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ESTO NO ES OTRO ARTÍCULO SOBRE JULIA TORO

«¿Qué he hecho para finalmente haberme deshecho de todas mis vidas?»

J.T.


Los escritos de Julia Toro son como sus fotografías: vertiginosas. Guardan esa desprolijidad que tienen las cosas que se hacen de una sola tirada. Esa frescura de las palabras que salen como borbotones mientras la cabeza no ha terminado de ordenar los pensamientos. «¿Habrá algo en mis escritos o serán solo pensamientos de dueña de casa?» Hay algo en tus escritos, querida Julia, definitivamente hay algo en tus escritos, mas no creo que ese algo sea excluyente de los pensamientos de una dueña de casa, y ahí reside parte del encanto. No me refiero a la caricatura que nos han vendido de la dueña de casa, esa mujer cuyo mejor amigo es el detergente de ropa blanca según algunas publicidades con las que crecimos—, sino la dueña de casa como el sujeto político y creativo que siempre ha sido. Una dueña de casa tipo Madame Bovary, con un mundo interior rebosante, con el deseo vivo y con una frustración que se suma a la condición de ser artista en un país como Chile. «El precio de la pobreza tiene que ser la obra, sino, ¿para qué? La mayor parte de mi vida se dibujó hacia la nada».

En sus textos aparecen sus lecturas, sus sueños, sus referencias estéticas: «Toda la tarde leyendo a Michel de Certeau. Quedé con los ojos como tortillas fritas, pero me ayudó tanto». Aparecen nombres como Lotty Rosenfeld, Jorge Teillier, Roser Bru y Pedro Lemebel, de la escena nacional. De otros lados la artista nos pasea desde Virginia Woolf a Bob Marley.

«Me sentí la versión moderna de Scarlett O’Hara bajando los seis pisos del teatro».

«I fall in love too easily, I fall in love too fast». Toro habla del amor, del desamor, de la espera, de su apariencia física, de su deseo sexual, del pito (ambos), de los platos que quedan por lavar y de los almuerzos que quedaron mal, todo haciendo uso de las palabras con una honestidad que conmociona. «En la mañana le fui a dejar plata a la Bertita, la encontré bastante lúcida, quiere morirse y le encuentro toda la razón».

La artista escribe en español-chileno («qué pena, conchatumadre, qué pena»), ayudándose a veces del inglés y graciosamente del “spanglish”, como cuando anota «To ir or not to ir. That is the question».

Compara su obra fotográfica con la de Paz Errázuriz, y lamenta haberse enamorado tanto del cotidiano —de lo nimio, lo pasajero—, cuando «la elite intelectual andaba en busca de lo horripilante, lo marginal». Se compara con sus colegas masculinos y confiesa sentirse una «loser».

Julia Toro escribe sobre la soledad, dice sentir el reverso de la alegría y describe la vejez con una aspereza visual inusitada: «He empezado a sentir horror cuando miro mi cuerpo, hago todo lo posible por evitarlo, pero empezó a hacer mucho calor y de noche me tengo que desvestir y dormir con manga corta; también me tengo que bañar y algunas veces me doy un baño de tina con los ojos abiertos y veo cómo mis arrugas flotan en el agua como encajes puestos a remojar».

Esto no es otro artículo sobre Julia Toro, porque lo que me hubiese gustado traerles en realidad es un listado de citas. Una serie de frases, simplemente, de las que componen el libro Diarios, donde la artista se aboca —tal como en la fotografía, sin cuadrarse con aspectos técnicos— ahora a las palabras, así sin más, revelando un pedazo de intimidad que solo puede permitirse alguien que escribe pensando que jamás será leída. Alguien como una dueña de casa.

«Mañana tengo tantas cosas que ordenar, negativos, cuentas, averiguar en qué siglo la mujer empezó a tener alma, ver la exposición para tener alguna idea, hablar con Miguel Ángel, hablarle de diapositivas, conversar con Diana y empezar a resignarme ante la idea de que mis días están contados».


DIARIOS (JULIA TORO)
Editorial Lumen
2022
Español
336 páginas
Tapa blanda
15 x 23 cm

Camila Alegría

Chile, 1986. Artista Visual, Máster en Creación Artística Contemporánea de la Universidad de Barcelona. Se dedica principalmente a la investigación, la curaduría y la docencia. Es docente en la Universidad Finis Terrae y en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Forma parte del equipo de @el_gocerio (newsletter de arte y cultura), y administra un perfil de Instagram que se dedica a visibilizar la labor artística de mujeres y disidentes de la historia del arte: @reescribirlahistoria. Dentro de la investigación se dedica específicamente a la relectura de la historia del arte del siglo XX, con perspectiva de género aplicada.

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