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EL DESEO DE LA MIRADA

Los motivos para tomar una foto son muchos. Pero la mecánica que opera en el retrato fotográfico, principalmente se reduce a una sola: capturar la mirada del otro. Al plantarse con una cámara ante otra persona, aflora el deseo de querer descubrirla, de atrapar un rasgo que permita saber quién es. Puede que sea solo curiosidad, puede que busquemos un vínculo de hermanamiento; el resultado, en cualquier caso, nos vinculará a ese personaje retratado como alguien que, en parte, descubrimos, en parte, inventamos.

Sabemos que la facultad de la fotografía es ayudar a construir una imagen en contra de las fugacidades, de lo que nos elude. Un retrato, de algún modo, intenta retener una faz desconocida no solo para el fotógrafo, sino incluso para el propio retratado. La muestra de Max Donoso (Santiago, 1960) que se presenta ahora en Matucana 100, tras pasar por el Parque Cultural de Valparaíso, nos ofrece una oportunidad de comprobarlo.

Max Donoso, de la serie «Mar Negra», fotografía análoga en blanco y negro, enmarcada, 53 x 63 cm. Cortesía del artista
Max Donoso, de la serie «Mar Negra», fotografía análoga en blanco y negro, enmarcada, 53 x 63 cm. Cortesía del artista

Ahora, ¿cómo es posible alcanzar la mirada del otro? La pregunta no apunta, necesariamente, a un problema técnico. Una buena cámara no nos asegura la captura del sujeto o sujeta que queremos retratar. El aparato puede, sí, asomarse al otro y capturar sus facciones con precisión. Más bien, se trata de un modo de acercamiento que anida en la construcción de una identidad. Una foto de carnet, por poner el caso, jamás es un retrato y rara vez alcanza la mirada del identificado. No hay nadie en esa foto de la cédula de identidad. Un retrato bien hecho supone que el fotógrafo, en algún punto, debe desear de algún modo al otro, descubrir un flanco de proximidad. Con la pulsión del voyeur curioso, busca así asomarse a la persona que tiene delante en pos de un secreto que cree entrever. Al mismo tiempo, siente también la urgencia testimonial de atrapar el gesto fugaz de esa persona que está ahí delante, ese perfecto otro. Cautivar es una palabra que sirve para entender esta relación: el fotógrafo quiere seducir y, al mismo tiempo, hacer cautivo a quien retrata.

El trabajo de Max Donoso se tensa entre esas dos polaridades. Los sujetos a los que busca retratar son parte de un entorno específico al que el fotógrafo ha ganado acceso mediante algún modo de seducción o discreción que le permite acortar las distancias hasta entrar en la intimidad de este mundo circense, travesti, nocturno y pasional. “A partir de un encuentro, en una fría tarde de invierno, con un show callejero de travestis en una plaza de Valparaíso, hace ya ocho años, comencé esta serie que se titula Mar Negra. Su nombre evoca el lado no visible, la noche, la bohemia, la penumbra y lo distinto que suele habitar en los puertos”, recuerda el autor en el texto que acompaña Mar negra.

Max Donoso, de la serie «Mar Negra», fotografía análoga en blanco y negro, enmarcada, 53 x 63 cm. Cortesía del artista
Max Donoso, de la serie «Mar Negra», fotografía análoga en blanco y negro, enmarcada, 53 x 63 cm. Cortesía del artista

La muestra, formada por 66 fotografías en blanco y negro, a las que acompaña un video de registro realizado por la artista Klaudia Kemper, nos pone ante la mirada de un número de personas vinculadas con el borroso mundillo del espectáculo de calle en una ciudad cuyas calles son, de por sí, un escenario singular. La reunión de estos individuos, cuya precariedad va a la par con su negativa a someterse a las convenciones, nos muestra un conjunto de espíritus enfrentados a su libertad.

Escenificar y vivir son aquí parte del mismo impulso performativo. Delineados por abundante maquillaje, esos rostros se muestran dispuestos a la transformación que ningún efecto especial podrá suplir. Después de todo, lo que está en juego es su propia identidad. El carácter escénico de estas imágenes no oculta cierta tensión triste y desafiante en la mirada que la lucidez del fotógrafo ha captado con delicadeza. Buena parte de estos retratos dispuestos en el mismo formato cuadrado de 53 x 63 centímetros nos muestran una actitud provocadora, sincera, arrojada. Los sujetos posan con aire desafiante como si quisieran decir “aquí estoy. Y tú, ¿desde dónde miras?”

Ante cada imagen podemos sentir que la tensión de estos rostros busca una reafirmación a través de la mirada que cada uno de esos desconocidos y desconocidas nos enseña. Su performatividad nos dice que ese es el verdadero rostro de un semejante; alguien que se esfuerza por ser. Y en esa misma medida, a fuerza de mirar esos hombres y mujeres de vida callejera, terminamos por reconocernos en sus rostros. El retrato, podemos imaginar, completa aquí una inversión en la relación exploratoria: al buscar fijar la cara de quien posa, en vez de atrapar su mirada, terminamos siendo atrapados por ella. Así, a partir de cierto punto, esos rostros de travestis, artistas circenses, actrices y actores de la calle pasan a retratarnos a nosotros, los observadores.

Max Donoso, de la serie «Mar Negra», fotografía análoga en blanco y negro, enmarcada, 53 x 63 cm. Cortesía del artista

La presencia de esa expresión decidida con la que nos miran los retratados, al ser captada con la debida sensibilidad por el fotógrafo, nos pone frente a frente a nosotros mismos. El esfuerzo de ellxs es, en cierto punto, el esfuerzo de todxs por seguir adelante. Su lucha es un reflejo de vitalidad. Interpelados por sus miradas, descubrimos entonces un espejo humano que nos lleva a pensar en nuestra propia condición, en los distintos vínculos que nos unen no solo a esos personajes insumisos sino, tal vez, a los restos de locura que se reparten invariablemente en los distintos lugares de la noche. La mirada de esos hombres y mujeres ha capturado al propio fotógrafo para darle la medida de su soledad. Si partimos diciendo que el retratista es quien busca atrapar la mirada del otro, cuando logra su tarea cabalmente termina por consumar un deseo invertido, según el cual cualquiera que se plante delante de estas miradas siente, al poco de entrar en la sala, que esos rostros le hablan personalmente para descubrir nuestra condición y nuestros rasgos compartidos. Nos miramos en los otros. El deseo de su mirada nos lleva a encontrar la nuestra.

“Las personas que he fotografiado en Valparaíso pertenecen al mundo de los sobrevivientes”, explica Max Donoso. La fuerza de esas personas aparece redoblada por su carácter marginal: los que logran sobreponerse al rechazo de la sociedad son quienes mejor han desarrollado el entusiasmo de seguir siendo diferentes. Ese regocijo en la diferencia se nota con claridad en las imágenes de Mar negra. Pese a la precariedad, a la pobreza de los decorados, a la exageración de los afeites y delineados, al desamparo solitario, todos son personajes que atienden a la fuerza que expresa su propio cuerpo con un orgullo irrefrenable. Ante su mirada fiera, quedamos retratados en nuestra observación pasiva al interior de una sala que recorremos asomándonos a cada imagen como una muestra de la humanidad íntima.

No son, finalmente, personajes exóticos, gracias justamente a la paciencia del fotógrafo; no son ejemplares de circo, ni animales para su contemplación: son nosotros, son nuestros propios anhelos y nuestros propios miedos los que descubrimos en la mirada de ese hombre de barba revuelta, en la interrogación de esa mujer obesa y seria, en la expresión indígena de una pareja de travestis. Este zoológico humano es, para el observador, una colección de intimidades que reafirman una inquietud compartida ante estos retratos en blanco y negro. Nos vemos desnudados: ese es el efecto que logra la mirada que deseamos ver. “Una foto es siempre invisible; no es a ella a quien vemos”, escribía Roland Barthes. Y podemos añadir: no es un retrato a quien vemos, si no a nuestra propia mirada.

Max Donoso, de la serie «Mar Negra», fotografía análoga en blanco y negro, enmarcada, 53 x 63 cm. Cortesía del artista

MAR NEGRA. FOTOGRAFÍAS DE MAX DONOSO

Matucana 100, Avenida Matucana 100, Estación Central, Santiago de Chile

Desde el 17 de diciembre de 2022 hasta el 22 de enero de 2023


N.d.E: Max Donoso y Pedro Donoso no tienen vínculo familiar.

Pedro Donoso

Nace en Santiago, en 1970. Es editor, traductor y crítico. También colabora como docente en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Alberto Hurtado. Acaba de editar el libro "Gordon Matta-Clark: Experience Becomes de Object". En 2013 estuvo a cargo del proyecto Of Bridges & Borders, en Valparaíso, Chile.

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