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MARIELA SCAFATI: COMIENZA

PENSALO

Pensalo:
vos, yo, ella y él
en una pequeña gran ciudad en la que el centro,
el lugar principal,
la imagen emblemática,
la marca internacional,
la foto de las postales,
donde piden plata los pobres,
todo,
absolutamente todo,
se llama sol.
Pensalo.
No me digas nada ahora.
Vos solo pensalo.
Vos, yo, ella y él
en sol,
solos,
pensando.
No me digas nada.
Sonreí
si querés
pero no me digas
«Estoy sonriendo».
Sonreí
solo
o sola
vos yo ella y él
en sol
mirando el
sol.
Y pensalo.
Sentí en los párpados
la tibieza del
sol
en
sol.
¿La sentís?
No me digas nada.
¿Ves
el color de la piel?
Pensalo.
No me digas sí
ni me digas no.
Pensalo.
En silencio
solo
en sol.
Y cuando lo hayas pensado
abrí los ojos.
Llamame
si querés
para decirme
«Ya lo pensé».

Poema de Mariano Blatt para la muestra Comienza de Mariela Scafati en Travesía Cuatro Madrid

Vista de la exposición “Comienza”, de Mariela Scafati, en Travesía Cuatro, Madrid, 2022. Foto: Pablo Gómez-Ogando
Vista de la exposición “Comienza”, de Mariela Scafati, en Travesía Cuatro, Madrid, 2022. Foto: Pablo Gómez-Ogando

Si pienso en cómo llegué a estas pinturas, cómo es que estoy acá, aparecen dos momentos concretos. Uno sucede en una de mis clases durante el año 2012, donde me encuentro diciendo «Soy rojo y rosa». Otro momento es en mi casa en 2014. Varios días dando vueltas alrededor de una pintura roja casi del ancho de mi cuerpo y una altura entre mis hombros y mis caderas, con muchas ganas de vestirla.

1. Practiqué un posible autorretrato tomando seis pinturas con variables de mezclas entre rojos y rosas, una estructura que pueda colgarse de la pared como una sola pintura. Ni la palabra monocroma puede contenerla, pero es lo que encuentro más cercano para identificarla.

2. El montón de ropas que saqué de mi placar lo organicé por color, coloqué una ropa dentro de otra hasta conformar unos cuerpos de una fantasmal presencia. De ese grupo de ropas aparté un chaleco a rombos. Finalmente, se lo coloqué a aquella pintura roja.

Esa pintura, por tener un chaleco de lana, ahora es un cuerpo. Mi relación con ella y su montaje me dejaron en un estado de extrañeza y extrema exposición. Quedé frente a una cosa, como tantas otras cosas que se encontraban en mi taller.

¿Una pintura se ve como un cuerpo cuando se vuelve cosa? ¿Cuánto es capaz una pintura de sostener su estado? ¿Bajo qué circunstancias nos encontramos poniéndole la ropa a alguien? ¿La pintura a quién se parece? ¿Nuestro olor quién es?

El título que elegí para esa pintura conformada por siete cuadros monocromos con variables de rojos fue otra nueva pregunta: “¿Cuánto puede un cuadro?”. Título de un proceso que aún continúa.

En 2011 me acuesto en una alfombra para mirar un cuadro rojo colgado desde el techo con sogas sostenidas por poleas y su posible movimiento restringido por un nudo en una traba a un lado de la sala. El cuadro fue movido de alturas en varias oportunidades, tras escuchar a las personas bajo el cuadro pidiendo mayor o menor distancia de él.

¿Cuánto movimiento genera el no movimiento? Lo miro, se acerca y se aleja.

Dibujo las posiciones de los cuadros como si fueran diseños de cuerpos atados inmóviles de placer. Se los muestro a una persona que sabe atar cuerpos. Le pido que me enseñe. Me demuestra cómo hacerlo, me inmoviliza y desde esa experiencia se inicia mi trayecto hacia el pensamiento sobre un tiempo y un deseo propios. Las marcas de las ataduras las voy tomando como apuntes sobre qué otro modo de vida somos capaces de construir. Siento que me fui lejos. Y que lo puedo compartir.

Acumulación de experiencias íntimas compartidas entre varias personas dieron espacio y tiempo para conformar una serie de pinturas que llamé Las cosas amantes. Un cuerpo atado a un mueble, un cuerpo atado a una columna, un cuerpo suspendido es un cuerpo que perdió su forma humana. Continué pensando en cómo una pintura puede estar construida por varias y mi insistencia en llamarla pintura, aunque sean muchas o ya no parezca ni siquiera pintura. Con estas pinturas suspendidas, amarradas, fue quedando más a la vista todo lo que constituye un cuadro. Tela tensada en un bastidor, grampas, ganchos, un tensor, en este caso, la soga.

Vista de la exposición “Comienza”, de Mariela Scafati, en Travesía Cuatro, Madrid, 2022. Foto: Pablo Gómez-Ogando
Vista de la exposición “Comienza”, de Mariela Scafati, en Travesía Cuatro, Madrid, 2022. Foto: Pablo Gómez-Ogando
Vista de la exposición “Comienza”, de Mariela Scafati, en Travesía Cuatro, Madrid, 2022. Foto: Pablo Gómez-Ogando
Vista de la exposición “Comienza”, de Mariela Scafati, en Travesía Cuatro, Madrid, 2022. Foto: Pablo Gómez-Ogando
Vista de la exposición “Comienza”, de Mariela Scafati, en Travesía Cuatro, Madrid, 2022. Foto: Pablo Gómez-Ogando

¿Puedo dejar de pensar cuando pinto que estoy pintando una tela que está montada en un bastidor que su movimiento es la tensión entre los dos?

Para esas pinturas de inicio decido dos colores, rosa y marrón, por todas las razones posibles por las que estos dos colores aisladamente y juntos pueden llevarnos. Pienso el color como eso que se anticipa a la palabra, eso que no se puede controlar y por lo tanto no posee género. El color es el aliado ideal de estos cuerpos, estas pinturas, ¿será que actúan en complicidad por su liberación?

Una silla sostenida de la pared, apoyada en una pintura suspendida. Patas y tela pintada tensada comparten una misma fuerza. La tela no se rompe, solo permanece con la marca. ¿Por qué negar los roces, la lastimadura o la marca de una tela si es el registro de la experiencia de esa pintura? Van apareciendo nuevas condiciones y ellas las imponen.

A través de la atadura y la restricción como práctica explícita del no movimiento, esos cuerpos lograron nuevas formas. Esas formas son las que me hacen discurrir que podemos pensar modos de vincularnos por fuera de la expectativa o noción de lo que podemos hacer. A simple vista parece que todo está podrido, pero lo invisible, el movimiento interno, me da indicios de que un giro del destino puede acontecer. Pensar.

Veo pinturas abstractas, incluso austeras y con gestos mínimos, y me resulta inevitable no verlas cargadas de historias, de cuerpos, de identidades en movimiento e incluso ni cargadas, ellas son cuerpos con todo lo que un cuerpo tiene para contar.


Texto escrito por Mariela Scafati, publicado en Remains-Tomorrow: Themes in Contemporary Latin American Abstraction, Ed. Cecilia Fajardo-Hill, Hatje Cantz, 2022.


MARIELA SCAFATI: COMIENZA

Travesía Cuatro, Calle de San Mateo 16, Madrid

Hasta el 4 de febrero de 2023

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