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UNA ASAMBLEA DE ARTES HACE FRENTE A LA CRISIS PRESUPUESTARIA EN MÉXICO

Los esfuerzos organizativos en la cultura en México han experimentado un notable resurgimiento, siendo la pandemia un importante punto de quiebre. Un ejemplo de esto fue la filtración, en 2020, de un chat interno de la Secretaría de Cultura—el organismo ministerial encargado—titulado “Desactivando colectivos”.

Las imágenes del chat, que se viralizaron rápidamente, dejaron al descubierto los esfuerzos del gobierno por contrarrestar la sinergia alcanzada por los grupos y organizaciones convocadas por artistas y gestores culturales que han proliferado desde el inicio del sexenio anterior, con la llegada de la llamada Cuarta Transformación. El 2020 fue un año decisivo para estas organizaciones, pues, aunque el episodio causó indignación, también reafirmó el papel crucial de las redes colectivas para defender derechos y construir alternativas frente a un panorama cada vez más adverso.

Sin embargo, cada una de estas organizaciones—formadas en distintos momentos de la historia, siendo la Asociación Nacional de Actores (ANDA[1]), fundada en 1934, la más antigua—ha respondido a las necesidades específicas de los grupos que representan y a sus intereses particulares. A pesar de compartir preocupaciones comunes, como los constantes recortes presupuestales, los pagos atrasados, las condiciones laborales precarias y la insostenibilidad de los proyectos artísticos, el poder organizativo de los agentes culturales en México ha permanecido sectorizado.

Esta segmentación ha llevado a que la consolidación de estas redes se centre en las problemáticas propias de cada disciplina (literatura, teatro, diseño, librerías, espacios independientes, artes visuales, museos e incluso temas controvertidos como el infame Capítulo 3000[2]), diluyendo así la posibilidad de un sector cultural unificado y organizado en su conjunto.

Lejos de apagarse, los esfuerzos organizativos continúan creciendo, demostrando que la comunidad artística en México no solo resiste, sino que también reimagina nuevas formas de acción y colaboración. En este contexto surgió la Asamblea de Artes de la CDMX (ADA), convocada inicialmente por un Grupo Coordinador integrado por los artistas Carlos Amorales, Alonso Cedillo, Tamara Ibarra, Eugenia Martínez, Elsa Oviedo, PRIMAL (Paola Sánchez y Héctor Juárez) y Néstor Quiñones. La Asamblea se constituyó como un espacio democrático para la reflexión y el fomento del diálogo, la colaboración y la representación de todas las disciplinas artísticas. Además, se enfocó en el análisis, la creación de propuestas colectivas y la apertura de un diálogo constante con el gobierno.

Un aspecto interesante de la ADA es que no se concibe como un «grupo de grupos». Su modelo de asamblea fue diseñado como una estructura organizacional flexible y porosa, que funciona como un foro abierto donde sus integrantes pueden abordar diversas temáticas. En esencia, se trata de una forma de democracia directa orientada a generar consensos y objetivos comunes.

Grupo Coordinador de la Asamblea de Artes de la CDMX (ADA). De izq. a der: Alonso Cedillo, Elsa Oviedo, Carlos Amorales, Néstor Quiñones, Eugenia Martínez, Tamara Ibarra, Paola Sánchez y Héctor Juárez.

Desde abril de este año, la ADA ha celebrado reuniones recurrentes con la participación de más de 432 individuos de distintas disciplinas, incluidos miembros de colectivos y grupos activos, todos asistiendo a título personal. Este modelo de asamblea ha sido un gran acierto, ya que permite una polifonía que refleja la diversidad de disciplinas artísticas y, al mismo tiempo, fomenta una sincronía en la que las conversaciones trascienden las divisiones tradicionales—ya no se habla de «los de teatro» o «los de artes visuales», sino del gremio artístico en su conjunto.

Desde sus inicios, la Asamblea decidió adoptar una estrategia local, reconociendo la especificidad de las problemáticas de sus integrantes. Uno de sus objetivos principales fue establecer una relación directa con las autoridades del gobierno de la Ciudad de México, logrando, por ejemplo, que el Consejo de Artes de la CDMX adoptara un modelo de participación ciudadana mediante la elección de consejeros por convocatoria pública en lugar de designación directa. Sin embargo, los resultados de este avance aún están por verse, ya que, apenas un mes después del lanzamiento de la convocatoria pública, la Secretaría de Cultura de la CDMX pospuso la selección de consejeros alegando «un error de procedimiento».

Era previsible que el enfoque en lo local eventualmente se viera superado; sin embargo, la ADA se vio obligada a actuar con urgencia cuando, el pasado 17 de noviembre, se publicó el proyecto presupuestal 2025 de Claudia Sheinbaum, que contempla un recorte del 30% para el sector cultural, el más drástico desde 2017.

Este anuncio cayó como una bomba en el sector cultural, encendiendo alarmas en todas las disciplinas y dejando en evidencia que la magnitud del desafío requería una respuesta inmediata y coordinada. Ante esto, el trabajo previo de la ADA y sus comisiones rindió frutos, permitiéndoles reaccionar rápidamente con la creación de la campaña #NoMásRecortesAlRecorte. Además, lograron convocar a diversos grupos y colectivos para unirse a esta demanda colectiva.

Rueda de prensa #NoMásRecortesAlRecorte. Crédito: Glen Magaña / Homoespacios

En una rueda de prensa, diversas redes y organizaciones —incluido el sindicato de restauradores del Instituto Nacional de Antropología e Historia— se unieron para firmar cartas dirigidas a diferentes instancias gubernamentales, desafiando el nuevo presupuesto. Este fue un momento histórico para las artes, que destacó el potencial transformador de la solidaridad en un sector que, por lo general, ha estado fragmentado.

Aunque la reducción presupuestaria siguió adelante, gracias a esta campaña y a la organización de más grupos se lograron reasignar 3.000 millones de pesos de los 4.673 millones contemplados en el recorte original. Sin embargo, esta reasignación resulta insuficiente, no solo porque representa un presupuesto menor al necesario, sino también porque ahora existen más recintos culturales derivados del Proyecto Chapultepec, lo que incrementa las demandas del sector. Además, persisten vacíos en diversas áreas de la cultura que, incluso con el presupuesto previo, no habían podido ser atendidos.

Uno de los logros más significativos es el acuerdo alcanzado en el Parlamento Abierto, que establece que el presupuesto cultural podrá ser discutido con la ADA y otros grupos en un foro permanente convocado a lo largo del año. Este mecanismo busca evitar las reacciones de emergencia que suelen surgir cada noviembre, cuando se publica la propuesta presupuestal para el año siguiente. Estos avances representan un cambio importante para el sector cultural, especialmente en un entorno donde históricamente ha predominado la falta de diálogo.

Quedan grandes retos[3] por enfrentar, como lograr que la comunidad artística se sienta interpelada y comprometida con la participación en estos movimientos. Y, por supuesto, es imprescindible abordar los grandes temas de sostenibilidad y los derechos laborales de los creadores y trabajadores de la cultura. Pero, para ello, como ha quedado claro en los últimos años, no es posible esperar soluciones inmediatas; estas deben construirse de manera rigurosa y sostenida en el tiempo.


[1] https://laanda.org.mx/

[2] El Capítulo 3000 es una modalidad de contratación de personal en el sector público. A través de esta modalidad se tratan como “contratistas” a un sinnúmero de profesionales en el sector cultural, dejando de reconocer su labor como “indispensable” y privándolos de sus derechos laborales, incluyendo la seguridad social. Además, no reconocen la antigüedad de los trabajadores permitiendo sueldos bajos que pueden retrasarse semanas o meses en sus peores momentos.

[3] Recomiendo la lectura del artículo “La asfixia al gremio cultural: dieciséis testimonios” de Reyna Paz Avendaño, publicado en Letras Libres.

Andrea Valencia Aranda

Curadora e historiadora del arte con experiencia en el área tanto institucional como independiente. Ha desarrollado y participado en diversos proyectos internacionales curatoriales, de investigación, expositivos, de gestión y editoriales.

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