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MARITORIOS FÓTICOS Y SOBERANÍA ALIMENTARIA. CHISTORRA DE MAR, DE NICHOLAS JACKSON

Desde finales del 2018, el artista visual Nicholas Jackson (Viña del Mar, Chile, 1984)ha estado problematizando su práctica mediante la apuesta por una serie de experimentos ingenieriles, químicos, biológicos y artísticos que tienen como objetivo principal ampliar el debate hacia otras disciplinas, y bosquejar un par de ejemplos de las más candentes consecuencias económicas, sociales y ambientales que han traído consigo los explícitos infortunios antropogénicos de nuestra época.

A partir de algunas de las más funestas actividades ecocidas, hoy es muy frecuente ver y escuchar las consistentes evidencias científicas y las secuelas eco-geopolíticas que han determinado que la incesante dislocación que sufre la naturaleza es, en la contingencia, uno de los grandes contratiempos para la supervivencia de los humanos.

Con esto a cuestas y solo con nombrar algunos casos, nadie podría negar que nuestros entornos urbanos y rurales lucen agotados, la polución del aire toma ribetes insospechados y la acidificación de los océanos pone en peligro a importantes especies calcificadoras para la biodiversidad, tales como caracolas, estrellas de mar y corales. Estos lamentables hechos han provocado, desde hace muy poco tiempo, que el talante medioambiental que vivenciamos forme parte de la base argumental de un sinnúmero de políticas estatales y programas culturales que han estado recalcando aquellos dramas que presentan nuestros pisos ecológicos.

Por todo esto y más, Jackson toma partido ante el pernicioso avance de las problemáticas ya expuestas enfocando sus planteamientos en las algas. Estos organismos son el punto de inflexión para denominar a este proyecto de investigación y creación multidisciplinar Chistorra de Mar. [1]

En nuestro primer encuentro para profundizar mi perspectiva acerca de Chistorra de Mar, aprendí de Nicholas Jackson que las algas son organismos que crecen a partir de una extraordinaria fotosíntesis oxigénica que las destaca como eslabones primordiales del litoral. Adicionalmente, es interesante que las algas son biorremediadores y biomonitores, porque hacen biosorción, es decir, almacenan pasivamente metales pesados en su organismo sin que esto afecte su metabolismo. En este sentido, si acumulan metales –considerando que las algas son la base de las cadenas tróficas– entonces todos los organismos involucrados en sus ecosistemas también los recibirán: moluscos que comen algas, peces que comen moluscos, y luego humanos que comemos peces.

De la mano de este prefacio investigativo, Jackson ha examinado a una variedad de organismos que aparecen, en específico, a lo largo de las playas que rodean a la conocida localidad de Quintay (Región de Valparaíso). Sobre estas playas ha producido, entre otras cosas, una plataforma sinérgica de creación que lo enfrasca con nuevas imágenes del provechoso espacio que construyen las algas en el maritorio.

Ya mencioné que la acidificación de los océanos es un problema de marca mayor, no obstante, muchas veces no tomamos conciencia de las toneladas de basura que en este instante navegan por las costas de Quintay y que también perjudican, irremediablemente, a los ecosistemas que allí habitan.

Proyecto «Chistorra de Mar», de Nicholas Jackson, en playa Chica de Quintay, Chile, 2021. Cortesía del artista

Con esta lupa, Nicholas Jackson promueve una serie de planteamientos que nos alertan sobre la protección del maritorio, una acción que repercute en otras disciplinas a través de la propia práctica que él ha levantado desde las artes visuales.

Ahora, para justificar esta metodología yo mismo, para esta ocasión, solicité un préstamo literario. Me refiero a la palabra simpoiesis, muy apropiada para los sistemas históricos, complejos, dinámicos, receptivos, situados. Es una palabra para configurar mundos de manera conjunta, en compañía.[2]

A raíz de esto que otros definieron como el ‘generar-con’ (simpoiesis), observamos en la práctica de Jackson el formato de trabajo colectivo, colaborativo y sustentable. Ideas muy antagónicas a las programadas por un par de sitios de circulación de arte contemporáneo que aclaman las frases ‘arte sustentable’ o ‘arte ecológico’. Ciertamente, esta es una actitud solapada y desconcertante, ya que la mayoría de sus promotores desconocen, por ejemplo, el trabajo comunitario.

Por lo demás, Nicholas Jackson pregona, a través de jornadas performativas in situ, la pormenorización de precedentes –algunos ya nombrados– para ejecutar una serie de discusiones públicas que concitan el interés particular de un grupo de pensadores y organizaciones sociales. Es más, enfrentando estos puntos de vista, él nos propone que aquellas imágenes procreadas y colectivizadas que exhibe sobre estas algas y la representación del trabajo de investigación, limiten con lo eminentemente artístico, conceptual, ambiental y, por supuesto, social.

Tomando en cuenta lo artístico, los ejercicios que crea en estos emplazamientos (playas) los mezcla con la imagen o las imágenes que desprenden las texturas de las algas, algunos de los desechos que las rodean y otros tantos mezclados con la tonalidad de los agentes contaminantes que interfieren con las co-existencias marítimas.


En lo conceptual, Jackson ha construido, desde sus proyectos primigenios, una lectura sincopada a la imagen. Sincopada porque no concluye en los hábitos tradicionales que presenta el teorema del ‘colgar cuadros’ (otra de las pandemias que todavía perduran en Chile). Así, en la mayoría de los casos, los desafíos expositivos de este artista no están en las salas de exposiciones del presente. Es importante tomar nota que estos happening o estructuras para la improvisación culinaria, tampoco han privilegiado los cánones impuestos por un grupo de instancias académicas, corporativas y de la misma industria creativa que por estos días yace en las cuerdas.

Entonces, a simple vista, es posible que para él este estudio de la imagen –para difundir un proyecto de esta envergadura–, conlleve la re-lectura de la realidad desde otros emplazamientos para ritualizar esos otros desplazamientos que friccionan la imagen y que proyectan estas propuestas desde los alimentos y la comida, los cuales son dispuestos en espacios públicos transformables como lo son las playas.

Para este artífice, es un imperativo desdoblar los ejes de pensamiento que rodean a un proyecto sustentable que anida en las playas y revalorar las inéditas dimensiones poéticas que se entrecruzan. Este levantamiento de información que justifica tanto lo artístico como lo conceptual, le ha permitido reunir diversos apuntes que desembarcan en los modelos de representación de las algas para difundir el metarrelato de Chistorra de Mar.

Por otro lado, la posición política de Jackson, dentro de las atmósferas contemporáneas del arte chileno es una estrategia que insiste en contraponer, desde las contradicciones alimentarias del presente, aquello que ingenuamente un grupo de artistas y pensadores ha denominado como ‘ambiental’ sobre los paisajes encadenados al Antropoceno. Su verdadera intención es diseñar interrogantes colectivas y colaborativas en torno al paladar con la finalidad de encumbrar poesías dentro de los (des)bordes que presenta, en este proyecto, la soberanía alimentaria a lo largo de un país mayoritariamente agro-industrial, y que por estos días enfrenta incontables ecocidios en el litoral y una sequía en esa misma zona que no da tregua.

Proyecto «Chistorra de Mar», de Nicholas Jackson, en playa Chica de Quintay, Chile, 2021. Cortesía del artista
Proyecto «Chistorra de Mar», de Nicholas Jackson, en playa Chica de Quintay, Chile, 2021. Cortesía del artista
Proyecto «Chistorra de Mar», de Nicholas Jackson, en playa Chica de Quintay, Chile, 2021. Foto: Javiera Gutiérrez

Me parece necesario recalcar que la soberanía alimentaria no es un concepto o slogan nuevo dentro de la discusión sobre la industria alimentaria y agrícola a nivel nacional. Sin embargo, la sobernía alimentaria puede ser leída como un principio que reaparece con fuerza a raíz de la creciente crisis inflacionaria que enfrentamos en el orbe. Un antecedente son las catastróficas expectativas del Banco Mundial. Producto de esto, la soberanía alimentaria está siendo tomada con mayor seriedad por este país y otras naciones.

La soberanía alimentaria nos permite analizar, a través de la palestra pública que muestran las playas, la dimensión política de los alimentos. Motivo más que suficiente para que el arte actual, en conjunto con la performatividad culinaria, puedan desmaterializar sus puntos más cuestionables. Por cierto, la playa es una instancia netamente social que requiere de muchos esfuerzos para diseminar algunas narrativas sobre la crisis de los alimentos que enfrentan y enfrentarán las comunidades.

Un hecho concreto es que la sobrevivencia humana genera más de una contradicción al omitir que las algas, poco producidas como alimentos saludables, son una solución ante los aprietos que ha presentado, con certezas, la obtención de alimentos beneficiosos para la salud. Pero, desde la otra vereda, es complejo escribir y opinar sobre la protección de estos organismos, ya que ellos también forman parte de la industrialización global de componentes como el agar, que es utilizado masivamente en la industria alimenticia, cosmética y farmacéutica.

En resumen, la contaminación del mar afecta a las algas que son una solución práctica para la promoción y el fortalecimiento de la soberanía alimentaria en países como el nuestro, y en donde crecen año a año los niveles de contaminación del océano. Por tanto, la irrebatible falta de una visión política colectiva macro regional continuará estropeando la promoción de una alimentación saludable de la mano de los organismos que nos ofrece el mar.

Proyecto «Chistorra de Mar», de Nicholas Jackson, en playa Chica de Quintay, Chile, 2021. Foto: Sebastián Millán

[1] Chistorra de Mar es financiado por la Dirección General de Investigación de la Universidad de Playa Ancha. El equipo multidisciplinar de este proyecto está conformado por Javiera Gutiérrez, diseñadora social de alimentos; Fabián Arroyo, chef especializado en algas; y Sebastián Millán, documentalista. Por otro lado, las instancias del proyecto han creado vínculos con LACER del Hub Ambiental de la Universidad de Playa Ancha, y LITORAL Chile, grupo de científicos y divulgadores que estudian las algas y su relación con el Antropoceno y, para este caso, han generado la vinculación con la junta de vecinos y cocineras de Quintay.

[2] Donna J. Haraway, Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno (Bilbao: Consonni, 2019), p. 99.

Rodolfo Andaur

Curador de arte contemporáneo. Su trabajo de campo se ha enfocado entre la contingencia política y los conceptos que rodean la antropología latinoamericana. Además ha organizado una serie de seminarios y talleres que reflexionan en torno al arte contemporáneo y la práctica de la curaduría.

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