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MARTA MINUJÍN: ENTRE HAPPENINGS Y MONUMENTOS, UN CAMINO ÚNICO

En 1985, en el bar Odeón de Nueva York, Marta Minujín le propone a Andy Warhol una asombrosa idea: comprar cientos de mazorcas de maíz en un mercado, rociarlas con aerosol dorado y transformar así su apariencia mundana en una de opulencia. Acto seguido, sentados en medio de una montaña de mil choclos esparcidos por el piso de The Factory, el estudio de Warhol, ambos son fotografiados para dar forma a una serie de imágenes que, por sí solas, vendrían a simbolizar el pago la deuda.

«Mirá, como yo soy la reina del pop en la Argentina y vos sos el rey del pop, o del arte, en Nueva York, te quiero pagar simbólicamente la deuda externa argentina con choclos. Le pareció genial la idea», recuerda Marta Minujín en un artículo que escribió para el Diario La Nación.

El pago de la deuda externa con choclos aborda la realidad de América Latina en la década de los 80 y fue creada por los icónicos artistas pop después de la restauración de la democracia en Argentina. De manera lúdica, refleja la intrincada relación económica entre Estados Unidos y Latinoamérica y, a la vez, alude a una comparación entre las posiciones de cada artista en el mercado.

En contraste con la exitosa carrera de Warhol en Nueva York, Minujín no realizó ninguna venta de obra hasta 1980, a pesar de que su fama en Buenos Aires era comparable a la de su colega. Como ella misma recuerda, «Me dijo: “Marta, con las ideas que tienes, deberías ser millonaria”. “Sí, pero vivo en Argentina”».

La cándida respuesta de Minujín desenmascara su habilidad para bromear con las celebridades del mundo del arte y, al mismo tiempo, deja entrever la percepción que tenía de sí misma. Alejarse del privilegio del éxito comercial era una postura que, según ella, le ofrecía mucha libertad y flexibilidad.

Vista de la exposición “Marta Minujín: Arte! Arte! Arte!” en el Jewish Museum, NY, 2023-2024. Foto: Frederick Charles. Cortesía del museo.

«Yo era muchísimo más joven que Andy, pero él ya había oído hablar de mi happening en Uruguay, en el que había tirado pollos desde un helicóptero. Le había llamado la atención. Según él, yo era una supergirl, me consideraba su par sudamericano. Le parecía curiosa la fuerza cósmica que yo tenía. Es decir, la locura. Él no hablaba nada y yo hablaba muchísimo. Pero íbamos a todos lados juntos; entrábamos en todos los lugares sin ser invitados».

M.M


Esta foto-performance, también conocida como El pago de la deuda externa argentina con maíz, “el oro latinoamericano”, se expone junto a otras igualmente icónicas en Marta Minujín: Ao Vivo, la primera exposición panorámica en Brasil dedicada a la artista argentina, una de las más famosas a nivel mundial.

Bajo la curaduría de Ana Maria Maia, la muestra se despliega por las siete salas de la primera planta de la Pinacoteca Luz, uno de los espacios de la Pinacoteca de São Paulo. Enfocada en la contribución de Minujín en la expansión de los límites institucionales del arte y los medios, la revisión ofrece una mirada a su postura contracultural y su compromiso político, aspectos que siguen siendo pertinentes en la coyuntura internacional actual.

La exposición reúne más de 100 obras que abarcan desde 1963 hasta la actualidad. Entre ellas, destacan piezas icónicas como El batacazo, creada en el Instituto Torcuato Di Tella en 1965, así como Galería Blanda (1973) y La caída de los mitos universales (1978-). Además, Escultura de los deseos (2022), un inflable de 15 metros de altura instalado en el estacionamiento de Pina Luz, dio la bienvenida al público en los primeros días de la exposición, luego de presentarse con éxito en el Lollapalooza argentino.

«Escultura de los deseos» (2022), un inflable de 15 metros de altura instalado en el estacionamiento de Pina Luz, dio la bienvenida al público en los primeros días de la exposición. Foto: Beto Assem. Cortesía: Pina Luz

La inteligencia aguda y el humor irreverente de Minujín, así como su papel pionero en las prácticas efímeras y relacionales, son celebrados simultáneamente por el Jewish Museum a través de la exposición Marta Minujín: Arte! Arte! Arte!, la primera retrospectiva dedicada a la artista en Estados Unidos.

Curada por Darsie Alexander y Rebecca Shaykin, la muestra responde a un renovado interés en el arte latinoamericano, pop y feminista en el contexto mundial. La selección curatorial incluye alrededor de cien obras procedentes del taller de Minujín, así como de colecciones privadas e institucionales que reflejan la audaz experimentación de la artista en ciudades como Buenos Aires, París, Nueva York y Washington D.C.

Arte! Arte! Arte! agrupa sus esculturas blandas hechas con colchones, pinturas fluorescentes de gran formato y dibujos psicodélicos, así como fragmentos de películas de archivo. Las obras efímeras de la artista —happenings, performances, instalaciones participativas y arte público monumental— se presentan a través de videos, fotos y otros medios de documentación.

Marta Minujín en París con sus primeros colchones multicolores, 1963. Archivo Marta Minujín. © Marta Minujín, cortesía de Henrique Faria, Nueva York y Herlitzka & Co., Buenos Aires.

Nacida en Buenos Aires en 1943, Marta Minujín ha alcanzado un gran reconocimiento tanto en Argentina como a nivel internacional y se ha distinguido por mantener una prolífica actividad artística hasta el día de hoy. Se convirtió en un gran fenómeno en los primeros años de su carrera, en la década de 1960, cuando empezó a colaborar con miembros de las vanguardias francesa y estadounidense, entre ellos Niki de Saint-Phalle, Christo, Charlotte Moorman y Andy Warhol. A pesar de los prejuicios de género, la artista desafió de manera activa las barreras de acceso a los círculos creativos e intelectuales de las principales capitales artísticas del mundo.

En ese período, Minujín ya ostentaba el título de embajadora del arte pop en Argentina. Sin embargo, su producción no puede encasillarse en un único movimiento. La artista participó y contribuyó activamente en momentos claves de la posguerra, desde el nuevo realismo, el land art y el conceptualismo, hasta el movimiento feminista, el arte público y multimedia, los happenings y la psicodelia. Además, en lugar de dirigirse a la cultura del consumo característica del pop estadounidense, la alegre mirada pop de Minujín tenía más que ver con evocar un sentimiento (la felicidad), un estilo (divertido) y un aspecto (luminoso) que se acercaran a la cultura juvenil contemporánea.

En la tumultuosa década de los 60, Minujín ganó notoriedad rápidamente a través de sus primeros happenings. La artista abrazaba el caos y, con frecuencia, exponía a los participantes a situaciones inusuales sin un resultado obvio o predeterminado. El efecto buscado era tanto divertido como crítico, con la intención de sorprender y captar el interés de los visitantes, al mismo tiempo que desestabilizaba las jerarquías sociales establecidas.

En La Destrucción (1963), su primer happening significativo, invitó a un grupo de artistas a colaborar en la quema de sus esculturas en un descampado parisino. Al privilegiar la experiencia sobre la materialidad, la artista buscaba truncar el destino de sus obras hacia lo que ella denominaba «cementerios culturales», es decir, museos que percibía como exclusivos para las élites.

Marta Minujín, La destrucción, 1963, Video, 3´05”. Cortesía: Espacio de Arte de Fundación OSDE

El título de la exposición en la Pinacoteca, Ao Vivo (En vivo), es una expresión que señala la vitalidad y la presencia del cuerpo y, aún más directamente, denota un recurso de comunicación urgente en el vocabulario de los medios de comunicación de masas, una plataforma discursiva y tecnológica que siempre ha atraído a la artista.

“Ya sea a través de las transmisiones de radio y televisión en los años sesenta o mediante su actual cuenta de Instagram, Marta hace arte como un pretexto para que tanto ella como otras personas puedan expresarse enérgicamente y con libertad», afirma la curadora de la Pina, Ana Maria Maia.

Basado precisamente en sus publicaciones en Instagram, Minujín performing in her studio, as featured on Instagram (2020–2023) es uno de los varios videos que pueden verse en la exposición en el Jewish Museum. Durante la cuarentena, al igual que muchos otros artistas, Minujín recurrió a las redes sociales como una forma de comunicación global e instantánea. Desde su taller, llevaba a cabo una serie de acciones donde aparecía con su característico overol y máscaras de personajes extraños, agitando los brazos mientras gritaba «¡Arte! ¡Arte! ¡Arte!».

 

 
 
 
 
 
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Aunque los animados gestos de Minujín en estos videos parecen espontáneos a primera vista, en realidad están basados en el alfabeto de movimientos que desarrolló hace cincuenta años para su obra Kidnappening, presentada en 1973 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. En dicha pieza, más de treinta intérpretes con los rostros pintados con motivos cubistas realizaron una coreografía organizada según un «alfabeto» de movimientos, inspirado en las poses de las figuras presentes en las pinturas de Picasso.

En un momento clave de la obra, los performers comienzan a secuestrar a algunos miembros del público mientras repetían la palabra «kidnappening» (una fusión de «kidnapping» [secuestro] y «happening»), para ser trasladados vendados a diferentes lugares de la ciudad, como un restaurante, un departamento o una peluquería.

Esta obra incorpora acontecimientos de la vida real al contexto del museo. En ese periodo, los secuestros proliferaban en Latinoamérica en medio de la agitación civil. Se estima que unas 30.000 personas desaparecieron o fueron asesinadas en los setenta y a principios de los ochenta, solo en Argentina.

A finales de la década de 1960, Minujín se sumergió por completo en la cultura hippie: vivía cerca del Central Park, experimentaba con las drogas y adoptó el estilo de vida de un alma libre. Se relacionaba tanto con las personas sin hogar que vivían en el parque como con los principales artistas del momento, como se aprecia en Hippies (1968), otro video incluido en la exposición ¡Arte! ¡Arte! ¡Arte!

Marta Minujín (centro) durante una performance de «Kidnappening» en el MoMA en 1973. Archivos del Museo de Arte Moderno, Nueva York.

Aunque la exposición en la Pinacoteca recorre momentos cruciales en la trayectoria de Marta Minujín prescindiendo de una estructura cronológica, esta inicia con su icónica serie de colchones, que marcaron su producción artística en la década de 1960 dentro del contexto del nuevo realismo.

Estos colchones, retorcidos y pintados con colores vibrantes, reflejan el interés de Minujín por vincular el arte con la dinámica de la vida mediante el empleo de materiales cotidianos e industriales.

Según la artista, “los colchones son una representación de la vida misma, ya que en ellos nacemos, morimos, hacemos el amor y pasamos gran parte de nuestra existencia”.

En una sala de la Pina se exponen varios colchones multicolores, como Freaking on fluo (2010) y Eróticos en technicolor (1964). En esta última, diversos volúmenes blandos y orgánicos se entrelazan y penetran, evocando la conexión entre dos cuerpos durante un acto sexual.

En esta misma sala se encuentra la reposición de Galería Blanda, una instalación creada en 1973 con 200 colchones blancos. Este cubo de arquitectura suave, que evoca una celda acolchada, invita al público a sumergirse en una experiencia lúdica e interactiva.

Hasta el día de hoy, Minujín continúa creando obras basadas en colchones, siendo la más reciente Conceptos entrelazados (2019-2022), expuesta en el Jewish Museum. Aunque esta escultura no permite la entrada ni la interacción de la misma manera que sus primeras obras con colchones, la disposición de diversos labios y falos enrollados sugiere también la presencia de un juego erótico.

Marta Minujín, Galería Blanda. Vista de instalación en la Pina Luz, São Paulo, 2023-2024. Foto: Beto Assem. Cortesía: Pina Luz
Marta Minujín, Galería Blanda. Vista de instalación en la Pina Luz, São Paulo, 2023-2024. Foto: Beto Assem. Cortesía: Pina Luz
Marta Minujín, Galería Blanda, Galería Harold Rivkin, Washington, DC, 1973. Archivo Marta Minujín. © Marta Minujín, cortesía de Henrique Faria, Nueva York y Herlitzka & Co., Buenos Aires.
Marta Minujín, serie Colchones. Vista de instalación en la Pina Luz, São Paulo, 2023-2024. Foto: Beto Assem. Cortesía: Pina Luz

La histórica instalación El Batacazo, presentada originalmente en el Instituto Di Tella de Buenos Aires hace casi seis décadas, también ha sido recreada especialmente para la Pinacoteca. Minujín emplea estrategias participativas en esta obra para reflexionar sobre la industria cultural, alineándose con el espíritu de la época, caracterizado por la creciente mediatización e influenciado por las ideas de Marshall McLuhan.

En su versión original, la instalación incorporaba cuatro clases de íconos mediáticos: los visitantes pasaban primero frente a jugadores de rugby, subían las escaleras para encontrarse con playboys y cosmonautas, y se deslizaban por un tobogán para caer sobre el rostro de la actriz italiana Virna Lisi. En la versión presentada en la Pinacoteca, los jugadores de rugby son reemplazados por futbolistas de Brasil y Argentina.

Marta Minujín, El batacazo. Vista de instalación en la Pina Luz, São Paulo, 2023-2024. Foto: Beto Assem. Cortesía: Pina Luz
Marta Minujín, El batacazo. Vista de instalación en la Pina Luz, São Paulo, 2023-2024. Foto: Beto Assem. Cortesía: Pina Luz

La investigación de Marta Minujín sobre los medios de comunicación la llevó a desarrollar varias obras que exploran este fenómeno. Entre ellas se encuentran Leyendo las noticias en el Río de la Plata (1965) y Simultaneidad en simultaneidad (1966), un evento realizado en el Instituto Torcuato Di Tella en colaboración con Allan Kaprow desde Nueva York y Wolf Vostell desde Colonia. Cada artista proponía un happening en el mismo día y horario en sus respectivos países (la pieza en su conjunto se llama A Three Country Happening).

En Buenos Aires, Minujín invitó a 60 personalidades mediáticas al Di Tella, donde fueron fotografiadas, filmadas y entrevistadas mientras ingresaban a la sala. Se les proporcionó una radio para escuchar y se les ubicó frente a un televisor para presenciar el desarrollo del happening.

Once días después, regresaron para ver las fotos y filmes proyectados, escuchar las entrevistas y ver un programa especial sobre el evento. Simultáneamente, se realizaron llamadas y se enviaron telegramas a espectadores que veían la grabación del evento en la pantalla del televisor, con el mensaje «usted es un creador».

De este periodo de reflexión sobre los medios de comunicación es también la pieza La Cabalgata, Buenos Aires, que se exhibe en la muestra del Jewish Museum. Realizada en 1964, esta obra en video marcó el inicio de la interacción de Minujín con los medios de comunicación y constituye uno de los primeros ejemplos conocidos de una artista que interviene en la televisión en directo.

La Cabalgata registra un alocado performance de Marta Minujín cuando fue invitada a aparecer en directo en el popular programa televisivo argentino La Campana de cristal. Durante su segmento, la artista organizó una serie de acontecimientos impredecibles: caballos con cubos de pintura atados a las colas se mezclaban con el público, mientras unos pollos corrían por el estudio y unos culturistas explotaban globos y unían a dos músicos con cinta adhesiva.

Al parecer, la escena terminó cuando el presentador gritó “¡Corten! ¡Corten! ¡Saquen a esta loca de aquí!”.


Parte de la serie de pinturas «Frozen Sex» en la exposición “Marta Minujín: Arte! Arte! Arte!” en el Jewish Museum, NY, 2023-2024. Foto: Frederick Charles. Cortesía del museo.

Durante su estancia en la ciudad de Washington a principios de la década de los años setenta, Marta Minujín regresó a la pintura, creando obras coloridas y gráficas que reflejaban el espíritu de la revolución sexual y que la asociaron con otras artistas feministas de su generación. El tema del sexo, presente en su obra desde la invitación táctil de sus primeros colchones interactivos, se hizo explícito en la serie de pinturas Frozen Sex, que muestra primeros planos de genitales durante el acto sexual. Estos lienzos audaces, censurados en Buenos Aires en el momento de su creación, son un testimonio de la práctica transgresora de la artista.

“El regreso a la pintura fue motivado por la fobia que se había despertado respecto al sexo en esos años. Antes del SIDA, se hablaba de la ‘peste rosa’ de manera muy underground y todos empezaron a evitar el contacto”, recuerda Minujín.

“De pronto ya nadie se quería besar, tocar, ni abrazarse por el miedo al contagio. En ese contexto terrorífico pensé que había que dignificar los órganos sexuales, que estaban siendo demonizados. Por eso me dediqué a pintarlos como si fueran retratos o naturalezas muertas, para glorificarlos”.

Marta Minujín en el hornero de Comunicando con tierra, 1976 (2923). Vista de instalación en la Pina Luz, São Paulo, 2023-2024. Foto: Beto Assem. Cortesía: Pina Luz

Los años setenta estaban a su vez marcados por la proliferación de dictaduras militares en América Latina. En esos tiempos duros, surgieron prácticas artísticas enfocadas en crear conciencia sobre la realidad sociopolítica y promover un proyecto de integración entre los países de la región. La obra más emblemática de Minujín durante este periodo fue Comunicando con tierra (1976), también remontada para la exposición en la Pina Luz.

La concepción de Comunicando con tierra tuvo lugar en Machu Picchu, donde Minujín fue autorizada para extraer treinta kilos de tierra de distintos puntos del antiguo emplazamiento inca. De regreso en Buenos Aires, exhibió en el CAyC (Centro de Arte y Comunicación) veinticinco bolsas de un kilo de tierra de Machu Picchu y con los cinco kilos restantes hizo construir un nido de hornero gigante que también formó parte de la instalación.

La segunda parte de Comunicando con tierra vino con el cierre de la muestra cuando la artista envió esas bolsas a distintos artistas del continente que, a cambio, debían enviarle a su taller en Buenos Aires un kilo de tierra de su propio lugar. Una vez recibida la tierra de otros países, Minujín regresó a Machu Picchu a enterrarla en el mismo lugar de donde la había extraído, siendo este hecho acompañado por una ceremonia, de la que no hay documentación.

El nido de hornero original, en tanto, se exhibió al poco tiempo en la Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria Internacional, conocida como La Rural, convirtiéndose en el atractivo mayor del evento.

Comunicando con tierra es una obra sumamente compleja, con múltiples connotaciones que involucran conceptos como naturaleza, comunicación, territorio, geografía, vanguardia, cuerpo, redes de intercambio, hogar, protección, feminidad, energía, conceptualismo, globalización y política.

Marta Minujín y Andy Warhol, El pago de la deuda externa argentina con maíz, “el oro latinoamericano”, The Factory, Nueva York, 1985. Fotografías cromogénicas en color, 2011. Registro de sala por Beto Assem. Cortesía: Pina Luz
Marta Minujín y Andy Warhol, El pago de la deuda externa argentina con maíz, “el oro latinoamericano”, The Factory, Nueva York, 1985. Fotografías cromogénicas en color, 2011. Registro de sala por Beto Assem. Cortesía: Pina Luz

Una de las salas de Ao Vivo se enfoca en aquellas obras donde Minujín emplea frutas y verduras autóctonas para representar recursos que definen una identidad nacional, como Arte agrícola en acción (1978-1979) y la mencionada foto-performance El pago de la deuda externa con choclos, el oro latinoamericano.

Otra forma en la que la artista intervino en el imaginario político nacional fue a través de su trabajo en el espacio público. Para la Bienal Iberoamericana de São Paulo de 1978, Minujín llevó a cabo la acción El obelisco acostado, que emulaba el traslado del famoso monumento desde la Plaza de la República de Buenos Aires hasta el pabellón de la Bienal para, de este modo, migrar el mito de un país a otro. Ahora, el obelisco argentino, reclinado y reconfigurado, ocupa la sexta sala de exposiciones de Pina Luz.

Esta pieza anticipó rasgos característicos de lo que sería la serie La caída de los mitos universales, una colección de esculturas públicas monumentales diseñadas para ser derrumbadas, desarmadas y consumidas, interrogando así las estructuras de poder y sus símbolos. La serie incluye obras como El obelisco de pan Dulce (1979) y El Partenón de los libros prohibidos (1983), ambas documentadas en esta sección.

Marta Minujín, El obelisco acostado, 1978. Vista de instalación en la Pina Luz, São Paulo, 2023-2024. Foto: Beto Assem. Cortesía: Pina Luz

El interés de Minujín por las experiencias participativas, que se inició a principios de su carrera, adquirió una dimensión e impacto social más amplios a finales de los años 70 y principios de los 80. Después de pasar un largo período en Estados Unidos, el regreso a Argentina fue desalentador para Minujín, ya que el país estaba sumido en la fragmentación y la desesperanza durante la dictadura militar (1976-1983).

La situación se exacerbaba debido a las constantes amenazas de violencia por parte del régimen, especialmente contra artistas, periodistas, intelectuales y otros grupos asociados con actividades de izquierda, además de la agitación económica, con una gran deuda nacional e inflación.

Ante esta urgente realidad, Minujín redobló su compromiso de crear arte que reuniera a grandes grupos de personas en público para cuestionar las estructuras de poder y los símbolos relacionados con ellas. Su objetivo era derribar los mitos convencionales y luchar por nuevos ideales y aspiraciones de cara al futuro.

Dcoumentación de El Partenón de los libros. Vista de la exposición “Marta Minujín: Arte! Arte! Arte!” en el Jewish Museum, NY, 2023-2024. Foto: Frederick Charles. Cortesía del museo.
Documentación de El Partenón de los libros. Vista de la exposición “Marta Minujín: Arte! Arte! Arte!” en el Jewish Museum, NY, 2023-2024. Foto: Frederick Charles. Cortesía del museo.
El Partenón de los Libros, de Marta Minujín, en su primera versión en Buenos Aires, 1983. Cortesía: dOCUMENTA 14, Kassel
El Partenón de los Libros, de Marta Minujín, en su primera versión en Buenos Aires, 1983. Cortesía: dOCUMENTA 14, Kassel

De esta visión surgieron piezas como el mencionado Partenón de los libros, un proyecto participativo erigido originalmente en la Av. 9 de Julio de Buenos Aires, el mismo año en que se restauró la democracia en Argentina. Los habitantes de la ciudad fueron convocados a colaborar en la creación de una imponente réplica de un templo griego, utilizando ejemplares de libros prohibidos durante la dictadura.

En 2017, como parte de la dOCUMENTA de Kassel (Alemania), la obra fue reconstruida con 70.000 ejemplares en una plaza donde los nazis habían quemado pilas de libros en 1933. En esta ocasión, se instó al público a completarla con títulos prohibidos de todas partes del mundo.

Marta Minujín, La Torre de Babel con libros de todo el mundo, Buenos Aires, 2011. Fotografía. Archivo Marta Minujín. © Marta Minujín, cortesía de Henrique Faria, Nueva York y Herlitzka & Co., Buenos Aires.
Marta Minujín, La Torre de Babel con libros de todo el mundo, Buenos Aires, 2011. Fotografía. Archivo Marta Minujín. © Marta Minujín, cortesía de Henrique Faria, Nueva York y Herlitzka & Co., Buenos Aires.

Al igual que El Partenón de los Libros y otras piezas monumentales clave en el repertorio de Marta Minujín, su mítica instalación inmersiva y participativa La Menesunda (1965) resulta sumamente compleja de reinstalar en un museo. Sus últimas reposiciones fueron en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (2015) y en el New Museum de Nueva York (2019).

Aunque estas piezas no están físicamente presentes en ninguna de las dos exposiciones, el Jewish Museum exhibe la documentación correspondiente a cada una. En este mismo museo se encuentra el registro del happening Minucode (1968), en el que la artista documenta cuatro cócteles a los que asistieron representantes del mundo del arte, los negocios, la moda y la política, respectivamente.

Una semana más tarde, Minujín proyectó el material de cada fiesta en las cuatro paredes de la misma sala en la que habían tenido lugar, e invitó a los participantes originales y al público a contemplarse a sí mismos y a los demás. Como muchas otras obras de Marta Minujín, Minucode complejiza la idea de los códigos sociales y difumina la división entre el arte y la vida.

Marta Minujín,¡Implosión!, 2021 (2023). Instalación con proyecciones digitales y sonido. Vista de instalación en el Jewish Museum, NY, 2023-2024. Foto: Frederick Charles. Cortesía del museo.
Marta Minujín,¡Implosión!, 2021 (2023). Instalación con proyecciones digitales y sonido. Vista de instalación en la Pina Luz, São Paulo, 2023-2024. Foto: Beto Assem. Cortesía: Pina Luz

Las exposiciones en São Paulo y Nueva York también presentan de forma paralela versiones de una de las piezas más recientes de la artista, ¡Implosión!, de 2021, la cual evoca muchas de las primeras esculturas blandas de Minujín, en las que se podía entrar y explorar. Esta instalación inmersiva ofrece una nueva perspectiva hipnótica de los listones coloridos que caracterizaron sus primeros entornos con colchones, al ser ahora trasladados al ámbito digital.

¡Implosión! es una pieza tecnológicamente compleja que responde a la persistente fascinación de Minujín con las posibilidades de los medios de comunicación para ampliar los horizontes de su práctica artística. Esta y todas las obras que integran sus actuales exposiciones nos invitan a percibir el potencial que tiene el arte para agitar, unir a las personas y convertirse en fuente de placer y diversión, sobre todo cuando menos lo esperamos y más lo necesitamos.

Desde lo que la propia Marta Minujín describe como su “aventura amorosa con el colchón” hasta su urgente cuestionamiento de los monumentos autoritarios y sus recientes reflexiones acerca de la pandemia y los usos de las redes sociales, el poder social del arte siempre está presente.


MARTA MINUJÍN: AO VIVO

Pinacoteca Luz, 1° piso, Praça da Luz, 2, São Paulo

Del 29 de julio de 2023 al 28 de enero de 2024


MARTA MINUJÍN: ARTE! ARTE! ARTE!

Jewish Museum, 1109 5th Ave con 92nd St, Nueva York

Del 17 de noviembre de 2023 al 31 de marzo de 2024

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