GABRIEL CHAILE: POR UN TIEMPO SIN TIEMPO
Con una marcada tendencia formal, pulcro en contraste con la visión de un caos primigenio, Gabriel Chaile (San Miguel de Tucumán, Argentina, 1985) se lanza sobre la arena de los orígenes, ya no de él, ya no de su país, ya no de un continente, sino de la vida misma, y lo hace, literalmente, para utilizar una famosa expresión latina, ad ovo.
Como si Salir del surco al labrar la tierra: delirios de grandeza II nos ubicara en los momentos anteriores al primer nacimiento. A la gran explosión. A la creación. El nacimiento del nacimiento. Sucede que no hubo un origen único, sino mutaciones, variaciones, saltos, por eso nos encontramos en la antesala no de un solo nacimiento, sino de múltiples. De ahí el título a la exposición en Barro NYC, Time, Times and Half Times.

azófares, musgo, hierro, 383 x 441 cm. Cortesía: Barro NY
Siguiendo esta lógica, la instalación de la sala principal retoma trabajos anteriores de Chaile, uno de los artistas más prolíficos de la Argentina, con gran impacto en la última Bienal de Venecia.
La vida yace, allí, antes de ser vida, o justo cuando la vida está a punto de irrumpir en el mundo, aunque no exista mundo sin vida, al menos sin vida humana. Chaile trabaja estos temas con sobriedad y discreción, sin excesos, como intentando evadir lo que los otros esperan de él.
Chaile apunta a mostrar cómo la vida progresa, crece, a pesar de las condiciones, se abre camino frente a las contrariedades. ¿No percibimos casi un matiz ridículo en el desarrollo de las distintas formas de vida? Las condiciones estaban dadas para que no se produjera, y sin embargo, se encendió la luz primordial.





En la sala dos, nos topamos con la promesa de una película, el poster de Proto, prefijo griego que indica preeminencia. Una palabra de orden familiar es prototipo; pensemos también en protohombre: “Hombre de barro del cual se formó el ser humano, organismo del cual surge el ser humano”. O Protozoo: “relativo a organismos primordiales y microscópicos, formados por una sola célula».
¿No es este el surco que traza Chaile? Inventarse un origen, conquistar o reconquistar su herencia. El poster está escoltado por dos esculturas que parecen haber huido de la sala anterior, similares a criaturas de alguna película de alienígenas que ya no recuerdo.
En las paredes, una serie de ocho pequeños dibujos recuerdan a diseños rupestres, olvidados en alguna caverna, líneas que arman y desarman la representación y anuncian la trama entre pasado y futuro. Esta dualidad modifica sensiblemente la lectura; la obra de Chaile no toma una dirección única, es bifronte, mira hacia lo que fue y hacia lo que podría ser, haciendo converger ambos sentidos.


Además de exponer en Barro, Gabriel Chaile montó una escultura de adobe de gran tamaño (cinco metros de alto por siete de largo) en el High Line, concebida para verse asediada por las fuerzas del tiempo, igual y diferente que las piezas adentro de la galería. Afuera, el viento, la lluvia, la nieve, el sol, la vegetación intiman con la pieza y trastocan su identidad.
La escultura, similar al recipiente de un caldo primordial en el que se estaría cociendo la vida, remite también a formas femeninas de concepción. En The Wind Blows Where It Wishes (así como en todo su trabajo) Chaile dialoga con la historia del arte, europea y latinoamericana, e incluso dialoga con la historia del arte cuando aún no había iniciado, es decir, con la prehistoria, con la arqueología, con los restos de una historia por venir.
Vale la pena mencionar que tanto el título de la escultura del High Line como de la exposición de Barro son referencias bíblicas. La primera es una cita de Juan, 3,8, y el versículo completo dice: “The wind blows where it wishes and you hear the sound of it, but do not know where it comes from and where it is going; so is everyone who is born of the Spirit.”*. La otra, pertenece al libro de Daniel (12: 7) y al de la Revelación (12:14), y se relaciona con el método de interpretación de la profecía bíblica.
El espectador atento podrá notar que en la práctica artística de Chaile hay precisión e imprecisión, ciencia y magia. Sus obras no se olvidan (no pueden olvidarse) de los rituales ni de las ceremonias. Esto sucede, quizás, porque el arte se sitúa en algún lugar, en una posición intermedia entre el saber arcaico y la ciencia.
Con Chaile estamos a la deriva de un mundo imposible, que ya no volverá, o que aún no comienza.
* “El viento sopla donde quiere, y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene y a dónde va; así pasa con todo el que ha nacido del Espíritu”.
Time, Times, and Half Times continúa en Barro Nueva York hasta el 12 de agosto. The Wind Blows Where It Wishes podrá verse en The High Line hasta marzo de 2024.
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