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LOS MATERIALES MIGRANTES DE CAROLINA CASUSOL

Las piezas de Carolina Casusol (Lima, Perú, 1986) evocan lo que queda detenido después de un choque, de un accidente, de un movimiento. Sin embargo, hay una aparente calma en ellas. Dan la impresión de ser las huellas, los trazos y recuerdos de lo sucedido: pistas para especular sobre un origen, sobre lo que acontece en el exilio, lo que desata las rupturas y las inflexiones.

En algunos de sus trabajos, como New Territories (2018), hay un movimiento suave, algodonoso, casi imperceptible: el soporte de papel de un mapamundi difuso va cayendo lentamente a nuestros pies. El mapa se desdibuja, su superficie se desvanece -en motas, sobras, polvillo- y aparece una geografía mundial precaria que tiende a la desaparición, que convierte a países y regiones en territorios flotantes por las invisibles fuerzas, rotaciones y presiones de la maquinaria económica, política y belicista que rige el mundo.

Carolina Casusol, Nuevos Territorios, 2018. Acción, mapa dremelado, 299.72 cm x 558.8 cm. Foto cortesía de la artista
Carolina Casusol, Nuevos Territorios, 2018. Acción, mapa dremelado, 299.72 cm x 558.8 cm. Foto cortesía de la artista
Carolina Casusol, Nuevos Territorios, 2018. Acción, mapa dremelado, 299.72 cm x 558.8 cm. Foto cortesía de la artista
Carolina Casusol, Nuevos Territorios, 2018. Acción, mapa dremelado, 299.72 cm x 558.8 cm. Foto cortesía de la artista

En otras piezas de Casusol, como In conversation with my fellows (proyecto en curso), hay detención y contradicción: una flor, al estilo de las viejas ilustraciones botánicas, aparece junto a un texto que, pensamos, debería situarla en el mundo de la genealogía natural. Sin embargo, no es más que una paradoja, ya que reproduce palabras de una persona que, desarraigada y desplazada de su jardín, padece la soledad o “no se halla” en el lugar en el que está.

“Me encontraba con otros peatones. Todos andaban en el mismo sentido. Eran muy ligeros, como si no tuvieran peso. Sus pies sin raíces no se herían nunca. Era el camino de aquellos que han abandonado su país”, escribe Agota Kristof en un fragmento onírico de su novela Ayer.

Los forasteros, los inmigrantes, siempre “llegamos tarde” -parecen decirnos Kristof y Casusol. La práctica del exilio nos encuentra a contratiempo: al llegar a un lugar nuevo éste deja de serlo y nosotros, desencajados, peregrinamos, como esa flor sin raíces que flota en un papel que es, también, un material viajero, ligero y plegable como un mapa, que contiene semillas que andan en el aire, “como si no tuvieran peso”.

Carolina Casusol, In conversation with my fellows. Cartel serigrafiado. Cortesía de la artista

Carolina Casusol, In conversation with my fellows (detalle). Cartel serigrafiado. Cortesía de la artista

Estos movimientos y paradojas resuenan como aquella canción, A contratiempo, que es una insurgencia contra-histórica de Chicho Sánchez Ferlosio y Agustín García Calvo, cuya letra arranca con las siguientes palabras: “Carabelas de Colón / Todavía estáis a tiempo / Antes que el día os coja / Virad en redondo presto /Presto”. Aunque ya sabemos que los barcos siguieron su curso y “Por túneles y cañones / Sopla enloquecido el tiempo” –en el viejo nuevo mundo.

Todo aquello que creemos inmutable, que está allí para siempre y desde siempre, que damos por sentado, cambia, puede romperse, desdibujarse y desaparecer; ni el cielo es estable: se quiebra en nuestros pies sin raíces, como vemos en la pieza Fractured Sky (2018). “Se siente rodar el cielo”y no siempre da cobijo. El paisaje que forma este cielo de drywall, literalmente “estrellado” frente a nosotros, es una cordillera celeste y afilada. No es una continuidad que nos rodea, sino una grieta que nos acompaña.

Carolina Casusol, Fractured Sky (Cielo fracturado), 2018. Instalación (drywall, fotografía), 254 cm x 457.2 cm. Foto cortesía de la artista
Carolina Casusol, Fractured Sky (Cielo fracturado), 2018. Instalación (drywall, fotografía), 254 cm x 457.2 cm. Foto cortesía de la artista

Un filósofo hispano venezolano, Juan Nuño, apuntó lo que puede ser un aforismo sobre el exilio: “Irse se resuelve en quedarse”. Así, en el trabajo de Carolina Casusol esa vivencia se acarrea, se lleva como condición material. Sus obras son artefactos hápticos, físicos, trozos de sentimientos que podemos tocar y que debemos percibir más allá de lo que ven nuestros ojos, a través de una experiencia que atraviesa cuerpo y alma y en la que cada capa, parte y estadio responden a la vivencia del inmigrante. El periplo, la mudanza, la ida y la vuelta están en el papel, en las capas de tinta, en las palabras, en las fotografías, en los cielos, en la genealogía de los materiales y en lo que representan.


Las obras de Casusol se presentaron hasta el 20 de abril de 2024 en el marco de la muestra A landscape longed for: The garden as disturbance, curada por Laura Novoa y Adler Guerrier para el Crisp-Ellert Art Museum, St. Augustine, Florida, Estados Unidos.

Ángela Bonadies

Caracas, 1970. Vive y trabaja en Madrid. Artista cuyo trabajo fotográfico se centra en la memoria, el archivo, la visibilidad e invisibilidad de estructuras sociales y las tensiones entre el espacio urbano y el medio rural.

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