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PRIMERA RETROSPECTIVA DE LILIANA PORTER EN FRANCIA

Les Abattoirs presenta la primera retrospectiva en Francia de Liliana Porter (Argentina, 1941 – vive en Nueva York desde 1961), una muestra que, a través de un centenar de obras, entre históricas y recientes, pone de manifiesto cómo esta artista mujer expandió los límites del arte conceptual y transformó la instalación en imágenes poéticas.

A lo largo de su trayectoria, Porter ha explorado diferentes medios, como el grabado, la pintura, la escultura, la fotografía y el video, todos parte de una investigación a largo plazo sobre la percepción de la realidad y las nociones de tiempo y espacio.

A partir de los años 60, la artista contribuyó a reinventar la práctica del grabado -que ocupa un espacio central en su trabajo- a través del New York Graphic Workshop, cofundado junto a Luis Camnitzer y José Guillermo Castillo en 1964. Esta técnica, recuperada por los artistas del Pop Art y apreciada en América Latina por su dimensión política, le permite tener una mirada crítica sobre la noción de autoría y de trabajo colectivo, proporcionándole formas de narración.

En los años 70, Porter empezó a trabajar con la fotografía e integró imágenes de su propio cuerpo a dibujos, principalmente murales, como un eco de las preocupaciones de las artistas feministas de la época.

La primera parte de la exposición, titulada El juego de la realidad. Desde los años 1960 hasta hoy, retoma este camino, a la vez que propone una nueva lectura del contexto histórico, artístico y social de este periodo. La segunda parte reúne un grupo de sus instalaciones, dos de ellas realizadas especialmente para Les Abattoirs. Presentes en su práctica desde hace un par de décadas, estas instalaciones están hechas de figuritas y objetos populares recolectados en mercadillos a lo largo de sus viajes, los que también aparecen en sus pinturas y videos.

Mediante la exploración poética de la realidad, Liliana Porter juega con los códigos de la representación y tantea sin descanso el proceso de creación y el poder surrealista de la imagen.

Liliana Porter, Untitled (hands and triangle), 1973, Colección Les Abattoirs, Museo – Frac Occitania Toulouse © Liliana Porter

Reinventar el grabado: El New York Graphic Workshop

En 1964, Porter cofundó el New York Graphic Workshop (colectivo activo de 1964a 1970) junto a los artistas Luis Camnitzer (Uruguay, 1937) y José Guillermo Castillo (Venezuela, 1936-1999). En su exploración con la serigrafía, la artista implementó varios métodos, como el uso de objetos ordinarios y replicables, reproducidos en grabado, que el grupo reunió bajo el término de arte boludo. «La idea es superponer la realidad a la descripción de esa misma realidad«, escribía Liliana Porter en 1969. La serie de Mail Exhibitions, exposiciones mandadas por correo, así como la instalación Shadows -que mezcla sombras pintadas y reales-, proponen alternativas inmateriales a los medios artísticos tradicionales, en una reflexión crítica sobre las instituciones y el mercado del arte.

Liliana Porter frente a su instalación "Wrinkle", Museo de Bellas Artes, Caracas (Venezuela), 1969 © Liliana Porter. Foto: Archivo Studio Liliana Porter
Liliana Porter frente a su instalación «Wrinkle», Museo de Bellas Artes, Caracas (Venezuela), 1969 © Liliana Porter. Foto: Archivo Studio Liliana Porter
Vista de la exposición «El juego de la realidad. Desde los años 1960 hasta hoy», en Abattoirs, Musée – Frac Occitanie Toulouse, Francia, 2023 © Liliana Porter. Foto: Damien Aspe

“Liliana lo arruga”: esculpir el papel

Prosiguiendo su experimentación con el grabado, Porter desarrolló a finales de los 60 una práctica más experimental del medio, desbordando los límites habituales de la hoja de papel para crear verdaderos entornos, como en la obra Wrinkle Environment I (1969).

Sin dejar de utilizar materiales ordinarios y el principio de repetición, sus investigaciones tomaron la forma de instalaciones monumentales que invadían las paredes, el suelo y el mobiliario, creando un trampantojo en el que el papel arrugado reproducía la imagen de una hoja de papel también arrugada. La artista profundizó los principios establecidos por el New York Graphic Workshop hasta transformar el propio espacio de la exposición.

Durante este mismo periodo, utilizó por primera vez el fotograbado, que permite acentuar el juego entre la imagen y su reproducción y descomponer las imágenes con un enfoque casi cinematográfico. Emmett Williams (1925-2007), artista de la vanguardia Fluxus, se refería a la obra Wrinkle (1968) como “naturaleza muerta de action paintings”.

Liliana Porter reproduce la acción de arrugar una hoja de papel a la manera de un flipbook, dando la impresión de una imagen en movimiento. “Yves Klein lo azula, Tinguely lo electrifica, Soto lo hace vibrar, Mathieu se revuelca en él, Fontana lo corta, Christo lo envuelve, Arman lo colecciona, Spoerri lo pega a la mesa del comedor, Dieter Roth lo deja vegetar, Liliana lo arruga”, escribió tambiénWilliams, situándola junto a otros artistas de la misma época, en particular de los movimientos del Nuevo Realismo y del Arte Cinético, que también cuestionaban los límites de la representación.

Liliana Porter, Afiche para el movimiento por la Paz, 1971 (The New York Times, 13 de septiembre de 1970), 70,49 x 50,8 cm © Liliana Porter. Foto: Studio Liliana Porter. Colección de la artista

Crear y luchar juntos, de Nueva York a São Paulo y Buenos Aires: el arte en común

Las décadas de 1960-1970 en Estados Unidos fueron el escenario de una oleada de contestación política y social, encabezado en particular por el movimiento de derechos civiles y el debate sobre la intervención de EEUU en conflictos armados exteriores, como la guerra de Vietnam. En Sudamérica, varios países vivían momentos de crisis política y democrática. Tras los golpes de Estado de 1973, Brasil, Chile y Uruguay sufrieron dictaduras militares, seguidos por Argentina a partir de 1976. Estos regímenes autoritarios conllevaron una dura represión de la población y censura de las libertades individuales, dejando numerosas víctimas.

Como integrante de la comunidad de artistas latinoamericanos que emigraron permanentemente a EEUU (ahora llamados Latinx), Liliana Porter está comprometida con diversos proyectos cuyo objetivo es mejorar la representación de estos artistas, en particular mujeres, y criticar la posición del país respecto a los regímenes autoritarios de América Latina. Porter realizó obras como Untitled (nails) (1963), Cartel para el Movimiento por la Paz (1971), y participó en la Contrabienal, reacción a la XI Bienal de São Paulo organizada en un contexto de dictadura militar, proyecto que se materializó en un catálogo publicado en 1971.

El New York Graphic Workshop también inventó un artista ficticio, Juan Trepadori, cuyas obras, producidas en realidad por artistas del grupo, parodiaban los estereotipos asociados a los artistas latinos. La idea era realizar obras comerciales con su nombre con el objetivo de brindar un apoyo financiero a la comunidad. Mediante esta reapropiación, el grupo burlaba el mercado del arte y desafiaba la posición de hegemonía cultural que estaba adquiriendo Estados Unidos en aquel momento.

Para Liliana Porter la dimensión colectiva y social del arte es fundamental. Al descubrir la escena estadounidense como inmigrante se interrogó sobre lo que constituía la identidad de los artistas latinx que estaban (y siguen estando) poco representados en los grandes museos, y cuestionó el estatus de la autoría, aquí replanteado en beneficio del grupo.

Vista de la exposición «El juego de la realidad. Desde los años 1960 hasta hoy», en Abattoirs, Musée – Frac Occitanie Toulouse, Francia, 2023 © Liliana Porter. Foto: Damien Aspe

El cuerpo en el espacio: un conceptualismo en femenino

Liliana Porter comenzó a utilizar la fotografía en su trabajo durante la década de 1970. Esta práctica le permitió añadir una nueva dimensión a su investigación sobre la temporalidad de la imagen y lo que constituye la materialidad de la obra. Haciéndose eco de los movimientos conceptualista y minimalista que estaban en pleno auge en la escena neoyorquina, ella proponía una versión personal y encarnada, basada en la escala del cuerpo.

Utilizado por primera vez en 1969 en la obra Shadows, el cuerpo está representado por las manos de la artista, un motivo recurrente en esos años, casi siempre asociado con formas geométricas dibujadas sobre la pared. Las líneas se prolongan más allá del cuadro, fusionando la fotografía con el dibujo, e integran a la obra el espacio blanco de la pared.

A través del uso del cuerpo, las obras de Liliana Porter proponen una alternativa a las formas más clásicas del conceptualismo y el minimalismo.

Vista de la exposición «El juego de la realidad. Desde los años 1960 hasta hoy», en Abattoirs, Musée – Frac Occitanie Toulouse, Francia, 2023 © Liliana Porter. Foto: Damien Aspe

Juegos de Sociedad

A partir de los años 1980-1990, la investigación de Liliana Porter sobre la relación entre realidad y ficción se materializó en unas puestas en escena de pequeños personajes y figuras de la cultura popular, recolectados en los mercadillos y a lo largo de sus viajes. En estas fotografías, cuadros o dibujos, junta y agencia de manera singular objetos y mini héroes de porcelana o de plástico, desde Mickey Mouse hasta el Che Guevara, desde John F. Kennedy hasta Elvis Presley, a menudo acompañados por animales o personajes anónimos.

Inspiradas en las experiencias surrealistas, estas obras reflejan la influencia del artista belga y maestro del movimiento René Magritte (1898-1967), que Porter homenajeó con una serie de grabados en la que sustituyó la famosa silueta del hombre con bombín por la suya propia. Al igual que el autor de Ceci n’est pas une pipe (Esto no es una pipa), cuestiona el juego de la realidad, juega con la disonancia entre los objetos, su imagen, y las palabras que los describen.

La otra figura que marca su obra es el escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), que también impregnaba sus relatos de poesía y extrañeza, en busca de «verdades fantásticas». Bajo una aparente sencillez, estos personajes tan opuestos (pingüinos, soldados, platos y jardineros, pollitos mecánicos y relojes rotos) se encuentran y generan situaciones incongruentes. Estas yuxtaposiciones insólitas convocan nuestra memoria colectiva, entre risa y nostalgia, y ponen en juego nuestra relación con la realidad y nuestro instinto de proyectar ciertos valores en estos personajes. ¿Cuál será el desenlace de la historia?

Vista de la exposición «El juego de la realidad. Desde los años 1960 hasta hoy», en Abattoirs, Musée – Frac Occitanie Toulouse, Francia, 2023 © Liliana Porter. Foto: Damien Aspe

Obras de animación

En los años 2000, Liliana Porter empezó con naturalidad a crear películas y luego obras de teatro en las que las figuritas se convertían en actores y actrices reales. “Al igual que la fotografía me llevó al video, el resto de mi trabajo -especialmente las instalaciones- me condujo al teatro, porque me di cuenta de que ya había algo muy teatral en el mecanismo de mi trabajo, en la puesta en escena de las situaciones«.

Como prolongación de sus pinturas, fotografías y ensamblajes, Liliana Porter escenifica sus personajes-figuras en obras de video y da vida a los encuentros provocados. Filmadas o representadas ante el público, estas coreografías, en las que se entremezclan lo trágico y lo burlesco, acentúan el carácter teatral y narrativo de su arte.

Estos espectáculos son obras colaborativas, ya que se producen juntamente con la artista Ana Tiscornia (Uruguay, 1951) para la puesta en escena, y la compositora Sylvia Meyer (Estados Unidos, 1959), cuya música tiene un rol central en la escritura de estas historias. Creando auténticos cortometrajes, la artista no sólo integra el movimiento en estas obras, sino que también actúa como titiritera. Sus manos, visibles en la pantalla, evocan su trabajo fotográfico de los años 70, y muestran hasta qué punto su proceso creativo forma parte de una investigación a largo plazo.

Vista de la exposición «El juego de la realidad. Desde los años 1960 hasta hoy», en Abattoirs, Musée – Frac Occitanie Toulouse, Francia, 2023 © Liliana Porter. Foto: Damien Aspe
Vista de la exposición «El juego de la realidad. Desde los años 1960 hasta hoy», en Abattoirs, Musée – Frac Occitanie Toulouse, Francia, 2023 © Liliana Porter. Foto: Damien Aspe
Vista de la exposición " El juego de la realidad. Desde los años 1960 hasta hoy", en Abattoirs, Musée – Frac Occitanie Toulouse, Francia, 2023 © Liliana Porter. Foto: Damien Aspe
Vista de la exposición «El juego de la realidad. Desde los años 1960 hasta hoy», en Abattoirs, Musée – Frac Occitanie Toulouse, Francia, 2023 © Liliana Porter. Foto: Damien Aspe
Vista de la exposición «El juego de la realidad. Desde los años 1960 hasta hoy», en Abattoirs, Musée – Frac Occitanie Toulouse, Francia, 2023 © Liliana Porter. Foto: Damien Aspe

Juegos de escala

Una de las peculiaridades de la obra de Liliana Porter consiste en confrontar pequeñas figuras con la inmensidad del mundo. Jugando con la escala, cada figura nos invita a mirar lo que hay detrás de la imagen y a desafiar nuestra percepción.

La serie Forced Labour [trabajo forzado] está protagonizada por figuras diminutas y discretas -una pequeña barrendera, una bordadora, un obrero pintando- que realizan tareas triviales pero gigantescas, casi sobrehumanas. Ilustrando lo absurdo y lo trágico de la vida, estas obras son un comentario satírico y humanista sobre el lugar de cada uno en la sociedad.

Entre escenas de género, paisajes y pintura histórica, Porter reinventa los grandes temas de la historia del arte hasta el punto de interesarse por la anticuada tradición de la pintura marina. Los cuadros marinos de la artista evocan el tema del viaje y del surrealismo. Estos naufragios tienen su origen en su lectura de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, y en la escena en la que Alicia llora tanto que las olas de sus lágrimas la transportan a un universo lejano y desconocido. Liliana Porter retoma cierta visión romántica que enfrenta al ser humano con lo sublime de la naturaleza y con su condición irrisoria.

Vista de la exposición «El juego de la realidad. Desde los años 1960 hasta hoy», en Abattoirs, Musée – Frac Occitanie Toulouse, Francia, 2023 © Liliana Porter. Foto: Damien Aspe
Vista de la exposición «El juego de la realidad. Desde los años 1960 hasta hoy», en Abattoirs, Musée – Frac Occitanie Toulouse, Francia, 2023 © Liliana Porter. Foto: Damien Aspe

To Sweep, 2023

Realizada especialmente para su exposición en Les Abattoirs, la instalación To Sweep fue concebida por Liliana Porter como un eco de la arquitectura monumental del edificio. Se enmarca en la línea de sus instalaciones que juegan con la escala, entre pequeñas figuras y puestas en escena imponentes, en la tradición de la obra Man with the Axe, presentada en la Bienal de Venecia en 2017.

En medio de un paisaje constituido por viejos instrumentos musicales, lámparas de araña rotas y objetos deteriorados (relojes, vajilla, etc.), la instalación presenta a una mujer barriendo. Esta escena casi fantástica, desplegada sobre dos zócalos enfrentados, destaca a personas cuyo trabajo es a menudo invisible, simbolizadas aquí por esta minúscula barrendera. Frente a una acumulación de objetos que resulta espectacular, intimidante, parece absorbida por esta tarea imposible. Para Liliana Porter, se trata de una metáfora del tiempo, que nos arrastra y nos abruma a la vez, llevándoselo todo en su camino.


Liliana Porter, el juego de la realidad. Desde los años 1960 hasta hoy se presenta del 7 de abril al 27 de agosto de 2023 en les Abattoirs, Musée – Frac Occitanie Toulouse, 76 allées Charles de Fitte, Toulouse, Francia.

Curaduría: Annabelle Ténèze, Directora de les Abattoirs | Lauriane Gricourt, Conservadora en les Abattoirs

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