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LA (EX) CENA ÚLTIMA, 1985. UNA PELÍCULA INACABADA DE ENRIQUE LIHN

Realizada en 1985, esta película es tal vez uno de los más aventurados proyectos de Lihn y también el más inacabado que realizara fuera del ámbito de la literatura. Emprendido en la época en que “a Lihn le dio por hacer películas”, como comenta el cineasta Carlos Flores[1], el proyecto dio por resultado un video de poco menos de una hora, escasamente conocido y difundido, y que a pesar de su estado de inconclusión sostiene su carácter e importancia como expresión de la estética estridente/teatral que Lihn cultivó en sus últimos años de vida, coincidentes con los últimos de la dictadura militar.

Al igual que Adiós a Tarzán, audiovisual en video producido el año anterior (1984), La (ex) cena última da cuenta de la capacidad de convocatoria del poeta, quien podía arrastrar a colegas del mundo del arte, la literatura, el teatro, el cine e incluso a sus amigos del bar y de la calle a estas jornadas de grabación, donde se combinaba el encuentro afectivo con la acción contracultural.

Los mejores momentos de la película dejan a la vista el notable trabajo de vestuario y escenografía de Maya Mora, quien –seguramente en diálogo con el propio Lihn, observador atento de las artes visuales contemporáneas— convierte varias locaciones en verdaderas propuestas instalativas, en las que repercuten corrientes del arte internacional prestigiosas en el período, desde el arte povera hasta el pop crítico[2].

La influencia de esta práctica instalativa se hace particularmente sensible en la notable escena de cierre, en la que el motivo cristiano de la cena última, configurado al modo del tableau vivant, cobra forma hacia el fondo del antiguo galpón donde funcionaba la sala El Trolley[3], ante un banquete grotesco sobre tablones de construcción y tambores de metal semi oxidados.

En sus distintas escenas, no necesariamente unidas por la lógica de una trama, desfilan personajes saturados de teatralidad, que se vuelven aún más atractivos para la expectación actual al ser interpretados por figuras reconocibles del campo cultural y artístico de la época. Aparte del mismo Lihn y su hija Andrea, son parte del elenco Tito Bustamante (quien, vestido de fastuosa cantatriz interpreta una versión doblada de La Traviata); Felipe Alliende (cuyo papel es el de un cura que se comunica con Dios en latín macarrónico para solicitarle favores no muy santos), Hugo Marín (como padre aristócrata de Andrea Lihn, “la novia”), Nemesio Antúnez (quien emerge en atuendo de piloto de un avión nazi de la segunda guerra estrellado sobre un predio del valle central de Chile), Aldo Parodi (cuya interpretación teatral de “La Nona” queda curiosamente inserta en la multiforme narrativa de Lihn), o Gregory Cohen (arquero y fatal mendigo abandonado por su esposa, quien es velado en una ceremonia religiosa en la que Felipe Alliende, el cura, encarga su alma a figuras futbolísticas como Caszely, Figueroa y Aravena)[4].

Contemporánea de las grandes protestas que se hicieron sentir hacia los últimos años de la dictadura y en pleno proceso de elaboración aquel año en que las fuerzas de seguridad del régimen perpetraron atrozmente el crimen de tres profesionales comunistas (entre los que se encontraba el hijo de Roberto Parada, quien juega un pequeño rol en La (ex) cena…, oscilante entre el Neruda de Ardiente Paciencia[5] y el profesor jubilado de Sexto A 1965[6]), la intrincada peripecia de los personajes dialoga con un contexto histórico donde el orden dictatorial había iniciado su desplome en un país cuya tolerancia estaba llegando al límite.

Como ha señalado Germán Liñero, la película “…es una parodia y a la vez una alegoría (desde una suerte de grotesco surrealista) de la situación que se vivía en Chile. El sacerdote interpretado por Alliende busca por diversos medios repetir la Última Cena en un contexto plagado de extraños personajes como un mago y un profeta “de la verdad” (Gerardo Pompier)”.

La cámara sigue a estos personajes por espacios sin relación de continuidad —como lo son el jardín de una residencia acomodada, pasillos, escaleras y habitaciones de un caserón antiguo y arruinado, un viejo templo desalojado—, abandonándolos a ratos y dejando que se expresen, en su desolación, los habitantes de ciertas calles de Santiago, marginales y mendigos, únicos aparentemente documentados en su condición cotidiana.

Como reseña Liñero, la ciudad de La (ex)cena última sufre una invasión de ratones interpretados por actores con cabezas y guantes de ratón Mickey Mouse, que participan en “oscuros actos de sabotaje, raptos y torturas” comandados por una mujer por la que habla el poder totalitario. En esta ciudad, “la sociedad se encuentra dividida entre miserables y menesterosos y un pequeño grupo de excéntricos que disfrutaban de su riqueza pero que en su decadencia no rechaza mezclarse de manera orgiástica con vagos y mendigos”[7].

Grabada en casetes de tres cuartos (soporte análogo), con cintas vencidas sobrantes de la productora de Carlos Flores, el conjunto de registros al que hoy se acepta llamar “la película” se articula a través de saltos e interrupciones, secuencias a veces pobremente iluminadas, con bandas sonoras por momentos descalzadas o inexistentes. La edición está claramente inacabada y ciertos fragmentos se reiteran sin que pueda deducirse si se trata de un gesto intencional o simplemente erróneo; el registro visual presenta ruidos y pérdidas de información, especialmente hacia el final, siendo también ese desbaratamiento material en alguna medida coherente con las condiciones en que la producción cobró forma, en un ambiente de barricadas, vidrios rotos, neumáticos y tambores de metal ardiendo en las poblaciones.

Fue editada por Lihn en la productora de Flores, donde tanto las grabaciones como la copia que reunía el material en su forma última quedaron guardadas por años tras la muerte del poeta, hasta que Flores decidió copiar la película en DVD y presentar algunos pasajes por primera vez, en un homenaje a Lihn, en el Instituto Goethe.

Inspirada probablemente en el célebre y triste poema de César Vallejos “La cena miserable”[8], La (ex)cena última es una obra que hace palpable la amplitud de horizontes referenciales, visuales, poéticos y cinematográficos desde los cuales Lihn procesaba este período turbulento de la historia de Chile y la exquisita estridencia con la que fue elaborando su retirada de este mundo.

Por otra parte, la película puede ser considerada un rasgo, aunque excéntrico, integrado al signo de un año -1985- intenso y candente para la experimentación local con el video, en el que artistas como Gloria Camiruaga, Juan Downey, Carlos Leppe, Juan Castillo, Eugenio Dittborn y el propio Carlos Flores produjeron obras relevantes en este medio; año también en que el Festival Franco-Chileno de Videoarte institucionalizó su influyente sección Diarios de Viaje, empujando y promoviendo la expansión local de este lenguaje, todavía nuevo para entonces, y fuertemente enfrentado en términos críticos con la audiovisualidad avasalladora de la televisión[9].


La (ex)cena última se presenta del 30 de agosto al 15 de diciembre (de lunes a viernes) en Galería Gabriela Mistral (Av. Libertador Bernardo O’Higgins 1381, estación de Metro Moneda) como obra destacada de la exposición Enrique Lihn: Por fuerza mayor, curada por Ana María Risco junto al artista Cristián Silva y la investigadora Vania Montgomery.


[1] En conversación con la autora de este texto, para su preparación. Carlos Flores colaboró de manera significativa con Lihn para ese proyecto como para otros. Hizo la cámara en algunos momentos, como también contribuyó en el proceso de edición, que se realizó en su productora. Tal como se relata en este texto, también es el responsable del traspaso de la copia final en DVD, lo que ha permitido su circulación.

[2] Uno de cuyos principales representantes estadounidenses se hará presente en Chile el mismo año en que se graba La (ex) cena última, cuando se presenta en el Museo de Bellas Artes el proyecto ROCI (Rauschenberg Overseas Cultural Interchange).

[3] Sede de la compañía Teatro fin de siglo (Ramón Griffero), fue también un lugar para fiestas performáticas y acciones culturales, donde se dieron citas personajes relevantes de la movida cultural de resistencia entre los años 1983 y 1988.

[4] Otros personajes que proliferan en la película son interpretados por los escritores Francisco Zañartu, Roberto Merino y David Turkeltaub, las artistas Irene Domínguez y Nancy Gewölb, la actriz María Corbinos, además de un insólito allegado a la tribu bohemia lihneana, apodado el Mago Vera.

[5] Película de Antonio Skármeta (1983), protagonizada por Parada.

[6] Película de Claudio Di Girolamo, estrenada el mismo año 1985, e igualmente protagonizada por el actor.

[7] Todas las citas de Liñero provienen de Apuntes para una Historia del Video en Chile. Ocho Libros Editores, Santiago de Chile, 2011. p. 59-60

[8] Perteneciente al grupo de poemas “Truenos”, publicado en 1919, en el poemario Los heraldos negros.

[9] La autora del texto agradece a Sebastián Vidal, investigador y especialista en historia video chileno, por la conversación que permitió esclarecer la importancia de este año en la historia temprana del video en Chile.

Ana María Risco

Doctora en Filosofía con mención en Estética y Teoría del Arte, Magíster en Teoría e Historia del Arte y Licenciada en Ciencias de la Comunicación y Periodista por la Universidad de Chile. Sus áreas de investigación son literatura artística; crítica de arte; escrituras sobre arte en Chile; y relaciones entre imagen y escritura.

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