ROOTS AND REBIRTH. MUJERES DOMINICANAS EN EL ARTE
¿Qué significa hablar hoy de arte dominicano desde Nueva York, y más específicamente desde el Bronx? ¿Cómo se reconfigura una identidad cuando se vive en tránsito, entre geografías cruzadas por el deseo, la herencia cultural y la sobrevivencia? La exposición Roots and Rebirth. Dominican Women in Art, curada por Austria Ulloa, propone un espacio de enunciación desde la diáspora, donde veintidós artistas dominicanas —nacidas en la isla o en el exilio— replantean, desde sus propias prácticas, nociones como migración, género, pertenencia, memoria y territorio.
Presentada en el Hostos Center for the Arts & Culture, un espacio anclado en el corazón del Bronx, la muestra funciona como un gesto de afirmación colectiva y una arqueología afectiva del presente. No se trata de una búsqueda de “lo dominicano” como categoría fija, sino de una polifonía visual que problematiza tanto los vínculos con el origen como las formas de habitar nuevos cuerpos, lenguajes y territorios simbólicos.

TRAMAS DE LO RESIDUAL
En las obras de América Olivo, Soraya Abu Naba’a e iliana emilia garcía, el gesto de reunir, recomponer y entrelazar materiales descartados se convierte en una estrategia tanto estética como sociopolítica. El uso de objetos y materiales encontrados no responde únicamente a una preocupación ecológica, sino que funciona como metáfora de procesos de reconstrucción identitaria y de elaboración simbólica de las secuelas del colonialismo, la migración y el despojo.
En Secuelas de una sombra pesada, América Olivo construye una red suspendida en el espacio, tejida con plásticos desechados —fundas de un solo uso, lonas publicitarias, cintas— que cuelga del techo y las paredes como una estructura flotante, a la vez ligera y ominosa. El público puede situarse bajo esta trama suspendida, que se extiende como un quiebra sol tropical: una reinterpretación de los techos permeables de la arquitectura vernácula caribeña, pensados no para aislar, sino para filtrar la luz y refrescar el ambiente.
Entre los materiales utilizados, se encuentra también la “lila”, una planta invasiva que prolifera en entornos contaminados. Su verdor aparente contrasta con el daño que produce al impedir el paso de la luz y obstaculizar el desarrollo de otras formas de vida. Olivo la incorpora como metáfora de una belleza tóxica y colonizadora, eco de los residuos que persisten en el paisaje cotidiano.
La red se convierte así en un gesto poético y político: una advertencia tejida a mano sobre las consecuencias del consumo desmedido y la contaminación, pero también un acto de cuidado, un intento de cobijar, proteger y hacer visible la urgencia de reconfigurar nuestros hábitos frente al deterioro ambiental.

Soraya Abu Naba’a recurre a la técnica tradicional dominicana de la pelliza —el anudado de retazos textiles sobre una base de arpillera— y la reinterpreta a través de materiales contemporáneos como plásticos, alambres trenzados y arpillera rellena y pintada. En sus manos, esta práctica artesanal se transforma en una explosión de color y forma, evocando el crecimiento orgánico y exuberante de una naturaleza no intervenida, salvaje en su proliferación.
En la serie Endémicas, de la cual se presenta una pieza en esta muestra, cada fragmento de tela funciona como una pincelada en un campo escultórico expandido. “Cada obra reacciona al espacio. El lugar guía la forma. Cada color es una respuesta al color colocado anteriormente. Una danza”, señala la artista, destacando el carácter performativo y site-specific de estas piezas.

La práctica artística de iliana emilia garcía se articula en torno a un análisis poético y afectivo de la historia de los objetos. A través de elementos domésticos —como la silla, figura recurrente en su obra—, la artista indaga en los vínculos entre memoria, herencia y desplazamiento. Estos objetos, aparentemente ordinarios, se transforman en vehículos simbólicos para explorar narrativas de supervivencia ancestral, migración y continuidad generacional.
En Traces of a Past (Huellas de un pasado), garcía construye una instalación mural a partir de madera reutilizada, cuñas y fragmentos de sillas desechadas. Cada pieza se corta y modela como si perteneciera a una silla desarmada, creando un entramado que recuerda tanto a un rompecabezas como a un laberinto. El gesto de ensamblar estas partes dispersas activa una operación de reconstrucción visual y simbólica: al unir las formas, emerge la silueta reconocible del objeto, al tiempo que se activa una reflexión sobre cómo elaboramos los relatos del pasado.
La instalación sugiere que, al igual que con la memoria colectiva, encontrar sentido requiere unir fragmentos dispersos, hallar las palabras adecuadas para contar una historia, los eventos precisos para cimentar una identidad compartida, los patrones que explican —o perpetúan— ciertas dinámicas sociales. Traces of a Past plantea, así, una arqueología emocional de la pertenencia, donde lo roto y lo descartado se vuelve materia de reescritura, resistencia y posibilidad.

GENEALOGÍAS NEGRAS Y FICCIONES DEL CARIBE
Desde registros visuales, conceptuales y afectivos diversos, Ariza Vólquez, Scherezade García, Yelaine Rodríguez y Patricia Encarnación trazan una cartografía crítica de la experiencia diaspórica negra en el Caribe y sus prolongaciones transnacionales. A través de estrategias de relectura del archivo, fabulación histórica y activación de memorias personales o colectivas, estas artistas desmontan las narrativas hegemónicas sobre identidad, espiritualidad y pertenencia.
El trabajo reciente de Julianny Ariza Vólquez constituye una indagación crítica sobre los mecanismos de exclusión inscritos en la memoria material dominicana. Su práctica se orienta a la restitución simbólica de genealogías indígenas, afrodescendientes y femeninas, articulando esculturas, instalaciones y pinturas como dispositivos para activar fricciones y vínculos entre los materiales que conforman el legado cultural del Caribe insular.
Ariza Vólquez trabaja a partir de archivos y colecciones—tanto privadas como arqueológicas—provenientes de la República Dominicana y Estados Unidos. A partir de estos acervos, reimagina artefactos históricos para introducirlos en sus pinturas y esculturas, desplazándolos del canon museal hacia una dimensión crítica y afectiva, donde las capas de sentido interpelan las narrativas oficiales.
En sus pinturas presentadas en Roots and Rebirth, figuras de tótems culturales emergen como emblemas de resistencia y memoria, en particular a través de la evocación de las nodrizas como figuras históricas invisibilizadas. Estas obras encarnan una densa intersección de influencias—indígenas, africanas y católicas españolas—que se amalgaman en una estética que desafía la linealidad de la historia y propone una lectura mestiza, heterogénea y vital del patrimonio caribeño.

La obra de Scherezade García se adentra en las complejas tramas de la migración, el mestizaje y el legado colonial, abordando el barroquismo como estética de exceso nacida de la dislocación y la imposición cultural. En sus piezas, se cuestionan las narrativas de redención heredadas —religiosas y seculares—, así como las construcciones sociales del paraíso, entendido no como promesa, sino como ficción política al servicio de la dominación.
Sus retratos, que denomina “colectivos”, no representan a individuos aislados, sino a comunidades marcadas por desplazamientos, cruces y encuentros. Son cuerpos plurales, tejidos por la diáspora, en los que la identidad no se fija, sino que fluye. Esta fluidez étnica y simbólica se ancla en la historia del Atlántico como espacio de tráfico forzado, resistencia y transformación.

Yelaine Rodríguez, artista y académica afrodominicana radicada en Estados Unidos, trabaja en la intersección entre arte vestible, escultura, fotografía y videoperformance. Su práctica explora las cosmologías afroespirituales y las arquitecturas de la memoria, estableciendo vínculos entre el Caribe y Estados Unidos desde una perspectiva diaspórica. A través de una metodología de fabulación crítica, Rodríguez reinterpreta materiales de archivo coloniales, relatos de personas esclavizadas y religiones sincréticas afrodescendientes, cuestionando los modos tradicionales de representar las espiritualidades de origen africano en la historia del arte y la cultura visual.
Sus creaciones —trajes, coronas, máscaras y objetos escultóricos de gran complejidad formal— no son meros adornos rituales, sino vehículos simbólicos que encarnan memorias ancestrales. Estas piezas cobran vida en retratos escenificados, cuidadosamente documentados en fotografía y video, donde la artista inscribe el cuerpo negro como sujeto de poder, resiliencia y agencia espiritual. Las locaciones elegidas —ruinas arquitectónicas en el Caribe, espacios marcados por el trauma de la esclavitud— operan como escenarios cargados de sentido, en los que Rodríguez reimagina un pasado violento desde una estética de reparación y resistencia.
En su serie en curso Children of the Water, la artista sitúa figuras ceremoniales —ataviadas con vestimentas blancas y máscaras ornamentadas— en cuerpos de agua o junto a ellos. Estas imágenes invocan la dimensión sagrada del agua en las religiones afrocaribeñas, pero también revelan su ambivalencia histórica y política: el océano como espacio de tránsito forzado, frontera infranqueable y escenario de despojo. A través de esta poética visual, Rodríguez articula una crítica a las formas contemporáneas de desplazamiento y desmembramiento familiar que afectan a las comunidades migrantes negras.
Children of the Water se despliega en distintos territorios —Puerto Rico, Marruecos, República Dominicana, México y Brasil—, todos marcados por historias de resistencia afrodescendiente. En estas geografías, su obra activa una relectura afectiva y estética de las espiritualidades negras, en diálogo con el presente.

Patricia Encarnación (ella/ellxs) es una artista y académica interdisciplinaria afrodominicana cuya práctica se despliega en la intersección entre arte, pensamiento crítico y estudios afrodiaspóricos. Su obra indaga en las múltiples capas del legado colonial en el Caribe, Latinoamérica y sus diásporas, proponiendo una revisión sensible y aguda de las estéticas, imaginarios y narrativas que configuran la identidad afrodiaspórica contemporánea.
Desde una aproximación humanista y autoetnográfica, Encarnación se vale de la cultura material, la memoria colectiva y los afectos cotidianos para desmantelar los clichés de la “caribeñidad” globalizada. Su lenguaje visual —que recurre a la cerámica, la fotografía y el video— recontextualiza objetos, paisajes y escenas de la vida diaria, especialmente aquellos ligados a su infancia, para desafiar las representaciones distorsionadas del Caribe como lugar de exotismo, exuberancia o evasión.
Su obra aborda con lucidez temas como las crisis de identidad en torno a la negritud caribeña, las dinámicas de femineidad racializada en contextos migratorios, la epigenética como archivo corporal del trauma, la limerencia como afecto colonial, y la necesidad urgente de fomentar un diálogo interregional dentro del sur global. Como inmigrante racializada y feminizada, Encarnación convierte la experiencia personal en un campo de investigación política y estética, desde el que propone nuevas formas de narrar la pertenencia y la disidencia.
A través de sus piezas, el Caribe aparece no como una postal fija, sino como un territorio vivo, contradictorio y mutable, habitado por memorias, silencios y gestos que interpelan tanto al pasado como al presente. En su práctica, lo cotidiano es también un campo de batalla simbólico donde se disputa el sentido, la imagen y la palabra.
Que esta exhibición tenga lugar en el Bronx no es un dato menor. Este condado ha sido por décadas uno de los epicentros de la migración caribeña en Estados Unidos, y su tejido social, cultural y lingüístico es indisociable de esa historia. Mostrar Roots and Rebirth aquí es tanto una declaración de pertenencia como un gesto de reterritorialización afectiva.
Raíces y Renacimiento. Mujeres Dominicanas en el Arte se exhibe en el Centro Hostos para las Artes y la Cultura del Hostos Community College, Bronx, Nueva York, hasta el 16 de abril de 2025.
Con obras de Adela Doré, América Olivo, América Rodríguez, Ana María López, Carmen Inés Bencosme, Citlally Miranda, Ileana Emilia García, Inés Tolentino, Iris Pérez, Joiri Minaya, Judith Mora, Julianny Ariza, Luanda Lozano, Luz Severino, Marcia Guerrero, Nathalie Landestoy, Patricia Encarnación, Paula Saneaux, Scherezade García, Soraya Abu Naba’a, Wildriana Paulino, Yelaine Rodríguez.
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