COLECTIVO AYLLU: REBOZAR DE VIDA LAS VIOLENCIAS DE LA HISTORIA
En la región andina, particularmente en los pueblos quechua y aymara, el ayllu es un sistema ancestral de organización de la vida. Incluye a varias familias conectadas por un origen y un territorio común. Entre los integrantes de un ayllu existen diferentes lazos de parentesco, no todos ellos biológicos. Como en un tejido, se entrelazan relaciones afectivas, sociales y económicas vinculadas a la explotación consciente de la tierra. Este sofisticado modelo tiene siglos de funcionamiento. Ha sobrevivido en las zonas altiplánicas y en los valles que arropa la Cordillera de Los Andes a diferentes procesos imperiales que no han conseguido aplastar una cultura basada en la equidad, la solidaridad y la paz social. Una forma de vida imposible en el mundo moderno occidental.
Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo veinte, comunidades similares a un ayllu se han ido conformando en el contexto europeo y estadounidense producto de la migración o el exilio desde África, América Latina y El Caribe. Autores como Michel S. Laguerre hablan de “enclaves diaspóricos”, pues lo entienden como una colectividad cultural cuyo origen común es el desplazamiento y su territorio es siempre una frontera entre varios lugares. Vivir en la frontera, escribe Gloria Anzaldúa, es vivir “atrapada en el fuego cruzado entre los bandos / mientras llevas las cinco razas sobre tu espalda / sin saber para qué lado volverte, de cuál correr”.
José Esteban Muñoz, en diálogo con los Black Studies surgidos en las universidades estadounidenses a fines de los sesenta, propone la idea de un “común marrón” para referirse a un “ser-en-común”, a una comunalidad que florece en/desde el desplazamiento del Sur al Norte. Es “su capacidad de sufrir y luchar juntas”, pero también de prosperar en medio de la hostilidad y la incertidumbre lo que determina su naturaleza colectivamente imbatible.
“La comunalidad nunca es plácida. La vida en comunalidad es y debe ser turbulenta, no solo a causa de las distintas limitaciones que procuran oprimir, sino también porque el disenso dentro de la comunalidad es de vital importancia para el incremento de su propia promesa de insurrección”, afirma Muñoz. We were never meant to survive, escribe Audre Lorde. “No esperaban quesobreviviéramos” es el título de una de las obras presentes en la exposición.



El contexto desde el cual emerge el Colectivo Ayllu es el Madrid de principios del siglo veintiuno. Una ciudad en la que, en 2024, ya residen un millón de latinoamericanos y caribeños. Se autodefinen como “un grupo colaborativo de investigación y acción artístico-política formado por personas migrantes, racializades, disidentes sexuales y de género provenientes de las excolonias españolas”.
Integran el colectivo Álex Aguirre Sánchez (Quito, Ecuador), Kimy Rojas Miranda (Guayaquil, Ecuador), Lucrecia Masson Córdoba (Ombucta, Argentina), Iki Yos Piña Narváez (Caracas, Venezuela) y Francisco Godoy Vega (Santiago, Chile). No es extraño que hayan escogido un término tan cargado de memorias, afectividad y fuerza política para nombrarse, incluso en su desplazamiento geográfico tan lejos de Los Andes.
El conjunto de prácticas artísticas que vienen desarrollando desde su formación como colectivo en 2017 solo puede entenderse como ese tejido del ayllu andino, donde se entrelazan vínculos diversos desde una profunda conciencia de comunalidad, como también señala Gladys Tzul Tzul en relación con los sistemas de gobierno indígena en Chuimeq’ena.
El Ayllu opera desde un compromiso con la crítica al colonialismo, la blanquitud y la cisheterosexualidad. Habita una frontera en la que confluyen la producción artística, la escritura, la mediación y la generación de espacios de aprendizaje.
El P.O.P.S., Programa Orientado a las Prácticas Subalternas, que organizaron en el Centro de Residencias Artísticas de Matadero Madrid en 2019, congregó a un extenso grupo de personas. La mayoría eran jóvenes migrantes, de primera o segunda generación, que encontraron en las actividades organizadas por el colectivo un espacio seguro para ir dándole forma a una identidad sudaka, caribeña, india, negra, marrón en la capital del reino de España. Una identidad construida en la diáspora que pujaba por interrumpir una escena cultural esencialmente blanca, negacionista de su propia diversidad racial.
Las sesiones de ballroom, las fiestas don’t hit a la negrx, las conferencias con grandes intelectuales de AbyaYala, las marchas del Orgullo, los talleres, las comidas… han sido decenas los encuentros que han moldeado una práctica artística que es en común.


Después de presentar su trabajo en museos y centros de arte de París, Lisboa, Viena, Melbourne, La Paz, Quito y Barcelona, la muestra en la galería Formato Cómodo es su segunda individual en Madrid (la primera, Devuélvannos el oro, tuvo lugar en Matadero en 2018).
Además de esta serie de exposiciones, han realizado proyectos específicos para grandes eventos internacionales como la Bienal de Sydney, Australia (2020), la Bienal Kochi-Mizuris, India (2022) y la Bienal de São Paulo, Brasil (2023).
Proteja nuestros secretos es una invitación ambigua. Convoca pero a la vez esconde aquello a lo que congrega. Nos emplaza a habitar un lugar desconocido: el de sus secretos. En la intersección entre la desobediencia, el dolor, la resistencia y la sanación, el colectivo Ayllu alcanza en esta muestra la madurez de una práctica artística que, como sugiere Vialcary Crisóstomo, es en sí un proyecto de “liberación para”.

Colectivo Ayllu, Existió un tiempo anterior a que tuviéramos cuerpo, 2023. Grabado digitalizado impreso en tela, 140 x 130 cm. Ed: 5+ 1 PA. Cortesía: Formato Cómodo, Madrid
La exposición acoge cinco obras realizadas en los últimos años. Existió un tiempo anterior a que tuviéramos cuerpo (2023) o la serie delitografías Perrear el dolor (2020) emplazan a la incomodidad frente a la evidencia de una violencia colonial que llega hasta nuestros días. Las imágenes aluden a la bestialización de los cuerpos no blancos y su total deshumanización.
La instalación Protección Nefanda (2024) -que se presenta por primera vez en una exhibición- y el video Nuestro juramento (2022) utilizan herramientas plásticas que proceden de unarchivo ancestral, una memoria sincrética y popular que pervive en el corazón de toda una colectividad esté donde esté, vaya donde vaya.
El altar votivo, el ritual, la ofrenda, el ánima de las cosas se manifiesta en estas pinturas, en el trazo de los dibujos, en la caligrafía de los bordados, en los nudos de los khipu o en la performance de los cuerpos disidentes. La divinidad es el mayor de los secretos.


Finalmente, completan la exposición No esperaban que sobreviviéramos II (2023), un conjunto de alas-pancartas con forma de pájaro, de mariposa o de otras aves inclasificables, con las que el Ayllu -y su colectivo hermanx Migrantes Transgresorxs– ha reivindicado la presencia de un bloque de personas racializadxs en las manifestaciones del Orgullo Crítico de Madrid.
El origen de esta serie se encuentra en la marcha de 2020, el año de la COVID 19, cuando las restricciones impuestas por la pandemia resultaron especialmente duras para los cuerpos disidentes, trans, migrantes o que ejercían el trabajo sexual. Frente a esta opresión, nuevamente fue la colectividad en la que se sostiene el Ayllu la que invocó la celebración como forma de resistencia. Desde lo alto las proclamas y conjuros de las piezas arengaban: Somos el sueño de nuestras ancestras.
Es cierto que el capítulo sobre arte, disidencias y migración en el contexto español se escribe en este momento. Y aunque comparten una frontera, no todos los agentes provenientes de América Latina y El Caribe se están posicionando en el mismo espacio de pensamiento. Sin embargo, la huella del Colectivo Ayllu es profunda y no será fácil borrarla de este relato en construcción. No es baladí que esto suceda en la ciudad de Madrid. Su trabajo llega aquí para saldar algunas de las tantas cuentas pendientes de la historia europea y lanzan un mensaje al futuro: el pasado es hoy un territorio en disputa. Arrímese pues a este ayllu que el camino será largo.
Proteja nuestros secretos, del Colectivo Ayllu, se presenta en Formato Cómodo (Madrid) del 18 de enero al 20 de marzo de 2025.
*Texto escrito por Andrea Pacheco para acompañar la muestra.
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