ASUNCIÓN MOLINOS GORDO: DÉJÀ VÉCU. LO YA VIVIDO
Déjà Vécu es la primera exposición individual de Asunción Molinos Gordo (España, 1979) en una institución pública de Madrid. La muestra es el resultado de un intenso intercambio sostenido entre la artista y la curadora chilena Andrea Pacheco González durante los últimos cinco años, en el cual se han propuesto revisar críticamente los relatos históricos, las jerarquías culturales y la construcción de la identidad colectiva en el contexto de la península ibérica.
[Fragmentos del texto del catálogo]
Por Andrea Pacheco González | Curadora
Las causas de los pueblos jamás prescriben.
Blas Infante
En 2018, Asunción Molinos Gordo y yo iniciamos un prolífico intercambio a partir de nuestro mutuo interés por encontrar las manifestaciones del pasado en el presente, material y simbólicamente. A través de lo que llamamos Oficina de Arqueología Imaginaria abrimos un proceso de trabajo híbrido y autárquico que se nutría de conocimientos y herramientas diversos.
Déjà Vécu llega al Museo CA2M como el resultado de estos años de investigación en los que hemos podido confirmar que el pasado —y su disciplina asociada, la historia— sigue estrechamente conectado al presente como parte de un mismo cuerpo vivo. Al igual que la cultura y la identidad, la historia no es estática, está hecha de un material flexible. Tampoco es fija o inalterable: se configura a partir de una multitud de elementos que se superponen y fusionan de forma tan natural como los procesos químicos y físicos que sostienen la vida.
Asunción Molinos Gordo creció en Guzmán, un pueblo de poco más de cien habitantes en la provincia de Burgos. Su original contacto con la tierra y los oficios del campo está en la base de su práctica como artista. También es la raíz de una de sus mayores reivindicaciones como investigadora cultural: el pensamiento campesino. Un saber universal que pertenece a todos y a nadie al mismo tiempo; que no posee patria, pero sí ríos, bosques y montañas. Un sistema de «conocimiento multidimensional», en palabras de Vandana Shiva, que continúa desautorizando el mandato moderno de subestimar la producción intelectual que tiene lugar en los entornos rurales.

Los primeros proyectos de Asunción, sin embargo, se desarrollan muy lejos de la meseta castellana. En 2010 se traslada a vivir a Egipto y, unos años después, a Omán. Uno de los proyectos más significativos de este periodo es Description de L’ Égypte (2017), una obra de carácter enciclopédico que le permitió revisar críticamente el contexto egipcio después del golpe de Estado de 2013.
Por primera vez, se internaba en la coyuntura de un territorio particular utilizando su historia como herramienta artística; un ejercicio de arqueología del presente que marcó profundamente sus posteriores líneas de trabajo. Como solíamos (2020), la exposición individual que presentó en el IVAM de Valencia es un ejemplo de la profundidad y densidad narrativa que adoptaron sus proyectos tras regresar a España.
En estos años, su trabajo ha transitado por diferentes medios y materiales, particularmente de naturaleza orgánica. Ha producido tanto obras efímeras como grandes instalaciones, todas ellas basadas en un ecléctico trabajo de campo que va desde la microbiología hasta la antropología y la adivinación. Como una torre de Babel, sus piezas amalgaman un conjunto de lenguas, signos e imaginarios que se sostienen sobre un sofisticado sistema de ingeniería material y conceptual. Una disciplina que permite explicar la práctica de Asunción es la alquimia (al-khīmiyā) y, junto con esta, una acción: la transmutación.
En sus obras busca (y consigue) transmutar una materia vulgar en otra preciosa. ¿No es acaso esto lo que admiramos en el fértil huerto presentado en el Jameel Arts Centre, En tránsito (Botánica de un viaje) (2020), realizado a partir de semillas provenientes de los lodos fecales del aeropuerto de Dubái?
A la contundencia física que despliegan sus instalaciones se suma la profundidad de un conjunto de ideas interrelacionadas que poseen una característica particular: su «ánima». Los proyectos que traslada al espacio expositivo están provistos de un cierto aliento vital; son «animados» en un sentido político-afectivo: poseen un compromiso estrecho con el lugar y el tiempo que los acoge.


Déjà Vécu presenta ocho instalaciones, la mayoría de ellas producidas especialmente para esta exposición. Cada una encarna una alegoría sobre la convivencia humana y el sentido de pertenencia, valores radicalmente denostados por la segregación racial y religiosa sobre la que se funda nuestra civilización.
El comportamiento animal y bacteriano que destacan las obras de Asunción —basado en la mezcla, el mutualismo y la reciprocidad— se transforma en un camino frente a la crisis planetaria a la que hemos llegado, también por ignorar lo ya vivido. El déjà vécu invocado en este proyecto nos presenta un inquietante escenario: el de aquello que, aunque muere, reaparece. Cada pieza invita a experimentar con lo fantasmal que acompaña nuestra existencia, en el cruce inevitable entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos, entre el mundo de lo que está y el de lo que (aparentemente) ya se fue.
La muestra propone, entonces, un ejercicio de memoria colectiva y, a la vez, de reparación cultural. Nos recuerda que lo que ha sido borrado regresa, lo que ha sido mutilado se regenera y lo que ha sido silenciado se manifiesta duplicando el brío de su energía inicial. ¿Puede una exposición de arte enmendar una convivencia lastimada por pasadas «políticas de enemistad», como señala Achille Mbembe al referirse al tiempo presente? Nuestra respuesta es que sí.
«Los muertos pueden inspirar a los vivos a la acción, movilizando a los que quedan en torno a cuestiones que afectan la vida de la comunidad», afirma Vinciane Despret. Adelante entonces. Te invitamos a atravesar este portal de la forma en que lo vienen haciendo desde hace siglos las comunidades andinas: con el pasado por delante y el futuro por detrás.

Los Antiguos
La serie de esculturas Los Antiguos (2024) repartidas por las diferentes salas replican los nidos que las golondrinas construyen para anidar después de migrar de un continente a otro. La golondrina común es la especie que, al llegar el invierno, se traslada desde Europa hasta el África subsahariana, y a la inversa en primavera. Su naturaleza migratoria se relaciona con los desplazamientos humanos, forzados o voluntarios, que acompañan la vida en el planeta.
Mediante la reproducción de sus moradas, la pieza pone en valor el admirable sentimiento de pertenencia de estas aves: sus pequeños cobijos no están al servicio de un individuo, sino al de la comunidad a la que pertenecen. Prueba de ello es que, al terminar el periodo estival, las golondrinas se van, pero sus nidos permanecen. Son refugios transtemporales, capaces de albergar el pasado común dentro de nuestra enorme diversidad.
El tránsito de las golondrinas por diferentes geografías y culturas, en todas las etapas de la historia, las ha convertido en protagonistas de una cadena de mitos interrelacionados que las vinculan con el paso de la vida a la muerte, con estados liminales, la reencarnación, el cambio o la transformación. Abrazando estas creencias, Los Antiguos evoca aquí también la morada de quienes ya no están, aquellos que nos precedieron y cuyo espíritu permanece habitando el espacio de quienes quedan.

Omar e Ismael, Ismael y Omar (2024) toma la forma de una columna fundacional que toca el cielo y la tierra, enlazando alegóricamente lo humano y lo divino, lo material y lo espiritual. Su estructura reproduce fragmentos de templos y de edificios laicos y religiosos para, por un lado, reivindicar el refinamiento de las culturas campesinas, débilmente reconocidas por el pensamiento occidental.
Por otro lado, la pieza celebra una de las más extraordinarias manifestaciones de la diversidad de pensamiento que tuvo la península ibérica en el pasado: los templos multifé o, como se los conoce hoy, templos multiconfesionales dedicados al recogimiento y la oración de diferentes credos.
Del latín quorum (presencia suficiente o mayoría) y del inglés sensing (sensación o percepción), este trabajo deriva del proyecto En tránsito (Botánica de un viaje), un jardín creado por la artista para el Jameel Arts Centre a partir de las semillas que sobreviven al tránsito intestinal. El proyecto tuvo como punto de partida las aguas residuales que se procesan en la planta de tratamiento de Al Aweer y que provienen del aeropuerto de Dubái, donde transitan miles de personas de distintas procedencias cada día. Cada persona lleva consigo su propia flora intestinal, sus propias bacterias y las semillas de las frutas y verduras de la región que habita.
Varias muestras de estos lodos fueron analizadas por la microbióloga intestinal Ruqaiyyah Siddiqui en los laboratorios de la Universidad Americana de Sharjah. En la investigación sobre la forma en que interactúan las bacterias, se identificaron una serie de patrones de comportamiento: comensales, mutualistas, parásitos, tramposos, etc.
Sin embargo, la cooperación es la forma de relación que más persiste en la vida bacteriana. Es lo que los microbiólogos llaman quorum sensing, un modo de sentir colectivo, una amalgama de estímulos químicos que las bacterias usan para reconocerse como parte de una comunidad, adaptarse a los cambios y evitar una competencia innecesaria. Un patrón fundamental del mundo bacteriano es la coexistencia de todos sus miembros: o viven todos o no vive ninguno.
En su display expositivo, la instalación Quorum Sensing adopta la forma de las placas de Petri —recipientes cilín-dricos utilizados en el estudio y cultivo de los microorganis-mos— a través de una serie de vitrinas circulares de diferentes tamaños. En el interior de las vitrinas, que se asemejan también a las secciones del intestino, encontramos un conjunto de piezas de vidrio soplado que representan el cultivo de las bacterias y su comportamiento relacional durante el estudio. Su morfología sugiere esos patrones de conducta social que producen tensiones, luchas, alianzas o formas de adaptación al cambio.


Sílex
El sílex es un elemento fundamental para el almacenamiento de datos en dispositivos tecnológicos de memoria. Según recientes investigaciones en torno a la tecnología 5D (almacenamiento óptico de datos en cinco dimensiones), la estabilidad térmica y resistencia de los cristales de cuarzo permitiría que la información almacenada pudiese perdurar trece mil millones de años —la edad del universo— si la temperatura a la que están expuestos no supera los 190 grados.
La escultura que recibe a los visitantes en la exposición fue realizada con nódulos de sílex extraídos de la misma área geográfica de donde provienen las rocas de la muralla árabe de la ciudad. Su morfología se inspira en algunas de las piezas que se exhiben en el Museo de San Isidro —el museo de los orígenes de Madrid—.
Pero, en las salas del Museo CA2M, esta roca sugiere la posibilidad de almacenar otra clase de datos, una información extrapatrimonial. Como un dispositivo geológico pretecnológico, un macro disco duro, estas piedras de sílex podrían conservar la memoria colectiva del lugar al que pertenecen, incluyendo también las mutilaciones y borrados a los que ha sido sometida. Entre los minerales y sedimentos que la conforman podría estar guardada la vida aquí transcurrida. ¿Cómo acceder a ella?


Mil leches
En el caso de las ovejas y otros mamíferos, la escasa mezcla entre variedades con características físicas diferentes genera una pobreza genética cuyo resultado son animales más débiles y vulnerables. La pureza de sangre es inversamente proporcional a la capacidad de sobrevivencia del animal. El mestizaje implica una riqueza genética que genera animales más resilientes y con una mayor capacidad de adaptación a las cambiantes condiciones del medio que habitan.
Es consustancial a todo este proyecto la elección de la lana de oveja como material que propicia una reflexión sobre la convivencia humana en un presente en el que la defensa de las identidades puras vuelve a estar en el centro de los discursos políticos más radicales. La oveja posee una fuerte carga simbólica. Es un animal sagrado para las tres religiones monoteístas y ha tenido un destino sacrificial en diferentes pueblos y culturas. La oveja es uno de los seres más dóciles del reino animal, uno de los primeros en ser domesticados.
La historia de su explotación es tan larga como la de la codicia humana. Fue una herramienta colonial fundamental en la expansión del Imperio español y del británico. En el caso de la península ibérica, tanto en el proceso de expulsión de los musulmanes como en la ocupación de los territorios colonizados en ultramar, los rebaños de ovejas se utilizaron para generar una presencia territorial sin asentamientos humanos mientras se explotaba la tierra y sus recursos.
En regiones como la Patagonia chilena y argentina, la introducción de la industria ganadera ovina llegó a provocar la expulsión, e incluso el genocidio, de comunidades indígenas completas, como los selk’nam en Tierra del Fuego. Conocida como el oro blanco español, durante el siglo XVII la lana llegó a cotizar en la primera bolsa de valores moderna en Ámsterdam.
En esta exposición la lana es, sobre todo, una fuente de conocimiento. Los videos que acompañan esta pieza textil muestran los diferentes procesos que atravesó el material recopilado, casi una tonelada de lanas de ovejas de toda la península. En su paso por las máquinas de lavado, secado y fabricación del tejido, la lana adoptó diferentes comportamientos. A veces parecía agua, otras nieve y otras vapor.
El movimiento del material lo transformaba en una cascada, la corriente de un río o un torbellino, estableciendo una relación directa con lo mutable, aquello que se encuentra en constante transformación. Al igual que la cultura o la identidad colectiva, el tejido que da cuerpo a esta pieza se nutre de la fuerza y belleza de la mezcla. Como la mayoría de las obras, la naturaleza dinámica y versátil del tejido Mil leches ofrece una alegoría sobre la vida social humana.

ASUNCIÓN MOLINOS GORDO: DÉJÀ VÉCU. LO YA VIVIDO.
Museo Centro de Arte Dos de Mayo, Av. Constitución, 23, Móstoles, Madrid
Del 17 febrero al 25 de agosto de 2024
Diseño expositivo: Diogo Pasarihno Studio.
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