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EL TIEMPO SE DILUYE: UN DIÁLOGO DE MALU VALERIO CON EL ARCHIVO DE COCINA DE ANTONIETA SOSA

El tiempo se diluye, un diálogo de Malu Valerio con el archivo de cocina de Antonieta Sosa forma parte del proyecto colectivo Hacer la sopa, cuaderno de recetas, iniciado en el marco del foro El siglo de las mujeres organizado por el Goethe Institut La Paz, entre 2020 y 2022.

Este proyecto en torno al tema de los cuidados fue propuesto inicialmente por la artista visual y activista venezolana Malu Valerio, quien invitó a la poeta, bibliotecóloga e investigadora boliviana Vicky Ayllón, la gestora cultural brasileña Bianca Bernardo, la artista visual paraguaya Claudia Casarino y la curadora e investigadora brasileña Keyna Eleison a contar historias familiares y locales en torno al quehacer de los cuidados y las relaciones que se tejen entre la mujer cuidadora y lo cuidado.

Hacer la sopa se convirtió en un espacio de representación que posibilitó un ejercicio de coexistencia contenciosa entre distintas cotidianidades, cruzadas por el interés de visibilizar qué ocurre en lo interno de los hogares de mujeres creadoras en ese tiempo-no-tiempo en el que se realizan tareas domésticas y se atienden las urgencias en torno a la salud, pero también a las violencias, incluyendo el silenciamiento e invisibilización a las que son sometidas las mujeres en la región.

Durante un año, entre abril de 2021 y abril de 2022, las participantes del proyecto Hacer la sopa se reunieron semanalmente para intercambiar experiencias, invitando a sumarse a otras mujeres que desde su obra o historias de vida pudiesen enriquecer las discusiones.

Integración y desintegración, 2022-2023, cianotipia y bordado, seda sobre lino y algodón teñidos, 23 x 25 x 1 cm. Cortesía: Abra

Fue así como, a través de su archivo de cocina, se incorporaró al proyecto la artista visual y docente venezolana Antonieta Sosa, así como la socióloga de la alimentación Beatriz Chambilla junto la grabadora y orfebre Daniela Rico, ambas de Bolivia; la ama de casa y campesina portuguesa, radicada en Brasil, Ilda da Conceicao Pinheiro; la joven dibujante Eloah Vande junto a la artista y sanadora holística Elaine Dual de Brasil, y la artista visual paraguaya Bettina Brizuela.

El proyecto se concretó en una publicación colectiva compuesta por cinco cuadernillos y cinco afiches que fueron editados por el artista venezolano Jonathan Lara e impresos en Caracas con el apoyo del Goethe Institut Caracas y en una exposición colectiva realizada en marzo de 2022 en la Cinemateca Boliviana, La Paz, Bolivia, con el apoyo del Goethe Institut La Paz.

De ese proyecto colectivo se desprende El tiempo se diluye, un diálogo de Malu Valerio con el archivo de cocina de Antonieta Sosa que se presenta en la galería Abra Caracas en marzo de 2023.

Vista de la exposición “El tiempo se diluye, un diálogo de Malu Valerio con el archivo de cocina de Antonieta Sosa”, en Abra Caracas, 2023. Cortesía de la galería
Vista de la exposición “El tiempo se diluye, un diálogo de Malu Valerio con el archivo de cocina de Antonieta Sosa”, en Abra Caracas, 2023. Cortesía de la galería

EL RESTO ES EL CUERPO. FRAGMENTOS DE UNA DISERTACIÓN CON VICKY AYLLÓN

Enfrentarse a la animalidad, deshacerse de todo el ser, no solo intelectual y artístico sino del ser humano, eliminar estas fronteras, que es lo que hizo el grupo CADA cuando dijo: “eliminando fronteras vamos a encontrar los restos”.


Cuando vi esta obra de Malu tan relacionada con la memoria me pareció importante destacar el punto de partida de la artista que se ubica en el margen del margen. Porque el rescate de una artista tiene un discurso oficial, entonces es la obra, la vida, son los éxitos, los logros, su aporte a la cultura. Cuando nos ubicamos aquí podemos ver estos márgenes como donde se ubicó Malu y podemos decir: aquí ya no hay posibilidad de una interrelación “intelectual”. Entonces, ¿qué es el resto de esta relación? El resto es el cuerpo.

Se da una relación sensorial, como ella planteó, que en esta obra resuelve de manera extraordinaria esto del resto, de estar en los márgenes -porque otro discurso oficial de las recetas es hacer recetarios, otro discurso oficial de la cocina es acordarnos de nuestras abuelas y lo que cocinaban, etc.-, pero buscar siempre el margen permite, por ejemplo, que Malu haya ubicado la mancha que deja la artista en la servilleta después de comer su receta, porque ¿quién se detiene en estos sucesos?, o en el camino de las hormigas de Antonieta Sosa que es un gesto que excede lo ordinario.

Un marco tan marginal como es el de la comida no soporta el discurso oficial, ni del Estado ni de lo alternativo, y si de lo alternativo hablamos entran las recetas, la amplísima maravilla de los alimentos, pero siempre va a haber un margen de aquello que no alcanzan estos discursos, que dan lugar a experiencias artísticas como estas.

Se trata de mover, de interpelar, se trata de establecer discursos, narraciones, que no entienda el poder; y en todo lugar el poder se va instalando: también en los lugares alternativos, también dentro del feminismo, también dentro del arte.

La pulsión archivística, como dijo Derridá, que es la pulsión del recuerdo, es parte inherente de los seres humanos, que cuando se junta con la lógica del Estado es un peligro latente: la institucionalización de las memorias.

Lo que llamamos “estados de conciencia” sobre nuestros recuerdos, personales y colectivos, quizás deba tener la conciencia de la posible cosificación desde el momento en que las archivamos.

El tiempo se diluye, 2022, serigrafía sobre lino, 80 x 50 cm; Hacer la sopa, 2022, publicación colectiva (5 cuadernillos y 5 afiches editados por el artista Jonathan Lara). Cortesía: Abra

No olvidemos que el arte es un momento, una iluminación; el arte no plantea la institucionalización. Aunque una obra de arte esté en un museo, es muy difícil institucionalizar sus sentidos. Por lo tanto, ante el hecho de que estos contenidos salgan a la luz quizás de entrada correrían ese ‘peligro’. Pero esta forma de encarar las memorias de Antonieta Sosa muestra un camino de cómo pueden permanecer activas siempre, porque es una activación relacionada con el cuerpo.

El valor del silencio en la sociedad occidental, que tiene la obsesión del decir, del representar, del hablar, que no estima el silencio -como quizá en otras culturas o filosofías orientales-, nos lleva al extremo de la no representación, y a un nivel filosófico se pregunta ¿por qué hay que mostrar?, ¿para qué hay que mostrar?, ¿cuál es la pulsión que está detrás del deseo de mostrar?.

El desarchivo tiene que ver con estas reflexiones, y donde más se aproxima es en el arte, pues cuanto más institucionalizado el entorno, más tiene que ver con una lógica de explicar, organizar, esquematizar. En cambio, en el arte podemos ver estos márgenes ampliados, que en casos más extremos se orilla con el silencio.

Hay lugares inconmensurables, y el arte es uno. Reservorio de memorias que pueden tener que ver con aspectos de nuestra condición humana, de nuestros límites físicos y psicológicos, y pueden tener que ver también con desatarnos, con salirnos de esas ataduras.

Los extremos del desarchivo serían el olvido, el silencio, la soledad y la muerte. Los artistas reflexionamos la muerte, nos salimos del sentido común de horror a la muerte, más aún en culturas como las latinoamericanas donde el pensamiento indígena sobre la muerte es totalmente diferente al pensamiento occidental. Por ejemplo, obras donde se tematiza lo que permanece en ese ser luego del hecho de la muerte, dando cuenta de qué va dejando este ser, donde por ejemplo pervive la música, el gran lenguaje que no necesita representación. El lenguaje de la música como posible reducto de la memoria activa es una figura hermosa en la que pensar.

Vista de la exposición “El tiempo se diluye, un diálogo de Malu Valerio con el archivo de cocina de Antonieta Sosa”, en Abra Caracas, 2023. Cortesía de la galería
Vista de la exposición “El tiempo se diluye, un diálogo de Malu Valerio con el archivo de cocina de Antonieta Sosa”, en Abra Caracas, 2023. Cortesía de la galería
Vista de la exposición “El tiempo se diluye, un diálogo de Malu Valerio con el archivo de cocina de Antonieta Sosa”, en Abra Caracas, 2023. Cortesía de la galería
Constelación, 2021-2022, cianotipia y bordado en seda sobre tela de algodón, 185 x 130 cm (mantel), 33 x 33 cm (servilletas). Cortesía: Abra
Constelación, 2021-2022, cianotipia y bordado en seda sobre tela de algodón, 185 x 130 cm (mantel), 33 x 33 cm (servilletas). Cortesía: Abra
Constelación, 2021-2022, cianotipia y bordado en seda sobre tela de algodón, 185 x 130 cm (mantel), 33 x 33 cm (servilletas). Cortesía: Abra
Constelación, 2021-2022, cianotipia y bordado en seda sobre tela de algodón, 185 x 130 cm (mantel), 33 x 33 cm (servilletas). Cortesía: Abra

Sabemos que hay un discurso oficial sobre la enfermedad mental. Corresponde a los artistas encontrar los restos, los saldos que quedan más allá de los discursos sobre los derechos humanos de estas personas -claro que queremos que tengan todos los derechos-, pero no seríamos honestos si creemos que con eso se acabó y punto. Los artistas tenemos la perceptibilidad para poder ubicar esos restos.

El discurso oficial se quiere transparente, es decir, comprensible y homogéneo. La ambigüedad no es posible en el discurso oficial, opone lo bueno con lo malo, suele ser maniqueo, educativo, pedagógico, cercenador; en cambio, la opacidad es el derecho de que las identidades sean ambiguas, heterogéneas, desechas, contrahechas, no transparentes, opacas, y por lo tanto el discurso tiene también el derecho de ser opaco. Tiene que ver con estos juegos de valores de la representación que en occidente se va a lo transparente, como el discurso académico que necesita ser organizado, coherente y demás.

Pero ¿dónde ponemos esas cosas que están irresueltas, que son ambiguas, incoherentes, que no calzan en ningún lugar? El discurso que exigen es un discurso opaco y ambiguo; este es el valor del arte que huye de las ideas fijas.

Vista de la exposición “El tiempo se diluye, un diálogo de Malu Valerio con el archivo de cocina de Antonieta Sosa”, en Abra Caracas, 2023. Cortesía de la galería

La insistencia solo en lo personal no da cuenta de los hechos. El peligro de los testimonios, de las memorias individuales, es que se vuelven historias personales, que el poder usa como base de la reparación. Recuperar historias individuales en ocasiones evita detenerse en lo que ha pasado. Pero ese proceso también acontece en el arte, cuando la víctima piensa, reflexiona, propone más allá de su historia personal, como una víctima que piensa, que no habla solo desde su condición de víctima sino desde su ser pensante, que reflexiona. Hay que considerar la relación entre la memoria individual y el testimonio, pues el arte es una reflexión, no una representación.

En las voces de los testimonios también hay márgenes. Los espacios oficiales utilizan estas fuentes testimoniales en función de sus discursos. Lo importante debe ser ver los márgenes de los testimonios y no ver simplemente las verdades oficiales en los testimonios. Cuanto más conscientes estamos, más nos constreñimos a un discurso.

Aquí el autor es poca cosa. Hay situaciones en el arte de las que ni el mismo artista es consciente, y menos mal, porque ahí están los restos, lo que podemos rescatar. Ahí están los saldos, que vaya usted a saber de dónde emanan.

Procesos, 2022, cianotipia, dibujo, impresión con sellos, mácula, impresión digital, medidas variables. Cortesía: Abra
Integración y desintegración, 2022-2023, cianotipia y bordado, seda sobre lino y algodón teñidos, 23 x 25 x 1 cm. Cortesía: Abra
S/T, 2023, cianotipia sobre papel, 10 x 10 cm (c/imagen). Cortesía: Abra
S/T, 2023, cianotipia sobre papel, 10 x 10 cm (c/imagen). Cortesía: Abra

El tiempo se diluye, un diálogo de Malu Valerio con el archivo de cocina de Antonieta Sosa se presenta hasta el 2 de abril de 2023 en la galería Abra, G6+G9 Centro de Arte Los Galpones, Av. Ávila con 8va Transversal, Los Chorros, Caracas

Artistas

Virginia Ayllón, Beatriz Chambilla y Daniela Rico – Bolivia

Bianca Bernardo e Ilda da Conceicao Pinheiro – Brasil

Keyna Eleison, Eloah Vande y Elaine Dual – Brasil

Claudia Casarino y Bettina Brizuela – Paraguay

Malu Valerio y Antonieta Sosa – Venezuela

*La silla que forma parte de la museografía de la exposición es un prototipo comisionado a Once, diseño y construcción de mobiliario, fabricado a partir del boceto de la artista Antonieta Sosa titulado Punto cero de la silla. Fósil de la silla invertido. Versión II (Homenaje a Malevich), 2006.

**Las carpetas exhibidas en sala contienen los manuscritos originales de las recetas compiladas por Antonieta Sosa entre 1960 y 2010.

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