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CARTA PARA INGRESAR AL PARAÍSO SUBTERRÁNEO DE MYNERVA Y ABADDON

Queride Wynnie,

Querido María,

Les escribo esta carta en un intento de condensar el torbellino de sensaciones que me provocan sus obras en este paraíso subterráneo. Me pregunto cómo hacer para que mis palabras tengan un efecto disolvente, así como ustedes hacen arder todas las fronteras y categorías corporales a través de un estallido de texturas y colores. Si bien les dirijo esta carta a ustedes, siento que en realidad le estoy escribiendo a la comunidad de afecto y complicidad que les cuida y acompaña, que vive en su saliva, en su piel, en sus fantasías, en sus fiestas, en su respiración. Percibo en estas obras el sudor de muchas batallas compartidas. Para que estas imágenes existan, ustedes han tenido que sobrevivir; han recorrido y ampliado los caminos que otres antes abrieron allí donde solo había muros impenetrables. Son parte de una misma generación, fueron a una misma escuela, vienen de una misma clase social en una sociedad racista y elitista. Ustedes han renunciado a la categoría de mujer biológica y pertenecen a una colectividad de disidencia sexual y activismo trans y no-binario que es un temblor sobre la tierra. No son lo que la norma falocéntrica y el relato médico-científico proclamó como identidades femeninas: ustedes han rediseñado sus órganos sexuales para multiplicar el placer y han introducido en su carne variaciones químicas, morfológicas y hormonales que derrumban la arquitectura de la anatomía moderna.

Vista de la exposición Paradiso, de María Abaddon y Wynnie Mynerva, en proyectoamil, Lima, 2022. Foto cortesía de proyectoamil

En tus pinturas, Wynnie, los cuerpos ensayan coreografías rituales: como si todos vinieran a celebrar contigo la travesía que te permitió llegar a tu ano como el órgano sexual que mejor te representa. Son paisajes de excitación, plagados de torsos alados, dobles penetraciones, estigmas, vaginas cosidas, los efectos estimulantes y vasodilatadores de sustancias como el LSD o poppers, cuerpos reclinados, lenguas erizadas, numerosos anos que expulsan las heces como si fuera una ceremonia pública y una forma de diálogo con la tierra, de uñas clavadas en la piel. La monumentalidad de tus piezas me hace sentir que estoy frente a los frescos de un templo. Así como en el Renacimiento se pensaba que dentro del mármol había almas esperando ser liberadas, tú, Wynnie, como une viajere transtemporal disidente, conviertes tus telas y pigmentos en una puerta de escape para una grandiosidad de seres que han abandonado sus límites y ataduras corporales. Tus pinturas son también arquitectura: paredes que abren intersticios oscuros en el cubo blanco e influencian nuestro desplazamiento. Me conmueve que estas conmemoran también tu experiencia de cirugía, transición y escape del binarismo de género, ya que ese fue un viaje que hiciste acompañade de Ali. Tus pinturas son un homenaje a lo que la exploración sexual, la ternura y la cooperación amorosa hacen en nuestras vidas.

Vista de la exposición Paradiso, de María Abaddon y Wynnie Mynerva, en proyectoamil, Lima, 2022. Foto cortesía de proyectoamil

Tus esculturas, María, son destellos del futuro. Anatomías enrarecidas; epidermis expuestas, estiradas, agujereadas; pedazos de carne que huyen de la estructura ósea; vegetación y follaje que fantasean con una ecología poshumana. Son estas también declaraciones personales sobre lo que implica modificar tu apariencia en un mundo que castiga la diferencia y la desviación. Por ello tus objetos blandos son un frenesí de delicadeza y belleza que evoca las profundidades marinas y los paisajes siderales. El oasis escultórico que nos recibe en medio del espacio, rodeado de tus criaturas sin nombre, parece ser la promesa de un Edén para quienes viven una existencia nómada. Usas el bordado y el crochet para tejer heridas, mucosidad, costras y moretones, pero también innumerables especímenes del reino fungi. Los sistemas de reproducción de los hongos son el resultado de una recombinación y fusión sexual con su entorno; estos poseen cualidades del mundo vegetal y animal sin pertenecer a ninguno de ellos. Te veo camuflado en ese universo, escapando a los procesos policiales de identificación –de los cerca de 4 millones de hongos, menos de 150 mil han sido registrados por la ciencia moderna occidental–, reclamando lo trans por fuera de la sintaxis genital y de la morfología humana: una comunicación por impulsos eléctricos, una red de filamentos que traman un levantamiento por debajo de la tierra.

Vista de la exposición Paradiso, de María Abaddon y Wynnie Mynerva, en proyectoamil, Lima, 2022. Foto cortesía de proyectoamil
Vista de la exposición Paradiso, de María Abaddon y Wynnie Mynerva, en proyectoamil, Lima, 2022. Foto cortesía de proyectoamil

El óleo y el algodón de sus obras conversan, tienen una profundidad alucinógena y me hacen olvidar por un momento de mi propio cuerpo. Hay mucho que no podemos tocar con la razón. Este Paradiso está repleto de pinturas y telas colgantes, anatomías destripadas y cosidas, capullos que son células que son mandalas, cicatrices y huellas de operaciones, hilos que asemejan pieles derretidas y fluidos corporales como una forma de comunión espiritual. Liberados de toda ley y toda norma, sus personajes portan con orgullo lo que muchos consideran aberrante; ustedes nos invitan a abrir nuestros cuerpos y mirar la transformación de la carne como una posibilidad de otra vida.

Miguel A. López


Paradiso, de María Abaddon y Wynnie Mynerva, se presenta del 23 de septiembre al 5 de noviembre de 2022 en proyectoamil, Centro Comercial Camino Real, Av. Camino Real 348, sótano, San Isidro, Lima, Perú

Curaduría: Miguel A. López

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