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OSCAR MURILLO: ESPÍRITUS EN EL PANTANO

El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) presenta Espíritus en el pantano, la primera exposición institucional en México del artista colombiano-británico Oscar Murillo (La Paila, 1986). A través de una práctica que abarca la pintura, el video, el sonido, la instalación y proyectos colaborativos de largo aliento, Murillo explora las tensiones entre arte, trabajo, colectividad y desplazamiento, enfocándose en los intercambios materiales, simbólicos y afectivos que se producen entre los cuerpos y los contextos sociales.

Desde sus primeras exposiciones, ha concebido el arte como un proceso abierto, relacional y performativo, resistiendo las lógicas individualistas que definen buena parte del sistema del arte global. En obras tempranas como Arepas y tamales (2011), donde cocinaba comida colombiana en una galería londinense como expresión de hospitalidad y mediación cultural, ya se vislumbraba su impulso por generar espacios de convivencia, escucha y fricción.

Oscar Murillo: Espíritus en el pantano, MARCO, Monterrey, México, 2025. Foto cortesía de MARCO

La pieza que da título a la exposición —Espíritus en el pantano (2024–2025)— se despliega como una intervención pictórica colectiva de gran escala que ocupa el perímetro de cuatro salas del museo. Sobre lienzos envolventes de gran formato, distintos grupos —migrantes del albergue Casanicolás, mujeres de la asociación Cruz Rosa y un amplio espectro de visitantes— han dejado marcas, frases o dibujos.

Estas primeras capas, realizadas antes de la apertura, se reactivan cada miércoles y domingo, cuando el público vuelve a ser invitado a pintar libremente, siguiendo una paleta limitada de azules, verdes, magentas y amarillos que imprime una armonía cromática en medio del aparente caos.

El resultado es un “pantano”, como lo llama el propio Murillo: una superficie densa y estratificada donde convergen capas temporales, emocionales y materiales. Este ecosistema simbiótico encarna una pintura en constante transformación, donde la imaginación y la colaboración disuelven la noción de autoría.

Lo singular de Espíritus en el pantano es que la mediación se integra estructuralmente a la exposición. La participación se vuelve consustancial a la experiencia misma: pintar dentro del museo —actividad usualmente confinada a visitas escolares o talleres didácticos— se convierte aquí en una parte intrínseca del recorrido.

Así, Murillo subvierte la lógica unidireccional de la contemplación y reconfigura los protocolos museales. La obra no solo representa lo colectivo: se produce colectivamente, en el tiempo, a través de la interacción y la superposición de marcas.

El museo deja de ser un contenedor pasivo para convertirse en un espacio vivo, donde el visitante deja de ser espectador para devenir coautor. En esta integración de obra, mediación y comunidad, Murillo transforma la institución en un terreno fértil y ambiguo, donde los espíritus del pasado, del presente y del futuro se congregan para imaginar nuevas formas de estar juntos.

Oscar Murillo: Espíritus en el pantano, MARCO, Monterrey, México, 2025. Foto cortesía de MARCO
Oscar Murillo: Espíritus en el pantano, MARCO, Monterrey, México, 2025. Foto cortesía de MARCO

Una versión anterior de este proyecto se presentó en la Turbine Hall de la Tate Modern de Londres durante el verano de 2024. Bajo el título The Flooded Garden, la instalación monumental, de estructura cóncava, se inspiraba en los nenúfares de Monet y en el jardín donde fueron pintados. Sobre la vasta superficie del lienzo, el público era invitado a realizar trazos que evocaran agua y olas, componiendo una imagen colaborativa de gran escala.

Previo a su apertura, Murillo trabajó con colaboradores para inscribir frases y palabras que reflejaban experiencias individuales, conformando así una primera capa de sentido que luego fue cubierta por el movimiento expresivo del público.

Si bien ambas obras comparten una lógica participativa y una preocupación por lo común, Espíritus en el pantano se sitúa en un registro más denso en términos afectivos y políticos. En Monterrey —una ciudad atravesada por contrastes sociales, dinámicas migratorias y formas de organización comunitaria que emergen desde la resiliencia—, el acto de pintar se entrelaza con historias de desplazamiento, enfermedad y duelo.

Esta segunda “versión” del proyecto no parece replicar una fórmula: se adapta y muta según el contexto que lo acoge. Sus resultados —como capas superpuestas sobre un mismo lienzo— no son los mismos en Londres que en Monterrey, ni lo serán en otras ciudades donde la obra continúe su tránsito. Más que un proyecto cerrado, funciona como un dispositivo en movimiento, capaz de polinizar distintos territorios geográficos y afectivos, recogiendo en cada uno los ecos singulares de su comunidad.

Oscar Murillo: Espíritus en el pantano, MARCO, Monterrey, México, 2025. Foto cortesía de MARCO

Una fotografía de gran formato muestra a la madre del artista dormida, aún con su uniforme de trabajo. Esta imagen, que retoma el título de su emblemática exposición A Mercantile Novel (David Zwirner, Nueva York, 2013), condensa de forma íntima y poderosa varias de las preocupaciones centrales en la obra de Murillo: el vínculo entre cuerpo y trabajo, la herencia obrera, la circulación de afectos en contextos marcados por la migración y la industria.

En esa ocasión, el artista transformó la galería en una fábrica de dulces operativa, en colaboración con la empresa Colombina, originaria de La Paila. Se fabricaron miles de Chocmelos® que se distribuyeron gratuitamente, replicando la lógica de producción de la fábrica de su ciudad natal, donde trabajaron varias generaciones de su familia. Este desplazamiento entre arte, trabajo y economía abría una reflexión crítica sobre el comercio global, la circulación de mercancías y las comunidades que emergen del quehacer colectivo.

En Espíritus en el pantano, Murillo retoma algunas de estas ideas desde un registro más abstracto y melancólico. No hay operarios ni dulces, sino presencias espectrales: un video donde el artista repite un gesto maquínico de forma incesante, como si activara la memoria muscular del trabajo; un conjunto de sillas plásticas blancas, vacías, que sugieren una reunión suspendida en el tiempo; y esculturas frágiles, de apariencia pétrea, hechas con maíz y arcilla, materiales asociados tanto a la tierra como a la subsistencia. Esta coreografía silenciosa de la ausencia convierte los rastros del trabajo en formas poéticas de resistencia.

Oscar Murillo: Espíritus en el pantano, MARCO, Monterrey, México, 2025. Foto cortesía de MARCO

En este mismo espacio cuelgan tres piezas tituladas Telegram (2013–2024), derivadas de uno de los proyectos más significativos de su carrera: Frequencies. Iniciado en 2013 y desarrollado en colaboración con su familia y una red internacional de aliados, el proyecto consistió en instalar lienzos sobre pupitres escolares en 30 países —desde Chile y México hasta Egipto y Sudáfrica— para registrar las marcas, dibujos, grafías y pensamientos dejados por estudiantes durante meses. Un palimpsesto de grafías, dibujos, garabatos y pensamientos dispersos que captura las diferencias culturales, afectivas y sociales de cada contexto.

Al fondo, una serie de lienzos negros, pesados y densamente cosidos, cuelga del techo. El conjunto, titulado signalling devices from a now bastard territory (2014-en curso), ha sido tratado con óleo y tierra, y cae como una fila de banderas que no han sido alzadas. En lugar de representar una nación, estos estandartes negros evocan duelo, desplazamiento y la ruptura con los relatos lineales de la identidad nacional.

En la sala siguiente se proyecta Human Resources (2017), una performance en la que un hombre entona una canción folclórica tradicional colombiana frente a un grupo de mateos, figuras de papel maché típicas de Colombia que se queman como ritual de renovación a fin de año. En las obras de Murillo, estos muñecos —efigies cargadas de historia popular— suelen disponerse sobre estructuras escalonadas que evocan gradas o plateas. La escena plantea una inquietante metáfora sobre la transformación de las tradiciones en espectáculos para el consumo, y sobre la relación entre ocio, trabajo y representación.

Oscar Murillo: Espíritus en el pantano, MARCO, Monterrey, México, 2025. Foto cortesía de MARCO

Esta reflexión sobre lo colectivo continúa en THEM (2012–2024), una serie de videos recopilados por Murillo a lo largo de los años. Se trata de fragmentos íntimos y dispersos: celebraciones callejeras en Londres, fiestas populares en La Paila, imágenes emblemáticas como la Estatua de la Libertad o el Palacio de Buckingham. Entre lo documental y lo poético, estos registros trazan un retrato coral de migración, memoria, pertenencia y representación.

Esta serie establece un puente con The Flooded Garden (2024), la instalación de Murillo en Tate inspirada en los nenúfares que Claude Monet pintó mientras enfrentaba la pérdida progresiva de la visión. Aquí, Murillo se ancla en la idea de la “ceguera social”: esa dificultad contemporánea para percibir y conectar con la realidad del otro. A partir de esta noción surge la serie de obras sobre papel Study for Social Cataracts (2021–), donde la abstracción pictórica se convierte en un modo de especular sobre lo invisible.

Estas obras se insertan en la instalación Mesmerizing Beauty (2021–), donde sillas plásticas blancas —elementos banales, baratos, omnipresentes— sostienen pinturas sobre papel como si fueran pancartas en una protesta. Las sillas, vacías pero cargadas de potencial humano, evocan una reunión informal o una manifestación silente. Nuevamente, la ausencia se convierte en una forma de presencia.

Oscar Murillo: Espíritus en el pantano, MARCO, Monterrey, México, 2025. Foto cortesía de MARCO

En Espíritus en el pantano, Oscar Murillo convierte el MARCO en un espacio de negociación simbólica entre geografías, mercancías, migraciones y memorias. A través de materiales precarios, acciones y formas de inscripción compartidas, activa una red compleja de identidades en tránsito que adquiere nuevos significados al ser acogida por el museo. Cada obra plantea preguntas sobre pertenencia, vínculo y sobre el lugar del arte en la vida común.

Murillo ha declarado reiteradamente su deseo de producir un arte “democrático”, “participativo” y accesible, no como consigna, sino como búsqueda formal, ética y política. En esta exposición, esa aspiración alcanza uno de sus momentos más contundentes: el museo se vuelve poroso, abierto al afuera, a la participación anónima. El artista imagina nuevas formas de convivencia: en la incertidumbre, en el movimiento, en el pantano.


Oscar Murillo. Espíritus en el pantano se podrá ver del 14 de marzo al 10 de agosto del 2025 en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), México. Curaduría: Taiyana Pimentel, directora de MARCO

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