PAULA SUBERCASEAUX: PARA HABITAR EL CAOS SENSIBLE
Por Sergio Soto Maulén | Curador
La reciente exposición de Paula Subercaseaux (Chile, 1970) en Galería Madre, titulada Para habitar el caos sensible, reunió una serie de acuarelas y varias cerámicas que surgen a partir de reflexiones sobre las formas líquidas de la naturaleza, la manera en que la materia sólida se configura, y las nociones de «caos» y «sensibilidad» que definen estos fenómenos.
La curaduría de la exposición se enfoca en el momento de la producción de las obras, tanto desde una perspectiva conceptual como material. En este sentido, busca establecer relaciones a través de zonas de contacto, tanto en lo visual como en la descripción de las cualidades y los procesos de manipulación material.
Como mencioné, estas obras exploran el origen líquido de la materia que conforma cuerpos sólidos. La artista se inspira en las ideas de Theodor Schwenk, expuestas en su libro El caos sensible, donde el autor estudia el agua como medio, materia y elemento que condiciona las formas del mundo.





Para habitar el caos sensible es una exposición que no solo permite experimentar con la materialidad líquida, sino también habitar un pensamiento fluido, capaz de desbordar las asociaciones simbólicas derivadas de equivalencias visuales. En este sentido, los procesos de producción, tanto de las acuarelas como de las cerámicas, están mediados por distintos estados acuosos.
Por un lado, las acuarelas responden evidentemente a las reacciones, al control y al descontrol de los pigmentos diluidos. Por otro, la cerámica también tiene un fundamento acuoso en su producción: la manipulación y preparación de mezclas húmedas que permiten la creación de nuevas formas mediante procesos de secado y cocción.




La intervención museográfica de la arquitecta Josefina González en la sala de exhibición de Galería Madre no solo busca proporcionar un soporte adecuado para las piezas, sino también crear un escenario de contemplación continua que invite a visualizar y acercarnos a las obras desde sus interrelaciones. Su propuesta otorga al recorrido una continuidad silenciosa, una especie de ritmo y dosificación que conecta la esencia de cada pieza.
Aunque en un primer momento las obras parecen representar formas que podemos encontrar en la naturaleza, como semillas, también hacen referencia a fenómenos físicos como la luz. En este sentido, las acuarelas evocan imágenes que se nos presentan como una memoria inmediata, similar a cuando cerramos los ojos y aún percibimos la marca sensorial de la luz impregnada en nuestra mirada.
El ordenamiento de estos fenómenos visuales se aleja de la noción tradicional de composición; más bien, se presenta como una estrategia para lidiar con la fugacidad, el caos y el desorden de una serie de experiencias sensibles que se resisten a ser racionalizadas. Si desplazamos esta forma de pensamiento al ámbito cotidiano, a nuestra manera de habitar lo doméstico, reconoceremos que incluso nuestros vínculos afectivos coexisten de manera líquida, ambivalente, e incluso estacional. En última instancia, esta exposición puede proponerse como un escenario para imaginar nuevas formas de vida, al reconocernos como cuerpos a la deriva en flujos materiales tan profundos como superficiales.
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