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DAVID FEDERICO UTTERMANN: EL SOL DE LOS CIERVOS

Por Ana Rosa Valdez | Curadora de la exposición

La expresión “el sol de los ciervosalude en el habla popular a esa peligrosa fascinación por el ocaso: al sumergirnos en su calidez agónica nos volvemos vulnerables, tal y como ocurre con los venados en la hora crepuscular, cuando miran hacia poniente como embelesados, sin medir la amenaza de los cazadores. Esta imagen ilumina el espíritu de la presente exposición, en la que el artista guayaquileño David Federico Uttermann (1980) apuesta por exponerse a sí mismo, ser vulnerable al mundo, algo que él concibe como fundamental en el arte.

La muestra gira en torno a los aspectos clave de su trabajo: la nostalgia, la memoria, el legado, la historia personal y los afectos. La figura del artista como historiador podría ser útil para entender su obra, pues en ella se manifiesta un interés obsesivo por los documentos del pasado, fotografías, cartas, libros, objetos personales, diarios y obras literarias que se encuentran en los archivos familiares e históricos. Pero, a diferencia de quien narra hechos pretéritos sin implicarse en ellos, Uttermann comienza su búsqueda consigo mismo, con una pregunta sobre su condición humana, que luego se ramifica hacia las memorias de sus parientes cercanos y lejanos, de las personas que habitaron antes en esta y otras ciudades, y los legados de filósofos, músicos, artistas, escritores y cineastas de distintas épocas que resultan primordiales para sus investigaciones artísticas.

David Federico Uttermann, El espejo se rompió de lado a lado, 2018 – 2021. Cortesía del artista 

Serie de telares basada en testimonios arquitecturales de la familia del artista, que representan fachadas de residencias de inicios del siglo XX, hoy desaparecidas en Guayaquil. Se realizaron descripciones y dibujos que fueron vectorizados; posteriormente, se entrenó un algoritmo con fotografías del Archivo Histórico de Guayaquil, para generar fotografías por medio de redes neurales generativas adversas. Las imágenes fueron tejidas en telares de control número por computadora (CNC). Testimonios de Rafael Palacios Uttermann y Federico Palacios Uttermann. Residencias representadas: Casa de Vicente de Sotomayor y Luna “Casa Amarilla”, Casa de Don Víctor Palacios Abad, Casa de la familia Firmat, Casa de la familia Repetto, Casa de la familia Cornejo, Casa Gil, Casa anteriormente ubicada en Eloy Alfaro y Maldonado, Casa anteriormente ubicada en Cuenca y Eloy Alfaro.

Sin idealizar estos antecedentes, sino al contrario, leyéndolos a contrapelo, las obras de esta exposición revelan un gesto de profunda empatía. Manifiestan un intento de escrutar los hallazgos del pasado para calmar la ansiedad de un futuro que reclama certeza. “Existe una cita secreta entre las generaciones que fueron y la nuestra. Y como a cada generación que vivió antes que nosotros, nos ha sido dada una débil fuerza mesiánica sobre la que el pasado exige derechos”, refiere Walter Benjamin.

Uttermann sitúa esa demanda en el territorio del arte, haciendo de su propia historia una narración que no redime, sino que abre todas las puertas posibles a la agudeza crítica, a la pregunta inquisitiva; por eso el tratamiento que hace de los documentos del pasado puede ser, a ratos, irreverente y violento, aunque su fin último es reconciliador.

Uttermann intenta seguir las huellas y palpar los ecos que aún vibran en las fotos enmohecidas de su acervo familiar, en la superficie de las páginas que leyeron sus antepasados al caer la tarde guayaquileña, en las cintas que parecen registrar algo más que voces y ruidos de un pasado no tan lejano. Pero también indaga en vestigios procedentes de hechos y lugares distantes. Así, sus cavilaciones trascienden lo inmediato y cercano, estableciendo un común con personas que tal vez se plantearon afines interrogantes sobre el mundo, las relaciones humanas y el arte.

David Federico Uttermann, Zusammenlesen (Se saluda con la palma hacia arriba), 2012 – 2021. Cortesía del artista

Se implementó un algoritmo de tridimensionalización para procesar una fotografía del abuelo del artista (línea paterna), Rafael Palacios, en la que aparece dentro del hogar de la familia Uttermann. También se utilizó un algoritmo de tridimensionalización para recrear la mecedora de lectura que consta en la misma imagen. Se realizó una impresión 3D con estos datos, y el modelo fue reproducido a escala. Esta representación se empleó como guía para la elaboración del mueble en madera que forma parte de esta instalación.

Se utilizó un algoritmo de tridimensionalización de manos para obtener el volumen de la mano del abuelo, que aparece en la fotografía original. Posteriormente, se realizó un escaneo 3D de la mano del padre del artista, Federico Palacios Uttermann, para obtener datos de la textura y color de la piel. De esta manera, se produjo un objeto impreso en polvo compuesto 3D a color, en donde se fusionan los datos de ambos familiares.

La mano es presentada dentro de una caja antigua, junto a un facsímil del periódico que aparecen leyendo los abuelos del artista en la fotografía referida, así como en otras tomadas ese mismo día y lugar. El facsímil fue realizado en base al original que reposa en la Hemeroteca de la Biblioteca Municipal de Guayaquil.

Se incluyen portarretratos de plata con las fotografías originales, así como un bordado a mano que representa una imagen de bendición del hogar (Haussegenbild), que contiene el refrán popular alemán: “Pura como la más clara de las gemas es el amor de madre por sí solo”.

David Federico Uttermann, La sal no dio abasto, 2018 – 2021. Sistema de proyección de imágenes producidas a través de una aplicación que transforma, en tiempo real, dibujos a fotografías por medio de redes neurales generativas adversas. Cortesía del artista

Por ello, el proceso de esta exposición abre camino para tejer lazos emocionales y de sentido que unen al artista con los demás, y que le ofrecen sustento para enfrentar el presente. De esta manera, en su obra la nostalgia, la memoria y el legado no sólo fungen como claves conceptuales para interpretar sus creaciones, sino que constituyen, principalmente, preguntas existenciales sobre el sentido que podemos dar a nuestras vidas y, de igual manera, a la finitud de nuestros cuerpos mortales.

A diferencia de la nostalgia posmoderna que instrumentaliza fragmentos del pasado en un presente extático, en la obra de Uttermann la nostalgia es más bien reflexiva, tal y como la concibe la escritora Svetlana Boym: una nostalgia que reconoce la imposibilidad de reconstruir el pasado, que de las ruinas recoge aquello que da sentido al presente. Contraria a la nostalgia restauradora que impone la monumentalización y mitificación del pasado, la patrimonialización conservadurista de la memoria y la burocratización de los archivos, en las obras expuestas la aproximación al tiempo pretérito alienta maneras de radicarse en el ahora, y buscar la autenticidad de la experiencia artística como irrupción en el tiempo de lo extraordinario.

El desgarramiento de lo existente en el transcurso del tiempo también emerge en el montaje de esta exposición como un criterio museográfico del artista. Considerando que se presentan piezas realizadas en un período de doce años, los diálogos entre ellas son significantes, pues ponen en escena ideas que surgieron en distintos momentos de su carrera y vida personal.

La muestra incluye propuestas exhibidas en su primera muestra individual, Historias de fantasmas para adultos (fruto de su formación en artes visuales en el Instituto Superior Tecnológico de Artes del Ecuador – ITAE), obras de su segunda exposición, Homecoming (realizada en sus estudios de maestría en la Facultad de Expanded Media de la New York State College of Ceramics), así como nuevos proyectos realizados como parte de una investigación docente en la Universidad de las Artes de Guayaquil.

David Federico Uttermann, Murió Niño, 2019 – 2021

Instalación con máquina de control numérico por computadora (CNC) que escribe una carta basada en el procesamiento de 400 cartas de antepasados del artista del siglo XIX y XX. Se desarrolló una aplicación (inteligencia artificial) utilizando redes neuronales Long Short-term Memory (LTSM), vectorizando las frases de las misivas (muchas de las cuales narraban hechos cotidianos), con el fin de que esta genere, de forma autónoma, el contenido de una carta que posee una estructura gramatical y grafológica coherente. En ella convergen las memorias de los remitentes. Se generan nuevas caligrafías basadas en las referencias mencionadas. La máquina reproduce en loop una carta posible, de entre varias.

Esta instalación incluye una imagen especulativa de un rostro humano, basada en el procesamiento de retratos fotográficos de familiares del artista, fusionados con fragmentos de retratos provenientes de una base de datos denominada ImageNet Large Scale Visual Recognition Challenge (ILSVRC). Se utilizaron redes generativas adversas.

Máquina CNC, microcontroladores, cámara de video, papel, tablero de MDF tratado con cera de abeja y colofonia, marcos de bronce y yeso, escritorio patrimonial del diario El Telégrafo (custodiado por la Universidad de las Artes).

La exploración del uso y valor estético de los nuevos medios ha sido una constante en la obra de Uttermann. Cabe prestar atención a los procedimientos tecnológicos desarrollados en las piezas, los cuales provienen de una experimentación con lenguajes de programación, diseño de aplicaciones, uso de algoritmos y redes generativas condicionales adversas a través de bases de datos, uso de inteligencia artificial, chatbots, creación de imágenes e impresiones 3D, edición de videos y registros sonoros, dispositivos electrónicos, instalaciones lumínicas, entre otros.

La manera de utilizar estas tecnologías se entrelaza con el dibujo, la escultura y técnicas tradicionales de la fotografía del siglo XIX y XX, reproducción de discos de laca, talla artesanal en madera, impresión de telares, bordado, tejido y caligrafía de manuscritos. En su obra se conjugan modos de hacer provenientes de distintas épocas, sin establecer una jerarquía en favor de las técnicas más recientes.

El artista logra armonizar materialidades heterogéneas por medio del uso estratégico de las fuentes documentales: además de intervenir archivos, imágenes y objetos personales y familiares, también utiliza registros médicos, datos atmosféricos históricos de distintas geografías, registros arquitectónicos de Guayaquil.

El vínculo entre Ecuador y Alemania es visible en algunas de las obras de Uttermann. La investigación sobre su pasado no sólo se centra en lo local, sino también en la cultura de sus antepasados europeos que se radicaron en nuestro país.

David Federico Uttermann, Ya al fin descansan, 2020 – 2021
David Federico Uttermann, Ya al fin descansan, 2020 – 2021

Objetos de cera que representan rostros de antepasados del artista. Se implementó un algoritmo de tridimensionalización de rostros que aparecen en fotografías de su archivo familiar. Las imágenes resultantes fueron impresas en 3D y duplicadas en cera de abejas.

Escultura en madera que representa al artista cuando tenía cinco años, elaborada a partir de un corte de máquina de control número por computadora (CNC), corona de bronce y retrato en cera.

Objeto de cera que representa el rostro del padre del artista, Federico Palacios Uttermann, cuando tenía cinco años, la misma edad del artista aludida en la escultura.

Finalmente, cabe resaltar el emplazamiento de esta exposición en la Casa Lavayen-Paredes del Parque Histórico de Samborondón. Nos apropiamos del carácter artificial de esta vivienda, en la que quedan escasos vestigios de antaño, pero que alberga la historia de un desalojo, no sólo el de sus antiguos habitantes, sino de sí misma con respecto a su pasado esplendoroso: fue una casa icónica de la arquitectura vernácula del centro de la ciudad, pero en los años setenta los propietarios del inmueble decidieron desmantelarla; su deterioro y un afán modernizador en el sector donde estaba ubicada le jugaron en contra. La casa sería vendida por partes, como era costumbre en la época, pero por una gestión ingeniosa del Banco Central del Ecuador, fue donada en calidad de bien cultural, y actualmente es patrimonio.

Sobre el valor de este patrimonio, Uttermann logra construir una historia propia que no condesciende a romantizar el pasado. Una historia que, lejos de dejarse arrastrar por el espíritu del progreso, la nostalgia celebratoria del presente, el reclamo de redención de los ancestros, las retóricas del arte archivístico, o la fascinación por las tecnologías de la memoria, detiene sus alas para hurgar tanto en las zonas borrosas y abismales que encierran las memorias personales y colectivas, como en sus legados que imprimen en nuestros días nuevas y esperanzadoras señales.

David Federico Uttermann, El que habla siembra, el que escucha cosecha, 2020 – 2021, tejido en lana (elaborado manualmente), máquina de coser Singer, portarretratos con marcos de cobre, fotografías analógicas.
David Federico Uttermann, El que habla siembra, el que escucha cosecha, 2020 – 2021, tejido en lana (elaborado manualmente), máquina de coser Singer, portarretratos con marcos de cobre, fotografías analógicas.
David Federico Uttermann, El que habla siembra, el que escucha cosecha, 2020 – 2021, tejido en lana (elaborado manualmente), máquina de coser Singer, portarretratos con marcos de cobre, fotografías analógicas.

Instalación con formas vegetales tejidas que evocan el huerto de la bisabuela del artista, María de Sotomayor y Luna. Se analizaron fotografías de su acervo familiar por medio de una aplicación de reconocimiento de plantas, que describe las especies botánicas que aparecen en las imágenes.


El sol de los ciervos, de David Federico Uttermann, se presentó entre marzo y junio de 2022 en la Casa Lavayen del Parque Histórico de Samborondón, Guayaquil, Ecuador.

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