HUGO RIVERA SCOTT: LOS TROZOS NECESARIOS. NUEVOS DIAGRAMAS
Por José Tomás Fontecilla | Curador
La obra de Hugo Rivera Scott (Viña del Mar, Chile, 1943) ha evolucionado de manera constante desde los años sesenta hasta la actualidad. Su exposición más reciente, Los trozos necesarios. Nuevos Diagramas, refleja un proceso de depuración que, a lo largo de los años, ha destilado los valores esenciales del arte: la forma y el color, elementos que constituyen su núcleo fundamental.
Desde sus primeros años en la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar, Rivera Scott encontró inspiración en el grabador Carlos Hermosilla, a quien considera uno de sus primeros maestros. Su obra, influida inicialmente por la figuración y el naturalismo en una línea cercana al realismo social, pronto empezó a migrar hacia una pintura conceptual y sintética, adelantándose así a sus contemporáneos en la escena porteña de mediados del siglo XX.
Otra figura influyente fue Hans Soyka, también profesor de la Escuela de Bellas Artes, quien orientó a Rivera Scott y a un grupo de jóvenes pintores hacia un arte menos pintorisquista, reacio a la mímesis. Este grupo, bajo la guía de Soyka, exploró un lenguaje propio que, aunque nutrido de elementos vernáculos y locales, buscaba actualizar las formas pictóricas características del puerto, muy marcadas por los paisajes de Arturo Gordon o Camilo Mori.
Eran años de intensa lectura e inquietud intelectual. En ese periodo, su obra comenzó a adquirir matices cubistas, donde lo sintético y lo analítico convergían en una pintura en la que el referente emergía de forma sutil, casi imperceptible. Esta búsqueda vanguardista se alejaba de lo provincial, orientándose hacia una voz propia y una «pintura pura», como señalaba Apollinaire en 1907: “como la música es literatura pura”.
Aquí nace la idea de que la obra, en sí misma, posee características propias y autónomas, y que el arte ya no tiene que describir el mundo, sino desplegarse como un universo propio. En este contexto, ejercicios surrealistas como el cadáver exquisito y el collage comenzaron a aparecer en su trabajo temprano. Su interés por poetas como Mallarmé y Breton profundizó esta exploración hacia nuevos horizontes, mientras que su investigación sobre las estrategias visuales y conceptuales de Duchamp aportó un giro adicional a su obra, donde el dibujo, la pintura y la gráfica dialogan y se entrelazan. Como afirmaba Pierre Reverdy (1918):
La imagen es una creación pura del espíritu.
No puede nacer de una comparación sino del acercamiento de dos realidades más o menos alejadas.
Cuanto más distantes y precisas sean las relaciones entre las dos realidades que se ponen en contacto, más intensa será la imagen, y tendrá más fuerza emotiva y realidad poética.




La aparición de la serie Los Espectros responde directamente a esa exploración conceptual, en la que artistas como Picabia, El Lissitzky o Richard Hamilton parecen estar presentes en el universo de esta investigación visual. En este contexto, un cúmulo de trabajos colaborativos toma forma en obras que invitan a ser leídas y descifradas. De este modo, Hugo Rivera-Scott, Álvaro Donoso, Lilo Salberg, Francisco Rivera y Camilo Carrizo exploraban, de manera temprana, la creación de una escena porteña con una impronta global que emergía desde lo local.
Los primeros Diagramas nacen en esa misma época, a comienzos de los años setenta. Según Rivera Scott, y tomando como referencia la definición inicial del término en el diccionario, los Diagramas son un “dibujo geométrico que sirve para demostrar una proposición, resolver un problema o figurar de una manera gráfica la ley de variación de un fenómeno” (Academia de la Lengua Española, 1947). Podríamos decir que es en la figuración, más que en la representación, donde encontramos el ethos de los Diagramas. La figura, a diferencia de la forma, es aquello que percibimos como materialmente consistente, determinado o real, y que se destaca sobre un fondo que, por contraste, resulta más indeterminado o evanescente.
La figura, o el acto de figurar, podría entenderse entonces como un contenido en potencia, una tendencia hacia la forma, pero abierta e infinita. Según la definición de Rivera Scott, “la palabra ‘figura’ señala al diseño, que sería la variación de una forma y no necesariamente un sinónimo suyo, como parece entenderse corrientemente” (Rivera Scott, 2013). De este modo, los Diagramas podrían concebirse como un intento final por sintetizar el lenguaje pictórico, consagrando lo que podríamos denominar una estética del arte plástico puro.


Los trozos necesarios. Nuevos Diagramas representan la continuación de una línea iniciada en los años setenta que, aunque interrumpida por el golpe de Estado, nunca llegó a desaparecer. A lo largo de los años, los Diagramas originales recorrieron distintos lugares, y en la última década, nuevas constelaciones han emergido de esa línea trazada hace más de cincuenta años. Las obras presentadas en esta muestra profundizan en esa exploración inicial, rescatando fragmentos de la chispa que dio origen a la expansión de la primera línea, una que siempre regresa a su mismo mantra.
Si bien a Los trozos necesarios se podría entrar y salir con la idea de que simplemente es una muestra de abstracción geométrica o el despliegue de un trabajo meticuloso —incluso obsesivo— en torno a la línea, la forma y el espacio, existe otra dimensión, sin duda, más interesante. El conjunto de trabajos se presenta como el despliegue de un lenguaje a través del tiempo, con sus respectivas extensiones y constelaciones, entendidas como la adición de una complejidad compositiva en la que elementos separados se conectan mediante sus relaciones internas. Las obras son producto de un tiempo fragmentado, lleno de recovecos, donde el dibujo reaparece una y otra vez en su condición más radical para, como diría Sergio Rojas (2009), hacernos pensar sobre asuntos que van más allá del gesto minucioso de su ejecución.
Esa otra dimensión sugiere que la línea recta no es necesariamente el camino más corto y que, en ocasiones, el tiempo perdido puede ser el tiempo mejor empleado. Así, la síntesis alcanzada por Rivera Scott en los Diagramas es el resultado de una ponderación a lo largo de los años, en la que primero se deshizo de lo referencial —lo mimético—, luego el color y, finalmente, el espacio, para crear uno propio. Sus figuras no abren ni cierran, no parten ni terminan, sino que construyen hasta el infinito. En este sentido, podríamos decir que es un ejercicio de lítote: una atenuación o extenuación que opera bajo el régimen de la economía y de una densidad espiritual máxima, aquella que aspira a condensar múltiples pensamientos en un pequeño volumen. Así lo define el propio artista, como el rasgueo de un trazo que no describe, sino que genera o configura una figura.



En los Diagramas se expresan las reflexiones de Rivera Scott en torno al arte. Las obras, más que proclamar una posición, sugieren una tesis: son silenciosas, pero efectivas y elocuentes. Se alejan de cualquier exceso para centrarse en cuestiones fundamentales como el color, el plano, el espacio y la representación. Los trozos necesarios, entonces, pueden leerse como fragmentos de lo que Agamben (2016) define como una poética de la inoperancia.
Sus figuras no comunican ni informan; más bien, se abren hacia nuevas formas y nuevos usos que, como mencioné antes, podrían ser infinitos. No se trata de ejercicios utilitarios, sino de ejercicios diarios, cotidianos, de un trabajo más honesto y superior: el hacer por el mero placer de realizar un acto, el cultivo de la vida contemplativa y la poesía.
Como lo expresó Álvaro de Campos en Apostilla (1928):
¡Aprovechar el tiempo!
¡Ah, déjenme que no aproveche nada!
¡Ni tiempo, ni ser, ni memorias de tiempo o de ser!
Déjenme ser una hoja de árbol, estremecida por la brisa…
La muestra estará abierta al público en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Santiago desde 11 de diciembre de 2024 hasta el 20 de abril de 2025. Durante este periodo, se realizarán diferentes actividades, como charlas y talleres que buscan ponderar la obra de Hugo Rivera Scott y profundizar en su trabajo.
También te puede interesar
QUEBRAR LA LEY. SOBRE “POESÍA VISUAL: PROYECTO PARA HACER UN LIBRO”, DE GUILLERMO DEISLER
Si bien este proyecto de Deisler tiene un carácter lúdico y es, cabe decirlo, también una reflexión sobre el libro de artista como medio, este artefacto constituye a la vez una invitación a quebrar...
NICOLÁS FRANCO: TIERRA SIN PAN
El punto de partida de la muestra que Nicolás Franco presenta en el Centro Cultural de España en Santiago es el documental de Luis Buñuel dedicado al pueblo de Las Hurdes. Filmada en 1933, la película…
UN ALMA NOBLE CON ESPÍRITU JUSTICIERO. “LA OFICINA DE LA NADA: POÉTICAS NEGATIVAS CONTEMPORÁNEAS”, DE FELIPE CUSSEN
Esquivo a una tesis metódica y conclusiva, su libro es el perfecto ejemplo de un esfuerzo desmedido y a la vez lleno de sugerencias e interrogantes que nos invitan a maravillarnos ante las inagotables...

