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POÉTICAS DE LO MISMO Y LO OTRO

Por Nathalie Goffard

Encuentro placer en la escala humana con la que puedo relacionarme, lo cotidiano en lo que me reflejo, lo que me habla, lo que me representa, lo que me recuerda un lugar de origen, un problema común.

Georges Pérec, Lo infraordinario (1989)


Para pensar el presente, lo banal y lo habitual, Pérec acuñó el concepto de lo infraordinario. Con ello, el autor se propuso interrogar y describir lo que se repetía día a día, el resto, el ruido de fondo. Explicar lo cotidiano desde la repetición, por oposición a lo insólito y extraordinario, recuerda también lo escrito por Henri Lefebvre, en tanto que es la repetición la que produce la diferencia, porque ésta sólo emerge y destaca en la recurrencia. Sin embargo, como bien decía Lefebvre, nada es totalmente fijo, constante e inmóvil.

Establecer las fronteras entre diferencia y repetición puede ser tan complejo como intentar delimitar lo que distingue el acontecimiento de la anécdota. El primero se define como un hecho o suceso de relativa “importancia”. El problema radica entonces en jerarquizar la naturaleza de lo importante y con respecto a qué. La anécdota, en cambio, es un incidente, algo curioso que no pretende ser relevante y aunque es inusual, es rutinario más no extraordinario. Lo que define un acontecimiento parece ser mucho más complejo de acotar.

Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes
Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes
Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes
Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes

En estricto rigor, todo puede ser un acontecimiento, según desde donde se mire, porque no hay un estado fijo o constante de las cosas, parafraseando a Lefebvre. Bajo esa perspectiva, todo y nada acontece en la exposición Hubo un viento de Fiorella Angelini. En otras palabras, hay un imaginario esencialmente contemplativo en sus obras, un aparente no-acontecimiento.

Es como si la artista quisiera continuamente resignificar la experiencia perceptiva del día a día desde una mirada poética, interpretando y sobre-interpretando signos, persiguiendo coincidencias, borrando los límites entre anécdotas y acontecimientos -o la falta de ambos-.

Incluso, se podría aseverar que busca construir una mitología individual desde la percepción de su entorno. Representa bien aquella figura del artista “semionauta” descrito por Nicolas Bourriaud: es quien inventa recorridos dentro del paisaje de los signos, creando itinerarios y trazando nuevas conexiones. En sus trayectos, el semionauta “se elabora como sujeto al mismo tiempo que constituye su corpus de obras. Recorta fragmentos de significación, recoge muestras: constituye herbarios de formas”.

Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes
Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes
Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes
Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes
Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes

No es casualidad que Fiorella Angelini creara esta exposición en el marco de su regreso a Chile, luego de una larga estadía en el Reino Unido, pues muchas de las obras aquí presentes refieren a un doble imaginario geográfico, a lugares comunes a la vez que a hitos del “paisaje de Chile”: se reconocen entre otros, un moái, un cóndor, la Cordillera de los Andes. No es anodino tampoco, que anteriormente su investigación artística estuviera en la búsqueda de la serendipia, aquel hallazgo inesperado, que se produce de forma inesperada, pero que en realidad sucede porque se está atento y alerta, y tan casual no es… para encontrar, hay que estar buscando.

A veces, el regreso al lugar de origen provoca aún más extrañeza que la tabula rasa implícita en la primera llegada foránea. Régis Durand escribió que “elque regresa es doblemente culpable, quizás aún más porque creía en un retorno posible sin considerar los días de su ausencia. Porque el que vuelve representa la imagen misma de la vida que transcurre sin su presencia, hay siempre una cuota de muerte que regresa con él”.

En otras palabras, regresar es asumir que la vida continuó sin la propia presencia, igual a la vez que distinta: un lugar extraño y familiar. Nuevamente, se trata de diferencia y repetición. Por todo esto, el paisaje representado en la obra de Fiorella es siempre a escala humana y cotidiana, singular y repetitivo, único y parecido en todas partes: están la superficie del agua, la línea de horizonte, las copas de los árboles y las sombras proyectadas. Hay entornos urbanos, imágenes circunstanciales o al revés, deliberadamente buscadas. Una buena parte del corpus de obra consiste en fotografías cotidianas o sacadas dentro del paréntesis de un viaje o una visita. Hay árboles genéricos, reflejos de agua de incierto origen, riberas lacustres, fósiles, ruinas, vistas aéreas y desde ventanas, atardeceres, cerros, planicies y líneas de horizonte… Todo cobra igual importancia, porque el paisaje, como todo límite, es ante todo experiencial, relacional y dinámico.

Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes
Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes
Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes

El correlato de la exposición trata de los límites: los que definen un paisaje; los que construyen la identidad; los que delimitan las diferencias entre lo natural y artificial, lo transitorio y perenne, lo sólido y frágil, lo foráneo y endémico, el error y acierto; los que separan la obra individual del trabajo colaborativo, el imaginario colectivo de la dimensión autobiográfica.

La investigación artística de Fiorella Angelini busca generar cruces tanto entre disciplinas (arte, diseño y ciencia), como entre medios artísticos (fotografía, instalación, escultura y video). Utiliza tecnologías industriales para fabricar resistentes artefactos y, por otro lado, crea biomateriales para hacer arte sostenible. Cuestiona la creación autónoma, invitando a diversos participantes a colaborar con su proyecto multidisciplinar (laboratorios de universidades, personas naturales y empresas). Combina técnicas fotográficas análogas, digitales, instalaciones escultóricas e industriales para dar cuerpo y materialidad a momentos cotidianos, anécdotas e instantes efímeros que devienen los acontecimientos y el correlato de la mitología personal de la artista.

El límite puede ser entendido como el lugar de encuentro a la vez que de separación de lo mismo y lo otro, ya que nunca puede existir de forma autónoma. Su presencia solo se manifiesta a través una relación y coexistencia entre distintas partes. El límite, o limes, como decía el filósofo Eugenio Trías, no es tierra-de-nadie, sino un espacio habitado y habitable, dinámico y de bordes inciertos que refleja la condición fronteriza de casi todas las cosas. Las fronteras nos recuerdan que todo está unido y separado y la artista-semionauta en su recolección de signos, reconfigura, tal y como sucedía con la anécdota y el acontecimiento, una nueva jerarquía de lo importante para convertirlo en obra.

Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes
Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes
Vista de la exposición “Hubo un viento”, de Fiorella Angelini en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2024. Foto: Sebastián Cifuentes

Hubo un viento, de Fiorella Angelini (Coquimbo, Chile, 1990) se presentó del 5 abril al 4 de agosto de 2024 en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), sede Parque Forestal, Santiago de Chile.

Textos curatoriales en sala: 

Nathalie Goffard, Victoria Guzmán y Georgia Stephenson (revísalos completos acá).

English versions of the curatorial texts here:

Nathalie Goffard | Victoria Guzmán | Georgia Stephenson

Proyecto financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (FONDART), convocatoria 2023.

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