Skip to content

PROFANACIONES. IA, EN CLAVE PARÓDICA

La reciente exposición Profanaciones del artista peruano Sebastián Burga presentó una serie de proyectos artísticos de cuatro artistas ficticios creados por él mismo, lo cual, sin lugar a duda, causó gran sorpresa entre los visitantes. A pesar de que los nombres de estos artistas eran desconocidos, sus referencias culturales, imágenes de gran calidad y discursos en torno a sus obras eran suficientemente complejos e interesantes para sostenerse por sí mismos.

Mi recorrido por la muestra, presentada en Socorro Polivalente (Lima), comenzó con Huaquets, de «Mariano Sonqo», un arquitecto que, inspirado en los Cholets bolivianos, justifica la intervención de huacas —espacios ceremoniales tradicionales— mediante colores vibrantes y una «nueva vida» adaptada a las necesidades habitacionales actuales de la población desclasada. Esta justificación humanitaria, sumada a la funcionalidad del proyecto, suscita preguntas interesantes sobre los límites de lo que consideramos destrucción: ¿no está acaso esa destrucción implícita en las ruinas sobre las que se erige el progreso moderno? Inevitable guiño a Flaubert y a Benjamin, aunque la propuesta vaya en sentido opuesto.

Sebastián Burga: Huaquets, de «Mariano Sonqo». Cortesía del artista
Sebastián Burga: «Mariano Sonqo» en los Huaquets. Cortesía del artista
Sebastián Burga: Huacos tecnológicos de «Conrad Condori». Cortesía del artista
Sebastián Burga: Huacos tecnológicos de «Conrad Condori». Cortesía del artista
Sebastián Burga: Huacos tecnológicos de «Conrad Condori». Cortesía del artista

La segunda obra presentada, Huacos tecnológicos de «Conrad Condori», reimagina antiguos huacos mochica fusionados con tecnologías del siglo XX. Así, aparecen televisores, controles remotos y radios revestidos con rostros de animales totémicos en cerámica negra, en una clara ucronía que visita una estética mochica triunfante y aún vigente en una modernidad alterna.

En esta ficción, «Ernesto Miró Quesada» es el nieto del ilustre Luis Miró Quesada Garland, arquitecto, docente y ensayista, precursor de la arquitectura moderna en el Perú. Asegura que su obra reinterpreta las influencias de sus dos mayores referentes: Fernando de Szyszlo y su abuelo, ambas innegables en su pintura. Al mismo tiempo, se enfrenta a ellos como sus críticos más severos, quienes lo acusan de plagiario. La herencia parece una carga pesada para este joven artista, pero en lugar de romper con ella, opta por ampliarla, integrando otras corrientes como el brutalismo y el constructivismo ruso. Así, deja claro que su intención no es desvincularse de la obra de su abuelo, sino perpetuarla y darle continuidad.

Por último, «Thomas Reed Collantes», hijo de padre estadounidense y madre chachapoyana, formado en Parsons school of Design, propone una integración del legado precolombino a territorios más íntimos de la vida cotidiana, a saber, el ritual consuetudinario de la excreta y del aseo, llevando al baño del hogar norteamericano sus Huacos-retrete. En vez de un monolito o una mesa de sacrificio, el asiento será respaldado por un tanque revestido por rostros de deidades telúricas. Un espacio de conexión íntima con “lo más grande”, o el misterio que envuelve lo sagrado.

Sebastián Burga: «Thomas Reed Collantes» con sus Huacos-retrete. Cortesía del artista
Sebastián Burga: Huacos-retrete de «Thomas Reed Collantes». Cortesía del artista
Sebastián Burga: Huacos-retrete de «Thomas Reed Collantes». Cortesía del artista

Agamben, en su libro Profanaciones, escribe sobre el concepto de parodia a partir de la obra de Elsa Morante, La isla de Arturo. No nos detendremos en la autora ni en su libro, pero sí en la investigación filológica de Agamben acerca de la parodia como género literario. Definida como una «imitación del verso de otro en la cual aquello que en otros es serio, se vuelve ridículo, o cómico, o grotesco» (Agamben, 2005), la parodia emerge como inversión de la rapsodia, que juglares de la antigüedad alteraban por juego, trastocando el sentido original por uno ridículo.

En este contexto, propongo entender la exposición de Burga como un ejercicio paródico que cuestiona la carga identitaria en el discurso hegemónico del arte. Esta «antropologización» del arte plantea preguntas sobre los condicionamientos que enfrenta el artista para posicionar un discurso, especialmente en la era digital y con el uso creciente de la IA en la cultura. Liberar al arte de clichés y discursos oficiales a través de tecnologías que suelen asociarse con el plagio abre nuevas posibilidades reflexivas.

Si algo es indiscutible en la obra de Burga es justamente su interés por estos metalenguajes morales, y también por las continuidades y rupturas identitarias. Se apropia de un medio, la controvertida IA, que a su vez se torna en mensaje. Arte ciborg.

Sebastián Burga: Exposición de «Ernesto Miró Quesada». Cortesía del artista

En el conversatorio posterior a las presentaciones proyectadas en dos muros de la galería el público compartió con la arquitecta Giovanna Pillaca, el matemático Michel Hurtado, el artista digital Sebastián Burga y el curador de Socorro Polivalente. El diálogo giró en torno a diversos aspectos de la interacción con la IA en la producción artística.

Pillaca resaltó la atención que merece el licuado de data de otros territorios, ante sus aplicaciones en objetos identitarios locales. El problema transversal de la desterritorialización que implica la IA es análogo al que atraviesan los intentos de regularla. Hurtado abordó el concepto de profanación en la obra de Burga como una forma textocéntrica de crear mediante prompts. Por su parte, Burga explicó cómo su interés por los sesgos morales y la metaética ha guiado su trayectoria en la deconstrucción de patrones museísticos y hegemónicos en el arte.

Prueba del interés que generaron la exposición y la conversación, fue la participación del público con interesantes comentarios y preguntas. Sin duda, la IA, en tanto tecnología transversal a todos los campos del saber humano, y la exposición de Sebastián Burga, empleándola para crear mundos posibles y perfectamente verosímiles con algunos guiños realmente hilarantes, resonaron entre artistas, curadores, publicistas y público en general.

Si bien la conversación sobre el arte y la tecnología ha pasado por numerosas vanguardias y teorías, desde la «muerte del autor» de Barthes hasta Apocalípticos e integrados de Eco, el caso es que la propuesta de Burga en Socorro Polivalente, presentada de forma encubierta como un conversatorio, no solo sorprendió, sino que generó debates profundos antes, durante y después. ¿No es acaso misión del arte descentrar los consabidos límites y territorios que la cultura ha dado por conquistados?

Vania Portugal Larco

Magister en Filosofía con mención en ética y política por la UARM (2022) y licenciada en Filosofía por la PUCP (2011). Es profesora y curadora independiente. Ha publicado sus textos en diversas revistas físicas y digitales, tales como Ojo Zurdo, y fue colaboradora en la Revista Latinoamericana de Artes Visuales Art Motiv entre 2008 y 2011.

Más publicaciones

También te puede interesar

ALICE WAGNER: MANTOS (Y OTROS FANTASMAS)

MUCEN (Museo Central del Banco Central de Reserva del Perú) presenta la exposición "Mantos (y otros fantasmas)", de la artista Alice Wagner (Lima, 1974), bajo la curaduría de Gustavo Buntinx. En esta muestra, Wagner...

,

ROCÍO GÓMEZ: FICCIONES DOCUMENTALES

Rocío Gómez (Perú, 1973) vuelve al punto de partida del género clásico de las artes visuales: en esta exposición, la artista se centra en las condiciones materiales (objetivas) de la producción de la imagen...