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CUERPO Y TIERRA: EL UNIVERSO FEMENINO DE VENUCA EVANÁN

Por Sandra Gamarra Heshiki

I

Rebeca Carrión Cachot fue discípula de Julio C. Tello, primer arqueólogo indígena de América, fue docente universitaria y directora del Museo de Antropología y Arqueología de Perú que su mentor fundara en 1924.

El surgimiento de la Antropología peruana no estuvo exento de valoraciones propias de su época, de manera que representaciones ligadas a la ritualidad y a la sexualidad fueron destruidas y/o seccionadas. Los llamados “huacos aberrantes” corrían esa suerte por el temor de crear una visión vejatoria y animalizada de los primeros peruanos. Aparentemente Rebeca Carrión Cachot, entre otros antropólogos, en su afán de conservar la dignidad indígena, destruyeron parte de su legado.

Venuca Evanán, Aborto legal y seguro, 2024. Acrílico sobre lienzo y tela bordada a mano con aplicaciones de mostacillas (colaboración con Perlita de Santa Rosa de Chipao), 170 x 114 cm. Cortesía: Enhorabuena
Venuca Evanán, Aborto legal y seguro [detalle], 2024. Acrílico sobre lienzo y tela bordada a mano con aplicaciones de mostacillas (colaboración con Perlita de Santa Rosa de Chipao), 170 x 114 cm. Cortesía: Enhorabuena

II

Los pueblos nativos de los Andes, que han sobrevivido a las extirpaciones de idolatrías y al reemplazo de sus creencias y costumbres durante la colonia han mantenido viva su cultura, haciendo de lo extranjero propio, creando un reducto donde salvaguardar sus costumbres juntamente con las foráneas, en un proceso que se mantiene hasta la actualidad. Un ejemplo de ello es la vestimenta actual de las poblaciones andinas, que conservan similitudes con los trajes típicos de los pueblos de Castilla. Aquello que llamamos “autóctono” tiene diferentes intensidades y facetas, a veces nos une y otras nos aleja, nos reconcilia o nos agrede.

Venuca Evanán, Tabla “Mitología Erótica”, 2024. Acrílico y tierras de color sobre madera, 110 x 28 cm. Cortesía: Enhorabuena

III

Las tablas de Sarhua, tradición pictórica de esta región de la sierra sur del Perú, puede también tener origen en la colonia. Su propósito original era el de servir de recordatorio de las celebraciones en torno a la edificación comunal de una casa. Este presente era colocado en el techo de la nueva edificación, como parte del ritual llamado Tabla Apaykuy.

Durante los años 80 y 90 del siglo pasado, y debido a la violencia vivida en el Perú, las poblaciones de la sierra se movilizaron hacia las ciudades de la costa, siguiendo una migración que había empezado ya en los años 70. Es en este nuevo entorno que en las tablas de Sarhua se empieza a contar la vida, celebraciones y rituales de la tierra que se había dejado atrás.

Venuca Evanán. Detalle de Varas eróticas, 2024. Pintura acrílica y tierras de color sobre varas de madera de Sarhua talladas, 100 cms aprox c/u. Cortesía: Enhorabuena

IV

Venuca Evanán es hija de pobladores que migraron a Lima en la década de los 50. Y nace y habita un espacio donde las normas andinas y las costeñas empiezan a friccionar y a complejizarse. En su obra, que continúa la tradición de las tablas de Sarhua, aparecen aspectos de la vida, sobre todo del mundo femenino, que eran invisibles en las representaciones tradicionales, y que la colocan en un lugar ambiguo de pertenencia, como artista y como sarhuina.

Venuca Evanán, Añacharrau 1 y 2, 2024. Acrílico sobre lienzo, 42 x 29.7 cm. Cortesía: Enhorabuena

V

En el mundo andino, los animales, las plantas, las piedras son seres con potencias diferentes y la relación con los humanos ha de entenderse desde ese lugar. Es por eso que las representaciones sexuales con animales, por ejemplo, no tienen que leerse como fieles copias de la realidad, sino más bien, como encuentros con esas potencias que transitan por esas materias.

El cuerpo femenino es también un territorio por el que esos poderes pueden y deben transitar. Por ello, su representación en las tablas no solo es una posibilidad, es también un lugar para la denuncia cuando estos cuerpos son mancillados, expoliados, o invisibilizados, cuando se quiere decidir sobre su descanso o su fertilidad.

Venuca Evanán, Qachua, 2024. Blusas de la artista. Medidas variables. Cortesía: Enhorabuena
Venuca Evanán, Cascada de Campayanuq, 2024. Faldas pertenecientes a Venuca en distintas épocas de su vida. Fondo de madera. Pintura acrílica, Medidas variables. Cortesía: Enhorabuena

VI

En la obra de Venuca Evanán la vida, el deseo, la realidad, el mito y la denuncia habitan una misma superficie, se visten con los mismos colores. Su obra es parte de una tradición con la que también fricciona, a la que también cuestiona y desobedece, pero que también cuida y protege y que a ella la cuida y la protege.

Vestir sus trajes típicos, expresarse mediante las tablas de Sarhua, configuran un activismo frente a una sociedad que deslegitima lo diferente y que exige su subordinación. Poner el cuerpo, no solo en las marchas en las que participa, bajo las proclamas que canta, sino también como ciudadana individual en las calles o al interior de una galería de arte, es parte de un activismo que abierta y calmadamente reclama su diferencia.

Taller de Tablas de Sarhua. Cortesía: Enhorabuena, Madrid, 2024

VIII

Me gustaría escuchar a Rebeca y a Venuca conversar.

IX

Venuca, limeña y sarhuina, está en Castilla.


Cuerpo y Tierra: El Universo Femenino de Venuca Evanán se presenta del 10 de octubre al 16 de noviembre de 2024 en Enhorabuena, Plaza Carlos Cambronero 3, Malasaña, Madrid.

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