MARTINA MIÑO PÉREZ: EL ROSTRO DE MARTE
Un rayo solar toca el rostro de Marte. La luz busca definir su superficie pero solo llega a deformarla. Órganos porosos, aceite y vapor; metales que parecen espejos descansan sobre el piso de azufre. El resto del planeta permanece en la penumbra, nuestros ojos no lo ven, sin embargo, respira. Su intestino engendra la fermentación de los metales (physica subterránea) donde cobre, hierro, acero, estaño, aluminio, y zinc se convierten en energía coagulada. La digestión es fría, rígida, y severa. Es ella la que crea el esqueleto material del mundo.

El Rostro de Marte es una serie en la que el cuerpo se muestra como recipiente de un mundo matérico y de un mundo etéreo en constante proceso de disolución y solidificación. Las piezas son “encarnaciones” e “inmersiones” en un cosmos antropomorfo en el cual nuestros sentidos son herramientas esenciales para su interpretación. Es a través de la «desolidificación» de estos objetos visibles que sucede su interiorización como dispositivos transformadores. No hay órgano humano que no tenga correspondencia con un signo sideral, una estrella, una inteligencia, un nombre dentro del arquetipo divino. Todo lo que parece externo, es realmente interno. Lo “infinito” también es lo “infinitesimal”.
Esta muestra recorre un cuerpo de obra que desea que sus significados sean integrados corporalmente. Profundiza en el concepto de la “imaginación mesomórfica”, una intuición que busca sentir el interior de una sustancia y nos recuerda que “hasta el ojo, la pura visión, se cansa de los sólidos”. Este es el mausoleo de la agricultura celeste: el reino sensible de los elementos donde se siembra un cuerpo y se cosecha su espíritu.


Martina Miño Pérez (Ecuador, 1990), artista visual e investigadora, vive y trabaja trabaja entre Helsinki y Quito. Su trabajo se manifiesta en “encarnaciones” e “inmersiones” que utilizan al gusto, al olfato y al tacto como principales sentidos de interpretación de la experiencia artística. Sus piezas desean provocar encuentros íntimos y ritualísticos, sensoriales, y colectivos, entre la obra y su público.
La “desaparición” e “interiorización” del objeto visible son abordadas por la artista como instrumentos transformadores del pensamiento, y recurre a la poética de la “digestión” como metáfora de la asimilación de conceptos y su investigación material explora su potencial poético.
Al igual que la alquimia contemporánea, utiliza resina, hierro, piedra y otros materiales para producir vasijas transformadoras, al tiempo que emplea técnicas experimentales en la ciencia culinaria.


MARTINA MIÑO PÉREZ: EL ROSTRO DE MARTE
Del 19 de abril al 5 de mayo de 2023
N24 Galería de Arte, Isabel La Católica N24-274 y Francisco Galavis, Quito – Ecuador
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