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LUIS ARROYO: TODOS LOS FRAGMENTOS DESPEJADOS TIENEN LA MISMA TEMPERATURA DE LA INFINITUD

Todos los fragmentos despejados tienen la misma temperatura de la infinitud presenta la producción más reciente de Luis Arroyo (Venezuela, 1973). El artista ha desarrollado su práctica en torno a los conceptos de anterioridad y exterioridad, asociados a lo sonoro y la escucha, la historia, el documento y el archivo, las ideologías, la enfermedad y la guerra.

En este nuevo cuerpo de obra da continuidad a sus indagaciones acerca de una posible dimensión política de la pintura y lo pictórico, una concepción que busca una pertinencia estética y una potencia política liberadas tanto de alusiones inmediatas como de lo meramente territorial-temporal. A su vez, Arroyo defiende una poética informada por nociones como anterioridad de la pintura, sonoridad no audible, desaceleración del paisaje, comunidad de la escucha, máquinas de eclipse

Todos los fragmentos despejados tienen la misma temperatura de la infinitud (2023) es el título de la pintura de gran formato que da nombre y razón de ser a esta exhibición. La acompañan diez piezas de la serie Máquinas de eclipse y dos de la serie Pinturas no enviadas. Este conjunto de óleos sobre tela deriva de un método de taller, de igual modo imbricado a discernimientos acerca de la práctica pictórica

Vista de la exposición "Todos los fragmentos tienen la misma temperatura de la infinitud", de Luis Arroyo, en Abra, Caracas, 2023. Foto cortesía de Abra.
Vista de la exposición «Todos los fragmentos tienen la misma temperatura de la infinitud», de Luis Arroyo, en Abra, Caracas, 2023. Foto cortesía de Abra.
Luis Arroyo, Isla de lobos: pintura no enviada a Josefina Pla, desde el sanatorio naturista de la isla, 11 de enero de 1999 [2023]. Óleo sobre lino, 68 x 85 cm; Fisura entre el sueño y lo solar: pintura no enviada a Enriqueta Arvelo, desde el sanatorio naturista de la isla, 10 de diciembre de 1962 [2023]. Óleo sobre lino, 65 x 50 cm. Cortesía: Abra

Las dos series son estudios de composición, perspectiva, formas, texturas, armonías de color, tratamientos de la luz que hicieron posible la obra medular. Aunque se trata de obras independientes, los recursos (matéricos y conceptuales) de un mismo sistema de signos conviven y conversan como una totalidad.

En ambas series, realizadas en 2023, los títulos son trascendentes para el sentido de las obras: Jardín lento, de Juana Ibarbourou, Estudios minerales, de Meira Delmar, Región de lagos, de Olga Orozco, Nubes, de Julia de Burgos. Se trata de invenciones que remiten a obras poéticas imaginarias, con tópicos paisajísticos, territoriales, telúricos, obras ensoñadas de autoras latinoamericanas reales (históricas).

Dos de los títulos proponen memorias ficcionadas de pinturas que no llegaron a ser, enviadas a dos poetas como destinatarias. Tal como señala el artista, “[son] gestos para introducir, desde la sonoridad de los nombres, un eco de lo femenino descategorizado. El aparecer del nombre de una poeta inmerso en la propia silueta de su sonoridad (…)”.

Luis Arroyo, Serie Máquinas de eclipse, 2023. Diez pinturas (óleo sobre lino) de 65 x 50 cm c/u. Foto cortesía de Abra.
Luis Arroyo, Serie Máquinas de eclipse (detalle), 2023. Diez pinturas (óleo sobre lino) de 65 x 50 cm c/u. Foto cortesía de Abra.

En esta producción, el espacio pictórico es concebido como el lugar posible para metáforas de una noción esencial: el paisaje del territorio declarado en emergencia. Está, por tanto, poblado de elementos de una iconografía política que gira en torno a la figura de la tonina del Orinoco o delfín de agua dulce (Inia geoffrensis) como ícono principal.

Dice el artista: “[pienso] la presencia de la tonina como el tejido de una transmisión legítimamente política (…) Política no solamente por incorporar de manera incisiva un imaginario de lo común, sino por ofrecer un orden expansivo de lo femenino que permite usar su figura a manera de indicación vacía (…)”.

La filósofa y curadora Sandra Pinardi (1959-2022), en la versión inicial de un ensayo inédito (2014) sobre la serie fotográfica Diorama de la vida ornamental (2013) de Luis Arroyo, señala:

Un delfín, desvaído, abismalmente reinscrito en la silueta de sus desplazamientos, en su vibración, circundado por rastros y restos de acontecimientos ya invisibles –también inasibles-, es el esbozo -y la sombra, el envés- de la imagen, su modo inaccesible: aquello que se afirma sólo como existencia, como puro lugar. Una imagen que es distinción, diferencia y distancia, que es remanente y residuo, acervo y depositario: cuerpo imaginario que impone su estar-ahí, su materialidad intangible, y que en su fórmula de vacío se hace res gesta: una cosa cualquiera en la que lo humano nuevamente se origina [1].

La lectura de Pinardi, “un delfín (…) aquello que se afirma sólo como existencia, como puro lugar (…) una cosa cualquiera en la que lo humano nuevamente se origina”, da cuenta del interés por lo animal que hace una década comenzaba a aparecer recurrentemente en la producción del artista, hasta convertirse, con el tiempo, en motivo pictórico-político sustancial en esta exposición.

Luis Arroyo, Todos los fragmentos tienen la misma temperatura de la infinitud (detalle), 2023. Óleo sobre tela, 190 x 660 cm. Foto cortesía de Abra.
Luis Arroyo, Todos los fragmentos tienen la misma temperatura de la infinitud (detalle), 2023. Óleo sobre tela, 190 x 660 cm. Foto cortesía de Abra.
Luis Arroyo, Todos los fragmentos tienen la misma temperatura de la infinitud (detalle), 2023. Óleo sobre tela, 190 x 660 cm. Foto cortesía de Abra.
Luis Arroyo, Todos los fragmentos tienen la misma temperatura de la infinitud (detalle), 2023. Óleo sobre tela, 190 x 660 cm. Foto cortesía de Abra.

En la obra principal Todos los fragmentos despejados (…) vemos singulares vanitas; la clásica alegoría acerca del carácter efímero de la existencia humana. En éstas, la figura de la tonina o delfín es fundamental, en juego con las máquinas de eclipse como artefactos especulares.

Al centro de esta pintura, una de estas máquinas es una estructura con una especie de balanza en la que se asienta, en un extremo, una calavera humana y en el otro, una tonina junto a un pequeño mineral rojo. Un haz de luz blanca conecta a los objetos inertes y al animal al atravesar un espejo, mientras tres toninas rodean expectantes el aparato óptico. Asimismo, otras toninas aparecen en distintas composiciones, enfrentadas a diferentes manifestaciones lumínicas o casi mimetizadas.

De igual modo, en las atmósferas de luz difusa y cromatismo de todas las pinturas se despliegan anillos iridiscentes, halos y fulgores que remiten a fenómenos luminosos y astronómicos, tales como la luz refractada, eclipses solares y lunares; formas nubosas, logradas con volutas y trazos ondulados, que se expanden orgánicamente hasta derretirse como un líquido denso, oleoso, viscoso; una colección dispersa de pequeños objetos que flota suspendida: esmeraldas, diamantes, rubíes, oro; minerales de distintos “hábitos morfológicos»; diferentes aspectos que presenta el cristal de un mineral; descargas eléctricas (rayos, relámpagos) en síntesis gráfica, como líneas que surcan zigzagueantes las superficies; capas de color que se abren a manera de cortes de estratos geológicos, o quizás cauces desbordados. En este heterogéneo inventario, las máquinas de eclipse, los espejos y el cráneo desnudo parecen ser las únicas alusiones directas a lo cultural y lo humano.


[1] Tomado del ensayo inédito de Sandra Pinardi, escrito en 2014 sobre la serie fotográfica de Luis Arroyo Diorama de la vida ornamental (2013). Archivo del artista.


Todos los fragmentos despejados tienen la misma temperatura de la infinitud, de Luis Arroyo, se presenta del 14 de octubre al 22 de diciembre de 2023 en Abra, G6+G9 del Centro de Arte Los Galpones, Av. Ávila con 8va Transversal, Los Chorros, Caracas.

Fabiola Arroyo

Curadora e investigadora independiente. Magíster en Literatura Latinoamericana, Universidad Simón Bolívar, Caracas. Cursó el Magíster en Estudios Culturales, Universidad ARCIS, Santiago de Chile. Licenciada en Artes Plásticas, Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón, IUESAPAR, Caracas. Curadora y coordinadora de departamentos de educación y comunidades, investigación y curaduría en museos venezolanos (2005-2016). Investigadora y miembro del consejo directivo del Centro de Investigaciones Críticas y Socioculturales, Universidad Simón Bolívar, CICS-USB. Ha publicado ensayos y participado en seminarios y congresos sobre artes visuales y estudios de la memoria, diáspora venezolana, derechos humanos y migraciones. Actualmente colabora en proyectos de arte y memoria del Equipo Peruano de Antropología Forense, EPAF. Desarrolla el proyecto “Crónicas Migrantes” (2016-actual). Curadora de la sección Plataforma Art Lima 2019, “Experiencias/Incidencias”.

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