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AMAZOFU(TURISM) EN MADRID

El arte indígena amazónico está de moda. Durante los últimos años ferias, museos, galerías y bienales internacionales han centrado su mirada en la producción contemporánea de la región, confirmando así su tendencia en el mercado global del arte. La Bienal de Venecia de 2024, curada por Adriano Pedrosa, presentó el trabajo de creadores como Rember y Santiago Yahuarcani, el colectivo Mahku y museos como el MoMA, la Tate Gallery y el Reina Sofía están adquiriendo sus obras. La 44ª edición de ARCOmadrid no se quiso quedar atrás y tuvo como uno de sus ejes centrales el programa Wametisé: ideas para un amazofuturismo, curado por Denilson Baniwa y María Wills, en colaboración con el Institute for Postnatural Studies (IPS).

Una temática que desbordó completamente a la feria, ya que simultáneamente se presentaban en el territorio español numerosas exposiciones al respecto, como Amazonías: el futuro ancestral en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), inaugurada en noviembre de 2024 y quizás la mejor lograda desde las instituciones, tanto por su amplia investigación de la mano de científicos, antropólogos y activistas, así como un amplio programa público de reflexiones; Amazonía Contemporánea. Colección Hochschild Correa en el Museo Lázaro Galdiano, que exhibe más de 80 piezas de 30 artistas de la Amazonía peruana; Trópico sin Tópico: Amazonas en CentroCentro; Color Amazonía en el Real Jardín Botánico; y otras en espacios independientes, como El paraíso del diablo: La Vorágine y el Genocidio del Caucho, en el Archivo Arkhé, que también destaca por su cuidadosa selección de artistas, fotografías y documentos que revisan el genocidio perpetrado entre 1879 y 1920.

Wametisé: ideas para un amazofuturismo. Cortesía: ARCOmadrid 2025
Wametisé: ideas para un amazofuturismo. Cortesía: ARCOmadrid 2025

La mayor selva tropical del mundo parece ofrecer luces a un Occidente que atestigua cómo su modelo de crecimiento ilimitado, su explotación voraz de los recursos naturales y su maquinaria colonial capitalista están llevando al planeta a puntos críticos y a la humanidad a su propia agonía. Y, a pesar de que este interés puede venir de intenciones genuinas de vislumbrar un necesario cambio de paradigma ante problemáticas como la emergencia climática —con los conocimientos ancestrales como luminarias—, es inevitable cuestionar si los formatos de exhibición y circulación son los adecuados, sobre todo aquellos insertos dentro de lógicas que contradicen los preceptos que originan estas piezas; o si únicamente se está cumpliendo con la tendencia de moda y, de paso, con la corrección política y el greenwashing, ofreciendo la mirada más estetizante y estereotipada de la Amazonía “natural” y “salvaje”, inabarcable y sabia a la vez. Un Amazofu(turismo) con billete de Ayahuasca incluido.

En 1982 se estrenó la que es considerada una de las primeras películas sobre la Amazonía peruana: Fitzcarraldo de Werner Herzog, la cual cuenta la historia de un irlandés excéntrico que decide construir un teatro de ópera en plena selva amazónica, usando para ello la enorme fortuna que obtuvo del negocio del caucho, que se hallaba entonces en pleno apogeo. Aunque podría haber citado las numerosas exposiciones de arte amazónico que se han hecho desde hace más de 20 años, esta referencia me sirve para ejemplificar la historia de explotación y codicia que siempre ha rodeado a este territorio de inmensa riqueza y diversidad natural y cultural.

 “La historia colonial de la Amazonía es la crónica del extractivismo abusivo. La crónica del extractivismo abusivo es la historia del progreso de Occidente[1]”, refiere Claudi Carreras. Una frase que resume un relato cuyos efectos devastadores siguen a la orden del día, con líderes ambientalistas asesinados de forma sistemática, o las continuas amenazas de invasiones ilegales, extracciones de petróleo, gas y plantaciones de árboles madereros, mientras organizaciones como Fundación Banco Santander —uno de los patrocinadores de ARCO— también financian e invierten empresas vinculadas a la destrucción y deforestación de la Amazonía brasileña[2]. Al mismo tiempo, y en contrapunto, hay una voluntad de lxs artistas amazónicos de que se hable del tema precisamente en esta parte del mundo: “Estamos aquí para que nos escuchen”.

¿Cómo abordar estas tensiones y complejidades sin caer en la crítica simplista a las instituciones coloniales y eliminar cualquier agencia que puedan tener lxs artistas que participan de este engranaje? ¿Cómo conseguir que esto no sólo sea una moda exotizante y que, más allá de las posibilidades de representación, circulación y de las oportunidades laborales y/o comerciales se consigan cambios reales para la protección de comunidades y territorios indígenas? ¿Por qué insistir en la idea de un futuro que ni siquiera existe como tal dentro de esas cosmogonías, y no hacerlo en un presente donde las personas siguen enfrentando todo tipo de violencias?

Preguntas que son a la vez provocación e intento de seguir apostando por cambios estructurales profundos que desestabilicen, siguiendo a Françoise Vergès, “la organización mundial de la opresión, la desposesión, el racismo y la explotación […] lo que los poderosos llaman el orden mundial, un mundo que han construido y que siguen solidificando, que les gustaría que permaneciera inmutable, aunque su organización y funcionamiento se cuestionen sin cesar”[3]. Seguir con los problemas para no perderlos de vista y avizorar una sociedad poscapitalista y anticolonial.

Wametisé: ideas para un amazofuturismo. Cortesía: ARCOmadrid 2025
Wametisé: ideas para un amazofuturismo. Cortesía: ARCOmadrid 2025

Wametisé: ideas para un amazofuturismo

Wametisé narra la creación del mundo según la cosmogonía de los pueblos del Alto Río Negro, donde la gran serpiente creadora que llevaba a la humanidad en su vientre puebla el Amazonas. Al salir de la boca del ofidio, cada persona decía su nombre y el del lugar donde viviría. Wametisé significa “los lugares que fueron nombrados antes del principio del mundo”. Para Denilson Baniwa, artista originario del Río Negro, esta exposición también aporta otro sentido. Y es que “la presencia de los indígenas le da al arte contemporáneo las condiciones para pensar en un nuevo vocabulario, nuevas palabras, nuevos términos que quizás nos ayuden a repensar conceptos, prácticas y ejercicios del arte contemporáneo actual”. Nuevas nociones donde arte, naturaleza, espiritualidad y comunidad están imbricados.

De acuerdo con Baniwa, desde la curaduría se le dio prioridad a los artistas que son también líderes comunitarios o que trabajan colectivamente. “No fue una selección fácil, porque hay mucha gente que hace esto, pero creemos que con esta muestra se representan las diversas prácticas artísticas, los diversos usos de los materiales y las reflexiones actuales sobre lo que es el arte contemporáneo en la Amazonía”.

Dentro de los 24 artistas que expusieron se encuentran nombres como Carlos Jacanamijoy, Naine Terena y Coletivo Mahku, Dhiani Pa’saro, Duhigó y Paulo Desana, Claudia Andujar, Carlos Motta, Chonon Bensho, Brus Rubio y Mapa Teatro, quienes a través de pinturas, esculturas, textiles y fotografías inspirados en el pasado y presente amazónico abordaron temáticas como la necesidad de que bosques, ríos, y territorios naturales sean sujetos de derechos, así como modos de creación que representan existencias híbridas basadas en la unión de cuerpos humanos, vegetales, físicos y metafísicos.

Asimismo, tuvieron lugar una serie de conversaciones en las que participaron figuras como Bárbara Santos, Rember Yahuarcani, Suely Rolnik, Olinda Silvano, Carlos Motta, Vânia Leal, José Roca, Synnove Urgilez, Aycoobo y Susana Mejía. Un programa enriquecedor, pero con un alcance muy limitado, ya que sólo tuvo lugar dentro de la colosal feria, desaprovechando la posibilidad de alcanzar a públicos no especializados a través de otras sedes como los museos nacionales.

A pesar de que Wametisé: ideas para un amazofuturismo se vendió en los comunicados de prensa como un eje central en la feria, la realidad es que su espacio expositivo fácilmente podía perderse entre los de las más de 214 galerías. La selección de artistas cada vez más consolidados dentro de la escena global fue muy poco arriesgada o, según se lea, la correcta para un contexto mercantil donde el fin último es vender las piezas.

La propuesta arquitectónica realizada por IPS en un estrecho diálogo y colaboración con los curadores buscó minimizar el impacto ambiental, priorizando soluciones circulares y sistemas de ensamblaje que permitieran su desmontaje y reutilización. Su diseño resultó en una apuesta laberíntica para aludir a la serpiente enroscada y a temporalidades circulares, no lineales, a diferencia de la occidental. Al centro, estaba el foro, como lugar de encuentro coronado por una instalación de pantallas LED con audiovisuales generados a partir de archivos de la selva, a cargo de Víctor Clemente. Para Karol Muñozcano de IPS, “fue interesante que una feria, con las lógicas y contradicciones que pueda tener, genere este tipo de espacios para poner en diálogo práctica artística, comisariado e investigación, tanto en materialidad pero también a través de una publicación que nos permite extender la vida de la exposición y abrir estas conversaciones”.

Wametisé: ideas para un amazofuturismo. Cortesía: ARCOmadrid 2025
Mesa Neocolonialidad y futuros políticos del Amazonas, con Denilson Baniwa, Rember Yahuarcani y Suely Rolnik. Wametisé: ideas para un amazofuturismo. Cortesía: ARCOmadrid 2025

Desde mi punto de vista, tanto el programa de conversaciones como la exposición habrían tenido mucho mayor alcance fuera de IFEMA. En el enorme recinto, Wametisé se percibía como un pastiche incrustado en un ámbito que contradecía todos los discursos de las piezas, y parecía condenarlas a una estética folclórica y atemporal. Como dice Suely Rolnik, quizás habría que empezar por descolonizar el deseo y apuntar hacia otros horizontes, como los que sostienen los antifuturismos cimarrones e indígenas. Seguir ampliando las posibilidades de acción y que éstas estén en manos de las propias comunidades que habitan esos territorios.

El Amazonas es tan importante en tantos aspectos que no sólo tenemos que seguir aprendiendo de él sino, sobre todo, protegiendo sus más de dieciséis mil especies de árboles, sus cincuenta mil plantas, millones de hongos y organismos unicelulares que se extienden a lo largo de nueve países (Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Surinam y Guyana). La enorme selva se encuentra en un punto de inflexión y sus repercusiones pueden afectar a todo el planeta tal como lo han venido diciendo desde hace mucho tiempo pueblos originarios, artistas, activistas, científicos y comunidades enteras. Quizás, es momento de exigir a las empresas que apoyan el mercado de arte global que dejen de invertir en esas otras que deforestan la Amazonía que hoy ocupa tanto sus museos, bienales y ferias. Pensar en otros formatos de exhibición y circulación también es apuntar hacia otras epistemologías, y es lo primero que podemos hacer desde nuestro pequeño, minúsculo y global a la vez, mundo del arte.

“El final está cerca.
¿O ha venido y se ha ido antes?”
Un ancestro


[1] Carreras, Claudi (2024). Catálogo de la exposición Amazonías: el futuro ancestral en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), p. 29

[2] Soto, Nanqui. “El banco Santander destruye bosques”, en Greenpeace. Consultado el 19 de marzo de 2025, disponible en: https://es.greenpeace.org/es/noticias/accion-el-banco-santander-destruye-los-bosques/

[3] Vergès, Françoise (2024). Programa de desorden absoluto. Descolonizar el museo. Ediciones Akal, p. 16

Mayté Valencia

Ciudad de México, 1990. Gestora, periodista y promotora cultural. Le interesan las prácticas artísticas interdisciplinarias, los museos y las artes vivas. De 2015 a 2024 trabajó en el área de comunicación de espacios culturales relevantes en México como el Museo Nacional de Arte, el Museo Universitario del Chopo (UNAM), el Patronato de Arte Contemporáneo (PAC), el Centro Cultural de España en México y Casa del Lago (UNAM), así como en proyectos independientes como Materia Abierta, escuela de verano de arte, ciencia y tecnología. Ha escrito para diversos medios y ha participado en congresos nacionales e internacionales sobre artes escénicas. Actualmente estudia el Máster de Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual del Museo Reina Sofía, UAM y UCM en Madrid.

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