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LA ABSTRACCIÓN ECOLÓGICA DE AMELIA TOLEDO

[VERSÃO EM PORTUGUÊS ABAIXO]

O rio (e o voo) de Amelia no Rio, la primera exposición individual de Amelia Toledo (Brasil, 1926 – 2017) en Nara Roesler Río de Janeiro, toma como punto de partida una serie de obras desarrolladas por la artista en las décadas de 1970 y 1980, cuando vivía en Río de Janeiro, que se complementa con una selección de obras que dan continuidad a las experimentaciones iniciadas en ese periodo.

Amelia Toledo estableció un puente definitivo entre la naturaleza concreta de la abstracción moderna y la naturaleza como tal, es decir, renovó las fuentes organicistas de la modernidad, pero manteniendo el mundo orgánico como origen y propósito de su trabajo. Su investigación en Río de Janeiro marcó el desarrollo de una obra pionera que podría describirse como abstracción ecológica.

Vista de la exposición “O rio (e o voo) de Amelia no Rio”, en Nara Roesler Rio de Janeiro, 2023. Foto cortesía de la galería
Amelia Toledo, Sin título, sin fecha, maleta, cristales y pasta de papel, 15 x 43 x 78 cm. Cortesía: Nara Roesler Río de Janeiro

Amelia Toledo, Mina de luz II, de la serie Minas de cor, 2006/2022, piedras de cuarzo cristal y placas de acero inoxidable y acero corten, 70 x Ø 70 cm. Cortesía: Nara Roesler Río de Janeiro

Comenzó a estudiar arte en la década de 1930 y durante sus años de formación entró en contacto con algunas de las figuras clave del modernismo brasileño, como Anita Malfatti, de quien fue alumna, y Vilanova Artigas, con quien trabajó realizando dibujos arquitectónicos en su oficina.

Estas vinculaciones, así como su experiencia en el laboratorio de anatomía patológica de su padre, le permitieron desarrollar una obra polifacética que hace uso de una variedad de medios y técnicas, moviéndose entre la pintura, el dibujo, la escultura, el grabado, la instalación y el diseño de joyas, siempre prestando mucha atención a las especificidades del material y su aplicación.

Su obra se alineó en primer lugar con la investigación constructiva, haciéndose eco de nociones del neoconcretismo y de las preocupaciones vigentes en la década de 1960, especialmente el interés por la participación del público, así como el entrecruzamiento entre arte y vida. Toledo desarrolló su polifacética obra a partir de un prolongado y enriquecedor diálogo con otros artistas de su generación, como Mira Schendel, Tomie Ohtake, Hélio Oiticica y Lygia Pape.

Amelia Toledo, Rincón de amatista, 2001, acero inoxidable y amatista, 110,4 x 110 x 110 cm. Cortesía: Nara Roesler Río de Janeiro

A partir de la década de 1970, la producción de la artista trasciende la gramática constructiva, que recurría a elementos geométricos regulares y curvas, y pasa a centrarse en las formas de la naturaleza. Toledo comienza a coleccionar materiales como conchas y piedras, y el paisaje se convierte en un tema fundamental de su práctica.

Entre las obras históricas y emblemáticas de este período se encuentra Divino Maravilhoso – Para Caetano Veloso (1971), un libro de artista dedicado al cantautor. También se exponen trabajos representativos de la serie presentada en 1976 en el MAM de Río de Janeiro, en la muestra individual Emergências, como Reunião (1976), además de un conjunto de piezas realizadas sobre periódicos de la época en las que la artista cubre partes de la superficie con impresiones de manos y pies humanos y patas de animales.

Estas manchas, al tiempo que indican rastros de una presencia, obliteran la lectura de las noticias, estableciéndose así un diálogo con los tiempos oscuros de la Dictadura Militar en Brasil.

Amelia Toledo, Gambiarra, 1976 (detalle), 325 conchas e hilo de nailon, 15 x 1040 cm. Cortesía: Nara Roesler Río de Janeiro
Vista de la exposición “O rio (e o voo) de Amelia no Rio”, en Nara Roesler Rio de Janeiro, 2023. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición “O rio (e o voo) de Amelia no Rio”, en Nara Roesler Rio de Janeiro, 2023. Foto cortesía de la galería

La selección también incluye otros hitos de la obra de Toledo creados durante el periodo en que vivió en Río de Janeiro, cuando profundizó en sus investigaciones sobre la relación entre arte y naturaleza y comenzó a incorporar elementos de ésta a sus obras.

Es el caso de Gambiarra (1976), O Cheio do Oco (1973) y las obras de la serie Frutos do Mar (1982). En ellas, la artista expone moldes de conchas de poliéster a la acción del mar hasta que se recubren de percebes y briozoos, lo que da a estas esculturas un aspecto vivo, al tiempo que indaga en el encuentro entre lo natural y lo artificial.

Además de obras icónicas, la exposición reúne pinturas y acuarelas inéditas creadas en la década de 1980, como la serie Anotações da Casa, en la que la artista trata de representar su experiencia con la luz, su espacio creativo y su hogar en Río de Janeiro.

Vista de la exposición “O rio (e o voo) de Amelia no Rio”, en Nara Roesler Rio de Janeiro, 2023. Foto cortesía de la galería

En este mismo periodo, Amelia Toledo reintroduce la pintura abstracta en su práctica, llevando al campo pictórico muchas de sus observaciones anteriores, que desarrollará hasta el final de su vida en series como Campos de Cor y Pinturas de Horizonte. En ellas, la artista explora el color y el paisaje presentes en otros lenguajes de su poética, a través de delicadas pinceladas gestuales.

Las piedras y los minerales también pasaron a ocupar un lugar central en la obra de Toledo a partir de la década de 2000. En obras como Impulsos, Minas y Canto das Ametistas (2001), utiliza piedras para investigar los colores, los destellos, las transparencias y las variadas formas de lo que ella llama la «carne de la tierra».

Toledo creó composiciones en las que piezas recogidas de las profundidades de escenarios naturales se disponen de diversas maneras, incluso en diálogo con materiales «modernos» como el acero inoxidable. En estas obras, las rocas no son sometidas a ningún tratamiento que altere sus características originales, sino que apenas fueron pulidas para revelar los diseños internos creados por las delicadas vetas que revelan su temporalidad.


AMELIA TOLEDO: EL RÍO (Y EL VUELO) DE AMELIA EN RÍO

Nara Roesler Rio de Janeiro, Rua Redentor 241

Del 12 de septiembre al 4 de noviembre de 2023

Amelia Toledo, Reunión, 1976, moldura de yeso, 5 paneles de 15 x 100 cm c/u. Cortesía: Nara Roesler Río de Janeiro

A ABSTRACÇÃO ECOLÓGICA DE AMELIA TOLEDO

O rio (e o voo) de Amelia no Rio, a primeira exposição individual de Amelia Toledo (Brasil, 1926 – 2017) na Nara Roesler Rio de Janeiro, tem como ponto de partida uma série de trabalhos desenvolvidos pela artista nas décadas de 1970 e 1980, quando vivia no Rio de Janeiro, que é complementada por uma seleção de obras que dão continuidade às experimentações iniciadas nesse período.

Amelia Toledo estabeleceu uma ponte definitiva entre a natureza concreta da abstração moderna e a natureza como tal, isto é, renovou as fontes organicistas da modernidade, mantendo o mundo orgânico como origem e finalidade de sua obra. As suas pesquisas no Rio de Janeiro marcaram o desenvolvimento de uma obra pioneira que pode ser descrita como abstração ecológica.

Iniciou seus estudos sobre arte na década de 1930, e em seu período formativo, tomou contato com algumas figuras chave do Modernismo brasileiro como Anita Malfatti, de quem foi aluna, e Vilanova Artigas, com quem trabalhou realizando desenhos arquitetônicos em seu escritório.

Estas ligações, assim como sua experiência no laboratório de anatomia patológica de seu pai, possibilitaram o desenvolvimento de um trabalho multifacetado que faz uso de variados meios e técnicas, transitando entre pintura, desenho, escultura, gravura, instalação e design de jóias, sempre mantendo uma grande atenção às especificidades da matéria e à sua aplicação.

Seu trabalho esteve alinhado, primeiramente, com a pesquisa construtiva, ecoando noções do neoconcretismo e as preocupações correntes na década de 1960, em especial o interesse pela participação do público, assim como o entrelaçamento entre arte e vida. Toledo desenvolveu seu corpo de obra multifacetado a partir do diálogo duradouro e enriquecedor com outros artistas de sua geração, incluindo, Mira Schendel, Tomie Ohtake, Hélio Oiticica e Lygia Pape.

A partir dos anos 1970 a produção da artista ultrapassa a gramática construtiva, que fazia uso de elementos geométricos regulares e curvas, e passa a se debruçar sobre formas da natureza. Toledo começa a colecionar materiais como conchas e pedras, e a paisagem passa a se tornar um tema fundamental de sua prática.

Dentre os trabalhos históricos e emblemáticos da artista desenvolvidos nesta época, está Divino Maravilhoso – Para Caetano Veloso (1971), um livro de artista dedicado ao cantor e compositor.

Também estão presentes na mostra trabalhos que representam a série apresentada em 1976 no MAM do Rio de Janeiro, na individual Emergências , como a obra Reunião (1976) bem como um conjunto de trabalhos realizados sobre jornais da época, em que a artista recobria partes da superfície com impressões de mãos e pés humanos e patas de animais. Essas manchas, ao mesmo tempo que indicam rastros de uma presença, obliteram a leitura das notícias. A mostra, de modo geral, e essa série, em particular, dialogavam com os tempos sombrios da Ditadura Militar, em vigor no Brasil.

A seleção também apresenta outros marcos da obra de Amelia criados no período em que viveu no Rio de Janeiro, quando suas investigações sobre as relações entre arte e natureza se aprofundam, e elementos naturais passam a ser incorporados às obras. É o caso de Gambiarra (1976), O Cheio do Oco (1973) e trabalhos da série Frutos do Mar (1982). Nestes, a artista expõe moldes de conchas produzidos em poliéster à ação do mar, até que fiquem cobertos por cracas e briozoários, conferindo a essas esculturas um aspecto vivo, e explorando o encontro entre o natural e o artificial.

Além de obras icônicas, a mostra reúne pinturas e aquarelas inéditas criadas na década de 1980 por Toledo, como a série Anotações da Casa, em que a artista busca representar sua experiência da luz, de seu espaço criativo e de sua morada no Rio de Janeiro.

Nesse mesmo período, Amelia Toledo reinsere a pintura abstrata em sua prática, trazendo muitas de suas observações anteriores para o campo pictórico, que irá desenvolver até o fim da vida em séries como Campos de Cor e Pinturas de Horizonte. Nelas, a artista explora sobretudo a cor e a paisagem, presentes também em outras linguagens de sua poética, por meio de pinceladas gestuais delicadas.

Outro objeto de seu interesse também abordado pela exposição, as pedras e minerais passam a ser centrais na obra de Toledo a partir dos anos 2000. Em trabalhos como Impulsos, Minas e Canto das ametistas (2001), a artista faz uso de pedras para investigar cores, brilhos, transparências e as variadas formas do que chamava de “carne da terra”.

Toledo criou composições nas quais as peças coletadas das profundezas de cenários naturais são dispostas em variados arranjos, inclusive em diálogo com materiais “modernos”, como o aço inoxidável. As rochas não foram submetidas a nenhum tratamento que alterasse suas características originais, sendo apenas polidas de modo a revelar seus desenhos internos feitos pelos delicados veios capazes de revelar sua temporalidade.


AMELIA TOLEDO: O RIO (E O VOO) DE AMELIA NO RIO

Nara Roesler Rio de Janeiro, Rua Redentor 241

12 de setembro— 4 de novembro, 2023

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