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GABRIEL HOLZAPFEL. CONTRA TODO PRONÓSTICO

La exposición desplegada hasta mediados de agosto en la sala principal del Parque Cultural de Valparaíso era una lección de nubes y retruécanos. Una serie de formas adquiridas del lenguaje coloquial se raspaba contra un conjunto de objetos dispuestos como en un enorme insectario en esa sala blanca. Gabriel Holzapfel, con el apoyo curatorial de Juan Yolin, había repartido un número de animitas para cargar el ambiente con problemas de esos que vemos a diario en la prensa y que nos disponen ante urgencias políticas totalmente directas.

Una gran horca, justo en mitad de la sala, lucía como una escarapela gigante de la muerte. Su título, Magnicidio, habla de un gran asesinato y sugería la muerte de algo en esa sala recta con una música al final del túnel.Había también un número de pequeñas instalaciones, piezas donde el título rezaba lo que la obra ponía en acto. Así, había púas en el mango de un hacha y se leía en la cédula de forma tautológica el título No tocar. Cuando la fuerza enunciativa de cada obra reposa en la indisoluble vinculación entre su título y la escena que propone se arma una serie de juegos de lenguaje. En un momento del recorrido la lógica de los artefactos de Nicanor Parra reaparece sugerida en esa mezcla astuta que anuncia un acto de presentación y sustracción al mismo tiempo. 

Nota aparte, el video que ocupaba la sala anexa del espacio expositivo. En el suelo, en medio de la oscuridad, una pantalla de gran formato y nitidez, enmarcada por una moldura dorada y caprichosa, muestra una escena cenital obtenida desde la altura: una imagen fija de un campo de crianza donde los granos de alimentos dan forma a la insignia del Partido Nacionalista Patria y Libertad. De pronto, comienzan a aparecer las gallinas a montones que se encargan de ir devorando ese símbolo, grano a grano. La consumación del agravio reparatorio ante la amenaza de ese partido surgido de la violencia sectaria sucumbe a la asociación del miedoso con la gallina que se lo traga: el matón consumido por el débil. Título: Araña pollito; un insecto de aspecto amenazador que resulta ser inofensivo.   

Gabriel Holzapfel, Magnicidio, 2019, instalación con nudo de ahorcado en cuerda de barco, dimensiones variables. Foto: Felipe Mardones
Gabriel Holzapfel, Pensión de gracia, 2022, instalación con escaño de plaza y palomitas de maíz, medidas variables. Foto: Felipe Mardones
Gabriel Holzapfel, Barrio Alto, 2020, madera de Canelo, serruchos, acerrín, 320 x 70 x 100 cm. Cortesía: Colección Ca.Sa. Foto: Felipe Mardones
Gabriel Holzapfel, No Tocar (Espino y Quebracho), 2022, hacha de mano, tronco y espinas, 70 x 60 x 40 cm. Foto: Felipe Mardones
Gabriel Holzapfel, LIFE, 2022, libro, flechas y sistema de elevación, medidas variables. Foto: Felipe Mardones
Gabriel Holzapfel, Araña Pollito, 2022, fotograma de video, gallinas felices, 10”. Fundo El Carancho, Coyhaique, Chile. Cámara, montaje y edición: Gabriel Vilches. Cortesía del artista

Gabriel ‘Lele’ Holzapfel (Puerto Montt, Chile, 1988), que además tiene una larga carrera en el mundo de la música independiente y de la sonoridad (toca en la banda Adelaida y ha participado en el Festival de arte sonoro de Valparaíso, Tsonami), hace ya tiempo que demuestra una capacidad de levantar la suspicacia a través de una crítica sarcástica a las formas que toma nuestra historia política y social actual. Sus obras son observaciones agudas que se activan desde la presencia de objetos de uso diario –llaves, escobas, mangueras, etc– a los que atribuye una función torcida pero específica: a diferencia del ready made, su participación marca un punto de torsión donde la duda aflora por un instante y después se despeja.

Nublado variando a parcial retoma el anuncio meteorológico para provocar un estado de alerta ante la variación del clima. El empleo de la pieza musical clásica de Mozart que por años acompañó el anuncio del tiempo en la televisión suena aquí de trasfondo. Guardemos la calma, parece decir, porque el mundo seguirá bajo las nubes que vienen y van. Es una frase repetible que tranquiliza en el estado inevitable de encapotamiento. Y ahí el texto curatorial al inicio de la muestra servía, entonces, para ponernos sobre una alerta en sordina; una advertencia poética que genera un completo contraste con la obra que presenta. Cabe aquí citarlo entero y para leerlo en toda su sugerencia climática:

La historia es un espejismo en medio de un desierto de máquinas. La lluvia una canción que no llega a cumplir ni la mitad de sus promesas. Si el sol brilla para todos, las nubes podrían dibujar un arco fascinante y complejo: curvas calcadas sobre la calle; una estrella suspendida entre escuadra y fusil; el signo de quienes niegan todo lo que hicieron: patria, familia, amistad, etc. Por aquí los hechos son sencillos, objetos que se entregan al ocio y ensayan poemas, cosas tanto más precisas en cuanto se abandonan a sí mismas.

Al fondo: Gabriel Holzapfel, Colusión Múltiple, 2019, instalación con rollos de papel higiénico, medidas variables | En el piso: Gastos Comunes, 2022, fierro forjado, mangueras, escobillones y placas acrílicas, dimensiones variables. Foto: Felipe Mardones
Gabriel Holzapfel, Colusión Múltiple (detalle), 2019, instalación con rollos de papel higiénico, medidas variables. Foto: Felipe Mardones
Gabriel Holzapfel, Corte en trámite, 2022, manguera y fierro forjado, llaves de agua, 400 x 100 x 5 cm. Foto: Felipe Mardones
Gabriel Holzapfel, Hoja en blanco, 2022, acuario, bandera chilena, cloro, 150 x 100 x 12 cm. Foto: Felipe Mardones

La disposición de elementos ambientales descrita por el curador arma un velo que tamiza muy sutilmente nuestra entrada a la muestra. Nos recuerda que había siempre en el arte un misterio, una forma de decir y no decir, un juego de sombras y sugerencias para potenciar un secreto. Había Monalisas y sonrisas misteriosas, había una pipa que no era una pipa sino una pintura, una declaración, un concepto. Y lo dijo René Magritte con soltura y surrealismo, dejando abierta la puerta para iniciar cambios reales. Porque había también un deseo político explícito en la práctica del arte, un ánimo por cambiar el mundo, por traer nuevas formas perceptivas sobre lo mismo para poder ver nuestras ocurrencias desde un ángulo distinto. Ese desideratum hecho a punto de intentos logrados y fallidos a partes iguales, es también una larga crónica que desde la modernidad temprana ha llevado al cultivo del ejercicio de dar a ver, de dar a pensar, de generar una ficción posible.

En la exposición Nublado variando a parcial pudimos comprobar, entonces, que Gabriel Holzapfel plantea un nuevo modo de despejar la explotación de los signos, desde donde abre un pronóstico crítico de la inexorable variación de nuestros tiempos históricos y políticos, ese cúmulo de contrariedades sintácticas que hemos venido remontando.

Gabriel Holzapfel, El baile de los que sobran, 2022, calcetines huachos (sin par), polea, bola disco, motor y cuerda, 500 x 100 x 300 cm. Foto: Felipe Mardones
Gabriel Holzapfel, Jornada Escolar Completa (Enseñanza Media), 2022, pupitre, lápices grafito, espejo y chicles, 60 x 60 x 70 cm. Cortesía del artista
Gabriel Holzapfel, Círculo Vicioso, 2022, tarjetas de crédito, espejo, 75 x 75 cm. Foto: Felipe Mardones
Gabriel Holzapfel, El sueño de la casa propia, 2022, llaves domésticas, pintura asfáltica y pernos escuadra sobre OSB, 210 x 120 cm. Cortesía del artista

Exposición financiada por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONDART), convocatoria 2021

Pedro Donoso

Nace en Santiago, en 1970. Es editor, traductor y crítico. También colabora como docente en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Alberto Hurtado. Acaba de editar el libro "Gordon Matta-Clark: Experience Becomes de Object". En 2013 estuvo a cargo del proyecto Of Bridges & Borders, en Valparaíso, Chile.

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