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PATRICIA DOMÍNGUEZ: LACTÓMEDA. FICCIONES ESPIRITUALES HACIA OTRAS INTELIGENCIAS

Un ave robótica con un cuerpo formado con plumas y cables nos recibe al entrar a la galería. Su cabeza con sus ojillos de láser rojo gira de un lado a otro en una sala que, más que espacio expositivo, parece un microcosmos de un azul y verde destellantes. El ave es la guía o la guardiana que nos adentrará hacia la Lactómeda —un término que describe la colisión de dos galaxias, la Vía Láctea y Andrómeda— de la artista Patricia Domínguez (Chile, 1984), en su primera exposición individual en The Ryder Projects.

A través de videoinstalaciones, acuarelas y fotografías intervenidas, la artista nos invita a sumergirnos en un viaje imaginativo donde ciencia, espiritualidad, naturaleza y tecnología se entrelazan para ensayar nuevas formas de percibir la realidad y lo no visible. Sus obras narran ficciones, sueños y ritos en los que se puede ser lo suficientemente sensible para percibir los neutrinos —esas partículas diminutas que provienen del sol, prácticamente de masa nula, que atraviesan nuestro cuerpo de forma constante, aunque no las sentimos—; conectar con la sabiduría milenaria de las plantas; y huir de pesadillas donde las personas tienen pupilas geométricas con forma de dispositivos móviles.

Lactómeda, de Patricia Domínguez, en The Ryder, Madrid, 2025. Foto: Pablo Gomez-Ogando. Cortesía: The Ryder

Con la curaduría de Carmen Lael Hines y Roberto Majano, esta exposición tiene como protagonista una enorme estructura triangular lumínica que representa un portal simbólico que une dos videos hermanados —Matrix Vegetal y Tres lunas más abajo—, y con ello, dos mundos en los que Domínguez ha estado trabajando entre 2021 y 2024: la inteligencia vegetal y la inteligencia cosmológica.

El primero surgió como una comisión de la Screen City Biennial: Other Minds, en Berlín, y es una interpretación de la experiencia que la artista vivió estudiando con el curandero Amador Aniceto en Madre de Dios, Perú. El segundo es resultado de su residencia artística en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) en Ginebra, en las instalaciones astronómicas de la ESO y en los observatorios ALMA y La Silla en el desierto de Atacama, Chile. Dos viajes iniciáticos, uno hacia el universo de las plantas y otro hacia el cosmos, en donde una mujer practica ejercicios de percepción expandida.

Patricia Domínguez, Tres Lunas Más Abajo, 2023-2024. 4K video, audio, 53:53 min. Cortesía: The Ryder
Patricia Domínguez, Tres Lunas Más Abajo, 2023-2024. 4K video, audio, 53:53 min. Cortesía: The Ryder
Patricia Domínguez, Matrix Vegetal (fotograma de video), 2022. Video monocanal 4K con sonido, 21min, 14 seg, encargado por Screen City Biennial y apoyado por Cecilia Brunson Projects. Cortesía de la artista.

En Matrix Vegetal la protagonista debe entrar en un “silencio digital”, es decir, en un estado de desconexión para así poder reconectar con esa red multisensorial que es la memoria planetaria que ha sobrevivido al extractivismo y la devastación; olvidar todos los códigos de su ser-digital (que podríamos interpretar como toda la epistemología cartesiana occidental) para aprender los del universo vegetal.  En Tres lunas más abajo, la misma mujer —interpretada por Claudia Blin— está en búsqueda de su partícula entrelazada perdida, la cual debe encontrar a lo largo de tres lunas, y para ello aprende a usar de otra forma las máquinas que en este mundo muestran sensibilidad.

En ambas piezas, hay un ave que es guía, lo cual no sólo representa vínculos multiespecie, sino también un homenaje y petición de perdón a los seres que hemos olvidado en nuestra carrera hacia lo artificial. A través de su figura, Domínguez propone un gesto de reparación. No quería hacer este viaje a las máquinas sin traer a referencia lo que se está dejando atrás, los animales heridos, los problemas de agua, la deforestación”, explica la artista, quien también se ha involucrado en movimientos ecosociales por la democracia, el derecho al agua y la justicia indígena.

Estos dos polos aparentemente opuestos, el racional-científico de la sociedad occidental y el de las sabidurías ancestrales de las culturas mesoamericanas y pueblos mestizos de América Latina, conectan narrativa y estéticamente en lo que Domínguez denomina ficciones espirituales. En entrevista, ella menciona que prefiere este término para evitar la carga colonial de la palabra ciencia. “No hago ciencia ficción, sino ficción espiritual en lugares científicos”, explica. Su obra es una alquimia de saberes, la del mundo onírico, la física cuántica, la inteligencia vegetal y multiespecie, confrontando dos formas de acceder al conocimiento e interpretar el mundo.

Lactómeda, de Patricia Domínguez, en The Ryder, Madrid, 2025. Foto: Pablo Gomez-Ogando. Cortesía: The Ryder
Lactómeda, de Patricia Domínguez, en The Ryder, Madrid, 2025. Foto: Pablo Gomez-Ogando. Cortesía: The Ryder

Ante una sociedad que avanza ciegamente hacia lo digital y la inteligencia artificial, para la artista el desafío no es inventar nuevas tecnologías, sino volver a sentir lo que ya está presente y recoreografiar todo lo aprendido. “La limitación de la inteligencia artificial es que se sigue pensando desde parámetros de lo humano. La IA piensa sobre lo que ya existe, es una tecnología que arrastra nuestros errores. En cambio, la inteligencia vegetal es la de la vida misma. La ciencia occidental es una primera puerta, pero la puerta vegetal es mucho más profunda; es emocional”, explica.

Para ella, los grandes aceleradores de partículas y los telescopios del CERN no son solo infraestructuras tecnológicas, sino una especie de cámaras espirituales que están ampliando el mito occidental de la creación del mundo. Su visión ofrece un uso de la tecnología totalmente distinto al que se ha desarrollado mayoritariamente en el mundo con la explotación de la naturaleza, el extractivismo y el crecimiento ilimitado de por medio, pues las máquinas también buscan ampliar nuestra percepción. El CERN, entonces, no es únicamente el templo de la racionalidad, sino una vía de acceso al misterio. Algo que pudo comprobar ella misma cuando en su residencia constató que la ciencia no es tan objetiva y racional como se nos ha enseñado, sino que, al contrario, hay mucha especulación e incógnitas.

En ese sentido, es interesante cómo la artista plantea un paralelismo entre la materia oscura que se persigue desde el CERN y la casa de aire amazónica, pues ambos relatos, aunque con distintos acercamientos, coinciden en que la memoria y el conocimiento de todos los tiempos y cosas están en eso invisible. La diferencia es que la ciencia está buscando los “datos comprobables”, mientras que a la sabiduría espiritual eso no le interesa. Y esto es algo que a la artista le resulta mucho más interesante, pues su obra rescata esos saberes que han sido desoídos, invisibilizados o descartados por el discurso hegemónico del progreso.

Lactómeda, de Patricia Domínguez, en The Ryder, Madrid, 2025. Foto: Pablo Gomez-Ogando. Cortesía: The Ryder
Lactómeda, de Patricia Domínguez, en The Ryder, Madrid, 2025. Foto: Pablo Gomez-Ogando. Cortesía: The Ryder
Lactómeda, de Patricia Domínguez, en The Ryder, Madrid, 2025. Foto: Pablo Gomez-Ogando. Cortesía: The Ryder

Lactómeda nos recuerda que los cuerpos ya están recibiendo información: de los planetas, del agujero negro, de la materia oscura, de la casa de aire, y que sólo debemos abrir nuestros sentidos. “Estamos entrenadas para creer que lo que vemos es lo único que existe, pero hay un mundo energético, psíquico, que nos rodea. Ahí está, pero no lo vemos. Y mi trabajo intenta ampliar ese sensor”, sostiene.

Su obra no es una respuesta cerrada, sino un portal abierto. Una invitación a sentir lo intangible. A meditar con partículas. A escuchar a las plantas. A recordar que quizás todo lo vivido, dicho y soñado ya está ahí, flotando como polvo de estrellas, esperando que sepamos recomponerlo. Aquí, el arte de Patricia Domínguez se convierte en una guía sensorial para sentir lo que aún no hemos aprendido a ver.

Lactómeda, de Patricia Domínguez, en The Ryder, Madrid, 2025. Foto: Pablo Gomez-Ogando. Cortesía: The Ryder

Lactómeda, de Patricia Domínguez, se presenta del 3 de abril al 24 de mayo de 2025 en The Ryder, Miguel Servet 13, Madrid.

Tres Lunas Más Abajo es parte del Programa de Comisiones de Arts at CERN y de la Residencia Simetría (hoy Connect). Esta investigación continuó en 2024 en un viaje de investigación a la cumbre de CERN, apoyado por Pro Helvetia. La Residencia Simetría fue establecida por Arts at CERN y la Corporación Chilena de Video (CChV) entre 2019 y 2021 como un programa de residencia conjunta en el CERN y ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array y La Silla Observatory) en el Observatorio Europeo Austral (ESO). Simetría contó con el apoyo de Pro Helvetia Sudamérica, la Secretaría Ejecutiva de Artes Visuales del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, y la representación en Chile de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Con el generoso apoyo de Beca de Arte de la Fundación Botín y Cecilia Brunson Projects Matrix Vegetal fue comisionado por Screen City Biennial, con el apoyo de Cecilia Brunson Projects y Galería Patricia Ready.

Mayté Valencia

Ciudad de México, 1990. Gestora, periodista y promotora cultural. Le interesan las prácticas artísticas interdisciplinarias, los museos y las artes vivas. De 2015 a 2024 trabajó en el área de comunicación de espacios culturales relevantes en México como el Museo Nacional de Arte, el Museo Universitario del Chopo (UNAM), el Patronato de Arte Contemporáneo (PAC), el Centro Cultural de España en México y Casa del Lago (UNAM), así como en proyectos independientes como Materia Abierta, escuela de verano de arte, ciencia y tecnología. Ha escrito para diversos medios y ha participado en congresos nacionales e internacionales sobre artes escénicas. Actualmente estudia el Máster de Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual del Museo Reina Sofía, UAM y UCM en Madrid.

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