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CARTOGRAFÍA VISUAL: ARTISTAS Y TERRITORIOS. CONECTANDO EL ARTE CONTEMPORÁNEO DE CHILE

Concluyó octubre, el Mes de las Artes Visuales, pero queda alojada en la red Cartografía visual: artistas y territorios, un proyecto de largo aliento encabezado por la Secretaría Ejecutiva de Artes de la Visualidad del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio que le toma el pulso a la producción de arte contemporáneo, región por región, del país.


En su acepción tradicional, la cartografía es una combinación virtuosa entre ciencia, arte y tecnología con el objetivo de delimitar y describir geográficamente una zona. Es un estudio aplicado que requiere de distintos saberes y habilidades, de equipos de trabajo que estudian, investigan, procesan y evalúan información para proponer un diagrama, un diseño de carácter analítico sobre un territorio que es, en sí mismo, complejo y dinámico. El énfasis puesto en la plataforma Cartografía visual: artistas y territorios es justamente enunciar con claridad el carácter móvil y no definitivo de este acercamiento a la producción artística visual en las distintas regiones de Chile.

Presentado recientemente por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio como uno de los hitos del Mes de las Artes Visuales 2022, este proyecto reunió a 16 curadores, uno/a por cada región del país, quienes a su vez seleccionaron a aproximadamente 10 artistas y colectivos para presentarlas y presentarlos en una colección de catálogos digitales, permitiendo la vinculación, relacionar sus obras y advertir coincidencias y distancias. Todo esto, bajo el estímulo de los núcleos temáticos propuestos por cuatro teóricas y teóricos del arte. Este ejercicio en red de artistas/obras, curaduría y pensamiento crítico dista de la idea de mapa como configuración fija y persigue más bien la idea de ruta o trayecto posible para una visualización transversal del campo artístico hoy.

Los desplazamientos que ha desarrollado este ámbito en los últimos 20 años son evidentes y aquí están las estéticas de nuevas y nuevos exponentes de norte a sur del país para manifestarlo, observarlo y analizarlo. La concatenación de roles activos que propone el proyecto puede ilustrar bien el concepto “Institución arte” del pensador alemán Peter Bürger, quien en su Teoría de la vanguardia subrayó que no solo se trataba del aparato de producción y distribución de obras, sino también de las ideas sobre el arte que dominan en una época, y las que determinan esencialmente la recepción de las obras.

Advertimos en este conjunto de catálogos digitales, y en el arte reciente, una necesidad de los artistas de relacionarse de una manera más concreta con su entorno. Se generan puntos de encuentro con los espectadores más disímiles a través de proyectos que involucran a los territorios y a la comunidad en forma de actividades asociativas. Hoy es habitual ver proyectos artísticos que, a través de fuentes documentales, archivos y testimonios, investigan y retratan a los territorios y comunidades; que mediante distintas iconografías y soportes visibilizan sus tensiones; que en un registro de arte-activista defienden sus luchas.

DESCENTRALIZACIÓN: LA UTOPÍA OBSTINADA  

Desde las artes visuales, la fotografía y los nuevos medios en su más extensible gama de estrategias y formas de representación, los 154 artistas y colectivos reunidos en esta Cartografía Visual han venido configurando un cuerpo de obra en relación a sus contextos. En muchos casos, son trabajos que no se orientan a un resultado final; no es necesariamente la obra, en su materialidad, el objetivo, sino que lo son las posibles variables o dimensiones que el proyecto artístico genera como experiencia de investigación, de apreciación, de ejercicio, de convivencia.  

Muchas de las dinámicas artísticas contemporáneas afrontan el desafío de torcer la norma e interrogar, de distintas maneras, a las hegemonías que conducen los diversos ámbitos de la vida. En este sentido, la Cartografía Visual se vincula con la corriente del Pensamiento Situado, como una medida de inclusión de los conocimientos, saberes y haceres habitualmente excluidos del canon oficial, aquellos que se producen por fuera de la institucionalidad establecida. Es plausible, y a la vez inédito, que desde el propio Estado se despliegue una mirada crítica y situada del arte contemporáneo en relación al territorio y a la propia disciplina artística. Y, asimismo, este acercamiento público presenta y enuncia, pero dejando una hendidura por donde atisbar (o preguntarse por) lo no expuesto, aquellos puntos ciegos en el crisol de vivencias estéticas que confluyen en esta investigación.

Entre los muchos cambios globales que estamos experimentando, la información y comunicación remota pasaron de ser una alternativa (y para muchas comunidades aisladas, un lujo) a una necesidad, producto de la pandemia. Este catálogo, alojado en el sitio www.cultura.gob.cl/cartografiavisual llega para instalar la práctica de la curaduría digital y la cartografía digital, potenciando el trabajo en red y extendiendo las infinitas posibilidades que la virtualidad ofrece. En la denominada “nueva normalidad” post pandemia, la hibridez –en este caso, complemento entre presencialidad y comunicación remota a través del universo digital– constituye un nuevo paradigma, en el mejor de los casos democratizador de las relaciones institucionales, académicas, laborales e incluso afectivas. Este modelo se irá concretando a través de la combinación entre los catálogos en línea y los conversatorios en torno al proyecto, plan que se llevará a cabo hasta fin de año.   

En la Cartografía visual: artistas y territorios los núcleos temáticos otorgan un marco de acción y contribuyen a la conceptualización de estas experiencias. “Paisaje y neoextractivismo” es el eje propuesto por Consuelo Banda; “Disciplinariedad artística y territorio”, por Bárbara Lama; “Centro y periferia”, por Vania Montgomery; y “Resistir en el presente”, por Diego Parra. Asuntos contingentes que sitúan las obras expuestas y que también posibilitan sus interconexiones. Este estudio de campo se distancia por completo del modelo de catastro, pues propone más bien explorar una suerte de espiral de sentidos, acercamientos y proyecciones del quehacer artístico y sus bordes, expandiendo la utopía de una efectiva descentralización.

En muchos territorios y maritorios se repiten los problemas generados por el capitalismo en su fase tardía, y los artistas no son entes aislados; el contexto les influye y su obra puede, acaso, trascender y contribuir al buen vivir de las sociedades. El planeta todo se ha visto inmerso en un sistema de sobreexplotación de los cuerpos y de la naturaleza, acelerando la destrucción de la vida en todas sus formas, apropiándola, precarizándola, esclavizándola. Pese a los vaivenes políticos y los brotes reaccionarios, en Latinoamérica asistimos a la demanda de un cambio social que moviliza a campesinas, campesinos y activistas con sus reivindicaciones eco-territoriales, a migrantes, a afrodescendientes, a feminismos y disidencias sexuales, a ambientalistas y a otras esferas de lo social. Desde hace tan solo unas décadas se ha venido generando un giro hacia el biocentrismo, distante del antropocentrismo de la Modernidad, resituando a la naturaleza y al ser humano en igualdad de condiciones. Desde este entendimiento, el territorio y el medio ambiente constituyen un sujeto y nunca más un mero recurso.

La sustentabilidad de la vida en este y otros aspectos es preocupación del arte contemporáneo, en tanto que esta disciplina es un modo de conocer y entender el mundo en que vivimos. Cada vez más animados por fundir arte y vida, las y los artistas, como investigadores y productores, se plantean preguntas, extraen y reacomodan elementos de lo establecido –mostrando abiertamente sus desajustes –, difunden y sociabilizan sus procesos para permitir revelar o hacer ver un imaginario “otro”, inexistente hasta entonces e irrepetible en su unidad.

Desde el desierto al valle central, de la cordillera a los bosques australes, cruzando cientos de archipiélagos, estos ecosistemas creativos son puestos a la vista, al juicio y la reflexión de amplias audiencias, desde una perspectiva contemporánea, a través de este innovador modelo (interpretativo) de curaduría y cartografía digital.

Elisa Cárdenas

Es periodista chilena especializada en temas culturales. Ha participado en los principales medios de prensa escrita de su país, colaborado en revistas especializadas y catálogos de artes visuales. Es autora del libro “Alfredo Jaar. Gritos y susurros” (Contrapunto, 2009) y prepara una nueva publicación sobre este artista chileno.

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