Skip to content

MARTA PALAU. MIS CAMINOS SON TERRESTRES

El Museu Tàpies presenta la primera gran retrospectiva de Marta Palau (Albesa, Lleida, 1934 – Ciudad de México, 2022), una artista fundamental en el cruce entre memoria, migración y materialidad. Bajo el título Mis caminos son terrestres, la muestra reúne dibujos, pinturas y algunas de sus más imponentes instalaciones textiles, en diálogo con objetos y materiales de su archivo personal, muchos de ellos nunca expuestos.

El conjunto se articula como una red de cuerpos y obras atravesados por dos ejes que coexisten en tensión: la tierra, vinculada al exilio y la acogida, entendida tanto como herida y cicatriz; y el cuerpo, que encarna el dolor del migrante y la pérdida, pero también la sanación y la potencia de la vida.

A través de la iconografía del ojo, la mano y el pie, su obra convoca cosmologías de cielo, suelo y raíces. La finitud del cuerpo físico deja un rastro que trasciende lo individual para inscribirse en la memoria de los imaginarios colectivos.

Considerada una de las primeras artistas en México en problematizar el cuerpo femenino, el nomadismo desde la experiencia del exilio y las cosmovisiones indígenas, Palau desarrolló un lenguaje matérico singular en el tapiz, la escultura, la pintura y el grabado.

La exposición, coproducida con el Museo Universitario Arte Contemporáneo de la UNAM, viajará en otoño a su sede en la Ciudad de México. Se trata de la primera gran muestra internacional tras el fallecimiento de la artista, quien en 1941 se exilió en Tijuana junto a su familia a raíz de la dictadura franquista.

Vista de la exposición Marta Palau. Mis caminos son terrestres. Foto cortesía del Museu Tàpies, Barcelona, 2025.
Vista de la exposición Marta Palau. Mis caminos son terrestres. Foto cortesía del Museu Tàpies, Barcelona, 2025.

MAGIA E HISTORIA: RESISTENCIA DE UN ARTE EN ESPIRAL

Por Imma Prieto

El arte es magia y libertad, afirma Marta Palau (Albesa, Lleida, 1934 — Ciudad de México, 2022) en varios momentos a lo largo de su vida, tanto en entrevistas como en algunas de sus libretas de notas. La primera vez que reflexionó de un modo consciente en torno a la relación entre el arte y la magia fue en 1985, cuando preparaba en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México la exposición Mis caminos son terrestres, cuyo título también da nombre a una de sus piezas, presente en esta muestra.

En este caso, el título funciona como una declaración de principios, en un sentido amplio y profundo: desde un posicionamiento politicosocial hasta una cosmovisión en torno a nuestra naturaleza espiritual. Para Marta Palau el arte nos conecta y nos restituye a lo humano, entendido como tierra y naturaleza.

Palau podría ser heredera, sin saberlo, de ciertas manifestaciones surrealistas cercanas al pensamiento mágico, como las de la artista y escritora Leonora Carrington o las de otra artista catalana, Remedios Varo, ambas residentes en México. También tendría paralelismos con el trabajo de algunas de sus contemporáneas, como el de la cubana Ana Mendieta, tal como le sugiere una de sus amigas al percatarse de las semejanzas entre ambas.

Marta Palau decide a los diez años que el arte es su camino, pues lo que más le interesa de la ciencia es la química, la experimentación. Esta asociación entre arte y química dice mucho de su modo de entender al ser humano y al mundo: arte, transformación, alquimia, naturaleza… Palau concibe un todo del que todos formamos parte, sus procesos son fruto de acciones telúricas. ¿Cómo relacionarse con la naturaleza y encarnar lo que no es visible? ¿Qué rastro hay en la tierra de nuestras acciones? ¿Y en el cuerpo?

Marta Palau, Kachinas, 2006. Foto cortesía del Museu Tàpies, Barcelona, 2025.
Marta Palau, Kachinas, 2006. Foto cortesía del Museu Tàpies, Barcelona, 2025.

Marta Palau i Bosch, como tantos otros exiliados a raíz de la dictadura franquista, llegó a México con su familia en 1941, gracias a las políticas de acogida del gobierno de Lázaro Cárdenas, que dieron amparo legal a aquellos que huían del auge del fascismo y de la Segunda Guerra Mundial. México se convirtió así en un lugar de encuentro de intelectuales, políticos y artistas exiliados, quienes descubrieron allí nuevos espacios de resistencia a través del pensamiento y el arte.

La condición de migrante se imbricará en el trabajo de Palau en un doble sentido: por un lado, a raíz de su propia experiencia como exiliada española; por otro, a raíz de situar su lugar de residencia en Tijuana, la ciudad de Baja California, frontera entre México y Estados Unidos. Hoy en día, sigue siendo uno de los lugares donde la vida reviste mayor intensidad y violencia, a causa de las políticas fronterizas norteamericanas.

En 1968, su carácter luchador y libertario la llevó a formar parte del primer Salón Independiente, un proyecto artístico colectivo surgido como contestación a la convocatoria del Instituto Nacional de Bellas Artes para la muestra Exposición solar, organizada con motivo de los Juegos Olímpicos que se celebraron en México ese mismo año, y que representaba las tendencias más conservadoras y convencionales del arte mexicano.

Tras la brutal represión del movimiento estudiantil democrático que culminaría en la matanza de Tlatelolco —cuya cifra de víctimas todavía está por confirmarse—, muchos artistas rechazaron participar en la exposición institucional oficial y se autoorganizaron en el Salón Independiente. La participación en esta exposición fue determinante para el trabajo de Marta Palau, que a partir de entonces se desarrolló fuera de los márgenes de la academia y la ortodoxia pictórica.

Vista de la exposición Marta Palau. Mis caminos son terrestres. Foto cortesía del Museu Tàpies, Barcelona, 2025.

Desde muy temprano, Palau empezó a utilizar materiales propios de culturas originarias de América, retomando tradiciones ancestrales que ella canalizaba para responder a su época. Sin embargo, su primer viaje a Europa significó un punto de inflexión. En Cataluña entró en contacto con Josep Grau-Garriga, figura fundamental del arte textil y colaborador de varias generaciones de artistas, como Aurelia Muñoz, Antoni Tàpies o Joan Miró.

Gracias al trabajo desarrollado en el taller de Grau-Garriga, su concepción del textil experimentó un proceso de liberalización, no solo en lo que atañe a la mezcla de materiales, sino, sobre todo, en la manera de pensar el cuerpo de la obra en relación con el espacio, de integrar el volumen e insuflar vida, aportando al tejido una presencia orgánica, una insinuación de movimiento que, en última instancia, deviene resistencia política.

El trabajo de Marta Palau se presenta como un híbrido entre su propia experiencia vital y sus intereses o necesidades en relación con el mundo. Un mundo heredado, de saberes ancestrales, por un lado, y otro, en el que vive, unión de experiencias propias y ajenas, colectivas. Para ella todo es una suma de conocimientos, y también de gestos de resistencia ante las derivas que están tomando el ser humano y las sociedades.

De hecho, hay un elemento en la exposición —situado entre la Naualli mano poderosa (2005) y las siluetas guerreras tituladas Todas las guerras (2003)— que podría entenderse como una metáfora del conjunto. Se trata de una columna en forma de espiral hecha de ramas y espinas, que Marta Palau tenía colgada del perchero de su estudio y que aquí cuelga del techo. Esta columna constituye el esqueleto central de su visión de la historia, heredera de nociones teosóficas cercanas a las teorías de Madame Blavatsky, quien también influenció a artistas como Piet Mondrian, Vasily Kandinsky o Hilma af Klint.

Fetiches, 1978. Vista de la exposición Marta Palau. Mis caminos son terrestres. Foto cortesía del Museu Tàpies, Barcelona, 2025.
Fetiches, 1978. Vista de la exposición Marta Palau. Mis caminos son terrestres. Foto cortesía del Museu Tàpies, Barcelona, 2025.
Ilerda, 1978. Vista de la exposición Marta Palau. Mis caminos son terrestres. Foto cortesía del Museu Tàpies, Barcelona, 2025.
Ilerda, 1978. Vista de la exposición Marta Palau. Mis caminos son terrestres. Foto cortesía del Museu Tàpies, Barcelona, 2025.

En uno de sus cuadernos, Palau recoge en los siguientes términos la visión ética del arte a través de la creencia que vehicula la imagen con la transformación: «Finalmente, las Eras y los Periodos de Transición pueden apreciarse gráficamente con los selenoides: las civilizaciones comienzan desde abajo y van hacia arriba, hasta la cúspide de su época. Cuando está llegando a esta altura, el bienestar enloquece al hombre y, con el peso de sus transgresiones lo empujan hacia abajo hasta llegar a la Sima (con “S”).

Esa situación asfixiante lo induce a subir de nuevo y realiza para ello toda clase de esfuerzos y sacrificios. La Sima y ese esfuerzo son el periodo de transición. Siete Razas Raíces, las cuales se dividen en siete sub-razas que van predominando en cada época de la humanidad. […] En la actualidad quedan todavía vestigios de las anteriores».

La corriente inspirada en el pensamiento mágico o en ciertas creencias que atestiguan lo espiritual en el arte nos permite vincular vestigios artísticos prehistóricos, tales como escenas en cavernas, con trabajos de Palau influenciados por el contacto con pueblos y comunidades originarios de Norteamérica.

Cada uno de estos trabajos puede apreciarse como un portal desde el que invocar una acción, enlazando de forma directa la acción del arte con ciertas manifestaciones o representaciones que apelan a la posibilidad de canalizar diversos modos y saberes de civilizaciones distintas, es decir, el arte como herramienta de unión entre el pasado y el presente.

En concreto, conviene acentuar la importancia que cobra en su trabajo la figura chamánica o, como ella la denominará, Naualli. No solo será un término que acompañará a muchas de sus obras, sino que su propia persona se fundirá con esa capacidad sanadora, corporal y también social. Algunas de sus piezas u objetos cotidianos nos acercan a esa comprensión que une su vida personal con su trabajo, tal y como evidencian la serie de dibujos Recetarios de Naualli (1991-1992), los bastones de mando rodeados de hilos de colores o las cartasdel Tarot intervenidas por ella misma.

Vista de la exposición Marta Palau. Mis caminos son terrestres. Foto cortesía del Museu Tàpies, Barcelona, 2025.

El arte es intuición, un ritual mágico en el que el resultado final es lo que cuenta; uno solo es el medio, el intermediario.


Esta exposición parte de un marco conceptual originado en el diálogo entre magia e historia, y se estructura a partir de dos conceptos: tierra y cuerpo. Ambos son entendidos como lugares en los que aparecen tanto la magia como la historia. A su vez, se presentan desde sus contrarios apelando a una conciencia que se sabe entre dos polos, más allá de una visión moralista del bien y del mal, abriendo un espacio en el que la ética del arte se formaliza a partir de una comprensión orgánica del devenir, de una visión holística del mundo y sus derivas.

Un diálogo de opuestos formalizado a partir de la certeza entre la vida y la muerte o, si preferimos, entre eros y thanatos. Tanto uno como el otro permiten recorrer muchos de sus trabajos asumiendo la dualidad como condición de la existencia; una dualidad que, por otro lado, se encuentra en muchas de las cosmovisiones de pueblos originarios del continente americano.

Doble muro (2006). Vista de la exposición Marta Palau. Mis caminos son terrestres, Museu Tàpies, Barcelona, 2025. Foto vía Europa Press
Doble muro (2006). Vista de la exposición Marta Palau. Mis caminos son terrestres, Museu Tàpies, Barcelona, 2025. Foto vía Europa Press

La producción de Marta Palau trenza un diálogo de técnicas y materiales que enraíza directamente en el significado simbólico del lenguaje: pensar el tejer (algodón, seda, ramas o maíz) como escritura, como rastro del tiempo que le tocó vivir, ejerciendo de este modo un gesto de resistencia contra el silencio.

Sus obras hilan experiencias y encarnan vida, se muestran como una red de cuerpos/obras que no pueden ser presentados cronológicamente, pues iría contra la propia obra y el sentido profundo de la historia, que —como observamos más arriba— se materializa en una espiral que apunta al movimiento circular como motor de un tiempo no lineal.

La dualidad en torno a la idea de tierra se aprecia al asumir cómo la experiencia del exilio —ya sea propia o ajena— se plasma en su trabajo desde una concepción matérica de la geografía. Entender algunas de sus piezas exige aceptar la violencia que se vive en las fronteras, ver y tocar con la conciencia los muros que se levantan como heridas entre pueblos, como se refleja en la instalación Doble muro (2006), en la que mediante escaleras se simboliza la voluntad de escalar el doble muro (México y Estados Unidos), sin dejar de representar a la muerte, a través de la silueta de un cuerpo que perece entre ambos. O War Games (Juegos de guerra, 2002), en la que un territorio se presenta con flechas clavadas aludiendo a las heridas que pueden ser cicatriz en la tierra y memoria del dolor o la muerte.

Marta Palau, Nómadas II, 1998. Foto cortesía del Museu Tàpies, Barcelona, 2025.
Marta Palau, Naualli-Gestación (1991). Foto cortesía del Museu Tàpies, Barcelona, 2025.

Yo empiezo con los materiales; una vez tengo los materiales, ellos me van diciendo cómo… Tiene que ver con mis orígenes. Yo nací en un pueblecito de campesinos, Albesa, y la tierra es lo más importante, la tierra es sagrada. El tapiz me llegó por ahí.


Estos trabajos encarnan de un modo simbólico la infinidad de fronteras de nuestro tiempo y del pasado. Migrantes-guerreros caídos que dejan su rastro en la tierra, en esa travesía hacia un mundo que no siempre se origina en el deseo, que no es voluntad, sino única posibilidad de supervivencia. Pero esa misma tierra que expulsa y hiere también sabe acoger y dar cobijo, engendrar vida y alimentar.

Estas concepciones se manifiestan en algunos de los tapices en los que la artista mezcla yute y mazorcas de maíz, en referencia a esa tierra que nos da de comer. O en la instalación Naualli-Gestación (1991), en la que diferentes molduras de adobe presentan una hendidura que señala un surco vital, un cuerpo en potencia.

Esta misma dualidad remite a la idea de cuerpo como segundo concepto que estructura el proyecto expositivo. Un cuerpo que sabe del destierro y el exilio, como puede constatarse en la instalación Nómadas II (1998), en la que cientos de pies de barro caminan hacia esa herida terrestre que es la frontera. Son pies que en algunos casos perecerán, cayendo ante la agresividad del tiempo que les tocó vivir, del mismo modo que perece el Guerrero caído (1999).

Pero de nuevo ese cuerpo incluye a su opuesto: un cuerpo que no solo cura las heridas, como señala la Naualli mano poderosa, sino que él mismo genera nuevas vidas. Muchas de las obras de Marta Palau representan el cuerpo como arteria viva;en especial, la serie de esculturas que bautiza con el nombre de Ilerda (nombre en latín de la ciudad de Lleida), que en su mayoría aluden a la apertura vaginal, o a múltiples aperturas terrestres/corporales desde las que se sugiere la idea de nacimiento.

En el conjunto del trabajo de Palau conviven de un modo simultáneo una visión holística del mundo y de la historia, una concepción telúrica, que entiende la magia como aliada indispensable de una acción artística que deviene resistencia y defensa, como muestran las dos Naualli-Guardianas (1991) que nos aguardan al entrar en la exposición. Cuerpos vegetales de mujeres magas, guerreras, Nauallis, que defienden, protegen y generan vida.

Marta Palau, Cascada, 1978. Instalación. Nylon y fibras textiles. Colección MUAC. Foto cortesía del Museu Tàpies, Barcelona, 2025.

A finales de los años sesenta, Marta Palau abandonó la bidimensionalidad del grabado y el óleo para construir ambientes y esculturas que retoman fibras orgánicas —como el henequén, las hojas de maíz, el ixtle, las fibras de lana y el coco— que teje, anuda, deshilacha e injerta sin ideas preconcebidas.

Durante la década de los setenta, sus obras abandonan el soporte de la pared para presentarse como esculturas de gran formato: obras textiles matéricas y pesadas, que se convierten en poderosas instalaciones y que invitan al espectador a desplazarse dentro de ellas. Las obras de esos años logran reivindicar el trabajo textil, asociado históricamente a la manufactura femenina, e introducirlo en un contexto artístico. Se trata de esculturas sexualizadas, que de forma ambigua expresan fuerzas corporales femeninas, en términos de pliegues, oquedades y dobleces, como genitales sin cuerpo.

Cascada es la instalación más importante de ese periodo y una de sus obras decisivas: una emisión del deseo femenino que explora nuevas maneras sensoriales de representar el cuerpo. Expuesta en 1978 en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, esta enorme instalación intervino el espacio mediante el despliegue de un torrente de tubos traslúcidos de medias blancas de nylon que albergaban pequeños nódulos afelpados. Su montaje desafió la museografía de entonces al ser una obra que carece de estructura rígida: se ancla al techo, se desborda, fluye —de manera similar a un impulso eyaculatorio— y desemboca en el piso. La propia artista expresó años después en una entrevista: “Yo veo Cascada como un río de espermatozoides”.


Publicación

La exposición Marta Palau. Mis caminos son terrestres incluye la edición de una publicación fruto de la investigación sobre la obra del artista y su contexto político y social, que se convertirá en un libro de referencia sobre sus prácticas. El volumen cuenta con textos firmados por teóricos e historiadores tanto mexicanos como españoles, entre los que figuran la Dra. Maria Josep Balsach, profesora de Historia del Arte Contemporáneo y directora de la Cátedra de Arte y Cultura Contemporáneos de la Universidad de Girona; Cuauhtémoc Medina, crítico, curador e historiador del arte mexicano, ex curador en Jefe del MUAC; Natalia de la Rosa, historiadora del arte y curadora mexicana, y la Dra. María Dolores Jiménez Blanco, profesora titular de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid; así como Imma Prieto y Amanda de la Garza, responsables de la conceptualización del proyecto.


MARTA PALAU. MIS CAMINOS SON TERRESTRES

Museu Tàpies, Barcelona

27 febrero – 17 agosto 2025

Museo Universitario Arte Contemporáneo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Ciudad de México

8 noviembre, 2025 – 26 abril, 2026

Conceptualización del proyecto: Imma Prieto y Amanda de la Garza

Comisaria: Imma Prieto

Una coproducción del Museu Tàpies y el Museo Universitario Arte ­Contemporáneo de la UNAM

Marta Palau. Foto Enrique Bostelmann, Archivo Marta Palau. Oswaldo Ruiz, 2025

Marta Palau. Foto: Enrique Bostelmann, Archivo Marta Palau. Oswaldo Ruiz, 2025

También te puede interesar

,

GELES CABRERA: MUSEO ESCULTÓRICO

Americas Society presenta "Museo Escultórico", la primera exposición individual en Estados Unidos dedicada a la artista mexicana Geles Cabrera (1926), pionera de la escultura en México. Una oportunidad que llega años tarde para apreciar...

MARÍA BERRÍO: WAITING FOR THE NIGHT TO BLOOM

Based in Brooklyn, María Berrío (1982) grew up in Colombia. Her large-scale works, which are meticulously crafted from layers of Japanese paper, reflect on cross-cultural connections and global migration seen through the prism of...