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MELODRAMAS

Por Joaquín Barrera | Curador de la muestra y Director Artístico de Fundación El Mirador

Desde que soy chico, en casi todas las casas de familia que visito, solo busco una cosa: una naturaleza muerta. En general están en los comedores y en el formato más tradicional de todos: la pintura. Pero también en láminas impresas que decoran la cocina, en collages digitales sublimados en manteles de hule o en un jarrón con flores en un mueble bajo que solo sirve para eso. Esas representaciones primarias y menores de elementos culinarios pueblan nuestros hogares y conviven con nosotros. Son actores mudos de una escenografía montada para que la vivamos cotidianamente. Son testigos involuntarios de todos los melodramas familiares en donde se cocina a fuego lento lo mejor y lo peor de nuestras vidas.  

La naturaleza muerta es, desde sus orígenes a fines del siglo XVI, una de las fuentes principales de experimentación de técnicas y del color para los artistas, pero también es la ejercitación primaria a la pintura para quienes desean dar sus primeros pasos en el rubro. Es quizás, uno de los géneros más denostados por el academicismo pictórico, pero también uno de los más practicados. Desde Caravaggio a un pintor serrano de Córdoba como Egidio Cerrito, de Van Gogh a Cándido López, de Warhol a un Taller de pintura decorativa del barrio, de Tarsila a les artistas exhibides en sala, hay bodegones en cada uno de los estilos estéticos de los últimos siglos y una multiplicidad de imágenes genéricas inagotables que pueblan livings, consultorios médicos, restaurantes, oficinas y hoteles. Algo así como una universalización del formato, construida en torno al gesto preciosista y poco incómodo que proyectan esas imágenes. Asumir la dimensión decorativa y coleccionable del género es admitir el triunfo de la función embellecedora del capitalismo y, al mismo tiempo, entrar en contradicción con lo importante que es la potencia difuminadora y democrática en accesibilidad que la reproductibilidad técnica ha agenciado sobre el arte en general y sobre el bodegón en particular.

Vista de la exposición Melodramas, en Fundación El Mirador, Buenos Aires, 2022. Foto: Lista Registra
Obra de Jimena Travaglio en Melodramas, Fundación El Mirador, Buenos Aires, 2022. Foto: Lista Registra
Vista de la exposición Melodramas, en Fundación El Mirador, Buenos Aires, 2022. Foto: Lista Registra
Obra de Lael Servizentro en Melodramas, Fundación El Mirador, Buenos Aires, 2022. Foto: Lista Registra

Cuenta la historia oficial que luego de la invasión europea a tierras americanas –y su respectivo saqueo-, los coloridos frutos que estas tierras proveen se convirtieron rápidamente en objetos de deseo para Occidente. El Ananá, quizás por su misterioso cuerpo y su elegante postura, fue una sensación entre quienes aún no habían iniciado su excursión a estas tierras. Tener un ananá en su mesa era una marca de status. Incluso, las familias que no podían pagarlo tenían la posibilidad de alquilarlo para poder exhibirlo ante sus invitados. De algún modo, las obras de naturalezas muertas, o las representaciones, que pueblan nuestros livings familiares forman parte de esa misma lógica de status. Es que el arte también es una cuestión de clase, aunque nos cueste asumirlo.

Melodramas es una muestra que celebra a esas burguesías venidas a menos, herederas de bodegones que se transmiten de generación en generación como pequeños tesoros y que muchas veces son motivo de disputas interminables entre sus sucesores. Melodramas es hacerse cargo de esos fondos familiares horrorosos, de los mandatos constituidos y de esos rincones donde naufraga la moda, como bien señala Lucrecia Martel a Pedro Almodóvar en su célebre discurso. Es que Melodramas es, al final de cuentas, un manifiesto de lo mundano, un exhorto al gesto orgulloso de embellecerlo todo, un festín de imágenes populares y una alabanza a la cuestión decorativa en el arte.

Laura Ojeda Bär, Mesa de trabajo. Cortesía de la artista y Fundación El Mirador
Martín Kazanietz, Unas palmeritas. Cortesía del artista y Fundación El Mirador
Inés Beninca, Mesa con pliegues. Cortesía de la artista y Fundación El Mirador
Nicolás Martella, S/T (Naturaleza muerta). Cortesía del artista y Fundación El Mirador

MELODRAMAS

Artistas: Carlos Cima, Diego Figueroa, Facundo Belén, Inés Beninca, Jazmín Giordano, Jimena Travaglio, Julia Padilla, Lael Servizentro, Laura Ojeda Bär, Martín Kazanietz, Matías Romano Alemán, Nicolás Martella y Tobías Mao.

Curaduría: Joaquín Barrera.

Fundación El Mirador, Brasil 301, esq. Balcarce, San Telmo, Buenos Aires.

Del 4 de marzo al 28 de abril de 2022

*Carlos Cima participa por gentileza de Constitución galería. Diego Figueroa, por gentileza de Hache galería. Inés Beninca, por gentileza de Selvanegra galería. Laura Ojeda Bär por gentileza de Moria galería. Nicolás Martella, por Isla Flotante galería.

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