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CRISTIÁN SALINEROS: ANTES DE ESTO NO HABÍA LÍMITES, SOLO TIEMPO

En Antes de esto no había límites, solo tiempo, el artista visual Cristián Salineros F. indaga en su preocupación por la relación que rige a los sujetos con su entorno. El artista transforma su taller y la galería D21 en un sistema de coordenadas, en el cual viven y trabajan aves migratorias. Dentro de sus construcciones metálicas, estas aves se alimentan, defecan y orinan; en ocasiones, también se reproducen, poblando el espacio no solamente de sus desechos sino también de sus crías.

El artista acumula la orina y el excremento de las aves sobre planchas metálicas horizontales que están parcialmente cubiertas con la forma del continente de Sudamérica a modo de stencil, y luego las fotografía, y acumula sus desechos en la forma de esculturas totémicas, tras ponerlas a vivir y trabajar dentro de jaulas alargadas hacia arriba durante temporadas. Sus obras, por tanto, no son otra cosa que los registros temporales de los ciclos digestivos de estos animales.

Tomando la forma de esculturas, fotografías e instalaciones, los trabajos de Salineros evocan imágenes cartográficas y tomas de laboratorio: instrumentos presumiblemente objetivos y universales que nos permiten discriminar lo familiar de lo ajeno, lo nativo de lo foráneo, lo propio de lo desconocido. Arriba de Ensayos cartográficos, acercamientos fotográficos a la plancha metálica intervenida, el artista indica los nombres locales de diferentes aves migratorias y las ubicaciones geográficas donde son endémicas, como metáfora de la migración humana. Uno de estos, por ejemplo, es un pájaro endémico de Chile pero que se desplaza todos los años al hemisferio norte por cuestiones estacionales: al abandonar Chile, pierde su nombre local, “fiofío silbón”, y se transforma en Elaenia albiceps, su nombre científico. Sosteniendo que “si quieres saber qué es el territorio, pregúntale a un pájaro”, Salineros nos invita a pensar en las nociones de localidad y pertenencia de una manera más fluida.

Vista de la exposición “Antes de esto no había límites, solo tiempo”, de Cristián Salineros, en D21 Proyectos de Arte, Santiago de Chile. Foto: Jorge Brantmayer
Vista de la exposición “Antes de esto no había límites, solo tiempo”, de Cristián Salineros, en D21 Proyectos de Arte, Santiago de Chile. Foto: Jorge Brantmayer
Vista de la exposición “Antes de esto no había límites, solo tiempo”, de Cristián Salineros, en D21 Proyectos de Arte, Santiago de Chile. Foto: Jorge Brantmayer
Vista de la exposición “Antes de esto no había límites, solo tiempo”, de Cristián Salineros, en D21 Proyectos de Arte, Santiago de Chile. Foto: Jorge Brantmayer

En esta exposición, el artista demuestra que los límites son arbitrarios pero necesarios para salvaguardar todo orden, sistema e identidad, y sugiere que, para hacerlos cumplir, es necesario que haya errores y malformaciones. Bajo esta idea, construye una jaula Pagoda cuya forma regular es interrumpida por una protuberancia: pareciera que de ella intenta salir otro cuerpo, como un apéndice a punto de explotar. Esta misma jaula la sumerge en alpiste, cuya imagen evoca una sensación de gula u otras tendencias autodestructivas. Al mismo tiempo, sin embargo, el círculo cerrado de alimentarse y defecar es el proceso mediante el cual las aves transforman el espacio de la galería en su territorio, generando una reacción conmovedora en la audiencia mediante una imagen obscena. Además, en la medida en que comen y cagan, ellas liberan más espacio dentro del que pueden volar. Investigando la relación entre espacio positivo y negativo como una simbiosis, Salineros nos invita a pensar lo planificado y lo errado, lo regular y lo orgánico, lo sistemático y lo caótico como dualidades que se necesitan mutuamente.

En Antes de esto no había límites, solo tiempo, Salineros trabaja literal y simbólicamente con lo abyecto: utiliza el cuerpo muerto o excremento de aves migratorias para invocar una serie de fronteras -tanto físicas como imaginarias- que son transgredidas por efecto del tiempo. Mediante sus fotografías, las heces tibias de las aves adquieren una frialdad propia de un laboratorio forense: paradójicamente, mediante esta traducción, dejan de provocar repulsión e indignación en el público y generan seducción y atracción. Traduciendo un pájaro muerto en una figura de bronce y colgándola a modo de plomada, por otra parte, le rinde una suerte de homenaje a uno de los animales que trabajó para producir las imágenes de Ensayos cartográficos, el cual es un gesto siniestro o, tal vez, tierno.

Finalmente, es probando, corriendo y transgrediendo los límites que el artista llama la atención sobre su maleabilidad. Sugiere que el único agente capaz de dictar desplazamientos, de formar y expulsar un cuerpo del interior de otro, de establecer vínculos entre el sujeto y su entorno, es el tiempo.

Vista de la exposición “Antes de esto no había límites, solo tiempo”, de Cristián Salineros, en D21 Proyectos de Arte, Santiago de Chile. Foto: Jorge Brantmayer
Vista de la exposición “Antes de esto no había límites, solo tiempo”, de Cristián Salineros, en D21 Proyectos de Arte, Santiago de Chile. Foto: Jorge Brantmayer
Vista de la exposición “Antes de esto no había límites, solo tiempo”, de Cristián Salineros, en D21 Proyectos de Arte, Santiago de Chile. Foto: Jorge Brantmayer
Vista de la exposición “Antes de esto no había límites, solo tiempo”, de Cristián Salineros, en D21 Proyectos de Arte, Santiago de Chile. Foto: Jorge Brantmayer

Antes de esto no había límites, solo tiempo, de Cristián Salineros, se presentadel 26 de agosto al 6 de octubre de 2022 en D21 Proyectos de Arte, Nueva de Lyon 19, departamento 21, Providencia, Santiago de Chile.

*Texto curatorial de Paula Solimano escrito para la exposición.

Paula Solimano

Nace en Estados Unidos, en 1991. Licenciada en Arte por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es curadora de la Colección Ca.Sa (Chile), con la que desarrolló el proyecto "Archipresente: Arte latinoamericano en la Colección Ca.Sa.". También ha curado "Gran Sur: Arte Contemporáneo Chileno en la Colección Engel", en Sala Alcalá 31, Madrid, y "Juan Pablo Langlois: Afterwards no one will remember", Cindy Rucker Gallery, Nueva York.

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