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BERNI ERÓTICO. ARTE Y PORNOGRAFÍA

Por Marcelo E. Pacheco

Durante el siglo XIX la categoría de arte erótico se extendió en el campo artístico, en relación, sobre todo, con el desnudo femenino. Ya no se trataba del mundo de los dioses o de la mitología en general, sino de la llegada al cuadro de cortesanas, meretrices, modelos profesionales o no, gente incluso de la aristocracia, algunos retratos, personajes desnudos en posiciones provocativas y de conexión directa con el espectador. El interés por las seducciones y placeres femeninos administrados por una mirada patriarcal, había comenzado durante el Rococó a fines del siglo anterior, en especial, en Francia, durante la pintura galante con artistas como Boucher y Fragonard.

Abrigado por el discurso estético, escenas cada vez más audaces e íntimas de cuerpos desnudos o encuentros entre hombres y mujeres fueron creando un espacio propio para el llamado arte erótico, en muchos casos cerca o atravesando, directamente, al terreno de lo pornográfico.

Los descubrimientos arqueológicos no fueron ajenos a esta situación del arte como protección de la pornografía. Los ciclos dionisíacos en los muros de Pompeya iban acompañados de figuras y de miembros genitales masculinos y femeninos y de parejas en pleno coito. Los tesoros de la antigüedad dieron origen al Museo Secreto de Londres con una restricción pública de ingreso marcada por la pirámide social: las clases trabajadoras no eran aptas moralmente para contemplar este tipo de expresiones artísticas que sólo eran exhibidas por el poder del arte de limpiar sus impurezas, su suciedad, permitir lo prohibido. Algo similar ocurrió con las series de falos de las culturas precolombinas peruanas.

Antonio Berni, Sin título, Serie Erótica, c.1970, técnica mixta sobre papel, 23 x 31 cm. Foto: Santiago Ortí. Cortesía: Vasari

No existen oposiciones entre erotismo y pornografía o intermedios como obscenidad. Se trata de un continuo que se tensa sobre una misma superficie como medio para tener una mayor visibilidad del cuerpo, sus placeres y fluidos. Entre los años 60 y 70 y hasta los 90, autores como Michel Foucault y Linda Williams leyeron la pornografía como espacio discursivo dedicado a ampliar el conocimiento del cuerpo femenino y sus secretos y de las relaciones entre géneros que se mantienen minoritarios, así como las verdades de la representación de los contactos sexuales. El arte pornográfico se liga con el hiperrealismo o un realismo subrayado como contacto para la visibilidad de lo sexuado.

La amplia proliferación, sobre todo, de un género singular de papeles realizados con imágenes pornográficas puede verse en la segunda mitad de la modernidad y en la postmodernidad, desde las piezas de Pablo Picasso de principios del 1900 realizados en el ambiente del submundo de los cabarets y los bares y la noche de la bohemia tanto catalana como parisina.

En el contexto internacional del siglo XX son los años 60 y principios de los 70 el momento en que las sociedades vivieron fuertes transformaciones a favor de mayores libertades en los múltiples ámbitos de la censura, la moral, la sexualidad, los derechos de las minorías, las prohibiciones en el campo de lo público, anteriores costumbres controladas e incluso condenadas. Lo ilícito y lo explícito se multiplicaron en numerosas publicaciones eróticas y de pornografía blanda y dura, de difusión cada vez más masiva y popular y de rangos sociales bien diferenciados. Toda esta tendencia libertaria comenzó a verse en los 70 como acciones peligrosas y con efectos directos sobre los pilares comunitarios tradicionales y de origen cristiano. Las reacciones no se hicieron esperar y la década fue dominada por tendencias reaccionarias. Muchos de los avances alcanzados fueron cuestionados y las batallas contra las libertades colectivas, privadas y públicas, recrudecieron. Fueron épocas de tensiones y enfrentamientos, los discursos artísticos también vivieron sus internas y algunos sectores fueron creadores de respuestas audaces y transgresoras.

Antonio Berni, Sin título, Serie Erótica, c.1970, técnica mixta sobre papel, 23 x 31 cm. Foto: Santiago Ortí. Cortesía: Vasari
Antonio Berni, Sin título, Serie Erótica, c.1970, técnica mixta sobre papel, 23 x 33 cm. Foto: Santiago Ortí. Cortesía: Vasari

En la Argentina uno de los artistas más relacionado con ambas versiones, arte erótico y arte pornográfico, es Antonio Berni. El erotismo recorre gran parte de su producción, por lo menos desde los años 20, incluyendo en especial sus años parisinos y sus series de lápices y grafitos realizados frente a modelos vivos femeninos en los talleres escolares. Aún dentro de los principios de las academias libres logró introducir poses y gestos, miradas sobre la anatomía de la mujer insinuantes y hasta provocativos.

Pero, en los 70, erotismo y pornografía fueron centrales en los ensamblajes, collages, xilo-collages y xilo-collage-relieves de su personaje la prostituta “Ramona Montiel”, los acrílicos de Las modelos, varios conjuntos de dibujos como La playa, Gran mundo y Apolo 15, en el campo de la ilustración sus bocetos para El Decamerón de Giovanni Boccaccio y la carpeta de serigrafías La obsesión por la belleza, sus apuntes de las principales series de entonces como Ramona cantando y Ramona modelo.1

En el cruce entre las revoluciones sociales y culturales de los 60 y la fuerte represión y reacciones moralistas de los 70, el arte produjo diferentes giros. Entre ellos, artistas como Antonio Berni confirmaron su interés por la pornografía y el erotismo dentro de un estilo que mezcla cualidades y gestos procedentes del hiperrealismo con desbordes y exageraciones expresionistas, anticipando formas del neobarroco o el regional neobarroso.

Cinco o seis años atrás comenzó a circular en el medio un gran conjunto de alrededor de 400 papeles del artista que abarca trabajos realizados desde los años 20 hasta su muerte en 1981. Uno de los mayores atractivos del material es el grupo de dibujos de los 70 eróticos y pornográficos. Sin embargo, salvo dos de la serie Boccaccio, las piezas están mucho más cerca del apunte o el boceto rápido a diferencia del conjunto actual de 12 papeles con la imagen de parejas cogiendo en distintos escenarios naturales y un par en cuartos modestos, que son obras en sí mismas y muestran la calidad excepcional del Berni dibujante.

El carácter bestial de los personajes en su encuentro de cuerpos y traspaso de fluidos en ritmos elípticos obsesivos muestran en acción el pensamiento visual del rosarino para lograr plasmar un conjunto de arte pornográfico de excelencia que confirma una vez más el grado de valoración que ha obtenido en estos últimos 20 años su producción, no sólo en el país y a nivel regional, sino ya a nivel global.

Antonio Berni, Sin título, Serie Erótica, c.1970, técnica mixta sobre papel, 27 x 23 cm. Foto: Santiago Ortí. Cortesía: Vasari
Antonio Berni, Sin título, Serie Erótica, c.1970, técnica mixta sobre papel, 31 x 23 cm. Foto: Santiago Ortí. Cortesía: Vasari

La calidad expresiva de la línea más la pregnancia de los restos de ropa que cubren los cuerpos, junto al salvajismo de la naturaleza y las perspectivas altas y quebradas de los cuartos, son todos elementos que combinados dan como resultado una gráfica singular con todas las libertades del llamado arte posthistórico que, entre otras cosas, supone el fin del reinado de la pintura para el ingreso consagrado al campo artístico de géneros como el dibujo.

El movimiento maníaco del lápiz sobre el soporte que se repite, creando un cuerpo de obras naturalmente destinadas a convivir, confirma la fortaleza de cada pieza en sí misma y como parte del todo. Estamos frente al formato serie creado por Théodore Gericault a principios del siglo XIX, quien, para algunos, es el iniciador del arte pornográfico con sus célebres dos dibujos de dos parejas haciendo el amor, realizados en su última etapa.

El reciente descubrimiento familiar del conjunto actual de los doce papeles pornográficos es un hallazgo que viene a enriquecer el cuerpo general de obra de Berni ya catalogado y agrega al inventario de las múltiples relaciones del artista con el arte pornográfico una nota inesperada y de relevancia que se acomoda entre los erotismos de sus “Ramonas”, y series como La playa, Apolo 15 y Las modelos.

Son varios los motivos que muestran la habilidad y la sabiduría de Berni en el terreno del dibujo que pueden verificarse en el conjunto: el ritmo frenético en diferentes direcciones que envuelve la forma madre de los dos cuerpos penetrándose, entre las cabelleras, los movimientos de brazos y piernas y torsos y cabezas y bocas; el valor que pone en el foco de las vaginas y los penes en acción que se convierte, independiente de la geometría del soporte, en el verdadero centro de atención de la imagen, creando un primer centro virtual independiente del punto que determinan los cruces de las diagonales; el uso variado e inteligente de la noción de “cuerpo sin ropa”, desnudarse pero manteniendo parte del calzoncillo o las medias puestas o esparcido el corpiño y las calzas o la tanga en el primer plano de la imagen, es un recurso que acentúa lo furtivo, prohibido, escondido del acto sexual y hace más visible la desnudez tanto del cuerpo de la mujer como del hombre; las deformaciones en las anatomías evidentes y animales subrayan el grado frenético de la escena ocurriendo además en espacios, en general, muy compactos, con uso de posiciones oblicuas o de perfil o perspectivas aceleradas; todas las posiciones y los escenarios están construidos con ese realismo deformante característico del Berni de los 70.


1 Las imágenes y obras referidas pueden verse en Marcelo E. Pacheco, Antonio Berni. Revelaciones sobre papel 1922-1981, catálogo, Museo de Arte Moderno de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, 2017


Berni Erótico se presenta del 11 de mayo al 3 de junio de 2022 en Galería Vasari, Esmeralda 1357, Buenos Aires.

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