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CLAUDIO CORREA: IGNICIÓN (REÍR A CARCAJADAS)

Por Rodrigo Gómez Mura | Curador

“Evidentemente, toda vida es un proceso de demolición”
El crack up, F.S. Fitzgerald.

“La grieta es un incorporal que avanza sobre la densidad corporal, y progresa afectando en secreto a los cuerpos”
La anarquía coronada, R. García.


Ignición (2022) es una video-instalación en clave de slapstick o comedia física de Claudio Correa (Chile, 1972) que nos presenta en poco más de un minuto la trayectoria de la vida de cualquier persona, mostrando hitos como las celebraciones de cumpleaños y otras fiestas familiares con tortas, velas y bromas pesadas que se repiten hasta el fin inevitable.

En la sala hay dos parlantes activos y un proyector en posición vertical que despliega sobre la pared una imagen en movimiento de cuatro metros de altura. Me dice Correa: “Que se vea como en los teléfonos”, o sea, que se parezca a los videos que a diario tenemos en las palmas de las manos en ese extraño tránsito entre lo material e inmaterial de lo digital.

Por más de una década, Claudio Correa ha trabajado en un proyecto marco: Si pudiera lo haría peor, en el que ha insistido con un imaginario formal y conceptual para generar una batería de producciones artísticas -como instalaciones, esculturas, collages y videos- que afectan a las superficies que abordan y a quienes a ellas asisten. Los productos de estas operaciones son reocupados habitualmente por el artista, reescribiendo con nuevos montajes en los que calzan las piezas que devienen nuevas producciones.

Ignición es una ruptura y giro en relación a sus producciones anteriores. Mantiene el gesto irónico, pero no recupera piezas, y el montaje o edición de video lo usa para trasladar el tema universal de la violencia situada a una condición arquetípica que es lo cotidiano de la violencia en la relación entre crueldad y humor.

Para Henri Bergson, la fabricación de lo cómico en situaciones de comedia es el resultado de dos obstinaciones: la repetición de la idea fija y su oposición en la que pareciera haber una desarmonía, pero como es una construcción intelectual ha sido calibrada en su estructura interna. “Es cómico todo arreglo de actos y de hechos que nos dé, insertas unas en las otras, la ilusión de la vida y la sensación neta de un arreglo mecánico”.[1]

Se asemeja al montaje audiovisual que une lo distante y aleja lo continuo; son configuraciones solidarias que generan relaciones de sentido.

En este caso, la estructura y significado del slapstick, las situaciones de comedia física violenta que está en los orígenes del cine y emparentada con la comedia del arte, la comedia victoriana, el vodevil, la farsa o la opereta francesa del siglo XIX, han presentado siempre una banalización de la violencia, haciéndola agradable para un público que participa de modo pasivo, suspendido críticamente y distraído en su percepción.

Claudio Correa, Ignición, 2022, still de video. Cortesía del artista
Claudio Correa, Ignición, 2022, vista de la instalación en Galería Réplica, Valdivia, Chile, 2022. Cortesía del artista
Claudio Correa, Ignición, 2022, vista de la instalación en Galería Réplica, Valdivia, Chile, 2022. Cortesía del artista
Claudio Correa, Ignición, 2022, vista de la instalación en Galería Réplica, Valdivia, Chile, 2022. Cortesía del artista

Paradoja del observador/espectador = participante

En Ignición, una vida vista en continuo es rota en elipsis audiovisuales con insertos y explosiones, imponiendo la grieta. “¡La grieta está en mí!”, dice Scott Fitzgerald sobre su propio proceso de demolición de vida en Crack up –que es tanto grieta como reír a carcajadas–. La muerte es la grieta que va avanzando de a poco en nuestra existencia -¿la memoria es una luz que pasa por esa grieta?-.

Las fotos de los hitos de la vida de ese cualquiera son relámpagos que se presentan en otra ruptura de superficie en otra grieta que es dada por el giro del proyector que pone un inmaterial (el haz de luz) que forma la pantalla que es rota continua/discontinuamente por donde pasa una vida y su fin sin fin, una vida rota que rota en loop. El deslumbramiento proporciona malestar e incomodidad sensible/física y ocasiona incertidumbre, el acontecimiento habla y entra por la grieta, la crisis. Un extrañamiento causado por el estrobo del montaje fragmentario.

El intervalo, la estroboscopia, el flicker, la repetición, el loop. La operación que Claudio Correa mantiene es la de extraer y exponer cuando el pestañeo de los signos en la superficie hace relampaguear lo simbólico en momentos actuales en que la concentración de la mirada está distraída, suspendiendo la capacidad del espectador de ponerse en una situación crítica ante la multiplicidad y exuberancia de información que abunda en los distintos canales por los que lo audiovisual circula.

Poner en superficie de manera simbólica objetos de la cultura. Extraer y poner en un espacio expositivo los gestos y sonidos propios de la crueldad banalizada por los medios y que ha heredado primero el cine, desde las funciones de vodevil, pasando por la televisión hasta la actualidad en que toda red social en auge cumple la tarea de mantener a las personas en posición bipolar. Traer y exponer estos aparatos y Apps que tuvieron su aceleración durante la pandemia.

En la entrevista que da J.G. Ballard a Andrea Juno y Val Vale para la revista contracultural punk RE/Search (El futuro, un enorme y resignado suburbio del alma, 1982), el autor de Crash dice: “Prueba pararte enfrente de una pantalla común de televisión y no mirarla, solo dirige tu mirada seis pulgadas a la derecha y verás un destello horroroso, como si viniera de otro mundo. Y eso es realmente lo que estás viendo: miles de pequeños puntos que se lanzan hacia tu retina a una gran velocidad.”[2]

De esa condición farmacológica que tiene lo audiovisual, que hipnotiza, se han preocupado las corrientes progresivas que experimentan con las técnicas audiovisuales, oponiéndose al fármaco inicial, para generar un espacio de pensamiento crítico al hacer evidente el montaje. Los autores, realizadores que se mueven el campo de la cultura de masas y lo público, recurren al humor para levantar un discurso en que lo que exponen parece invisible, como las ropas del emperador.

Claudio Correa nos demuestra que hay una preocupación estructural en su trabajo Ignición, un conocimiento de la historia de la imagen en movimiento y sus usos técnicos como discurso para la recepción por parte del espectador, a quien invita a participar en el espacio intermedial de manera sensible y física, posicionando símbolo y superficie (lo audiovisual) como un modo de operar críticamente en el campo del arte contemporáneo, al articular los recursos técnicos para una propuesta temática que ocasiona deliberadamente un extrañamiento que induce a decodificar su estructura en cuanto a forma y contenido. Por ejemplo, la decisión de escala y el giro de la forma (su aspecto vertical) trae a la memoria el monolito –en este caso inmaterial– luminiscente que, al tocar con los dedos, le abren la consciencia al homínido Moon Watcher en el libro 2001 Una odisea espacial de Arthur C. Clarke.

Claudio Correa, Ignición, 2022, still de video. Cortesía del artista
Claudio Correa, Ignición, 2022, still de video. Cortesía del artista

Ignición es parte de la exposición Estruendos Sin Ira del artista chileno Claudio Correa, que se exhibe en Galería Réplica del Instituto de Artes Visuales de la Universidad Austral de Chile, ubicada en Los Laureles 168, Isla Teja, Valdivia, Chile. La muestra comprende la totalidad de videos realizados para el proyecto que, bajo el mismo nombre, fue seleccionado por el Ministerio de la Cultura, las Artes y el Patrimonio 2021.

Rodrigo Gómez Mura es Académico del Instituto de Artes Visuales de la Universidad Austral de Chile (UACh).


[1] Bergson, H. La risa. Ensayo sobre la significación de lo cómico. Santiago: LOM Ediciones, 2016.

[2] Ballard, J.G. Para una autopsia de la vida cotidiana. Conversaciones / James Graham Ballard. Buenos Aires: Caja Negra, 2013.

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