experiencias del mundo a través de una película o una pintura, y a crear lazos de empatía muy fuertes”. Para llevar a cabo estas iniciativas, el MCA ha realizado colaboraciones notables con el consulado de México en Chicago.

La cónsul Reyna Torres toma mi videollamada desde su oficina en esa ciudad. Con una sonrisa serena, me habla de cifras que no dejan de sorprenderme: en este consulado, encargado de todo el estado de Illinois y el norte de Indianápolis, trabajan alrededor de 150 personas que les brindan atención a unos 3 millones de migrantes mexicanos. Entre las actividades que ahí se realizan —desde tramitar un pasaporte o un acta de nacimiento, hasta brindar información sobre la región o los servicios de educación y salud— el consulado cuenta también con un área dedicada a la promoción de la cultura y de vinculación con diversos festivales y museos.
Torres sostiene que la cultura es una herramienta central para crear sociedades más justas, generar empatía y combatir el odio contra la población migrante. El miedo y el desconocimiento, asegura, son los principales promotores de la xenofobia. Y prosigue: “Por eso las actividades que promovemos, además de dar a conocer la riqueza cultural de México, buscan ser también un acto de protección para la población migrante. En este sentido, además de la nutrida programación que realizamos en torno a estos temas, nos gusta acercar igualmente a nuestra comunidad a instituciones que tradicionalmente no sienten que son para ellos. Nos sucede con frecuencia, por ejemplo, que se trata de museos en zonas que no son de mexicanos, que sólo están inglés, o donde de plano sienten que están hechos para otro público que no son ellos”.[5]
Por este motivo, además de su colaboración con el imprescindible National Museum of Mexican Art, ubicado en el barrio de Pilsen, y diversas iniciativas culturales más, la cónsul agrega: “La colaboración con instituciones como el MCA busca darle la vuelta a estas ideas para acercarlos a espacios donde también son bienvenidos. Este museo, de hecho, ha hecho un gran esfuerzo por acercar y volver parte de su comunidad a la población migrante y latina, lo cual se nota mucho con su interés por ser una institución bilingüe”.

CAMINAR HACIA LA UTOPÍA
En un artículo aparecido poco después de que la actual administración estadounidense, por primera vez en su historia, anunciara el inglés como la única lengua oficial de ese país, la escritora, lingüista y activista ayuujk Yásnaya Elena A. Gil señaló: “Durante mucho tiempo hemos advertido cómo las derechas y el ascenso del fascismo están ligados a los movimientos que defienden el uso de únicas lenguas oficiales. Cualquier utopía hacia la cual caminar tendría que ser multilingüe, un mundo en el que nadie deje de acceder al disfrute de sus derechos humanos por motivo de la lengua que habla (…) Si el mundo que ellos proponen es un mundo monolingüe, tendremos que oponer una utopía necesariamente multilingüe”.[6]
En el contexto de una ciudad como Chicago, donde una de cada cinco personas se reconoce como parte o descendiente de la comunidad mexicana, y donde el 30 por ciento de la población se identifica como latina, la labor de traducción e interpretación que promueve actualmente el MCA, así como sus iniciativas por conectarse con diversas comunidades de la población, no deberían pasar desapercibidas.
[1] Una colección de textos importante sobre estos asuntos ha sido reunida en Miguel A. López y Renata Cervetto, eds. Agítese antes de usar. Desplazamiento educativos, sociales y artísticos en América Latina (TEOR/éTica/MALBA: 2016).
[2] Entrevista del autor con Antonio Díaz Oliva, octubre de 2024.
[3] Entrevista del autor con Manuel Venegas, octubre de 2024.
[4] Entrevista del autor con Adriana Sandoval, octubre de 2024.
[5] Entrevista del autor con Reyna Torres, enero de 2024.
[6] Yásnaya Elena A. Gil, “¿Náhuatl o inglés? La falsa disyuntiva. Ää”, en: Periódico El País, 5 de marzo de 2025.
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