PABLO LINSAMBARTH: AL CALOR DE LA SOMBRA
Por Soledad Aguirre Evangelista | Investigadora y curadora
Algunas historias aparecen como destellos, filtrándose por las grietas y deslizándose hacia los márgenes de lo cotidiano. Se traslapan, se entrelazan y se reconfiguran de manera porosa, creando un tejido narrativo que desafía la linealidad. En la obra de Pablo Linsambarth (Santiago, 1989), estos ecos toman cuerpo en capas de pintura, imágenes fragmentadas y gestos que evocan lo inasible del recuerdo.
Al calor de la sombra, su primera exposición individual en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos traza un entramado entre su biografía y los relatos orales de su familia. A través de pinturas, videos, dibujos e instalación, la muestra plasma un espacio donde el pasado oscila entre la presencia y la ausencia, revelando su persistencia y fragilidad.
Patricio Guzmán, en su documental Nostalgia de la luz (2010), señala: «Los que tienen memoria son capaces de vivir en el frágil tiempo presente; los que no la tienen no viven en ninguna parte». Esta reflexión resuena en la obra de Pablo Linsambarth, donde la memoria ocupa un lugar central, atravesada por la dictadura civil-militar y la posterior transición pactada, marcada de forma indeleble por esos 17 años de autoritarismo.

A la vez, su trabajo establece un diálogo con la cultura popular contemporánea, en consonancia con los cambios socioculturales que se desarrollaron postdictadura. Un ejemplo de ello es la obra Mi habitación (2023), donde explora su relación con el habitar durante ese periodo y los profundos giros que se intensificaron bajo el influjo del neoliberalismo y un nuevo modelo de vida.
En este escenario, la irrupción de diversas tendencias, estímulos mediáticos y el acceso a internet convirtieron el espacio privado en el lugar de máxima expresión. La llegada del computador a los hogares y el inicio de la era de la conexión dieron pie a una sinergia entre música, moda, descontento político, euforia juvenil y contracultura. Es en este ambiente donde se identifican las influencias del artista, que van desde la gráfica y la iconografía del arte callejero hasta referencias musicales como el hard rock.
Esta perspectiva íntima, cargada de múltiples elementos, se entrelaza con el resto de la exhibición en una narrativa atemporal. En ella, la escenas personales y colectivas se distancian de las formas habituales de representar la memoria, no solo como un eco del pasado, sino como una trama en constante transformación que sigue proyectándose en el presente.

En Al calor de la sombra, Linsambarth tensiona lo visible y lo ausente a partir de lo difuso. Desde un primer acercamiento curatorial, desarrollado junto a Paula Solimano, nos pareció relevante observar cómo estas piezas se articulan casi como escenas cinematográficas: una madre tratando de comunicarse con su hija en la clandestinidad por medio de palomas mensajeras y sobres vacíos; un hombre atravesando el desierto con un arco de violín en mano; una pareja interceptada por un vehículo desconocido; o un retrato que acompaña a una silueta anónima, entre la presencia y la desaparición. Estas escenas, cargadas de simbolismo, invitan a detenerse en lo que queda fuera de campo, en los silencios y opacidades que configuran la memoria.
Linsambarth creció en una familia marcada por la resistencia a la dictadura. Su madre, militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), vivió en la clandestinidad, una experiencia de incertidumbre que también dejó huella en Raquel, abuela del artista. Por otro lado, su tío abuelo, René Linsambarth, músico sin filiación política, fue ejecutado y desaparecido en Calama durante el paso de la Caravana de la Muerte en octubre de 1973. Estas vivencias —la clandestinidad, la persecución y la pérdida— se convierten en el punto de partida para la exploración artística de la exposición.
En sus piezas más recientes, el artista aborda el paso del tiempo y la fragmentación de la memoria, invitando a sus familiares a reconstruir estos recuerdos compartidos. En el video La esperanza de Raquel (2024), Linsambarth emprende un viaje junto a su abuela hacia la playa de El Tabo, un lugar cargado de significados y recuerdos donde se identifican rastros de una historia llena de interrupciones. Por su parte, en Al calor de la sombra (2024), el lazo con su tío abuelo desaparecido se reconstruye simbólicamente mediante un acto de constelación familiar, representado en la figura de su propio padre.

Como parte de esta exploración, la instalación En la superficie (2024) profundiza en la relación entre ausencia y paisaje, evocando la vastedad del desierto a través de un espejo contenido en una estructura de cobre. Este objeto, que poéticamente remite a un ataúd vacío, simboliza tanto la imposibilidad del duelo como la ausencia de los cuerpos desaparecidos durante la dictadura civil-militar en el norte de Chile.
A su vez, el cobre alude a la explotación de los recursos naturales de la región, un proceso profundamente marcado por la reversión de la nacionalización de las minas tras el golpe de Estado. Convertido en un emblema del supuesto “éxito” económico del régimen, este metal no solo financió políticas represivas, sino que también consolidó un modelo extractivo carente de regulaciones ambientales, priorizando el beneficio económico por encima de los derechos y el bienestar de las comunidades locales.
La imagen distorsionada que devuelve el espejo actúa como un eco de las huellas económicas, sociales y políticas que permanecen latentes en el paisaje. Refleja tanto a quienes fueron desaparecidos o asesinados durante la dictadura como a los múltiples estratos del suelo desértico, donde se acumulan innumerables vestigios de antiguas civilizaciones, explotaciones mineras y diversas formas de violencia social. Al igual que las capas geológicas, estas historias permanecen ocultas, esperando ser desenterradas, como una memoria que exige ser excavada una y otra vez.

Frente a la instalación, los detenidos/as desaparecidos/as y ejecutados/as políticos/as durante el régimen militar emergen: presencias que exponen su ausencia. Son vidas suspendidas, interrumpidas, que revelan cómo las experiencias personales y los traumas colectivos convergen en un relato compartido, tan frágil como persistente.
Tal como señalamos en el texto curatorial junto a Paula Solimano, “en esta muestra, el artista expande las problemáticas centrales de su obra —el tiempo anacrónico, los vínculos y el paisaje, no solo como escenario, sino como metáfora de la ausencia, la búsqueda y el consuelo— y las traslada desde la pintura hacia el video, el dibujo y la instalación”. De este modo, las obras de Linsambarth se configuran como representaciones de encuentros posibles, entre lo real y lo imaginado, entre la presencia y la ausencia.
Las figuras emergen definidas por una paleta de colores vibrantes, formas bidimensionales con contornos negros, dispuestas en composiciones de situaciones dislocadas que desestabilizan las perspectivas tradicionales. Este lenguaje visual se manifiesta a partir de trazos expresionistas, donde las capas de pintura se extienden más allá del lienzo, como si la memoria misma desbordara los límites de la obra. Así, la pintura se convierte en una extensión de lo indecible, un intento por materializar aquello que escapa a las palabras.

Al calor de la sombra adquiere una resonancia particular en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, donde la historia se mantiene como una presencia constante. Obras como Un hombre en el desierto (2024) domina la sala, presentando la figura del tío abuelo del artista, cuya imagen evoca las historias absorbidas por el paisaje. La superficie traslúcida en el reverso del lienzo sugiere la fragilidad de la memoria, como si la imagen estuviera a punto de desvanecerse o, por el contrario, emergiera entre el paisaje que la contiene.
Los vibrantes tonos de azules, amarillos y naranjas iluminan la sala, estableciendo un contraste marcado con el carácter documental que predomina en el resto del Museo. En este contexto, las obras de Linsambarth no solo representan, sino también interrogan los límites de la memoria y la forma en que esta se inscribe en el espacio físico y emocional.
Las piezas de Linsambarth van más allá de una simple evocación de recuerdos: propone asociaciones no lineales y ficcionales. En el texto curatorial, destacamos que «su obra no se presenta desde una mirada nostálgica ni como una crónica ajena a la brutalidad de sus circunstancias. Más bien, nos sumerge en las ausencias, omisiones y contradicciones que configuran un mundo lleno de paradojas, construyendo un testimonio en constante diálogo, que genera y moviliza nuevas preguntas«. La subjetividad, entonces, se manifiesta de manera inquietante, como un proceso continuo de cuestionamiento sobre cómo recordamos y reconstruimos el pasado, a través de relatos diversos, incompletos y siempre dinámicos.
PABLO LINSAMBARTH: AL CALOR DE LA SOMBRA
Curadoras: Soledad Aguirre y Paula Solimano
Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, Avenida Matucana 501, Santiago Centro
Del 6 de septiembre 2024 al 30 de marzo 2025
Registro fotográfico: Pía Bahamondes
Diseño expositivo: Milka Vilina, Adrián Quezada
Asistente de museografía: Antonia Saavedra
Montaje: Éric Valencia, Rodrigo Ayala, Luis Quezada, Jorge Rodríguez, Antonio Palacios, Juan San Martín
Edición de películas: Claudia del Fierro, Elisa Díaz, Gianfranco Foschino, Sofía Gómez, Rocío Monasterio
Bordados en tela: Milena Moena
También te puede interesar
A MANERA DE RECADO DESDE EL JARDÍN DE PROA (APUNTES PARA UNA PERFORMANCE AMAZÓNICA)
Hicimos el amor dentro de la tumba que nosotros mismos cavamos en el jardín de Proa frente al Riachuelo de La Boca en Buenos Aires, algo así como desenterrar huacos eróticos y perplejos de...
AHORA. ACERCA DE “PRIMERA LÍNEA”, DE FERNANDO PRATS
Fernando Prats, cuyo trabajo ha consistido desde sus inicios en captar ese instante particular en el que ciertos materiales en rebeldía (físicos, geográficos, domésticos) se anudan unos con otros liberando la energía mnémica del...
ALMANAQUE, DE CRISTIÁN SALINEROS: OTRA DIMENSIÓN DE LAS IDEAS
En las páginas de "Almanaque" Salineros no está sujeto a reglas de ningún tipo, y los resultados vertidos ahí reflejan una manera de vivir desenfrenada, rabiosa, amorosa, inquieta, creativa y con ganas de aprender...


