Skip to content

JUAN EGENAU. MAESTRÍA INAGOTABLE

La dedicación de Juan Egenau (Santiago, 1927-1987) a la enseñanza y la escultura lo condujo a explorar y, finalmente, dominar diversas técnicas que desafían categorías preestablecidas. Su exposición actual, Autarquía Artística, en el Centro Cultural El Tranque, destaca la versatilidad de un artista que difuminó las fronteras entre el Arte y las Artes Aplicadas, trazando su propio camino creativo hasta el final de sus días. 


Apoyado en un bastón con una mano y sosteniendo un periódico en la otra, Juan Egenau se dirige hacia su taller, ubicado en una casa rodeada de exuberante vegetación. Tras abrir una ventana e inhalar profundamente, el artista se acerca a una escultura a medio terminar. Con mirada atenta y pulso firme, comienza a esculpir la superficie. El sonido del martillo se entrelaza con la voz de la cantante de ópera que escucha. 

La imagen da paso a un primer plano de la cara de un Egenau de 60 años, reflexionando sobre el deseo de plasmar las memorias de su infancia a través de la línea y el color. Cada frase pronunciada es seguida por largos intervalos de silencio, como si el artista articulase cada una de sus oraciones con la misma actitud minuciosa que adopta al esculpir. Posiblemente, esta calculada lentitud al hablar se deba al esfuerzo por controlar su tartamudez; sin embargo, la cuidada selección de sus palabras vuelve cada frase precisa. 

Las escenas descritas pertenecen al video Egenau: Recuerdo y Presencia de Claudio di Girolamo, que se podrá ver hasta el 14 de enero en el Centro Cultural el Tranque como parte de la muestra Autarquía Artística, dedicada al maestro Egenau. Curada por el historiador de arte José de Nordenflycht y el escultor Luis Montes Rojas, la exposición consta de 44 obras en una amplia variedad de técnicas, como repujado, esmalte sobre cobre, grabado, dibujo y escultura. 

Las obras dispuestas alrededor de la sala reflejan de manera tangible el perfeccionamiento técnico que Egenau aspiraba a demostrar, como lo expresó en una entrevista publicada en Las Últimas Noticias en los años 50. En esa ocasión, el artista cuestionaba si “puede existir algo más agradable que una suerte de autarquía artística”. Al emplear este concepto, se refería a su deseo por dominar cada una de las técnicas que exploró durante su carrera.  

Negándose a considerar la existencia de “artes menores”, Juan Egenau estudió en dos escuelas vinculadas a la producción plástica: la de Bellas Artes y la de Artes Aplicadas, ambas vinculadas a la antigua Facutad de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Vale la pena recordar que en aquella época la ilusoria disputa entre arte y artes aplicadas no estaba resuelta, por lo que esta doble formación lo posiciona como un artista adelantado a su época. 

Vista de la exposición “Autarquía Artística”, de Juan Egenau. Foto cortesía del Centro Cultural El Tranque, Santiago, 2023

Luego de terminar sus estudios, y ya como profesor de la Facultad, complementó sus estudios con una maestría en Orfebrería en la Scuola di Porta Romana, en Florencia (Italia), y otra en Técnicas Escultóricas en la Rhode Island School of Design, en Estados Unidos. Fue en esta última institución donde aprendió la técnica de fundición con poliestireno expandido (lost foam), hasta ese entonces desconocida en Chile.  

En esos tiempos, la técnica más utilizada era la de la cera perdida, un proceso que consideraba la producción de un molde de reproducción y la obtención de una copia fiel en cera del modelo, para posteriormente construir un molde de fundición que debía ser sometido al calor para derretir la cera en su interior. El metal fundido ocupaba el espacio vacío que dejaba la cera al interior del molde.  

Este procedimiento permitía obtener piezas de gran fidelidad y calidad, pero era lento y más costoso. La técnica empleada por Egenau reemplaza el modelo en cera por plumavit, lo que ayudaba a simplificar el proceso. La escultura tallada en poliestireno se enterraba y sobre ésta se vertía el aluminio fundido, el que quemaba el modelo en plumavit, ocupando su lugar. Este tipo de fundición pasó a ser enseñado en la Escuela de Arte de la Universidad de Chile, convirtiendo al país latinoamericano en uno de los primeros en utilizar esta técnica a nivel mundial. 

Vista de la exposición “Autarquía Artística”, de Juan Egenau. Foto cortesía del Centro Cultural El Tranque, Santiago, 2023
Vista de la exposición “Autarquía Artística”, de Juan Egenau. Foto cortesía del Centro Cultural El Tranque, Santiago, 2023

LA EDAD DEL ALUMINIO  

Su decisión provocó una escena de conflicto, pero inscribirse en la Escuela de Artes fue, tal vez, una de las decisiones más acertadas de Juan Egenau. Siempre supo que quería ser artista y, aunque inicialmente optó por una carrera más convencional debido a las expectativas de sus padres, también deseaba que su opción académica no se alejara demasiado de sus intereses. Por ello, decidió estudiar Arquitectura.  

Durante sus primeros años de formación, los estudios de pintura se limitaban a clases particulares a las que asistía los sábados con una tía pintora. Sin embargo, después de dos años en Arquitectura (con un desempeño insatisfactorio en los aspectos teóricos), decidió confrontar las expectativas profesionales de sus padres. 

El joven dejó su casa cerca de Rengo y partió en carreta a la Escuela de Artes de la Universidad de Chile. La iconografía campestre propia de esa comuna al sur de Santiago  persistiría en su producción artística más allá de su infancia, especialmente al comienzo de su trayectoria artística. Como se puede apreciar en Autarquía Artística, las obras correspondientes a la década de los 50 presentan una marcada presencia de animales del campo, como la gallina, la vaca y el cerdo y, sobre todo, el caballo.  

En la selección de obras expuestas se incluyen tres representaciones de este animal. Una de ellas consiste en la imagen de un caballo y su jinete pintada sobre un plato de cobre. Las otras dos corresponden a las esculturas tituladas Divertimento, de 1987. Una de ellas, de fundición póstuma, está ubicada junto a su molde de poliestireno expandido, cuya precisión en las terminaciones hace difícil identificar el material del que está hecho.  

El caballo podría representar al ser humano, según lo plantea el historiador de arte y escultor chileno Gaspar Galaz en su texto Ausencia y presencia de Juan Egenau, contenido en el catálogo de la exposición realizada en el Museo de Artes Visuales (MAVI UC) en 2005. 

— El caballo como suplantación del hombre, pero también como la esencia de su instinto. Por ello, tal vez, el artista también lo blinda y este recubrimiento rigurosamente realizado a la manera de los torsos tienden un puente con su escultura figurativa. 

Juan Egenau, Amor aguerrido #2, 1976. Aluminio, 47 x 71 cm. Colección Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago. Foto cortesía del Centro Cultural El Tranque, Santiago, 2023
Juan Egenau, Amor aguerrido #2, 1976. Aluminio, 47 x 71 cm. Colección Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago. Foto cortesía del Centro Cultural El Tranque, Santiago, 2023
Juan Egenau, Blindaje para un torso, 1973. Aluminio, 67 x 26 cm.
Colección particular.  Foto cortesía del Centro Cultural El Tranque.
Juan Egenau, Blindaje para un torso, 1973. Aluminio, 67 x 26 cm. Colección particular. Foto cortesía del Centro Cultural El Tranque.

El acorazamiento del cuerpo humano aludido por Galaz se puede observar en dos de las obras presentes en la muestra: Blindaje para un torso y Amor Aguerrido II. Esta última, prestada por el Museo Nacional de Bellas Artes, es la escultura más famosa de Juan Egenau. Tanto la técnica de ensamblaje de piezas metálicas tipo blindaje como el uso del aluminio en este tronco femenino se convertirían en aspectos distintivos de su lenguaje estético. 

En el video de Claudio di Girolamo, el escultor explica que con esta obra Egenau buscaba abordar la idea de proteger al ser humano frente a los nuevos desafíos que enfrentaría durante la era de la tecnología. Al igual que la elección temática, el material utilizado, aluminio, también es un reflejo de su época, caracterizada por la industrialización. Así lo expresa Juan Egenau en un documental de Cecilia Polo

— Indudablemente que si se quiere hacer una obra fiel y representativa del fenómeno de su tiempo, se tiene que usar, no solo el lenguaje de su tiempo, sino que representar los fenómenos características de su época. Como por ejemplo el fenómeno del metal, (que) como nunca ha tenido una incidencia fundamental en la escultura de nuestra época. ¿Por qué? Porque estamos viviendo una era indudablemente industrial, en la que la tecnología se apoya en toda esta riqueza enorme, e inacabable, de las técnicas y de los oficios de los metales. 

Vista de la exposición “Autarquía Artística”, de Juan Egenau. Foto cortesía del Centro Cultural El Tranque, Santiago, 2023

ENCIERRO PREVENTIVO INSÓLITO IMPLACABLE PARA UN ORGANISMO DESCONOCIDO, CONVENIENTEMENTE AMORTAJADO, QUE NOS INFUNDE TEMOR Y DESCONCIERTO  

Siendo un niño, la imagen quedó grabada en la memoria de Luis Montes Rojas: una estructura negra iluminada verticalmente. Así destaca el escultor el impacto que le causó la exposición de los Artefactos de Juan Egenau en la galería Época en 1986.  

“Todavía recuerdo el montaje de la exposición de las piezas negras, fue muy impresionante. Creo que eso, para mí, es una herencia real. Al día de hoy, toda mi obra tiene que ver con la luz, y creo que está relacionada con esa cuestión de carácter escenográfico que otorga el dominio preciso de estas piezas”, comenta Luis Montes Rojas mientras muestra una imagen de uno de los artefactos en la exposición del 86. “Esta obra es realmente impactante”, añade. 

Hoy, las esculturas siguen generando el mismo impacto desde sus pedestales en el Centro Cultural el Tranque. Tres obras al centro de la sala dan cuenta de la estética distintiva de estos artefactos. Aquí la figura humana se torna abstracta y los sistemas de blindaje se vuelven más notorios. A través de diversas placas y agregados, Egenau crea esculturas con aspecto de pequeñas máquinas de tortura. Veo estas piezas como una especie de electrodoméstico mortuorio, cuyo aluminio pintado de negro se confunde fácilmente con una piedra oscura. 

“En la última exposición, Juan Egenau toma la decisión de pintar las esculturas. Es decir, hacer el mismo trabajo de joyería de este ensamble, de pulido, de textura, pero ya no está el brillo, está contenido el metal, y deja esa incógnita: ¿qué es?. Aquí uno ve una obra mucho más íntima, más cerrada”, señala José de Nordenflycht. 

Vista de la exposición “Autarquía Artística”, de Juan Egenau. Foto cortesía del Centro Cultural El Tranque, Santiago, 2023

En unas cuantas ilustraciones expuestas en la entrada de la muestra, entre bocetos de gallinas y figuras femeninas acorazadas, es posible leer algunas anotaciones que parecen arrojar luces sobre el propósito de estos mecanismos. En una de ellas, que representa una suerte de casco de armadura con bozal, Egenau escribió: “Encierro preventivo insólito implacable para un organismo desconocido, convenientemente amortajado, que nos infunde temor y desconcierto”.  

Estas reflexiones me parecen aún más intrigantes al considerar uno de sus comentarios en una entrevista publicada en la revista Ya en 1985. Ante la pregunta sobre cuál de los seres irracionales es el que le causa el mayor temor, el escultor contesta: “¿El más temido? Sin duda, el hombre sin esperanzas de racionalidad”. En este contexto, algo de humano podría estar presente en la criatura para la cual se diseñó el mecanismo de “encierro preventivo”. A pesar de ello, la preocupación expresada por la raza humana a través de sus sistemas de blindaje indica una consideración profunda por su devenir.  

La opacidad de la serie de artefactos contrasta con el brillo de la famosa armadura de metal ubicada al otro lado de la sala. Si bien ambas obras fueron realizadas en aluminio, la sensación que cada una genera varía tremendamente, tal y como varió el panorama histórico y personal del artista.  

Vista de la exposición “Autarquía Artística”, de Juan Egenau. Foto cortesía del Centro Cultural El Tranque, Santiago, 2023

EL MAESTRO INCANSABLE 

Para la época en la que produce su serie de artefactos, Juan Egenau ya estaba al tanto de la gravedad de su cáncer a la médula espinal. Cuando volvió a la escuela en 1981, después de ausentarse un año, el artista ya no era el mismo: la enfermedad había disminuido su figura. La Universidad de Chile tampoco era la misma años después del golpe de Estado, sumida como estaba en un ambiente de constante vigilancia.  

En una entrevista realizada para el libro Escultura y Contemporaneidad en Chile, la escultora Elisa Aguirre incluso relata la ocasión en que se percató de la presencia de un guardia con metralleta mientras daba un examen. Pero también afirma que el ambiente de represión no perjudicó su aprendizaje, pues siempre pudo encontrar espacios de diálogo, especialmente gracias al maestro Egenau.   

Este término utilizado por Elisa Aguirre para referirse a la figura de Egenau es sumamente revelador, porque «maestro» es mucho más que «docente». Ser un maestro trasciende las meras tutorías académicas para implicar enseñanzas sabias que solo la experiencia, la investigación, la curiosidad y la disciplina pueden brindar. 

“Fue un verdadero maestro, caracterizado por un diálogo permanente, una preocupación por el aprendizaje y la transmisión de conocimiento. Su intención era descubrir en la mente del alumno cuál era su mundo, para que lo pudiese expresar”, destaca Luis Montes Becker, padre del co-curador de la muestra Luis Montes Rojas y ex ayudante de Juan Egenau. 

Esta concepción del aprendizaje se manifestaba en el método de enseñanza de nuestro maestro, quien evitaba el sistema de trabajos por encargo. Iniciado como docente cuando se convirtió en asistente del pintor Carlos Pedraza y del escultor José Perotti, Egenau prefería que cada alumno trabajara en el proyecto que estimara conveniente, mientras él guiaba el proceso.  

Vista de la exposición “Autarquía Artística”, de Juan Egenau. Foto cortesía del Centro Cultural El Tranque, Santiago, 2023

Juan Egenau fue un escultor extremadamente trabajador, como se puede inferir de alguien que estudió Bellas Artes y Artes Aplicadas, que siguió su formación con estudios de especialización en Italia y Estados Unidos, y que continuó produciendo obra hasta el final de sus días. Durante el horario de clases y en los momentos en que no estaba asistiendo a sus alumnos, se dedicaba con empeño a la creación de sus propias esculturas. 

Como asistente de Egenau, Luis Montes Becker llevaba los trabajos de sus alumnos a la casa del maestro para que pudiera seguir corrigiéndolos. Durante un conversatorio realizado en el Centro Cultural del Tranque el pasado mes de noviembre, se refirió a la persistencia del escultor, recordando que después de horas de trabajo, cuando él mismo comenzaba a sentirse cansado en el taller, el maestro Egenau continuaba su labor escultórica como si nada. 

—  Yo me preguntaba ¿cómo hago para seguir el ritmo de este señor? No para nunca y ya estoy cansado. Tenía un rigor y una energía extraordinarios. 

Victoria Abaroa

Licenciada en Comunicación Social por la Universidad del Desarrollo (UDD - Chile), donde se desempeñó como ayudante de Periodismo Interpretativo. Cuenta con una especialización en Social Marketing de Northwestern University, y ha realizado múltiples cursos sobre comunicaciones en el campo de las artes visuales dictados por Node Center for Curatorial Studies (Berlín). Sus textos han sido publicados en Artishock y en la Revista Ya.

Más publicaciones

También te puede interesar