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NORA CORREAS: LENTOS PRESENTIMIENTOS, CLARAS ALUCINACIONES

W Galería, en Buenos Aires, presenta hasta el 26 de enero la exposición Lentos presentimientos, claras alucinaciones, una selección de obras de la artista Nora Correas (Mendoza, Argentina, 1942) realizadas durante la década del 90, bajo la curaduría de Florencia Qualina

La muestra se centra en obras clave que formaron parte de dos exposiciones importantes de la artista: Con los ojos abiertos, en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta (1996), y Sumando, en el Museo Nacional de Bellas Artes (1999). 

A partir de una relación sensorial e intuitiva con el arte, Correas crea instalaciones y esculturas con materiales orgánicos e industriales, como barro, crin, juncos, maderas, vidrio y hierro, cuyas formas evocan chalecos, armaduras y corsets para un futuro amenazante, posiblemente visionario de nuestro presente. 

Nora Correas, Arma-dura, 1990. Hierro, madera, resina, pergamino, 91 x 150 x 68 cm. Cortesía: W Galería

Por Florencia Qualina | Curadora 

El espíritu del tiempo estaba mutando, quizás con vértigo; Nora Correas lo veía con claridad. Durante los últimos años había creado esculturas con lana virgen teñida de rojo que emulaban sangre y vísceras. Los nombres de las obras apelaban a los horrores vividos en Argentina durante la última dictadura militar: Corazón partido, El difícil camino de la libertad, En carne viva.  

La apertura democrática no tuvo en su obra un correlato primaveral; por el contrario, se encargaba de conservar – entre la desconfianza y el miedo – las huellas del trauma colectivo. Juguemos en el bosque mientras el lobo no está… es el nombre de una pieza suya de enormes dimensiones; también de evocaciones sanguinolentas y formas tortuosas que hizo en 1983. La mención al juego infantil comprende así la acechanza de lo siniestro, pero también hay algo más en la canción:  

Juguemos en el bosque

Mientras el lobo no está

¿Lobo estás?

Me estoy poniendo el chaleco

Nora Correas, Cota gris o El caballero inexistente, 1991. Hierro, madera, resina, pergamino, crin, 105 x 165 x 43 cm. Cortesía: W Galería

Es difícil saber si en la estrofa de esta canción se hallaba cierta semilla del Chaleco, una forma que Correas comenzó a componer a partir de 1988, con una pieza realizada con madera, hilo y crin que funciona casi como un modelo en escala reducida de las que luego no solo serían monumentales, sino también una vía emblemática de su imaginario.  

Retomemos la cuestión del Zeitgeist.  

Transcurría el año 1989 y Correas había hecho dos viajes a lugares donde nunca había estado antes. Primero a Cuba, donde participó en la 3ra Bienal de La Habana, luego fue a Nueva York; el abrupto pasaje significó para ella “un golpe feroz”.  

“Cuba había sido el país que había constipado [sic] los mayores sueños y esperanzas de una época, pero me encontré con un país pobre, con el mercado negro, y con nosotros mismos, que éramos invitados de primera. Y, así y todo, me gustó. Con Nueva York, en cambio, me enfurecí. Pero quedé atrapada por la energía poderosísima de esa ciudad. Al volver a Argentina salieron esas corazas enormes, desmesuradas, producto de la sensación que me dio lo atrapante que tiene el poder”. 

Nora Correas, Cota, capa, casa, cosa, 1990. Vidrio, juncos, alambre, hierro, tela, pigmentos, madera, 120 x 165 x 70 cm. Cortesía: W Galería

Cota, Capa, Casa, Cosa es el conjunto de obras a las que se refiere; construidas con vidrios, hierros, juncos y maderas inspiran sensaciones de inaprensible ambivalencia: simultáneamente son refugio y amenaza. A la vez, trazan un raro bucle temporal: tienen tanto de registro atávico como de sospecha distópica.  

“Decididamente no son ni indígenas ni telúricas. Estoy hablando del futuro, de esta brutalidad técnica en la que todo depende de las máquinas: ¿qué pasa si hay un colapso y tenemos que volver a lo que da la tierra?”.  

Para entonces, las intenciones de Nora Correas se habían desplazado de manera nítida; su atención no reposaba en los aspectos más contingentes de la realidad – aquello que podemos referir como la dimensión “política” – sino que se dirigía a bucear las profundidades de los arquetipos. Supo decir: “Lo que una intenta con una obra es que se intelectualice lo menos posible. Que todo eso llegue por el mismo canal por el que ha sido hecho, que no es el de la razón ni la inteligencia racional”, o tal vez de manera aún más directa: “uno en el fondo trata de ser un alquimista”.  

Nora Correas, Sangre sudor y lágrimas, 1993. Hierro, alambre, junco, resina, 62 x 74 x 74 cm. Cortesía: W Galería

La ansiada búsqueda de conciliar los opuestos propia del saber alquímico es un rasgo que se intuye en Cota, Capa, Casa, Cosa por las evocaciones polares, a la vez agresivo-defensivas, que emanan.  

Nora participa de la Alquimia en Esa frágil escalera al traer el símbolo soñado por Jacob, cuando vio ángeles que subían y bajaban del cielo a la tierra; también en el Ouroboros, otra figuración primordial, y con Oro y arena.  

Los corsets – asociados al principio femenino –, realizados con cemento y arena, rememoran aquella materia con la que el Creador moldeó a la primera pareja, y luego con hálito divino les insufló vida. En su interior, las esculturas de Correas contienen dibujos en relieve: un atanor, una paloma, el cielo, una serpiente. Cada uno condensa sentidos relativos a los poderes ctónicos, volátiles, fijos y transmutativos, pero en este punto es donde hay que detenerse para citarla otra vez, porque “cuando se explica a través de la mente, del intelecto, el misterio desaparece”.  

Vista de la muestra «Nora Correas: Lentos presentimientos, claras alucinaciones», en W Galería, Buenos Aires, 2023-2024. Foto cortesía de la galería
Vista de la muestra "Nora Correas: Lentos presentimientos, claras alucinaciones", en W Galería, Buenos Aires, 2023-2024. Foto cortesía de la galería
Vista de la muestra «Nora Correas: Lentos presentimientos, claras alucinaciones», en W Galería, Buenos Aires, 2023-2024. Foto cortesía de la galería

[Las citas fueron extraídas del artículo de Juan Ignacio Boido, “Honestidad brutal”, publicado en Radar, Página 12, el 26 de diciembre de 1999, y “La dueña de los fantasmas”, de Patricia Stillger, publicado en UNO Revista, Mendoza, 12 de diciembre de 1993]. 

Florencia Qualina

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