HABITAR LA FISURA. SANTIAGO REYES VILLAVECES: EL HUECO
Una ciudad se experimenta con el cuerpo. Se aprende a habitarla como un terreno inestable, lleno de interrupciones, sobresaltos y desajustes. En su geografía accidentada, el hueco —el bache, el hoyo— aparece una y otra vez como espacio donde colisionan la voluntad de construir (y de progresar) con la certeza del derrumbe.
El Hueco, la instalación de sitio específico con la que Santiago Reyes Villaveces inaugura la fase de nominación del Premio Luis Caballero 2025 en la Galería Santa Fe, parte precisamente de investigar y hacer visible esa fisura.
El artista traslada a los 460 metros cuadrados del espacio expositivo las capas del abandono urbano, construyendo una superficie que interpela tanto la memoria geológica de Bogotá como el colapso de sus vías. Al entrar, el visitante se ve obligado a mirar al suelo, ajustar el paso y esquivar el tropiezo. El cuerpo —una vez más— se vuelve instrumento de lectura: un GPS sensible que va detectando las fallas del terreno.
La instalación reconfigura las calles de la ciudad utilizando sus propios materiales: escombros, sedimentos, llantas, plantas y agua estancada. A lo largo de su recorrido emergen los famosos huecos, algunos señalizados de forma precaria para advertir sobre el peligro. Sin embargo, toda esta composición que conforma El Hueco está cuidadosamente pensada. En este lote urbano, aparentemente desordenado, hay decisiones artísticas precisas que otorgan una belleza basada en el extrañamiento: sorprendernos con lo común.
En su investigación, el artista amasó una constelación de imágenes que acompañaron, interfirieron, resonaron y complementaron el proyecto. Estas van desde registros más directamente referenciales —vías en construcción, huecos, hendiduras, grietas, socavones, pisos de baldosas— hasta obras de artistas como Delcy Morelos y Doris Salcedo o la cineasta Marta Rodríguez. También se nutre de referencias a la arquitectura bogotana (el Palacio de Justicia, la Quinta de Bolívar), y a la televisión, como De la olla al hueco de El siguiente programa, o el Festival del Hueco, de No Me Lo Cambie, donde el humor —ese reírse de las propias desgracias— sirvió para comunicar la desidia gubernamental.





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Las soluciones informales a los problemas de vialidad y planeamiento urbano que vemos tanto afuera como adentro de la Galería Santa Fe forman parte de una gramática del «resuelve» popular. Lo que propone Reyes Villaveces es un compendio de historias de parches y arreglos caseros, donde cada hueco funciona como una cápsula del tiempo, un cráter en la historia urbana en el que han caído tanto el transeúnte como el mantenimiento público. Al recorrer esta obra, afinamos nuestra percepción del espacio que todos compartimos. Al dejarla atrás, ¿cambiará nuestra forma de sentir la ciudad, de relacionarnos con ella, o incluso con las autoridades responsables de su (des)cuido?
Creo que el artista podría responder que una instalación como El Hueco nos ofrece una reconfiguración sensorial, que propone otras formas de estar juntos en medio de la inestabilidad urbana. Nos recuerda que, incluso en la fragmentación, existe la posibilidad de reconocernos en nuestra vulnerabilidad compartida. Así, la exposición plantea una tensión fundamental entre el abandono y el afecto, entre la queja y la pertenencia.


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Rampas improvisadas, botellas vacías arrinconadas por los vecinos, «esquinas gordas» diseñadas para incomodar y desplazar a los habitantes de la calle… todos estos elementos constituyen la memoria colectiva de desgaste, adaptación y olvido. El Hueco nos habla de los estragos del tiempo y la naturaleza, pero también de la desidia de quienes ostentan el poder. Y es que el gesto de Reyes Villaveces es tanto escultórico como político: al amplificar el deterioro urbano, pone en escena la densidad material y simbólica de esos escombros que acusan la negligencia estatal, las extracciones coloniales y los desastres naturales.



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El Hueco se inscribe dentro de una genealogía de intervenciones críticas en el espacio construido. Mientras Gordon Matta-Clark hacía cortes en los muros para revelar las tensiones ocultas de la arquitectura, Reyes Villaveces compone un mosaico fragmentado del pavimento bogotano que nos obliga a mirar de nuevo. Es decir, apela al espacio negativo de la escultura: aquello que falta, aquello que solo se hace visible por ausencia.
Lo que a primera vista luce como una cartografía de fallas infraestructurales, es también un inventario de procesos geológicos y climáticos. Bogotá se erige sobre una antigua laguna, y los ladrillos que la construyen provienen de esas mismas arcillas sedimentadas. Con esto, el artista —que mantiene una relación profunda con la geología— intenta comprender el presente a partir de temporalidades que desbordan la escala humana.
Desde esta perspectiva, los huecos no son solo evidencias del fracaso urbano, sino también portales hacia otras temporalidades. Son lo que no se reparó, pero también lo que aún puede imaginarse distinto. En la exposición se juega tanto con esa temporalidad como con la especificidad del lugar. Y en ese cruce aparece otra capa de lectura: el pensamiento andino colombiano, que distingue entre lo «bravo», lo «manso» y el proceso de «amancebamiento». Bajo esa óptica, la ciudad —vista como territorio bravo— no necesita ser dominada a fuerza de violencia urbanística, sino amansada a través de una sensibilidad atenta al suelo que pisamos.


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Y ese cuerpo que se tuerce, esquiva y se amolda al hueco entra, literalmente, en escena. La coreógrafa y bailarina suiza Nicole Morel activó la instalación a través del movimiento, transformando la hostilidad bajo sus pies en compañera lúdica. Su intervención fue una incisura poética en la geografía dura del concreto: una forma de habitar, amansar y convivir con el caos. Si la entendemos desde el amancebamiento —ese proceso de volver habitable lo bravo sin anular su fuerza—, su danza propone un modo de relación más sensible con la ciudad y sus heridas visibles.
Con El Hueco, Santiago Reyes Villaveces no apunta a representar la ciudad ni a reproducir sus formas, sino a intensificar la experiencia de habitarla. Al introducir en la Galería Santa Fe el convulso entorno bogotano bajo sus propias reglas, propone un campo de sensaciones donde esa topografía —al mismo tiempo real y ficticia— se vuelve, por un momento, legible y aprehensible. Un espacio desde donde pensar e imaginar otras formas de ciudad y, tal vez, también, de ciudadanía.
El Hueco, de Santiago Reyes Villaveces, se presenta hasta el 4 de mayo de 2025 en la Galería Santa Fe, Bogotá.
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