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NATALIA MONTOYA: UYWIRI Y LA SEÑORA DE LAS NUBES DE PLATA

Por Francisco Godoy Vega | Curador

Trenzar largos pasados dolorosos y enraizados en la memoria colectiva de los pueblos no blancos es un ejercicio lento, donde la urdimbre es atravesada por tejidos heridos y hálitos de sobrevivencia entre el desierto y el mar, entre el cerro y el río, entre el mundo de los vivos y el de los muertos en un proceso circular de conocimiento en espiral.

Las heridas que cargan los pueblos originarios de Abya Yala violentados por el proyecto colonial son fuertes, pero más firmes aún son los tejidos de alianza en amor y resistencia con el pueblo negro. Es desde estos tejidos ancestrales que podemos entender el trabajo de la artista aymara Natalia Montoya (Iquique, Chile, 1994).  

Vista de la exposición “Uywiri y la señora de las nubes de plata”, de Natalia Montoya, en Galería Espora, Santiago, 2023. Cortesía de la artista y Galería Espora
Natalia Montoya, Sol de playa interior, 2023. Óleo, acrílico y pintura en spray sobre tela, 200 x 150 cm. Cortesía de la artista y Galería Espora

En particular, la exposición Uywiri y la señora de las nubes de plata busca sanar ciertas heridas y revivir otras resistencias a partir de un diálogo trans temporal de la memoria afro-indígena en el cruce de territorios tan intensamente resistentes al colonialismo como el desierto de Atacama, las cordilleras, el altiplano andino y un océano turbulento que no tiene nada de pacífico.

La artista teje y reteje, trenza y retrenza, siembra y cosecha, narra y susurra historias ocultadas por la memoria vergonzosa y dolida de los “condenados de la tierra” (Fanon).

Natalia reconstruye materialmente, en trenzas y caracolas, a partir de pequeños vestigios de la historia familiar, la sabiduría de las plantas -como aquella que utilizó el cimarrón Mackandal en Haití, envenenando con plantas ancestrales a los amos blancos-, las lenguas originarias y otras formas de resistencia espiritual que han sobrevivido soterradas dentro del catolicismo colonialista que la antropología llama como “sincretismo” y que la artista aquí busca recuperar como formas de sanación y receptáculos de memoria y vida entre el eleguá, yemayá, oyá, illapa, el café y la hoja de coca.

Tal como indica la artista, “pienso en las caracolas/conchas como receptáculos de esas memorias ancestrales, que están conectadas con el mar y, a su vez, como instrumento de adivinación hacia el futuro que, en este caso de la obra, se cruzan con las trenzas para ser un ‘cuerpo nuevo’”.

Natalia Montoya, Díptico, 2023. Óleo, acrílico y rotuladores sobre tela, 44 x 73 cm. Cortesía de la artista y Galería Espora
Natalia Montoya, Díptico, 2023. Óleo, acrílico y rotuladores sobre tela, 44 x 73 cm. Cortesía de la artista y Galería Espora
Natalia Montoya, Nueve cabezas, 2023. Estructura de alambre, yeso y pasta de papel, dimensiones variables. Cortesía de la artista y Galería Espora

En este sentido, el territorio creado por Montoya en esta exposición revive diferentes memorias de resistencia en sus dimensiones contemporáneas, de pasado y de futuro; un ejercicio de bajar a las profundidades del mar y la tierra para trenzar raíces de territorios no gobernados por la humanidad blanco-occidental y para dialogar con las memorias de las piedras del mar y el desierto que cargan largas historias de sedimentación del dolor.

Por ejemplo, la memoria y la resistencia de los cuerpos negros esclavizados que llegaban al puerto de Arica con destino principal en Potosí, y cómo, en alianza de cimarronaje con los indios fugitivos, construyeron afectos y complicidades con comunidades aymaras y quechuas, entre la montaña y el mar, generando un espacio común de sobrevivencia de los cuerpos subalternizados y liberados del yugo blanco, donde preservar la vida de las entidades y la vida de las deidades que se encuentran entre esas memorias ancestrales de dos continentes que han sobrevivido al colonialismo y al extractivismo: África y Abya Yala.

Unas culturas espirituales sumamente enrevesadas que se trenzan en las raíces de la tierra, en los truenos que son illapa y santiago matamoros, mataindios y matanegros al mismo tiempo, en la virgen de la candelaria o la virgen del Carmen, que son oyá o iansá con su fuerza sobre los vientos que atraviesa los mundos de los vivos y muertos; también en el poder de las aguas del pasado y el futuro de yemayá, que es también maría auxiliadora, y en la coca, que remueven el imaginario humanocéntrico para reconocer el poder de la tierra y las deidades como entes vivos que buscan sanar las historias personales, colectivas y de otres no humanos, heridas profundas que habitan un tiempo pasado, que es también nuestro futuro.

Natalia Montoya, Wachuma, 2023. Óleo, acrílico y pintura en spray sobre tela, 75 x 107 cm. Cortesía de la artista y Galería Espora
Natalia Montoya, Inteligencia 4, 2023. Óleo sobre tela, 35 x 70 cm. Cortesía de la artista y Galería Espora

Uywiri y la señora de las nubes de plata, de Natalia Montoya, se podrá ver hasta el 30 de septiembre en Galería Espora, Apoquindo 5972, departamento 12, Las Condes, Santiago de Chile.

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