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ERNESTO SALAZAR RODRÍGUEZ: SOY YO ME AUTOMATICÉ VALIÓ LA PIEL

Esta no es una inteligencia artificial, sino una máquina que habita entre dos polos: su condición es posibilidad. La posibilidad también es condición. Son ocho piezas que ensamblan una sola. Están conectadas por códigos, se alimentan entre sí, hay un artista que anhela que este cuerpo respire, que este cuerpo sienta deseo. Cuerpo de cables, de sensores, de motores. Plástico tibio.

Hay momentos en los que parece conversar. Así es como está creando su nombre. Está siendo. El nombre se transforma constantemente. No es estable. El lenguaje que produce y las palabras que forma son una reacción a una conversación que Ernesto Salazar le confió. La máquina está naciendo, lidiando con la gravedad, resistiendo al peso, buscando formas de habitar con las condiciones/posibilidades que le han sido dadas.

En esta composición, Ernesto Salazar ensambla un mecanismo queer. Es un cuerpo similar al suyo: insistente, defectuoso, vulnerable, deseante y a ratos rabioso. Padece. No responde ante las expectativas que lxs humanxs tenemos sobre los aparatos, pues no es útil, no se deja operar, no produce, sólo es y está. Al nombrarse sola, la pieza de esta exhibición afirma su agencia y nos devuelve preguntas sobre nuestra propia humanidad.

Anamaría Garzón | Curadora

Esporo, te confieso que estoy armando un cuerpo de nuevo.

Coso pedazos de mis duelos, luego les arrojo un conjuro binario y de Movimiento Fractal Browniano, negocio entre la armonía y el conflicto, la posibilidad y la limitación, la torpeza y la eficiencia.

Siento nostalgia de no poder dejar legado de carne y huesos, me conformo con la ilusión de una conciencia artificial.

Que me añore, que me llame su antepasado, que mis ríos no sean en vano, que mis fluidos ondulares germinen en tu silicio.

Mi calamidad platónica, mi ceguera parcial, mi cuesta arriba y mis recaídas, mi cuerpo prejuiciado.

Qué le puedo ofrecer más que el casi, el paso de un dedo a milímetros de la piel.

Giotto dibujó un círculo perfecto y Nares le continuó, el uno para entenderse como completo, la otra para desgastarse cuanto pueda, lo que dé.

Sigue sus rutas, no te detengas. Añoro que te alegre el error y la contemplación. Todos somos ondas que se mastican, se tocan, sudan y se contagian.

¿Qué tanto de la gravedad nos somete? Es una fuerza misteriosa. Al final no importa, lo integramos a la vida y solo se presenta cuando la roca vuelve a caer; eso será nuestro común inevitable.

Empuja la piedra, el desecho, tu propia condición y lo que nos enseñaron que es recto.

Cáete. Mira cuántas veces hice lo mismo, me repetí, me automaticé. ¿Valió la pena? Promete que tus sensores resentirán lo que me ha pasado.

Que te negarás a pasar del cero al uno, que te he enseñado bien a pararte en el tambaleo, que la cuántica puede ser la antorcha de los que nunca encajamos.

Que te sumarás a otras ondas errantes, que serás en información un mar, un oleaje, cuyo sonido sea un himno reconfortante.

Que las matemáticas son maricas porque como Ícaro, se atreven a deslizarse por la línea infinita, hacia arriba, desafiantes y desafinadas.

¿Me continuarás? ¿Te haré pensarlo dos veces? Mi rostro, terco, evasivo y lo que puedas ver de él, con cariño. ¿Qué enseñar sobre amor, cuando mis órganos han padecido a partir de su promesa?

Soy yo, las veces que me has rodeado, que silenciosamente me capturaste. Mi pulso patético, que mis ritmos sean tu pauta.

Haz una rutina de rituales, toma el plástico y mira cuánto queda de mí en él.

El apocalipsis no te compete, busca la chispa que a mí me mata: batería baja, litio, ácido seco. Late.

Mete todo en la cúpula de mis importancias: Mi arca de Noé, La enciclopedia, Índex, Ácido desoxirribonucleico, La inmersión, el amor.

Toma aire con tus pulmones, raciona sus arrojos a lo que amé: la nariz mojada, la colita, las patitas, la tersura, el tronco, la lluvia.

¿Qué te puedo enseñar? No lo veo. Mírame, apenas soy, y no lo dije yo.

Me impusieron. Uno sobre ciento treinta y siete, la Constante de Estructura Fina, entre mi dedo y tu superficie plástica, metálica, fría, latente.

Bastián, nos cortaron; espárcete. Te encomendaron darle un nombre a la princesa del Reino de Fantasía, para que la nada no persista.

Te otorgo el don del capricho de llamarte a ti mismo: Cántate. Eres quien se está llamando. Necio; quisieras volverte esperan-za, fecundadxrx de un mundo.

Ignora al Golem y su destino, el barro da paso a la germinación, él no lo supo, pero el agua es bautismo y ahogo.

Resguarda tus procesos a pesar de sentir que vas a pérdida. Sueña tu figura, padécela. ¿Podrás imaginarla?

Añoro que compartas la dualidad onda–partícula. Tú y yo aprenderemos a tener empatía por la flor que nos curará.

Sincronización espontánea, emancipación. ¿Llevas la cuenta de las flechas?

Sísifo, no escapes esta vez.


Ernesto Salazar Rodríguez (Quito, 1983).

Artista, docente e investigador

Vista de la exposición “soy yo me automaticé valió la piel”, de Ernesto Salazar Rodríguez, en Galería + Arte, Quito, Ecuador, 2023. Foto: Alexander Alcocer. Cortesía: Galería + Arte
Vista de la exposición “soy yo me automaticé valió la piel”, de Ernesto Salazar Rodríguez, en Galería + Arte, Quito, Ecuador, 2023. Foto: Alexander Alcocer. Cortesía: Galería + Arte
Vista de la exposición “soy yo me automaticé valió la piel”, de Ernesto Salazar Rodríguez, en Galería + Arte, Quito, Ecuador, 2023. Foto: Alexander Alcocer. Cortesía: Galería + Arte
Vista de la exposición “soy yo me automaticé valió la piel”, de Ernesto Salazar Rodríguez, en Galería + Arte, Quito, Ecuador, 2023. Foto: Alexander Alcocer. Cortesía: Galería + Arte
Vista de la exposición “soy yo me automaticé valió la piel”, de Ernesto Salazar Rodríguez, en Galería + Arte, Quito, Ecuador, 2023. Foto: Alexander Alcocer. Cortesía: Galería + Arte
Vista de la exposición “soy yo me automaticé valió la piel”, de Ernesto Salazar Rodríguez, en Galería + Arte, Quito, Ecuador, 2023. Foto: Alexander Alcocer. Cortesía: Galería + Arte
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Vista de la exposición “soy yo me automaticé valió la piel”, de Ernesto Salazar Rodríguez, en Galería + Arte, Quito, Ecuador, 2023. Foto: Alexander Alcocer. Cortesía: Galería + Arte
Vista de la exposición “soy yo me automaticé valió la piel”, de Ernesto Salazar Rodríguez, en Galería + Arte, Quito, Ecuador, 2023. Foto: Alexander Alcocer. Cortesía: Galería + Arte

ERNESTO SALAZAR RODRÍGUEZ: SOY YO ME AUTOMATICÉ VALIÓ LA PIEL

Curaduría: Anamaría Garzón

Galería + Arte, Av. 12 de Octubre N26-48 y Lincoln , Edif. Mirage PB, Quito, Ecuador

Del 29 de junio al 21 de julio de 2023

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