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USO Y ABUSO DE LA PROPUESTA DEL PABELLÓN DE BOLIVIA PARA LA BIENAL DE VENECIA 2022

Los artistas Iván Cáceres y Maximiliano Siñani, y la curadora Marisabel Villagómez, denuncian a través de este medio el “uso y abuso” de su propuesta para el Pabellón de Bolivia en la 59° Bienal de Arte de Venecia, a realizarse entre el 23 de abril y el 27 de noviembre de 2022, por parte de Roberto Aguilar Quisbert, artista boliviano conocido como Mamani Mamani, quien fue designado por el Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización de Bolivia, mediante la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, como el comisario de la participación boliviana.

Lo que sigue es un recuento de los hechos por parte de Cáceres, Siñani y Villagómez en tanto una de las partes en este conflicto.  

En septiembre de 2021, los artistas Iván Cáceres y Maximiliano Siñani convocan a la curadora Marisabel Villagómez a escribir un texto en relación con los axis conceptuales de la propuesta Insitu para la Bienal de Venecia, que se centra en una reflexión sobre la intersección entre surrealismo y nuevas tecnologías. La curadora responde con el texto El Desvío, en el que contrapone la búsqueda de conocimiento originario a la dimensión experimental del paisaje andino. Este texto, acompañado de una selección de obras de los dos artistas, se presenta a consideración del recientemente reabierto Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización de Bolivia.

Cuando el ministerio recibe la propuesta, sin conocimiento de la Bienal de Venecia, requiere el asesoramiento del equipo mencionado para contestar y delimitar la participación de Bolivia en la Bienal. Cáceres y Villagómez se dirigen en persona al ministerio durante el mes de enero 2022 prácticamente todos los días. El ministerio, mediante la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, designa como comisario al pintor Roberto Mamani Mamani. El día 21 de enero se envía la propuesta de este equipo a consideración de la Bienal de Venecia, con Mamani Mamani como comisario. La Bienal aprueba la participación de Bolivia el día 22.

Seguidamente, Roberto Mamani Mamani acusa de manera informal a Marisabel Villagómez de «pitita» por haber trabajado durante el gobierno de la presidenta interina Jeanine Áñez (12 de noviembre de 2019 hasta el 8 de noviembre de 2020) por cuatro meses en el año 2020. Sin embargo, Villagómez elaboró su propuesta curatorial para la Bienal de Venecia durante la actual gestión gubernamental.

Junto con esta acusación hacia Villagómez, Roberto Mamani Mamani desestima su propuesta y convoca a sus hijos Illimani e Illampu Aguilar y a miembros del colectivo de artistas visuales Miko Art Gallery a firmar cláusulas de confidencialidad para llevar adelante otra propuesta a la Bienal de Venecia. “Dentro del uso del colectivo anónimo se esconde el nepotismo en el que incurre: la acusación a Villagómez no tiene que ver con su actuar político, sino que Mamani Mamani quiere viajar con sus hijos a costa de un proyecto nacional”, dicen los afectados.

“El ministerio, mediante la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, nos designó de comisario al consejero Mamani Mamani con quien nos reunimos y prácticamente le tuvimos que explicar lo que era la Biennale di Venezia, ya que no tenía ni idea aparentemente, y al parecer vio una oportunidad donde dejó de comunicarse con nosotros hasta que vimos la lista oficial y quedamos con la sorpresa de que él, Mamani Mamani, había cambiado nuestra propuesta por la suya a cuatro días de su envío a la Biennale, autoproclamándose como comisario, curador y artista también, y de yapita incluyendo a sus dos hijos para exhibirse prácticamente en familia en un espacio llamado artspace4rent con dinero de quién sabe dónde”, afirma Maximiliano Siñani. “Roberto Aguilar Quisbert nos robó una idea, nos mintió con su supuesto lineamiento político llamándonos ‘pitita’, y es un flojo por no haber sabido que era la Biennale di Venezia”.

Según consta en el sitio web de la Bienal de Venecia, Bolivia forma parte de las participaciones nacionales con el proyecto Wara Wara Jawira, del comisario Roberto Aguilar Quisbert, con Warmichacha como curadores y expositores, el cual se instalará en Artspace4rent, ubicado en Cannaregio 4120, Venecia.

“Bolivia ha participado formalmente en dos ocasiones en la Bienal de Venecia, sin pabellón. Ésta es la segunda vez que lo hace sin haber establecido un procedimiento transparente. En ambas ocasiones, se cuenta con la voluntad de los artistas en participar. Es tanta esa urgencia que se desestiman las relaciones, se alzan acusaciones, y se montan proyectos sobre propiedad intelectual ajena”, continúan.

“Para una construcción de institucionalidad responsable que responda a una escena de arte contemporáneo boliviano constructiva, se debe establecer un procedimiento claro entre el Banco Central de Bolivia y el reconstituido Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización de ese país. Este procedimiento, que puede diseñarse a partir de estas dos experiencias, debería proponerse en un marco de transparencia absoluta en el que prevalezca la experiencia sobre la experimentación, el discurso nacional sobre el partidista, y la camaradería de una escena frágil que puede beneficiarse de una plataforma como la de la Bienal de Venecia y otras bienales. Por eso proponemos un diálogo inicial dentro de la escena boliviana que delimite una propuesta pertinente al Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización y otras instituciones”.

Publicamos la propuesta original de Villagómez, Cáceres y Siñani para proteger su propiedad intelectual:

Recorremos ritualmente los caminos de un territorio tradicional y aquellos que se componen como una construcción cotidiana para poder seguir caminando. Sin alerta, cuando menos lo esperamos, nos atraviesa una brisa o un rayo, como el de Santiago (santo que encarna al Dios del rayo Illapa), que nos impide continuar el paso regular de nuestros caminos. Un accidente que termina todo (con un amor accidentado), un resbalón que nos impide continuar, que nos hiere de guerra y de trauma, un evento que es la disociación del camino. En ese momento se abre un nuevo registro sobre la realidad, uno en el que no se distinguen las temporalidades: pasado, presente y futuro, se hacen uno. En ese nuevo lugar que, es tanto tiempo y espacio sin límites, todo puede ocurrir, y tradición, superstición y fuerzas transformadoras se materializan. Se hace bisagra, se configura un poderoso desvío para continuar una nueva caminata, otra, con otro inicio, con otra textura, otra trama.

A través de la obra de Iván Cáceres y de Maximiliano Siñani conocemos ese lugar de propulsión nueva, donde los sentidos de lo soñado y místico son incontrolables y no se planean. Iván plantea una cartografía performática de los lugares donde se ha encontrado soñando a lo largo de los últimos 25 años. Un caminante dentro de este mapa encuentra las relaciones (en apariencia accidentales) que a través de los años han formado los radios concéntricos de una burbuja de un altiplano soñado, circular como decía Jaime Sáenz. Sus trabajos son observaciones topográficas, que luego pasan a ser cartas sinópticas de lenguas y pueblos inmateriales. Ahí, sueño y vigilia no operan separadas del todo. El susurro del sueño impregna la materia y los territorios. El enfoque de Cáceres es en “el suelo como una observación radical de un territorio con su polvo, vientos, tragedias, maravillas que pesan sobre eso, tan profundo es aquello que llamamos suelo”.

Maximiliano parte de las matemáticas más puras, de las combinaciones numéricas más elementales, para lograr las construcciones escultóricas en los caminos andinos. Hace de sus esculturas las entradas y santuarios en las faldas de las montañas donde las sitúa. Inevitablemente, esta invocación al orden cósmico y místico abre las posibilidades a lo no previsto, a bordear la muerte, y encontrarnos, caminantes, al dios del trueno. Un encuentro que apenas nos permite seguir viviendo, más frágiles y más débiles pero con una honda comprensión de un nuevo camino, un desvío”.

Bosquejo de Maximiliano Siñani, 2022

En este episodio se denota una vez más que para que un país como Bolivia participe y se beneficie de una plataforma como la Bienal de Venecia, su gobierno tiene la responsabilidad de elaborar los mecanismos transparentes que proyecten a ese país de manera global, dentro de los condiciones en las que la cultura global está establecida».

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